Balances y predicciones

enero 2nd, 2013

Tiempo de balances y de predicciones cuando llega 2013 y parecemos incapaces de transmitir esperanzas e ilusiones. Quienes llevan sobre sus espaldas las difíciles responsabilidades de gobernar refieren objetivos a 2014. Es decir, que el año que se nos viene encima en cuatro días nos pilla desconcertados, miedosos y sin objetivos.

La antropóloga norteamericana Katherine Newman, autora de un libro de éxito, «The Acordion Family», predice que en España habrá una generación perdida como la hubo en EEUU tras la Gran Depresión. «Cuanto más tiempo esté la gente fuera del mercado laboral, mas difícil será que entre»; «el trabajo, el empleo, es el que hace a las personas sentirse ciudadanos; las gentes que sufrieron la Gran Depresión nunca llegaron a ganar lo que ganaron las que tenían cinco años menos, ni se casaron a la misma edad». Amando de Miguel, que ha dejado recientemente su huella en un magnífico trabajo que editará el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) sobre valores y conflictos, entiende que estamos en un momento de estancamiento –económico, demográfico, social– como si se tratase de una nueva Edad Media. Y Enrique Rojas nos dice que hacen falta líderes que transmitan «fortaleza, coherencia, autoridad, entusiasmo y sinceridad», lamentándose de que en la sociedad actual permisiva y relativista, la figura del guía ejemplar –el líder– esté en absoluta decadencia.

¿Qué hacer entonces? No me atrevo a aconsejar, querido lector. Creo saber dónde asirme, pero dudo de la firmeza de los enclaves y cimientos que sostienen mis referencias institucionales. Siento que el sistema democrático que nos dimos flaquea en varios frentes. Por un lado, se desvirtúa el papel del voto. Cuando se asienta una mayoría clara en el Gobierno, autonomías o ayuntamientos por libre decisión de los ciudadanos, constantemente se socava ésta, bien en forma de manifestaciones, de huelgas, de pulsos y retos, de amenazas, o incluso en recursos judiciales o inconstitucionales. Apelaciones ante una Justicia que alguna vez da pocas muestras del necesario equilibrio que le marca nuestro ordenamiento. Y se jura o promete «cumplir y hacer cumplir la Constitución», para –a reglón seguido– ningunearla, violarla o interpretarla a libre antojo o conveniencia. Se exige a las mayorías votadas consenso, responsabilidad, reparto de poder, cesión constante de sus obligaciones y responsabilidades. Y quien esto exige, olvida sus responsabilidades y la situación dejada en etapas anteriores. Como si una campaña electoral y unas promesas incumplidas –en lo de prometer todos los partidos son más que generosos– separasen completamente dos etapas de gobierno que deberían ser coordinadas y solapadas, si en ellas prevaleciese el bien común y el servicio a toda la sociedad, por encima del bien de los partidos.

Los momentos de crisis son difíciles para todos. Y máxime cuando hay desunión, que llega a alcanzar el corazón de las propias formaciones políticas, porque saltan los protagonismos, las procedencias, las afinidades, incluso los egoísmos. Porque de esta desunión –pienso en cualquier matrimonio nuestro– nacen los conatos de emancipación de los hijos, nacen las corrupciones y los escándalos, se envenena la Justicia, se trastoca el fin último de la Educación, que es la formación de las nuevas generaciones, y se utilizan los alumnos como escudos reivindicativos, lingüísticos, políticos o sindicales. Hay días en que parece que toda nuestra sociedad hierve: huelgas en los hospitales públicos, en la enseñanza, en la Justicia, en el metro y en los autobuses y trenes. Mientras, se producen errores judiciales graves, campan por sus respetos bandas de delincuentes por Girona o por los alrededores de Valencia y no sabemos si nos quedaremos durante seis horas rehenes en un vagón de metro a merced de no sé qué reivindicación laboral. Todo se mezcla y dificulta nuestra vida. Mata las ilusiones necesarias para pensar en un «feliz 2013» que repetimos estos días.

¿Cómo llenamos este vacío de un año? Con tesón, con sacrificio, con trabajo, con generosidad, pero también –sacando fuerzas de flaqueza– con ilusión, con optimismo, con fe. Para ello es fundamental que nuestra clase política se conjure para unir esfuerzos, para firmar una tregua de doce meses, que dé aliento a una sociedad que lo merece y necesita. El sistema de crítica sistemática, de la negación como método, del constante acoso parlamentario, del desgaste interesado, del agotamiento del adversario por la constante gota malaya de las interpelaciones, las mociones, las preguntas parlamentarias, las recriminaciones y descalificaciones públicas, no sirven en este tiempo. No lo necesita hoy nuestra sociedad. Dese la tregua, que tiempo habrá para iniciar campañas electorales. Es la única forma, entiendo, de poder pensar en 2014 como en un año de una lenta recuperación. Pero para ello hay que cimentar este año anterior que tenemos encima. Sólo así podremos pensar en salir de los riesgos y fatigas de nuestra particular edad media. Y desearnos realmente, un feliz año nuevo.

Publicado en “La Razón” el 26 de diciembre de 2012


Un apoyo merecido

enero 2nd, 2013

Por supuesto, mi primera reacción al conocer la noticia del viaje de nuestro presidente del Gobierno a Afganistán ha sido de reconocimiento y alegría. Bien se lo merecen los soldados allí destacados y los que los han precedido durante algo más de una década. Muchas veces pensamos que Rajoy es frío con las Fuerzas Armadas, quizás sin admitir que desde que ocupó La Moncloa no le han faltado graves y urgentes problemas que le han obligado a priorizar esfuerzos. También lo comprendemos.

En seguida me he acordado de aquel primer contingente que llegó a Kabul a finales de un frío enero de 2002 que mandó el buen coronel Jaime Coll. Me acuerdo de la base de Manás en un acogedor Kirguizistán y de la entrada «a pelo» en el aeropuerto de la capital afgana de los Hércules C-130 pilotados por nuestros hermanos del Ejército del Aire. No hubiera entrado, como hoy ha podido hacerlo, el Airbús presidencial.

Por supuesto, no puedo olvidar el sacrificio de muchos soldados españoles y de otros países aliados en esta misión ISAF, que algunos de nuestros conciudadanos no entienden o no quieren entender. Indiscutiblemente para nosotros ha sido la misión más costosa.
España en Afganistán ha sido un aliado responsable, sacrificado y leal. Sin rechistar, ha cubierto la intempestiva retirada italiana e incluso la de un sector norteamericano. Lo ha hecho siguiendo unas líneas de acción muy claras:

–Respeto, cercanía y apoyo a la población civil.
–Coordinación con agencias nacionales (AECI) e internacionales;
–Eficaz contundencia contra los actos hostiles.
–Transferencia progresiva de responsabilidades al Ejército Nacional Afgano, que marca el ritmo del repliegue.

Sabiamente, el Gobierno y el Ministerio de Defensa no se han comprometido con fechas determinadas, en muchos casos como el italiano, marcadas por inestables periodos electorales. El repliegue se va ajustando, en mi opinión, a la eficaz transferencia de responsabilidades, priorizando dejar consolidada la seguridad de aquella población, a la siempre bien recibida noticia de un repliegue en fechas determinadas.

Ayer en Herat, en Qala i Naw, en Moqur, en Ludina, los soldados españoles han sentido de cerca el apoyo de su Gobierno materializado en la figura de su presidente. Estoy seguro de que éste habrá sentido su cercanía, la sencillez de sus demandas y la aceptación de sus riesgos y penalidades. Juntos habrán brindado por sus familias, recordado a los ausentes, deseado para un país que encontraron completamente destruido y tribal un futuro mejor para sus hombres y especialmente para sus mujeres.

Espero también que el viaje le sirva al presidente de cierto descanso, si no físico, por lo menos mental. Sus inmediatos colaboradores deberían respetar ese descanso en el viaje de vuelta y no recordarle los numerosos problemas del día a día nacional, y mantener fresco el recuerdo de unos leales y disciplinados soldados, ricos en aptitudes y actitudes, que agradecerán siempre su visita.

Publicado en “La Razón”

El sacrificio

enero 2nd, 2013

No descubro nada si afirmo que el ser humano es capaz de ejecutar las mayores felonías y por contraste alcanzar las más altas cotas de generosidad y entrega a los demás. En un pequeño pueblo norteamericano –Newtown– se han dado los dos ejemplos. No me detendré en la enferma personalidad asesina de quien seguramente pasará a la historia ,un mal producto de nuestro tiempo, un monstruo introvertido y perverso de reacciones imprevisibles, que había acumulado un odio social imposible de medir. Quizás su propia madre –con indiscutibles responsabilidades en este desequilibrio– podría contarnos algo más, pero también murió en el tiroteo.

Sí debo detenerme en ensalzar a las profesoras del colegio que hicieron de escudos humanos evitando que muriesen más niños. Me refiero a la directora Hochsprung, a la psicóloga Serlach y a las profesoras Victoria Soto y Lauren Rousseau. Cada una de ellas ofreció su vida de diferentes maneras para preservar a sus alumnos, escondiéndolos en armarios, intentando confundir al asesino, ofreciendo su propio cuerpo como escudo. No hay momento de mayor grandeza en el ser humano que cuando se ofrece para salvaguardar, generoso, la vida de otros.

Enseguida vinieron a mi cabeza ejemplos de este tipo de sacrificios. No hace mucho conmemorábamos la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando colectiva al Regimiento de Caballería Alcántara 14, una unidad que en la guerra de Marruecos de 1921 protegiendo en sucesivas cargas al grueso de columnas de soldados españoles, sacrificó a 544 de sus 730 jefes, oficiales, suboficiales y tropa en algo más de dos semanas. Me duele por un lado saber que hemos tardado más de noventa años en reconocerlo oficialmente, pero por otra me alegra que este momento haya llegado.

Sin ir tan lejos, un joven teniente de Infantería, Arturo Muñoz Castellanos formando parte de la Agrupación Canarias había recibido la orden de transportar medicinas, plasma y suero al hospital musulmán de Mostar un 11 de Mayo de 1993. Una granada de mortero le hirió de gravedad en la misma puerta del centro sanitario. Moriría dos días después en un hospital de Madrid al que fue evacuado con urgencia. Se convertiría en el primer caído español en la antigua Yugoslavia. Conocía el riesgo, sabía del odio entre dos comunidades, asumió y no dudó en cumplir la orden, porque era consciente de que lo que transportaba era esencial para salvar la vida de otros.

Pero sé que los heroicos jinetes del Alcántara y sé que el joven teniente legionario habían jurado ante la Bandera de todos «derramar hasta la última gota de sangre» por su Patria. Se lo recordaba un artículo de nuestras Ordenanzas: «Solicitará y deseará ser empleado siempre en las ocasiones de mayor riesgo y fatiga». Y lo cumplieron, aun encontrándose en tierra extraña.

Me referiré también a otro sacrificio colectivo: el de los bomberos de Nueva York subiendo las escaleras de las Torres Gemelas un 11 de septiembre. La disciplina, el ejemplo de sus mandos, el espíritu de cuerpo, el orgullo de servir, les daban fuerzas para subir peldaño a peldaño hacia los pisos en llamas. Expertos en incendios, bien sabían a lo que se arriesgaban, bien sabían muchos que no habría retorno.

En todos, era la consagración del sacrificio aceptado, asumido.

Pero estas maestras de Newtown no habían jurado ningún compromiso que entrañase riesgo para sus vidas. Como buenas norteamericanas conocían la historia de su pueblo, respetaban sus símbolos, valoraban enormemente a los héroes que lo forjaron. Pero no podían prever hasta qué punto se les exigiría su sacrificio. Y lo asumieron sin dudar. Tal era el sentido responsable con que ejercían su magisterio. Eran depositarias de lo mas querido por unos padres, como son sus hijos. Y este sentido de custodia, de protección, de asunción de responsabilidades, fue superior al miedo que les pudo infundir el asesino , al humano instinto de protección.

Siempre he tenido un gran respeto hacia mis maestros, ya fueran aquellos Hermanos de La Salle, ya fueran quienes me formaron posteriormente en un Instituto Público de Enseñanza Media. Tuve la suerte de cruzarme con enseñantes vocacionales, más proclives a sus deberes que a sus derechos y que nunca nos utilizaron para sus reivindicaciones o protestas como dolorosamente ocurre hoy en España. Porque, creo, no es lícito utilizar a los niños como escudos lingüísticos o políticos.

Somos los adultos quienes tenemos que protegerles, formarles, enseñarles a transitar por este difícil mundo. Escudarles ante las amenazas, en resumen, como hicieron las maestras de Newtown.

Hoy no tengo la menor duda: Dawn Hochsprung, Lauren Rousseau, Vicki Soto, estáis más que incluidas en la nómina de héroes que atesora vuestro gran país, los Estados Unidos, el que ante la desgracia sabe unir y salir más fortalecido. ¡Mi enorme respeto a vuestro sacrificio!

Publicado en “La Razón” el 19 de diciembre de 2012

Leyes de guerra

diciembre 16th, 2012

No sé tu nombre. Podías llamarte Ahmed, Ezzat o Mohamed. Sólo sé que fuiste triste protagonista de las portadas de la prensa gráfica de medio mundo, imagen impactante en multitud de informativos de televisión que difundían la infamia. Atado por los pies, eras arrastrado semidesnudo por las calles de Gaza por unos motorizados «valientes» luchadores por la libertad de su pueblo. Era un 20 de noviembre, un día antes del cese del fuego entre Israel y Hamas, conseguido por una movilizada diplomacia internacional encabezada por Hillary Clinton y en la que Egipto, Turquía y Qatar, tuvieron un papel importante. Una motocicleta central tiraba de tu cuerpo, bajados tus pantalones a la altura de los tobillos. Desde otra situada a su lado, filmaban la escena; otras tres, con dos y tres tripulantes a bordo, lanzaban gritos, disparaban al aire sus pistolas, levantaban sus brazos en señal de victoria. Ni sé cómo se llamaban, ni me importa.

Me ha tocado reconocer cadáveres con casi todos sus dedos amputados sucesivamente por torturadores pertenecientes a trágicos «escuadrones de la muerte»; he ayudado a caminar a policías encerrados durante meses en zulos de medio metro de altura; he vivido ajusticiamientos inmediatos en una «contra» que mantenía en determinados frentes la disciplina de sus hombres a sangre y fuego. Pero sus causantes no se exhibían en vanaglorias.

Vuelvo a Gaza, donde he localizado la Avenida Omar al Mujtar –el resistente libio a la dominación italiana de 1931–, donde desfilabáis orgullosos exhibiendo el cuerpo caído del supuesto colaboracionista israelí. Y me pregunto:¿a qué juicio fue sometido vuestro rehén y por quién? ¿Quién puede asegurar que no fue denunciado por algún celoso, envidioso o deudor?¿Y si fuese uno de los vuestros, presentado como espía por el enemigo para librarse sutilmente de el?. ¿Os pongo ejemplos históricos?

Si os declaráis en guerra con Israel –y estos días con motivo del 25 aniversario de la creación de Hamas lo habéis repetido hasta la saciedad–, respetad las leyes de la guerra. Alguien debería explicaros que hay unos convenios de La Haya y de Ginebra sobre protección de las víctimas. Concretamente el artº 30 del Convenio de 1907 dice claramente «El espía sorprendido durante el espionaje, no podrá ser castigado sin juicio previo». Sin necesidad de recurrir a ellos, la ley natural obliga a lo mismo. Con un sentido más real de viejo soldado, nuestro Marqués de Santa Cruz de Marcenado nos enseñaba en sus «Reflexiones Militares»: «Hasta las tropas de tu ejército desaprobarán el rigor excesivo ejecutado con los prisioneros». Es más, desde el punto de vista de la opinión pública, degradáis vuestra necesaria imagen de libertadores de un pueblo oprimido. Pasáis a ratificar la condición de grupo terrorista, de pueblo bárbaro, merecedor de la opresión que sufrís. Y como decorado de fondo para dar la bienvenida temporal de vuestro líder, Jaled Meshal, situáis una réplica de un misil iraní Fajr 5, rebautizado como M 75, como signo de paz. Bien entiendo la corta estancia entre vosotros de Meshal. No es cuestión de dar tiempo a la aviación israelí, experta en eliminar líderes como Ahmed Jabari, calcinado a bordo de su coche el 14 de noviembre. Ya conoció Meshal un atentado israelí en 1997 del que salió maltrecho, aunque reforzado políticamente. En aquella ocasión, un comando del Mossad le inyectó en Aman un veneno mortal. Ante la protesta jordana y la detención de los agentes, Netanyahu entregó el antídoto para salvarlo. Había nacido el mito. La muerte de Jabari desencadenó este último conflicto bautizado por los judíos como operación «Columna defensiva» y que consideráis una victoria. También las Naciones Unidas os han concedido una plaza de observador en su Asamblea General y aunque con deriva incierta, vuestros aliados egipcios, los Hermanos Musulmanes, parecen abriros una puerta a la esperanza más amplia que el reducido paso fronterizo de Rafah.¡No aprovechéis todo esto para dar espacios al odio y a la venganza! Bien sé que los doce motorizados no representan a la totalidad de vuestro pueblo. Que muchos os avergonzáis de las imágenes difundidas. Pero tampoco he leído ningún comunicado vuestro lamentándolas.

Anoto finalmente una contradicción: la escolta que acompañó a Jaled Meshal entre Rafah y Gaza la formaban motoristas encapuchados. Quien habló a pie del M 75 como brazo armado de Hamas también apareció encapuchado. Conocemos en nuestra España a esta especie que no da la cara. Al contrario, los motorizados asesinos del día 20 iban a cara descubierta. Si para acompañar a un reconocido líder político hay que ir camuflado y para pasear el cadáver de un supuesto espía se va a cara descubierta, algo no encaja en esta organización. No se gana la libertad de un pueblo desde la barbarie, por muchas razones que se puedan esgrimir. Hay leyes, hasta para la guerra.

Publicado en “La Razón” el 13 de diciembre de 2012

La Constitución asesinada

diciembre 6th, 2012

Hoy cobra  un protagonismo especial la Constitución que nos dimos los españoles en 1978, en un claro ejercicio de responsabilidades cívicas. Anteayer nos lo recordaba con especial brillantez Ramón Tamames en Barcelona. Las conferencias tienen distinto sesgo según el lugar y momento en que se imparten. Uno de los «padres» de nuestra actual ley de leyes no eludió hablar del Título VIII, ni de las posibles reformas.  Y se refirió a otras dos cartas: la norteamericana de 1887 y la redactada –apoyándose en ella–  en tiempos del Gobierno de Prim, la de la Monarquía española de 1869. No deja de ser curioso que las Cortes Constituyentes se convocaran también un 6 de diciembre. Las elecciones de enero 1869 habían dado 160 escaños a los progresistas de Prim, 80 a la Unión Liberal y 40 al Partido Demócrata, que formaban la mayoría gubernamental sumando 280 escaños sobre los 396 de la Cámara Baja.

El proyecto fue redactado por Olózaga, Ríos Rosas, Posada Herrero y Moret.  El 5 de junio se promulgaba. Serrano era nombrado regente en tanto se buscaba un monarca, destronada y desterrada Isabel II tras el triunfo de la Revolución Gloriosa. «La obra de la Revolución de Septiembre  no estará concluida hasta que se corone a un rey», repetiría Prim.

La búsqueda de monarca fue exhaustiva como reflejan los Diarios de Sesiones. Se pensó en un anciano general Espartero; se pensó en el que luego sería Alfonso XII. Topete y Serrano propusieron al duque de Monpensier y Prim rechazó la candidatura. Quizás aquellos días firmó su sentencia de muerte. Luego, se desechó a Fernando de Sajonia-Coburgo por haber sido regente en Portugal y a Leopoldo de Hohenzollên, que sería  el detonante que prendió la llama de la guerra franco-prusiana de 1870. Finalmente, como saben, aceptó la Corona Amadeo de Saboya,  coronado a primeros  de 1871, cuando ya los restos del general Prim reposaban en la Basílica de Atocha.

El general de Reus ha pasado a la Historia por su hoja de servicios en las  guerras carlistas, por su observación en la guerra de Crimea o por su valor contagioso que dio la victoria en Castillejos o en Wad Ras. Pero el Prim más valioso se intuye  en México mandando una intervención tripartita –Francia, Inglaterra y España– donde respeta un tratado internacional, donde no impone un imperio a golpe de bayonetas. Pero su gran obra se encuentra en la Constitución del 69, que consagra en 31 artículos los derechos fundamentales de los españoles; respeta culto e imprenta; derechos de reunión y de asociación, eleva el censo de electores a 4 millones. Repite insistentemente: libertad, orden, unión. Quiere ser el gran regenerador de nuestra vida en libertad. Indiscutiblemente, como dice Fernández Almagro, es nuestra primera constitución democrática. La Carta arrastra a la reforma del Código Penal de 1848 mitigando su rigor y corrigiendo defectos, y  al Código de Comercio el que debatirá durante largo tiempo entre  las doctrinas proteccionistas  y  las librecambistas. Esta Constitución se mantendría hasta la abdicación de Amadeo de Saboya el 11 de febrero de 1873. Escasos cuatro años que se prolongarían de facto durante la Primera República que nunca la derogó formalmente, a la espera de redactar una nueva Constitución Federal que nunca llegó.

Todos nos hemos preguntado muchas veces qué hubiera sido de España y de nuestras Cuba, Puerto Rico y Filipinas, si unos asesinos a sueldo no hubiesen atentado contra Prim una fría tarde de diciembre de 1870. ¿Se hubiera consolidado Amadeo amparado por una buena Constitución y por el indiscutible carisma de Prim? Bien sabían quienes decidieron asesinarlo, que también asesinaban nuestra Constitución. Muchos españoles pagaron sus consecuencias durante décadas.

Una reflexión final viene hoy al caso. Prim sufrió enormes presiones de Francia y Prusia para que inclinase el equilibrio de fuerzas  en la Europa que ambas disputaban. La chispa que encendió el conflicto fue la posible elección de Leopoldo de Hohenzollên como rey de España, que Francia no admitía. Lo que está claro es que Prim evitó el que entrásemos en la guerra franco-prusiana de 1870. Una especie de preludio de las guerras mundiales, que arrasaron el centro de Europa.

Años después Alfonso XIII, con Dato como Jefe de Gobierno, nos mantuvo neutrales durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Y siguiendo nuestro devenir histórico el general Franco evitó –no exento también de fuertes presiones– que entrásemos en la Segunda. Es decir, que no todo nuestro devenir histórico ha sido negativo. ¿De cuántos españoles muertos hablaríamos hoy  en los frentes de Sedan, Alsacia, Norte de África o  Normandía? Incongruentes, crueles, asesinamos a Prim y a Dato. Más tarde al almirante Carrero. Hoy es buen día para profundizar y reflexionar sobre nuestro ser histórico. Para aprender de  lo que dejamos de ser, por nuestras disputas. Para pensar, sobre todo, en el legado que dejamos. ¡No asesinemos nuestras constituciones!

Publicado en “La Razón” el 6 de diciembre de 2012

Perdón, mi general Prim

diciembre 6th, 2012

Nada de lo que te escribo, mi general Prim, te va a sorprender. Tuviste como academia los campos de batalla y los hospitales de sangre de aquella fratricida Primera Guerra Carlista. Luego tuviste que defender como bisoño diputado a tu querida tierra de origen -Cataluña- y a los voluntarios de aquellos batallones que habían luchado por ideales de libertad y que no veían reconocidos -al igual que los carlistas- sus ascensos y grados, ganados a sangre y fuego. Luego supiste lo que era vivir exiliado. Y estuviste a punto de que te mandasen a las Marianas, pasadas las Filipinas. Otras veces las lejanías eran más sutiles: Capitán general de Puerto Rico, observador en la Guerra de Crimea. Vamos, mi general, que no todo fue la gloria de Castillejos y Wad Ras que inmortalizaron pintores de cámara. Pero fuiste un gran estadista, promotor de la Constitución de 1869, la más avanzada y liberal hasta el momento, y fueron a por ti precisamente por ser un gran defensor de la libertad.

Pero siempre a tu alrededor aparecen leales. Algunos morirán a tu lado luchando. Otros te acompañarán siempre como Lorenzo Miláns del Bosch. Y otra leal, tu esposa Francisca Agüero con la que te casaste en La Madeleine parisina, te llevará a su México natal y estará contigo hasta tu último suspiro en el Palacio de Buenavista. Paca, como cariñosamente la llamabas, representa el dolor contenido, la clase, la lealtad.

Hace algo mas de un año brotó una iniciativa loable. Tras el cobijo legal de unos estatutos redactados por un ex ministro de Justicia y protocolizados ante notario, se constituyó la Sociedad Bicentenario General Prim 2014 para conmemorar la fecha de tu nacimiento allá por el Reus de 1814. Este grupo viene realizando un ingente trabajo institucional y cultural que proyecta con todo rigor y seriedad hacer del Bicentenario un evento histórico. Los actos del primero -1914- se diluyeron con el estallido de la Primera Guerra Mundial y pensamos que 2014 era una buena ocasión para recordarte, transmitiendo el claro mensaje de que eran compatibles el amor a España y el amor a tu tierra de origen, Cataluña.

Teníamos claro que no podíamos hacer nada sin contar con el pueblo y el Ayuntamiento de Reus, así como con la Diputación de Tarragona. Contactamos y unimos esfuerzos. Y tras los primeros encuentros nos encontramos con el problema del estado de tus restos. Debes saber que fuiste enterrado en el Panteón de Españoles Ilustres en la Basílica de Atocha de Madrid, y que en 1971 por presión de un reusense de prestigio, autor de una biografía tuya -Pedrol Rius-, fuiste transportado con honores de capitán general al cementerio de tus antepasados, a tu tierra patria de Reus.

Las condiciones del nuevo emplazamiento no fueron óptimas y se comprobó el deterioro de tus restos, especialmente por la mala calidad de la funda interior de cinc del ataúd. Se te llevó a un frigorífico del moderno tanatorio de Reus. Se consiguieron fondos, se firmaron convenios con centros especializados y se concertó la ayuda de la Generalitat.

Los científicos que se comprometieron a recuperar dignamente tus restos, sabían perfectamente que el respeto a tu persona presidía todos nuestros actos. Respetar a los muertos forma parte esencial de nuestra cultura cristiana. Prudente y precavido el Ayuntamiento de Reus hizo firmar uno a uno a los investigadores, en su calidad de «participantes en los trabajos de investigación científica de los restos», cinco cláusulas de un documento de confidencialidad, por las que se comprometían a «no desvelar ni filmar, excepto en el caso de ser expresamente autorizado por escrito por el Ayuntamiento de Reus, por cualquier medio que permita su ulterior reproducción, comunicación o distribución pública de las imágenes de los restos del general Prim, sea cual sea la finalidad de estos actos». Cada firmante autorizaba además al Ayuntamiento a protocolizar notarialmente el documento.

Mi general, nos han traicionado. Y eso que ya no tenemos ayacuchos en plantilla. Otros. Y han filtrado y transmitido imágenes tuyas que no quisiéramos ni para nuestros mayores enemigos. Los que tenemos tu perfil con barba y ros en todas nuestras retinas, ahora te contemplamos desgarrado, manipulado, prostituido. Cuando hasta nuestros hermanos mexicanos se han unido a la conmemoración y nos mandan fotos tuyas que desconocíamos, las de un brillante hombre de Estado firmando los Tratados preliminares de la Soledad en México junto al representante de Inglaterra y Francia y al ministro de Asuntos Exteriores de Benito Juárez, Manuel Doblado. ¿Te acuerdas mi general? ¡Ya! También te engañaron los franceses. ¿Te acuerdas de la carta que mandaste a Napoleón III, diciéndole que los convenios se firman para ser cumplidos y que nunca se mantendría en México un régimen monárquico sustentado sólo por las bayonetas? Al ordenar el repliegue, alguien en España te acusó de «haberte bajado los pantalones». Luego cuando fusilaron a Maximiliano en las lomas de Querétano, te darían golpes en la espalda diciéndote: «Ya te dije yo un día, mi general, que tenías razón».

Pero muchos te seremos leales. Ya pueden contarnos lo que quieran, porque ahora los mismos que hace unas semanas te mataban el día del atentado -27 de diciembre de 1870- y te mantenían en una fresquera del Palacio de Buenavista -¡menuda era Paca Agüero para permitirlo!-, ahora te rematan en tu propio lecho con una soga al cuello. Y para mantener su tesis -que podría ser respetable si trabajasen con rigor y confidencialidad en demostrarlo- se apoyan en las fotos robadas que ocupan la parte importante del reportaje. La imagen y la polémica morbosa es lo que importa. Caiga quien caiga. Treinta denarios no vienen mal en época de crisis. ¿Ética? Era una asignatura que se daba en la Facultad.

Con tu permiso el 27 de diciembre presentaremos tus discursos parlamentarios en un libro en el Palacio del Congreso del que saliste aquella fría tarde de diciembre. Nos arropa el presidente de la Cámara. Luego, recordaremos tu último recorrido. Y frente a la Embajada de Turquía, que daba nombre a la Calle del Turco, en lo que hoy es la parte trasera del Banco de España, descubriremos un medallón y placa en bronce que te recuerdan. Porque hasta hoy, nadie se había preocupado de recordar el magnicidio. Por supuesto el escultor -Ferrán- es reusense y te sonará el lema elegido: «No olvidéis la sangre derramada por nuestras disputas políticas». La pronunciaste en sede parlamentaria en 1862. Luego, recalaremos en tu casa de Buenavista.

Debes saber que otros jefes de Gobierno llamados Cánovas, Dato, Canalejas y Carrero Blanco también fueron asesinados. Si no te hubiesen sacrificado a ti, otros también se habrían librado, porque tu querías una España más libre, más democrática, más moderna. ¡Demasiadas guerras como para desear más! Pues seguimos con ellas hasta 1939. Y tentamos otra vez repúblicas, regencias, monarquías y dictaduras.
Ya se lo que me pedirás: dejadme tranquilo. Haremos lo que podamos. También queremos que sepas que el buen alcalde de tu ciudad quiere situarte en lugar privilegiado para que se respete tu memoria. «Como Napoleón en los Inválidos» es su lema.
Los que sentimos lo que pasa, porque hemos intentado conocerte, y al conocerte te hemos respetado, prometemos restituir tu recuerdo vivo de hombre de acción, de general valiente, de líder que arrastra, de hombre de vanguardia, de patriota. No hablo de un santo ni de un ser que no cometió errores, bien me comprendes. No te hubiera escrito esto si no me hubiesen provocado los de los treinta denarios. En el fondo -fusilarlos no, mi general, ya no se lleva- no te merecen. Ellos mismos se marginan. Han querido ser más importantes que tú. Y han errado el tiro. Te pido perdón por consentirlo. Queda a tus órdenes.

Publicado en “La Razón” el 1 de diciembre de 2012

«Seny» tras la «rauxa»

diciembre 6th, 2012

“Deberíamos mostrar cautela ante las reivindicaciones grandilocuentes en nombre de la historia o ante aquellos que aseguran haber descubierto la verdad de una vez para siempre”. Con esta frase de Margaret Mac Millan («Usos y abusos de la historia»), prologa Ricardo García Cárcel una de sus mejores obras: «La herencia del pasado».

Valenciano de Requena, el nuevo premio Nacional de Historia lleva desde 1981 regentando la cátedra de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Barcelona. Le conocí impartiendo una conferencia institucional sobre el 11 de septiembre en el Salón de Ciento del Ayuntamiento allá por 2001. Aquel día firmé en su hoja de servicios un contundente «valor reconocido». Sé que quiere a Cataluña como muchos de nosotros la queremos, amor compatible con nuestro amor a España. Pero durante un tiempo estamos siendo sometidos a un tenaz cerco ideológico que corroe nuestro ser histórico.

Reconozco, querido lector, que sintiendo el abismo recurro a fuentes documentales buscando donde agarrarme. Siguiendo el hilo de García Cárcel, cito a Vicens Vives, que ahonda en «los arquetipos antropológicos que encierra Cataluña como son el «seny» y la «rauxa»; el primero como sinónimo de sentido común, prudencia y pragmatismo; la segunda como determinación irreflexiva que en la práctica se ha venido utilizando en el sentido de pasión, de violencia abrupta, de volcánica fiebre que lo arrasa todo».

Ferrater («Formas de vida catalana») desarrolla la idea de que «Cataluña ha estado presa de una obsesión: la dependencia del pasado, un pasado construido en términos de agravios y heridas morales que han contribuido a fabricar una memoria victimista vinculada siempre al discurso político del presente». Presente y pasado –añadirá García Cárcel– instrumentalizados mutuamente. Pero el «seny» aparece tras la «rauxa». Puestos a remontarnos en la historia, aparece tras el trágico Corpus de Sangre ( 7 de junio de 1640), asesinado el virrey, separada Cataluña de la monarquía de Felipe IV y convertida en provincia francesa. Entonces se descubrió que la centralización gala era mucho peor que la del Conde Duque de Olivares y recurrieron al «seny». Será el mismo que aparece tras la Guerra de Sucesión y la firma de los Tratados de Utrech (1713), que pronto conmemoraremos. «Seny» el que apareció después en el XIX tras la fratricida Primera Guerra Carlista, tras el periodo de revoluciones o tras la Primera República. La Exposición Universal de 1888, el ensanche de Barcelona, la edad de oro de la industrialización, el propio modernismo, fueron la respuesta inteligente a las crisis.

Podríamos continuar con más ejemplos hasta nuestros días.

Me detendré en un personaje al que pretendemos recordar con el máximo respeto como estadista, desde la Sociedad Bicentenario General Prim (1714-2014), constituida hace algo más de un año. Aunque dolida en estos momentos por la incursión de modernos saqueadores de tumbas que, violando protocolos de confidencialidad, han comprometido al propio Ayuntamiento de Reus, está firmemente comprometida a realzar con dignidad la figura del general. Por encima de los sensacionalistas que hace unas semanas «lo mataban» el mismo 27 de diciembre de 1870 –día del atentado en la calle del Turco– y lo mantenían en una fresquera del Palacio de Buenavista hasta la llegada de Amadeo de Saboya y que ahora «lo rematan» días después del atentado, con la correa de un sicario introducido subrepticiamente en la propia sede del Ministerio de la Guerra, la Sociedad busca integrar, unir y poner a Prim de ejemplo de amor a Cataluña y a España. Prim es «rauxa», pero sobre todo, «seny». Aprende de las heridas recibidas en campos de batalla; aprende en los hospitales de campaña; aprende en el exilio. Aquel Prim de sus primeras legislaturas (1841-1843) es un «llamp» (relámpago) muy de su tierra del campo de Reus: «gent del camp, gent del llamp». Cuando dice en sede parlamentaria: «El coronel Prim no cede sus opiniones ni a jefes, ni a ministros ni a reyes ni al Eterno Padre cuando tiene razón». No había cumplido 30 años. Pero años más tarde en México es ponderación, equilibrio. Es el Prim liberal que respeta acuerdos internacionales, que no quiere sentar una monarquía sobre las bayonetas de sus soldados. Luego será el Prim que nos lega la Constitución de 1869, la que aumenta el censo de votantes a más de cuatro millones, la que refuerza la libertad de imprenta, la que hubiera evitado –si no lo hubiesen asesinado– la Primera República, la que hubiera llevado de otra forma la emancipación de Cuba y Filipinas.

Cataluña acaba de sufrir un fuerte ataque de «rauxa». Unos no sabían que entre la contagiosa algarada y el voto secreto hay una distancia difícil de evaluar. Por esto se han equivocado. Y cuando sigue la crisis, cuando el Parlament se ha fraccionado como nunca a consecuencia del fraccionamiento de la sociedad catalana, no es tiempo de «rauxas». Es el momento de apelar al «seny».

Publicado en “La Razón” el 29 de noviembre de 2012

Memorias vivas

noviembre 26th, 2012

Con todo el respeto que me merecen tanto la libertad de expresión como las iniciativas de un buen grupo editorial, la proliferación de memorias vivas me produce un sabor agridulce. Por una parte me alegro enormemente de que un ex presidente del Gobierno «esté para contarlo», oportunidad que no le dimos –pueblo de iconoclastas–  a Prim, a Dato, a  Canalejas, ni a Carrero Blanco, porque poco faltó para que ETA  aumentase la nómina de presidentes asesinados.

Pero por otra parte me preocupa su fondo y trascendencia. Creo que los servidores públicos –estuve en nómina muchos años como tal– no somos dueños personales de informaciones que hemos recibido, ni de las  decisiones que hemos tomado en el ejercicio de nuestro temporal ejercicio del poder. Estoy seguro de que se cumplirán, en el caso del presidente Aznar, persona con enorme sentido de la responsabilidad, normas de confidencialidad o secreto. Pero si las cumple como espero, dejarán de ser completas.
Tampoco se pueden utilizar las memorias transcribiendo conversaciones confidenciales o simplemente informales obtenidas de interlocutores que no saben que serán publicadas a pronto o medio plazo. ¿Hasta qué punto tenemos derechos de autor sobre  las sinceridades o comentarios de otros?

Un último punto se refiere a la objetividad. Poca gente escribe sobre sus errores y sus fracasos, más bien sobre sus éxitos y méritos. Lógica condición humana.

Porque en resumen, una vez superado el primer hervor de las listas de ventas, ¿qué nos queda? La Historia dice que siempre aportan algo bueno, pero su rastro carece de rigor.
César Vidal, con su habitual maestría, entraba recientemente en el tema, en estas mismas páginas. Repetía con frecuencia una palabra: «justificación».

Jenofonte en su «Annabasis» quiere justificar sus servicios como mercenario a Ciro el Joven, Julio Cesar en su «Guerra de las Galias» y «La  guerra civil» manipula y oculta y «aunque siguen siendo un monumento literario, se trata de escritos de propaganda política difícilmente superables», dice nuestro actual Cesar de las letras.

El «Napoleón explicado por sí mismo» en el Memorial de Santa Elena redactado por el Conde de Les Cases es otro ejemplo de subjetividad y justificación. No digamos como lo hacen tanto Trotsky –«Mi vida»– como Hitler –«Mi lucha»– respecto a sus revoluciones. De Gaulle desde la brillantez de su pluma no deja de escribir para una Francia conmocionada a la que se ha mentido desde la firma del Armisticio de Compiegne al final de la Primera Guerra Mundial, hasta bien entrado el siglo XX, en el que comprende que no todos los franceses habían sido resistentes, ni todas las declaraciones de guerra procedían de Alemania. No se puede negar a De Gaulle, parte importante de este espejismo histórico.

Kissinger es otro ejemplo de ocultismo interesado. ¿Creen que habla de Pinochet en sus memorias?

No es frecuente que entre militares modernos proliferen memorias. En cualquier caso son memorias parciales referidas a alguna campaña. Yo destacaría las honestas del coronel Carlos Palanca referidas, engañados por Napoleón III, a la expedición franco-española que conquistó el Tonkín, la más tarde Indochina francesa. También son honestas y completas las del general de la Gándara referidas a la fracasada anexión de la Dominicana a España en 1861. Pero son de muy difícil digestión las del general Fernando Fernández de Córdova sobre la expedición española a los Estados Pontificios cuando protegimos a Pío IX en Gaeta y a punto estuvimos de traerlo a Palma de Mallorca.

De los militares recientes, conozco  la existencia de unas interesantes memorias del general José Faura, un excelente profesional y persona, al que tuve de Jefe de Estado Mayor y el cual me honró con su amistad. Faura que describe su primera etapa en el Protectorado español en Marruecos, prestó a lo largo de su vida importantes servicios no sólo en el Ejército sino en la presidencia del Gobierno en la que se iniciaban unos modestos pero eficaces servicios de inteligencia. Describe, por ejemplo, las gestiones para acompañar a Tarradellas a Barcelona, sin descubrir muchas de las claves que envolvieron aquella buena decisión del presidente Suárez en pleno comienzo de nuestra Transición. El texto no ha encontrado editor, en parte por el escaso valor que se ha dado a la opinión de los militares durante muchos años, en parte porque debido al respeto que tenemos a la confidencialidad de la que hablaba al principio, no ponemos quizás  el morbo suficiente para hacer atractivo un texto al gran público.

Un amigo socarrón que comenta regularmente mis tribunas, alguna vez con sana pero agresiva crítica, añadirá seguramente: «Estás en contra de las memorias, porque nadie te ha ofrecido 800.000 euros, como le ofrecieron a otro político». Y le contestaré: tampoco me lo creo. ¡Hasta en los contratos y listas de ventas pueden ser subjetivas –justificativas– las memorias vivas!

Publicado en “La Razón” el 22 de noviembre de 2012

Retrovisores y camas

noviembre 16th, 2012

Hoy jueves  15 de noviembre debía comparecer el general David  Petraeus ante el Comité de Asuntos Exteriores del Congreso para informar sobre la muerte del embajador americano en Libia, Chris Stevens, y cuatro de sus hombres, ocurrida en una fecha muy significativa, el pasado 11 de septiembre. No comparecerá, como sabe el  lector. No pudieron con él en Irak ni en Afganistán, bien que lo intentó Al Qaeda. Pero no ha podido resistir el  asalto más sutil y traicionero urdido contra sus  trincheras de Virginia  desde donde dirigía   la Central de Inteligencia (CIA). Una carta anónima en el «New York Times» de julio, un reciente reportaje en «Newsweek» una información de Fox News y una supuesta información del FBI de abril desvelando unos correos electrónicos han envuelto con su manto mediático el cese/dimisión del general. Aparentemente, las causantes tienen nombre y apellido. Una de ellas, veinte años más joven que el General,  atractiva, con una excitante carrera  mitad misterio, mitad ambición. Graduada en West Point, oficial de inteligencia experta en operaciones antiterroristas, en situación de reserva del Ejército,  habría conseguido asomarse como investigadora al  mundo del liderazgo y de la contrainsurgencia, del que el general  era  un reconocido experto. La otra podría ser otra amiga, cristiana maronita de origen libanés, relacionada con el  Comando Central Norteamericano ubicado en Tampa,  que también  mandó  Petraeus.  No descarten que si continúa la serie aparecerá en un barrio de Kabul alguna menor afgana –lo de menor es importante para  aumentar el morbo– seducida por el poder  del virrey americano.

¿Qué puede esconder este lío de faldas? Dejando aparte la doble moral de una sociedad en la que no pocos presidentes y señalados próceres se han distinguido por su promiscuidad, la clave puede estar en ciertas aproximaciones del general con la candidatura republicana –que ha perdido las elecciones y puede haberlo arrastrado en su derrota–, pero sobre todo, en los trágicos acontecimientos ocurridos en Bengasi, en los que perdió la vida el embajador  Stevens. La versión oficial habló de la  incontrolada furia  de unas turbas  indignadas por la difusión de un vídeo blasfemo contra el profeta. En plena campaña electoral, fue considerada como  la versión oficial políticamente más correcta. Pero  toma cada día mas fuerza la hipótesis  de que el ataque fue perpetrado en  fecha tan señalada por un fuerte comando de Al Qaeda en represalia por la muerte de Bin Laden en tierras pakistaníes. Las turbas que se mostraron en imágenes tomadas por teléfonos móviles se presentaron en las ruinas del consulado después del ataque de Al Qaeda y de que un grupo de agentes de la CIA hubiera conseguido evacuar a los empleados a una finca que  el embajador había alquilado previamente para una contingencia similar y que también fue atacada posteriormente  por el comando de Al Qaeda. Una petición urgente de cobertura militar solicitada desde que se escucharon los primeros disparos de los asaltantes sobre las 21:40 fue, al parecer, denegada. Petraeus declaró  rotundo que no fue la CIA  la que negó ayuda en Bengasi. La orden tuvo que venir de alguien superior. Y este alguien superior no podía ser otro que el  presidente en funciones y candidato a  la reelección. Alguien le convenció, o él mismo tomó la decisión de que no era «políticamente correcto» mezclar Al Qaeda en  un momento electoral  aún incierto. Por supuesto, con la información que tenemos, no es fácil saber exactamente lo que pasó. Ni tampoco asegurar que podría haberse evitado la muerte del embajador y de cuatro de sus colaboradores. Pero algo no encaja. Lo que sí auguro es que el tema no ha tocado fondo. Que la mayoría republicana en la Cámara de Representantes no va a aceptar que sólo sea un problema de faldas. Lo que me duele es la posible manipulación. Lo que me duele es que en una campaña electoral sirva todo y que la política devore  a  gente de experiencia y valía. No será  Petraeus  el único general «arrastrado» por la derrota republicana. No gusta al «stablishment» político americano actual ver a uniformados merodeando la casa Blanca. Me duele que, para justificar decisiones y conductas, se recurra al barro de las debilidades humanas, aunque estuviesen archivadas desde abril. La cuestión es ganar unas elecciones «caiga quien caiga» porque, una vez consolidado el poder, todo es más manejable. ¡Nada nuevo bajo la capa del Señor!

Petraeus había escrito  doce reglas sobre el liderazgo que eran todo un referente para los expertos e interesados en el tema. La quinta dice textualmente: «Todos cometemos errores; la clave es reconocerlos y admitirlos, aprender de ellos ; desmontar el espejo retrovisor; seguir adelante y no volver a caer en ellos». Mientras el general desmontaba el retrovisor, alguien decidió  y supo lo que en nuestro lenguaje popular llamamos «hacerle la cama».

Publicado en “La Razón” el 15 de noviembre de 2012

Prim en el Círculo

noviembre 16th, 2012

Acudía anteayer al Círculo Ecuestre de Barcelona  para hablar del general Prim, «de voluntario liberal a Ministro de la Guerra».

La conferencia, que formaba parte de un ciclo organizado por la Sociedad  creada para conmemorar el bicentenario de su nacimiento (1814-2014), había sido programada hace unos meses. Bien intuía que el análisis de la Hoja de Servicios que comprende 37 de los 56 años de la vida del General de Reus pasaría a segundo término y que tanto las preguntas de la Prensa presente, como las  de los asistentes,  girarían en torno a la situación actual que se vive en el Principado. No lo habíamos previsto. Siempre me acuerdo de la frase del  premio Nobel  Ivo Andric, el hombre que nos ayudó a comprender, allá por los noventa, lo que ocurría en una Yugoslavia que se desmoronaba. En su obra «Un puente sobre el Rio Drina», nos dijo: «la más deplorable y más trágica de todas las debilidades humanas reside indudablemente en una incapacidad total de prever, incapacidad que está en marcada contradicción con tantos dones, conocimientos y artes».

Sabía que las cuestiones girarían sobre posibles reformas de nuestra Constitución, sobre referendos, sobre quién instigó el magnicidio del General  y el interrogante de siempre:¿Qué hubiera sido de España si la monarquía de Amadeo de Saboya, apoyada en su prestigio, se hubiese consolidado? ¿Viviríamos hoy la misma situación? ¿En qué se distinguía Prim de otros generales de su tiempo como O´Donnell o Espartero?
Y surgían las contestaciones sobre lo incierto de quienes lo asesinaron, aunque las pistas sean claras. Se comparaba el magnicidio con el de Kennedy, a la vez que no podíamos dejar de recordar los que  le siguieron en España: Cánovas, Canalejas, Dato y Carrero Blanco. Como si el asesinato de nuestros jefes de Gobierno fuese una macabra  hoja de ruta en nuestra historia.

Hablamos del Prim, que tras la muerte de Fernando VII vivió las sucesivas caídas de la Regente Maria Cristina (1840), del Regente Espartero (1843), de  la propia isabel II (1868) y que continuó tras su propia muerte, con Amadeo de Saboya, la Primera República,(1871), la segunda Regencia de Serrano, hasta la de Alfonso XIII en 1931. Y bien saben que no acabaron aquí nuestras tormentas políticas, que  Raymond Carr concreta, integra, relaciona, en el título de su obra «España,1808-1936».

Yo asistía como observador privilegiado a los comentarios de los asistentes. A mi lado un inteligente  Enric Juliana, director adjunto de «La Vanguardia», desviaba hábilmente el tema relacionando la fulgurante carrera del Prim , con la diferente pero no menos importante en otros ámbitos, como fue la del Balmes. Pronto se descubrieron  y distinguieron los asistentes de Reus y de Vich. ¿Qué hubiera pasado si siguiendo los consejos del autor del «Criterio»,  se hubieran unido en matrimonio la rama isabelina, con la rama carlista de los Borbones? ¿Hubiera hecho falta la espada de Prim en la Primera Guerra Carlista?

Entonces surgió  de la voz de varios asistentes una preocupante constatación : «En la familia, en el trabajo, hemos acordado no hablar de política; cada vez que surge el tema de la situación catalana, nos desunimos, nos acaloramos, acabamos mal».

Por supuesto me preocuparon  estas aseveraciones. ¿Hemos perdido la capacidad de dialogar, que en resumen es una falta de libertad? ¿No sabemos ya ponernos en la piel del otro? ¿Creemos realmente que nuestras verdades, son verdades absolutas? ¿Tenía razón Sófocles cuando nos decía «para quien tiene miedo, todo son ruidos»?

Recordaba las gestas de Prim desde su bautismo de fuego en agosto de 1834 en Triaxet hasta el gesto arrollador de Castillejos, enardeciendo,  arrastrando, liderando a sus hombres. Recordé que había sido herido en combate 8 veces en 35 acciones de guerra  cuando aún no había cumplido los 28 años. Pero también fue condenado una vez a cuatro años  y otra a seis de destierro en el archipiélago de  las Marianas del que se libró a punto de zarpar de Cádiz rumbo a Manila. Recordé que había vivido el exilio en Francia, en Portugal, en Alemania y en Inglaterra y que tras sus éxitos creaba un efecto de rechazo en sus superiores que «no veían mal» destinarlo a Ceuta, a Puerto Rico a México o a Crimea. ¿Sigue siendo actual que ciertos líderes políticos «no vean mal» mandar a gente valiosa que les pueda hacer sombra,  a  exilios mas o menos brillantes? ¿No seremos nosotros nuestros propios enemigos, como lo fue Prim despreciando  las heridas que le llevarían a la septicemia y a la muerte?

Caía la noche sobre la Diagonal barcelonesa, ésta sobre la que algunos pintan sombras de miedo. Una viva sociedad como el Círculo Ecuestre se abre  al diálogo, invita a reflexionar, consciente de que hay que regenerar un dañado tejido social. Mientras, otros duermen.  Otros, no podemos.

Publicado en “La Razón” el 8 de noviembre de 2012