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El alma menorquina de Camus

lunes, diciembre 23rd, 2013

La conmemoración del centenario del nacimiento de Albert Camus nos brinda la oportunidad de analizar la vida y la obra del escritor desde muy diferentes ángulos. Me ceñiré al de su ascendencia familiar, a su niñez y juventud en aquella Argelia francesa de comienzos del siglo XX, a las consecuencias de la prematura muerte de su padre durante la Primera Guerra Mundial y a la influencia de su madre y su entorno familiar, de ascendencia menorquina, en la formación de su alma como persona y como escritor. Debemos remontarnos a los años treinta del siglo XIX, cuando Francia decidió conquistar y colonizar el antiguo reino de Argel. Las expediciones militares saldrían principalmente de Marsella y Toulon rumbo a los puertos del norte de África. En tiempos de navegación a vela, muchos transportes necesitan una escala intermedia, que encontraban en el seguro puerto de Mahón. Tan interesada estaba Francia en esta escala, que incluso intentó adquirir una isla situada en el centro de dicho puerto – la Isla del Rey- en la que ya los ingleses un siglo antes – en 1711 – habían construido un hospital naval que continuaba activo en estos momentos bajo pabellón español. De hecho, permanecería operativo como Hospital Militar hasta 1964. El puerto de Mahón se convirtió también en centro de recepción de heridos y enfermos, en escala obligada para el retorno. Hay noticia de la presencia de 3.000 franceses distribuidos en diversos acuartelamientos pendientes de ser evacuados  a la metrópoli. Un matasellos francés de 1841 – «Armée d’Afrique. Hôpital de Mahón» – da fe del uso que hicieron los franceses del hospital menorquín. Y como es frecuente en las conquistas militares, estas arrastran a colonos en busca de una nueva vida o de nuevas oportunidades. En este caso fueron mayoría, lógicamente, franceses; pero una minoría significativa salió de esta escala intermedia menorquina, estimulados por las facilidades dadas por los administradores galos, faltos de mano de obra especialmente agricultores. Así es como el bisabuelo materno de Albert Camus, Miguel Sintes, natural de Ciudadela, se embarcó rumbo a Argel.

Un hijo suyo, Esteban Sintes, ya nacido en Argel, casó con Catalina Cardona – nacida en San Luis, un pueblo fundado por Francia tras la conquista de Menorca a los ingleses en la Guerra de los Siete Años (1756-1763)- que le dio tres hijos: Esteban, José y Catalina. Ésta casó con Lucien Camus nacido en la Lorena, hombre que tuvo una infancia desgraciada internado en un orfelinato por sus propios hermanos y que encontró en la familia de su mujer, especialmente en su suegro, Esteban, trabajo y afecto. Luego la Gran Guerra le llevaría a la muerte en 1914, en uno de aquellos inenarrables frentes europeos. Nuestro Albert Camus nacido en Mondovi (Constantina), contaba tan solo un año. Dura, consecuentemente, la infancia de Albert cubierta por el cariño de su madre y la influencia de su abuela Catalina. Pero él siempre reconocerá que fue un período feliz: «La pobreza con mar y sol, jamás puede ser triste». También nos refiere que: «Junto a ellos, lo que sentí no fue la pobreza, ni la indigencia, ni la humillación…; ante mi madre siento que pertenezco a un noble linaje: el que no envidia nada». Estudia Filosofía, juega al fútbol con el equipo de la Universidad de Argel, forma parte de un grupo de escritores. Estudia en profundidad los escritos de San Agustín – norte de África-, funda una compañía dramática que llamará «L’Equipe», adapta e interpreta obras de Calderón, de Lope, de Dostoievski y de Faulkner. En 1937 ya editará su primer libro «L’anvers et l’endroit». Luego inspirará y fundará «Combat». Sus artículos se recopilarán en los «cahiers» que nos aproximan hoy, a la evolución de su pensamiento, que finalmente vuelca en ensayos. La Academia Sueca reconocerá sus méritos en 1957 concediéndole el Premio Nobel. Tres años después moriría en accidente de coche entre París y Sens en circunstancias asociadas ya al mito en que se había convertido. No sufriría en 1962 la independencia de Argelia tras 130 años de fuerte presencia cultural francesa, quien se sentía muy ligado a ella;le parecía imposible que la tierra en que había nacido llegase a Francia. Durante este año conmemorativo, Menorca ha sido fiel a su recuerdo, a sus orígenes familiares, a su obra. Después de años de olvido, renace un Albert Camus que influyó en el pensamiento de varias generaciones, presentado hoy en la profundidad de su pensamiento a las nuevas. «En plena oscuridad de nuestro nihilismo, he buscado solamente las razones para superarlo. Pero no las he buscado en absoluto por virtud, ni por una singular devoción espiritual, sino tan sólo por fidelidad instintiva a la luz donde nací y donde desde hace milenios los hombres aprendieron a saludar a la vida hasta en el sufrimiento» (Albert Camus Sintes).

Artículo publicado en «La Razón».

Y también fue soldado

jueves, agosto 22nd, 2013

Nos lo dejó escrito Calderón de la Barca, otro soldado de Infantería: «Si es honrado, pobre y desnudo un soldado, tiene mayor calidad que el más galán y lucido; porque aquí a lo que sospecho, no adorna el vestido al pecho, que el pecho adorna el vestido».

Honrado y pobre, con lo justo para pagar una residencia de mayores, ha muerto a los 87 años el general Emilio Alonso Manglano, el que fue director del CESID entre mayo de 1981 y 1995. No entraré a valorar los años en que estuvo tan ligado a nuestra historia reciente desde la responsabilidad de la dirección de unos Servicios, que modernizó, transformó y abrió en tiempos no precisamente fáciles.

Quiero recurrir al soldado, el que con sentido de la responsabilidad no exenta de enormes sacrificios, acepta misiones –y las cumple de la mejor forma que sabe– y que a su salida como teniente de la Academia de Infantería en 1948 poco podía imaginar. Pero ya elige un puesto de «riesgo y fatiga» como es el Tercio Duque de Alba, II de la Legión con base en Ceuta. De allí, junto a otros oficiales legionarios formarán la Primera Bandera Paracaidista en 1953. De la Legión extraen estos oficiales ideario, ilusión, empuje. A ello añadirán los conceptos del vértigo y del riesgo, junto a la eficacia en combate de unas tropas que querían aprovechar las experiencias de las unidades aerotransportadas de la Segunda Guerra Mundial. Fui testigo de lo que nos legaron estos oficiales, cuando me incorporé a su misma Bandera en 1963.

Su hoja de servicios detalla otros destinos y cursos, pero las unidades paracaidistas marcarán su carácter y su destino. El primer indicio de su firme carácter surge en 1959, cuando pide la baja de la Escuela de Estado Mayor para incorporarse junto a sus compañeros de la Primera Bandera a las Operaciones de Ifni. Para muchos, que sabían lo difícil que es el ingreso en la referida Escuela, era como un «suicidio militar» que colapsaría su carrera. No le importa. Prioriza estar en unas fuerzas que reciben su bautismo de fuego con alto coste de sangre. No le gusta a nuestra sociedad hablar de estas operaciones en las que se sacrificaron junto a tropas profesionales magníficos soldados de reemplazo, porque huímos del reconocimiento al sacrificio y al heroísmo, de los que no huyó Emilio Alonso Manglano.

Y lo reencontramos otra vez en 1981 en unidades paracaidistas –se había transformado aquella primitiva Agrupación de Banderas en Brigada– como Jefe de Estado Mayor con el grado de teniente coronel. El golpe del 23 de febrero marcará el resto de su vida. Aquel día se mantiene firme, claros los parámetros en los que se mueve un soldado. En ausencia de su general, contacta con Francisco Laína que preside el gabinete de emergencia que integra a Secretarios de Estado y Subsecretarios. «La Brigada –le dice– está con el Rey, con la Constitución y con el Gobierno». ¿Qué hubiera pasado si aquel día el teniente coronel Manglano hubiese mantenido otra actitud?

Bien lo valoró el presidente del Gobierno Calvo Sotelo, al nombrarle en mayo director del CESID, actual CNI.

Durante 14 años se dedicó a transformar el Servicio dando entrada a personal civil y a mujeres. Innovador, consiguió un prestigio internacional para el centro difícil de borrar. Firmó más de 140 convenios con servicios exteriores, incluida la KGB soviética, en lo que fue una primera relación con un servicio occidental. Casado con una ciudadana norteamericana –Susan Lord Williams– con la que tuvo dos hijos, nos aproximó como nadie a los servicios americanos, en tiempos en que se cerraba el ciclo de guerras en Centroamérica, en el que se transformaba el mapa de Europa con la caída del Muro de Berlín.

Pero todo girará en torno a la mayor preocupación que sigue –y en mi opinión– precipita el golpe del 23-F: ETA.

Vive el período más virulento de la banda asesina, sufre ante el sacrificio de tantas víctimas inocentes, acompaña en sus despedidas a muchos de sus compañeros de armas. Perseguirá a ETA no sólo en suelo patrio, sino en Francia y en Iberoamérica. Managua, La Habana, Bayona, San Juan de Luz, forman parte de su particular teatro de operaciones.

Por supuesto, un servidor del Estado como él cometerá errores. Pero también carga con errores de otros, tanto de superiores como de subordinados. Y los afronta con sentido de la responsabilidad. La caída política de su ministro de Defensa, Julián García Vargas le arrastra a él. El hombre que ha servido con fidelidad, el líder, el emprendedor, el respetado en foros internacionales, debe defenderse ante una Audiencia Provincial, ante el Supremo y ante el Constitucional que finalmente dictó una resolución absolutoria. Tampoco tenía como ahora, nada que perder, más que su honor . ¡Vaya nuestro sencillo homenaje al director, que fue también un buen soldado!

Publicado en “La Razón” el 10 de julio de 2013

Los riesgos del reformador

jueves, agosto 22nd, 2013

Siento un extraño afecto hacia las personas que sistemáticamente son vapuleadas por los medios de comunicación o que «encienden» redes sociales que descalifican o insultan, muchas veces a escondidas tras cobardes anonimatos o pseudónimos. Me gusta profundizar en el porqué empujado por un elemental sentido de defensa hacia quienes reciben los zarpazos de la «jauría humana» cuando no son terroristas, ni asesinos, ni hacen caja en paraísos fiscales con el dinero de todos. Sólo gestionan lo que nuestra Constitución llama «poderes públicos», territorio en el que caben luchas partidistas, labores de zapa e incluso operaciones de acoso y derribo.

Al ministro Wert vienen dándole desde hace meses en los dos carrillos en cuanto abre la boca. Y debo reconocer que encaja bien los golpes, no sólo del enemigo, sino también de las tropas propias, con una abierta sonrisa. Llegó a un Ministerio complejo en el que priorizó Educación por encima de sus otras responsabilidades en Cultura y Deportes, vista la situación de alarma a que había llegado nuestro sistema educativo, por una parte desparramado en 17 autonomías, por otra, atendido por un colectivo sensible y reivindicativo, en un tránsito complejo entre el carácter vocacional de la profesión al meramente ocupacional según la conocida tesis de Charles Moskos. Con altas cotas de abandono escolar, con obsesiva tendencia a la titulación por encima de la formación práctica, con una tasa de desempleo juvenil del 57% y con un largo etcétera, nos situamos –Pisa, Shanghái– a la cola de los países de nuestro entorno, aunque nuestro gasto medio por alumno sea un 15% superior.

Pero, a pesar de la capacidad de trabajo del ministro, de su carácter dialogante y de su flexibilidad por corregir el rumbo, recibe por babor y por estribor, sin echarle la culpa a otros, como suele ser frecuente en el mundo de la política. Como dicen nuestras Ordenanzas, «sin excusarse en males innecesarios o supuestos a las fatigas que le corresponden». Pero como también es ministro de Cultura y Deportes está obligado a asistir a actos multitudinarios –Teatro Real, campos de futbol, museos–, donde se enfrenta con demasiada frecuencia a esta «jauría humana» por supuesto anónima, agazapada en la masa.

No entro a valorar –no sé, no puedo– sus posibles errores. Todo el que hace algo se equivoca. Pero quiero entender que cuando señala unas cifras para acceso a becas, busca la eficiencia, el esfuerzo y el compromiso, totalmente compatibles con los principios de igualdad de oportunidades y de justicia social. Jose María Marco analizaba recientemente (LA RAZÓN, 28 de Junio), con la brillante claridad que preside su pensamiento. las dos perspectivas. Por una parte, apunta que un becario «debería ser consciente de que está recibiendo un beneficio a costa del esfuerzo de los demás y que la confianza que el resto de la sociedad deposita en él, le va a comprometer durante los siguientes años», lo que le obliga al esfuerzo. En cambio, el marxismo considera la beca «como un acto de justicia social que viene a enmendar una situación de desigualdad; desde esta perspectiva no valen apelaciones a la razón o a la ética; el sistema es injusto por naturaleza y en sólo caben medidas de redistribución, sea cual sea el coste que representen». «Sea cual sea el coste». Wert ha presupuestado 1.160 millones en 2013, cuando en 2006 se presupuestaron 657. No caben aquí, por lo que veo, apelaciones a la razón. Como tampoco creo que pensase discriminar «a los hijos de los trabajadores, exigiendo esfuerzos a quienes menor renta tienen», como se dijo en sede parlamentaria. Constituye un derecho constitucional la igualdad de oportunidades. En la mente del reformador debe presidir el principio de «ayúdame a ayudarte» o de «ayúdate a que te ayudemos», porque los tiempos no están para alegrías y despilfarros presupuestarios. Pero venimos de una cultura de la subvención en la que los valores del esfuerzo y del sacrificio no contaban.

Me gustaría dar al sufrido ministro un modesto aliento de apoyo. Por una parte, las estadísticas son importantes, pero es importante extraer de ellas lo positivo. España produce médicos, ingenieros, arquitectos, abogados –porqué no, militares– de muy alta calificación profesional. No sé si salen de este 36% que se gradúa en las universidades sin perder un curso y con buenas notas o del 19% que acabaron sus estudios con notas «raspadas», incluso repitiendo curso. Cuidado que de aquí también salen buenos profesionales. No será el ministro Wert el primer reformador al que quieren lanzar a la hoguera. Imagino las veces que se arrepiente de haberle dicho sí a su antecesor en el Ministerio, Mariano Rajoy. Pero si en conciencia cree que debe reformar, que dialogue, que escuche, que retoque, que rectifique si es preciso, pero que reforme. «Decidir es seleccionar; seleccionar es renunciar», incluso al aplauso, querido ministro.


Publicado en “La Razón” el 3 de julio de 2013

El canal que puede ser

jueves, agosto 22nd, 2013

Para quienes hemos vivido en Nicaragua –lo que equivale a decir que la queremos– la noticia de que se reabre el proyecto de apertura de un canal entre el Caribe y el Pacífico nos alegra. La concesión a un grupo chino con sede en Hong Kong, recientemente aprobada por el Parlamento de Managua, representaría una inversión de 40.000 millones de dólares, cuatro veces lo que representa el PIB del país. No hace falta precisar los beneficios que representaría. Tampoco deben extrañar las reacciones que pueden llegar del Canal de Panamá.

Colón no fue consciente de la existencia de un nuevo océano, el Pacífico. Pero sí lo fue Felipe II en la segunda mitad del siglo XVI, que ya buscó vías de comunicación con el Virreinato de Perú y con las Filipinas. Se pensó en el istmo de Tehuantepec, hoy México, en Nueva Granada –hoy Panamá– y en la propia Nicaragua.

Pero no sería hasta mediados del XIX cuando se desarrollaron proyectos técnicamente asumibles. Panamá ofrecía un terreno más angosto. Nicaragua ofrecía un mejor clima y la posibilidad de utilizar su excepcional red hidrográfica. Para el lector, no necesariamente conocedor, resumiremos que el proyecto tiene como centro el Lago Nicaragua (8.000 Kms cuadrados, 32 metros sobre el nivel del mar) que «desagüa» en el Atlántico a través de los 190 Kms del río San Juan, la puerta de entrada de los conquistadores españoles y de cuantos exploradores, piratas y comerciantes penetraron en Nicaragua. A medio camino de su curso, un castillo español –el de la Concepción– custodiaba su paso. Un joven Nelson y muchos otros invasores fueron derrotados ante sus muros. Por el oeste, en cambio, el Lago se ve cerrado por el istmo de Rivas, de 30 a 40 millas de ancho y que habrá que franquear para acceder al Pacífico.

Ya en 1849 se creaba la American Atlantic and Pacific Ship Canal Company, apoyada en un exclusivo acuerdo entre Nicaragua y EE UU al que se opuso Gran Bretaña, que exigió (Tratado Clayton-Bulwer) compartir su posible uso, a cambio de retirarse de la ciudad de San Juan y abandonar el protectorado que ejercía sobre la Mosquitia, en la denominada Costa Atlántica nicaragüense.

Entre 1850-1851, el coronel Childs redactó un primer proyecto que sirvió de base a otros trabajos del Comodoro Lull (1872-1873) y sobre todo a los del ingeniero de la armada norteamericana Aniceto Garcia Berrocal, un hombre nacido en nuestra Cuba, considerado uno de los mejores expertos del mundo en temas de canalización. A un coste de 50 millones de dólares, Berrocal preveía varias represas y 7 esclusas. Ya incluía el sustituir por un canal el último tramo del río San Juan debido a la excesiva sedimentación de su lecho en la época de lluvias. A punto de estallar la guerra con España, una expedición encabezada por el almirante Walker, con 100 ingenieros y el respaldo de la Navy, llegó a Nicaragua en 1897 para desarrollar el proyecto. El presupuesto se elevaba a 118 millones, se diseñaban 10 esclusas, una gran represa en el río San Juan, más un ferrocarril de 100 millas que facilitaría las obras.

Mientras, Francia se les adelantó encomendando el proyecto de un canal en Panamá a Fernando Lesseps, que ya había construido el de Suez entre 1859 y 1869. En el istmo panameño se contaba con un ferrocarril transoceánico inaugurado en 1855. Los trabajos comenzaron a buen ritmo pero a costa de grandes sacrificios humanos. Se calcula en 20.000 los hombres que murieron a consecuencia de enfermedades tropicales. Este trágico dato y las consecuencias de la crisis provocada por la derrota francesa ante Prusia en la guerra de 1870, hicieron fracasar el proyecto, que se abandonaría en 1880.

Otra guerra, la hispano-norteamericana de 1898, aconsejó reabrirlo. Y llegó de la mano de dos personajes: Theodore Roosvelt, que antes de ser presidente fue viceministro de Marina, y del almirante Mahan, un reconocido estratega que relacionó el poder de un país con su potencial naval. Su obra «La influencia del poder marítimo en la Historia» es un clásico en todos los centros de estudios navales. Aunque llegó a tiempo para el combate de Santiago de Cuba, el acorazado «Oregon» tardó 67 días en incorporase al Caribe desde su base de San Francisco. Con un canal hubieran bastado tres semanas. Pudo ser esencial. Aprendieron la lección.

No se había abandonado la ruta nicaragüense, pero la elección de Panamá era clara. Roosvelt contó con los servicios de un buen politécnico francés, que ya trabajó con Lesseps (Bunau- Varilla) y resolvió los plazos de concesión del Gobierno colombiano, que expiraban en 1903, «apoyando» –muy al estilo «yankee»– una revolución interna que independizó Panamá de Colombia.

Lo demás es historia. Panamá se abriría en 1914 a punto de comenzar otra guerra, la Primera Guerra Mundial. Para Nicaragua quedaba «el canal que no fue». Hoy, puede convertirse en el «canal que puede ser».

Publicado en “La Razón” el 26 de junio de 2013

Emprendedores (y II)

viernes, junio 28th, 2013

Afronté en mi “Tribuna” anterior la importante iniciativa del Gobierno impulsando una política dirigida a los emprendedores, política a la que se han sumado este periódico y un buen grupo de empresarios inteligentes y varias instituciones. Sembrar futuro constituye siempre una buena inversión. Hoy decido volver al tema animado por la respuesta de jóvenes lectores, el tramo de nuestra sociedad que más necesita apoyo, ilusión y estímulo. Me apoyé el jueves pasado en varios artículos de nuestras Reales Ordenanzas, sucesivamente adaptadas en el tiempo, sobre las iniciales procedentes de una sabia recopilación que realizó Carlos III. Son para muchos de nosotros guía de conducta y código de comportamiento.

Empezaré por el final, por la conclusión a que quisiera llegar hoy con esta segunda entrega: proponer al CESEDEN, el más calificado Centro de Estudios de la Defensa, que mediante el trabajo de un grupo abierto, edite antes de fin de año unas “Ordenanzas para emprendedores”, interpretando con óptica empresarial los artículos más adecuados de nuestras reglas. Creo sería una buena contribución a la iniciativa. He leído muchas de las versiones del “Arte de la Guerra” de Sun Tzu dirigidas a empresarios y valoro su buena interpretación y sus variadas conclusiones. Por supuesto ayudan a pensar y a decidir. Pero no descarto que una adecuada versión de nuestras Ordenanzas –vivas aquí en España, pero mucho más en países hermanos de América– sería de gran utilidad para buena parte de nuestra clase empresarial o dirigente. No le voy a decir al general Alfonso de la Rosa, director del centro, cómo hacerlo. Conozco de sobra sus capacidades, las de su equipo y las relaciones y contactos que mantiene con el mundo universitario y empresarial.

Me extenderé hoy sobre otros artículos sobre los que no hice referencia o cité de pasada el pasado jueves y que no precisan de largos comentarios. Recogiendo un histórico artículo quinto del cabo, el actual 65 nos marca que “será firme en el mando, graciable en lo que pueda, reprenderá sin cólera y será comedido en sus palabras aun cuando reprenda”. No se puede decir más con menos palabras. A renglón seguido, respecto a la relación con sus subordinados matiza que “no le disimulará jamás falta alguna de subordinación”. El jamás es taxativo y a primera vista parece desmesurado. Pero nuestros viejos maestros sabían lo que escribían. Entre las faltas de subordinación, cabe toda una gama de situaciones que requieren la corrección del mando. Es decir, si usted dirige una empresa no disimule ni un desfalco, ni una calumnia, ni un acoso sexual arropado en un falso corporativismo, buenismo o incluso machismo. Porque a partir de entonces, el “disimulado” se convertirá en un permanente eliminador de testigos de cargo, será su eterno enemigo. La prudencia me aconseja no extenderme en un tema que –desgraciadamente– he conocido bien. Además –hablando de Ordenanzas– su Artº 45 me señala que “guardará discreción sobre todos los asuntos relativos al servicio”.

El primer apartado referido al oficial (Artº 72) es un valioso compendio de exigencias y deberes: “Aquel cuyo propio honor y espíritu no le estimulen a obrar siempre bien, vale muy poco para el servicio; el llegar tarde a su obligación aunque sea de minutos; el excusarse con males imaginarios o supuestos a las fatigas que le corresponden; el contentarse con hacer lo preciso de su obligación, sin que su propia voluntad adelante cosa alguna, son pruebas de gran desidia…”. Y pienso en un líder o CEO de una empresa cuando leo (Artº 77): “La condición esencial del que ejerce mando es su capacidad para decidir; su acción más eficaz se logra por el prestigio, la exaltación de las fuerzas morales y la manifiesta preocupación por sus subordinados”, cuando otro añade (Artº 100) “se esforzará en conseguir que todos sus subordinados logren sentirse integrados en el equipo o unidad que pertenezcan”. Es más, les “evitará formaciones, revistas y actos que sin producir ventaja al servicio ocasionen fatigas innecesarias, (Artº 156) cuando matiza: “Tendrá presente que cualquier trabajo por insignificante que parezca, puede tener relevante importancia. La responsabilidad de realizarlos perfectamente es muy grande”. Aunque el tratado tercero de las Ordenanzas hablan de “deberes y derechos”, está claro que la norma se fija más en deberes y responsabilidades que en derechos y beneficios. Más en servidumbres que en grandezas como señalaba Alfredo de Vigny.

Creo que en momentos de rearme de la sociedad, decesión de derechos y mayor asunción de deberes, no son malas las experiencias de las gentes de armas acumuladas durante siglos. Por supuesto, experiencias labradas sobre los fracasos y los errores, pero también en victorias. Las que deseamos a estos emprendedores que luchan y arriesgan.

Emprendedores

jueves, junio 20th, 2013

La iniciativa tomada por LA RAZÓN de dar impulso en un Foro a las expectativas creadas por el anteproyecto de la Ley de Emprendedores, me parece no sólo acertada sino oportuna y necesaria. Y aunque no sea territorio de mi especialidad, sí me atrevo a adentrarme en él. Porque las generaciones en repliegue debemos volcar nuestras experiencias y esfuerzos en dejar la guardia en el momento del relevo, mejor de cómo la encontramos. El futuro está en manos jóvenes que luchan por abrirse camino en medio de una crisis, con ganas, con riesgos, con preparación y con honrada ambición. Son conscientes de que hay que ser persistentes, que todos cometemos errores, que de los fracasos se aprende y que el buen líder no es el que quiere destacar entre mediocres, sino el que asume que muchos de sus subordinados son mejores en determinados campos, que enriquecen por tanto el proyecto común. Y que nada de todo esto sirve, si no se tiene ilusión.

No entraré en temas de gestión, impuestos, financiación, internacionalización o comercios electrónicos. Sí, soy consciente que España representa un 2% de la economía mundial y que somos el séptimo país inversor del mundo. Y que a emprender se aprende emprendiendo y que el error es positivo como proceso fundamental para el aprendizaje.

Yo he vivido en un mundo –el de la milicia– de emprendedores: en sistemas tácticos, en ahorros energéticos, en redes de comunicaciones, en nuevas tecnologías, en eficiencias. No. No son los ejércitos maquinas inamovibles como algunos han querido presentarlos. Por ello intentaré adosar a la iniciativa del Foro algunos conceptos que pueden ayudar a forjar una buena generación de emprendedores, señalando unos «puntos de soldadura» –comunes a militares y civiles– que considero esenciales:

1. Puntualidad. Deben dar a todos sus actos, desde el primer día, la máxima puntualidad, que no es otra cosa que el respeto al tiempo de los demás. Dejar minutos de cortesía esperando a unos no deja de ser una descortesía con quienes han procurado ser puntuales.

2. Horarios. Deben ajustarse progresivamente a los que regulan el mercado de trabajo en Europa. No creo que ningún médico aconseje el almuerzo a las tres de la tarde, ni que sea bueno salir del trabajo pasadas las siete, casi de noche. El Cuartel General de la OTAN en Bruselas en plena guerra de Bosnia seguía con su horario normal de fin de jornada sobre las cuatro de la tarde. Por supuesto que quedaban guardias y servicios y más de un responsable cargaba con horas extraordinarias. Pero la organizada maquinaria permitía que un trabajo de calidad y responsabilidad, fuese compatible con la atención a la familia, al ocio, o las relaciones sociales. Es cuestión de buena organización.

3. Respeto a la palabra dada. Hay que recuperar el sentido de la responsabilidad y la confianza en el apretón de manos de nuestros abuelos. A un compromiso adquirido, sólo se puede responder de una forma, cueste lo que cueste: cumpliéndolo.

4. Honrada ambición. Por supuesto el emprendedor debe ser ambicioso. No obstante, esta ambición debe tener sus límites, mejor acotados en el campo de la ética, pero a falta de ésta, desarrollados con un sentido práctico y real. Si tuviésemos que añadir una agravante a las múltiples condenas por escándalos económicos que vive nuestra actual sociedad, sería la de la desmesurada ambición, que en nuestro decir popular llamamos «avaricia que rompe el saco». Ninguno de los procesados tenía la menor necesidad vital y disfrutaba de comodidades superiores a la media de los ciudadanos. Es complicado comprender cómo algunos necesitan «Picassos» en un baño, blindar habitaciones en su casa a prueba de bandas kosovares, o acumular sabrosas cuentas en Suiza que no podrán disfrutar. Tenían todo y quisieron más, a costa de todos.

5. Hacerse querer y respetar de sus subordinados. Precisamente por este orden. El magistrado Enrique López que deja esta Tribuna de la que tanto hemos aprendido, se refería en su escrito de despedida (lunes 10) a que «es preferible ser amado a ser temido» recogiendo el pensamiento de Cicerón. «El que teme sólo espera el momento adecuado para desquitarse», sentencia.

Cada una de estas recomendaciones tiene su específico trato en nuestras Ordenanzas Militares. Tampoco sería malo que a la vez que se interpreta a Sun Tsu en el mundo empresarial, también se acudiese a las enseñanzas de nuestras reglas de conducta que contienen sabias reflexiones sobre comportamientos humanos. Espero y deseo que estas nuevas generaciones de emprendedores obtengan el premio que merece su esfuerzo y no repitan las malas praxis que vivimos cada día. Mejor si lo hacen por principios éticos. Pero a falta de estos, háganlo simplemente por un sentido práctico. A la larga no tiene ningún encanto repasar balances, por positivos que sean, en Soto del Real.

Publicado en “La Razón” el 12 de junio de 2013


Estrategias

jueves, junio 20th, 2013

En un sentido amplio denominamos estrategia (del griego stratos = ejército y agein=guía o conductor) al conjunto de acciones planificadas sistemáticamente en el tiempo, que se llevan a cabo para lograr un determinado fin.

El pasado viernes el Consejo de Ministros aprobó una renovada Estrategia de Seguridad Nacional. Los tiempos cambian rápido y es necesario definir políticas que afectan a varios ministerios y no sólo a los tradicionales de Exteriores y Defensa.

El documento aprobado aporta, en mi opinión, un mérito añadido, al haber sido consensuado con el primer grupo de la Oposición, que aportó la experiencia de tres pesos pesados –Serrano, Camacho y López Garrido– al buen trabajo de los «hombres del presidente» Moragas y Senillosa bajo la discreta y eficaz mano de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría. Siempre conforta saber que se unen esfuerzos en un tema vital para nuestro futuro. Lejos quedan los tiempos del «no a la guerra» y de las controversias partidistas en temas de seguridad nacional, en las que se utilizaba cualquier error, accidente o decisión como arma arrojadiza.

No es fácil extractar 68 páginas que diseñan acciones muy coordinadas y capacidades operativas ante la proliferación de riesgos.

Me detendré en los relacionados con el terrorismo.

El documento ya no diferencia las amenazas a la seguridad interior respecto a las procedentes del exterior . Entiende que «no se debe bajar la guardia» respecto a ETA y abre un amplio abanico de riesgos del «terrorismo yihadista». Cerrada su redacción –imagino– cuando no se conocían los atentados de Boston, Londres y París, el documento alerta sobre el peligro de «radicalización extremista» en ámbitos donde se asientan núcleos de inmigración, en los que el fanatismo religioso sustituye a determinadas carencias sociales. Y la mezcla de fanatismo y odio social puede producir imprevisibles consecuencias, aunque el foco sea mínimo en comparación con el amplio sector de población inmigrante que solo busca trabajo, integración y mejor vida para sus hijos.

Como nunca, deben reforzarse los órganos de inteligencia. Como nunca, deben coordinarse informaciones con el exterior. Debe continuar el buen trabajo de integración entre los organismos del Estado–Defensa, CNI, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad– con las policías autonómicas –Mossos y Ertzaintza– e incluso con las policías locales, las mas cercanas a estos focos radicales.

Para coordinar esta estrategia de «seguridad integral» se crea un Consejo de Seguridad Nacional que, presidido por el presidente del Gobierno, podrá reunir a siete ministerios –Interior, Defensa, Exteriores, Hacienda, Fomento, Industria y Economía– al director del CNI y a varios secretarios de Estado. El Rey podrá participar en estas reuniones que tendrán periodicidad bimensual. Quiero entender que un «núcleo duro» de expertos completamente dedicado a su desarrollo seguirá las pautas diseñadas y preparará estas reuniones. No descubro nada si digo que el CNI tiene un papel vital en esta estrategia.

No se puede bajar la guardia, pero el tema no es fácil. Un «lobo solitario» puede crear inseguridad, transmitir dolor, contagiar conductas enfermizas. Véase el atentado contra un soldado en Londres. No es fácil establecer comparaciones porque siempre la muerte violenta de una sola persona es un tema grave, pero las bajas de soldados británicos en Afganistán son muy superiores. En cambio, los efectos mediáticos son diferentes. Lo saben los terroristas. Buscan precisamente estos efectos mediáticos que nuestras redes sociales multiplican hasta extremos de difícil contención.

Y basta ver sobre un mapa las zonas de conflictos. El de Libia afecta a no sólo a Mali, sino a la propia Argelia y se extiende a Níger donde se han producido atentados y asaltos semejantes al llevado a cabo en la planta de gas argelina, en las minas de uranio de Arlit y Agadez que explota la compañía francesa Areva. Es decir convive una ofensiva contra explotaciones industriales en manos occidentales –«robáis nuestras riquezas»-, con un soterrado movimiento que utiliza a individuos fanatizados y que pretende tomarse la justicia por su mano.

Siria afecta a todo su entorno: desestabiliza en el Líbano –donde desplegamos fuerzas propias–, pone en pie de guerra a Israel y a todo su entorno estratégico. Turquía es el último país que conoce una violenta conmoción social, cuando la República es un sólido pilar de la Alianza Atlántica y cuando las condiciones de vida de los turcos habían mejorado sustancialmente en los últimos diez años.

En Irak rebrotan diariamente los odios en una espiral de violencia que parece no acabar nunca. La presencia de fuerzas multinacionales en Afganistán parece tener fecha de caducidad. Son doce años de presencia al altísimo coste de 3.400 soldados occidentales muertos. ¿Puede pasar después de tanto esfuerzo, lo mismo que pasa en Irak?

Somalia, Sudán, República Democrática del Congo… ¡Sólo Acnur, la agencia de Naciones Unidas, apoya en sus campamentos a 10,4 millones de refugiados!

Ante toda esta serie de estos «riesgos sin fronteras» no se puede bajar la guardia. Es lo que pretende –entiendo– el renovado documento sobre la Estrategia de Seguridad Nacional.

Publicado en “La Razón” el 5 de junio de 2013


«Los que firman con sangre»

jueves, junio 20th, 2013

Preparaba un análisis sobre la situación en el Sahel cuando me llegaron las desgarradoras imágenes del brutal asesinato de un joven soldado británico saliendo de su cuartel de Woolwich, en Londres. El odio se había albergado en unos jóvenes de origen africano, formados en la fe católica, fanatizados en nombre de Alá, que jamás hubiera aprobado ni en formas ni en fondo el aberrante atentado.

Me vino enseguida a la cabeza el nombre con el que la rama cercana a Al Qaeda liderada por Mokhtar Belmokhtar –un hombre que en varias ocasiones se ha dado por muerto– se autodenomina: «Los que firman con sangre» que opera en el norte de Mali. Fueron los que con esta firma asaltaron el pasado enero a sangre y fuego la planta argelina de gas en la que murieron 37 rehenes.

Ayer fue Londres. Mañana puede ser París o Madrid.

La caída de Gadafi tuvo indiscutiblemente consecuencias. No todas positivas. Entre las negativas, el retorno de tuaregs al norte de Mali y el rebrote de un viejo conflicto en la región. En quince días, el llamado Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) había conquistado las tres ciudades más importantes del norte del país: Kidal, Gao y la legendaria Tombuctú.

Saltaron todas las alarmas, especialmente en Francia, doblemente comprometida en Libia y en el África francófona. La situación era diferente a las rebeliones de los años sesenta (1962 y 1964) y de la cruenta de 1990 que se saldó con más de 2.000 víctimas. Argelia ya intervendría en estos años y posteriormente en 2006. Pero ahora la diferencia venía marcada por la presencia de un nuevo actor en la región: Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). Saltaron alarmas al considerar que el Sahel podía convertirse en una plataforma de lanzamiento de ataques terroristas contra Occidente. Francia, con respaldo internacional, tomó decididamente la iniciativa. Con larga experiencia en misiones africanas –Djibuti (1991), Ruanda (1994) Comores (1995), Republica Centroafricana (1996-97), Congo (1997), Chad (2008), Costa de Marfil (2011)– , actuó con indiscutible eficacia.

París lanzó la «operación Serval» con apoyos europeos, africanos y norteamericanos, legitimados por el Consejo de Seguridad. Sin el menor síndrome de «guerra de Irak», François Hollande ordenó a sus fuerzas armadas la ejecución de una operación combinada junto a tropas de Chad, principalmente. Ante la opinión pública anunció que estaban programadas para tres meses. Estos plazos se van demorando, como cualquier mente conocedora del tema podía suponer. Es necesario transferir responsabilidades al Ejército de Mali y para ello es necesario entrenarle, formarle, prepararle con eficacia para poder responder al reto del latente peligro en el norte de su país. De esta necesidad nació la European Union Training Mission Mali (EUTM Mali), de la que España, junto a muchos otros países, forma parte. Tres resoluciones del Consejo de Seguridad (2056, 2071 y 2085) legitiman su constitución.

Es más. El pasado 25 de abril el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la formación de una nueva fuerza de paz para Mali (MINUSMA) con el determinado mandato de ayudar a la estabilización del norte del país.

Patrocinada por Francia, Luxemburgo, Marruecos y Reino Unido, la misión, que se iniciará a partir del 1 de julio, podrá desplegar un máximo de 11.200 efectivos militares y 1.440 policías.

«La nueva fuerza confirma el apoyo unánime de la comunidad internacional a la estabilización de Mali y a la intervención de Francia y los países de la región para ayudar al país», dijo el hábil embajador francés en Nueva York, Gerard Araud , tras aprobarse la resolución.

En tanto despliega esta fuerza –y no se distinguen las Naciones Unidas por la puntualidad de sus intervenciones– al mando del general francés Le Cointreau, opera en Bamako el Cuartel General de EUTM Mali más un Hospital «Role 1» proporcionado por Bulgaria, un Equipo de Evacuación Médica (Medevac) proporcionado por Bélgica y una Sección de Protección de la República Checa.

En Koulikoro, al norte, despliega el Cuartel General Avanzado, un Hospital «Role 2» alemán y una Compañía de Protección de la que forma parte una sección española. Los algo menos de 600 efectivos comenzaron sus labores de instrucción el 1º de mayo y se prevé que el primero de los cuatro batallones del Ejército de Mali pueda estar operativo a mediados de junio. En este contingente participa el equipo de entrenamiento español de operaciones especiales.

Cada movimiento estratégico de hoy tiene repercusiones de difícil previsión. El contagio de ideas bien apoyado en las redes sociales , es peligrosísimo. No se sabe si asociar el odio de un joven de origen senegalés desatado en el corazón de Londres a la situación africana o a las operaciones aliadas en Afganistán. Esta búsqueda de notoriedad, este «Dio lo vuole», este enfrentamiento con una sociedad que le ha proporcionado mejores condiciones de vida, sólo descubre rescoldos de odio de difícil control y medida. ¡No se puede bajar la guardia!

Publicado en “La Razón” el 30 de mayo de 2013


Los riesgos del cirujano

jueves, junio 20th, 2013

Me preguntaba un buen amigo ¿por qué los accidentes de vuestros magníficos especialistas en explosivos se producen en campos de maniobras más que en el campo de batalla? Se refería al trágico accidente que segó la vida a tres suboficiales de la Legión en su base de Viator, en Almería. Contesté rápido con una frase de la que hacemos uso frecuente las gentes de armas. Dice una vieja máxima: «Instrucción dura guerra blanda; instrucción blanda, guerra dura». Como todo en la vida, cuando te preparas para lo peor, lo normal se presenta llevadero. Luego me extendí con una simple comparación: ¿cuántas horas ha dedicado un cirujano cardiovascular al estudio, a la especialidad, a las prácticas? Años. Sí, años antes de que pueda hendir su bisturí en un corazón enfermo. Los desactivadores de explosivos reglamentarios o improvisados, ya sean de las Fuerzas Armadas, de la Guardia Civil o de la Policía Nacional, necesitan años de estudio y práctica como los cirujanos. Pero además asumen un significativo plus de peligrosidad que los diferencia de los médicos. El cirujano seguramente operará con urgencia ante la necesidad de salvar una vida. Pero ahí termina la parte más importante de su trabajo, sin más límites que su propia conciencia, su código ético profesional y la enorme satisfacción de salvar una vida. No es normal que asuma más riesgos, aunque los hay a veces colaterales de carácter administrativo o jurídico. Casi todos admitimos que pueden existir errores porque nuestras vísceras no son constantes matemáticas de las que se ocupan unas ciencias llamadas exactas. No hay nada que pueda considerarse exacto en el corazón de un enfermo.

Pero los desactivadores, que tienen en común el utilizar sus particulares bisturís, tienen que operar bajo la presión del tiempo, que exige actuar con eficacia y seguridad ante el aviso de una bomba en un colegio, en un edificio público, en un centro comercial, o en la afgana ruta Lhitium. Es más. Este riesgo les alcanza también a ellos mismos.

Imagine el lector cómo se siente una persona que sólo depende de su preparación de su temple y de sus herramientas, ante el peligro que representa un artefacto que ponga en peligro la vida de una treintena de niños o a una decena de familiares de una casa cuartel. O cómo se desactiva una bomba lapa puesta en un coche en un repleto aparcamiento de Barajas.

Los Brigadas D. Antonio Navarro y D .Manuel Velasco y el Sargento D. José Francisco Prieto sabían de sobra cómo se montan todo tipo de trampas explosivas, especialmente en Afganistán donde aún seguimos comprometidos. Sabían que hasta en una garrafa, en un teléfono móvil trucado o en el pinchazo en un coche parado en la carretera, había peligro. Entre los tres sumaban todas las misiones que han afrontado las Fuerzas Armadas en las últimas décadas: Bosnia, Kosovo, Líbano, Congo, Kurdistán, Irak, Afganistán… Repito siempre que se ha forjado una magnífica generación de mandos y tropas con enorme experiencia. Hoy tienen compañeros en Malí. Sabían de sobra que sus compañeros de otras armas los necesitaban para limpiar rutas, para despejar caminos. Sabían que debían transmitir confianza mediante una media sonrisa y la eficacia en su trabajo. Sabían que para ser eficaces en segundos debían trabajar antes durante semanas y meses.

Hombres tranquilos, más propensos al trabajo individual que al colectivo, poco amantes de exhibiciones, normalmente no daban –es la mejor característica del héroe– la menor importancia a su trabajo. La Legión llora y llorará su ausencia con la fuerza que le imprime su espíritu de cuerpo, éste al que la muerte «ha herido con zarpa de fiera». Pero saben que la muerte no es el final. No va a ser fácil llenar su hueco, ni para sus familias ni para sus compañeros, pero la cohesión de su Unidad lo conseguirá.

Ayer, Miguel Temprano, presidente de los Legionarios de Honor, les dedicaba unas emocionantes palabras. «Son gente ruda, noble y arriesgada; son un puñado grande de valientes. Son hombres con un sentido del deber que les lleva a dar su vida por los demás y por España». Él, que había convivido con ellos en Líbano y en Afganistán, era testigo directo de su imprescindible trabajo en beneficio de los demás. Es difícil resumir tan bien, tanto sentimiento, tanta cercanía, en el fondo, tanto respeto. Ellos habían elegido el puesto de mayor riesgo y fatiga de acuerdo con los que nos demandan nuestras Ordenanzas y en el camino habían encontrado la muerte. ¡El Cristo de la Buena Muerte los guarde entre sus brazos!

Publicado en “La Razón” el 22 de mayo de 2013


Menorca entre dos tratados

jueves, junio 20th, 2013

Conmemoramos este año el tercer centenario de la firma de los tratados de Utrecht (1713-2013) que consolidaba, entre otras cláusulas, la ocupación de Menorca por Inglaterra y, por otra parte, los 250 de la Paz de París que ponía fin a la Guerra de los Siete Años (1756-1763) por el que otra vez la Balear Menor tras siete años de ocupación francesa, se reintegraba a la Corona inglesa. ¡Complejo siglo XVIII! ¿Porqué Menorca en los dos tratados?.

Si el lector traza una circunferencia imaginaria sobre el Mediterráneo occidental que pase por Marsella, Toulon, Córcega, Cerdeña, Argel, Valencia, Barcelona y Rosas, comprobará que su centro lo ocupa Menorca y concretamente el puerto de Mahón. La geografía marca la historia de los pueblos. Y cuando a comienzos del siglo XVIII el comercio se extendía a lo largo de todo el mundo, mejorados sustancialmente los medios y técnicas de navegación, las potencias marítimas se disputarán su hegemonía en América , pero también en el Mediterráneo con la vista puesta en los mercados de Oriente.

Menorca será por tanto, junto con Gibraltar y luego con Malta, objetivo estratégico, plaza a conquistar, instrumento constante de ambiciones y canjes en el tablero de la política internacional.

Con relativo poco peso institucional conmemoramos –que no celebramos– los dos tratados.

Repasemos el primero. Inglaterra, que ya tenía agencias comerciales en Menorca desde hacía décadas, ocupó la isla en 1708 en nombre del pretendiente a la Corona de España Archiduque Carlos de Austria, en plena Guerra de Sucesión. Gibraltar correría una misma suerte. Debían estar seguros los ingleses de su permanencia en Menorca porque enseguida ampliaron las defensas del castillo de San Felipe que cerraba la entrada del puerto de Mahón y construyeron incluso en 1711 un Hospital Naval en la Isla del Rey ,enclave situado en pleno centro del seguro y valorado puerto. Dos años después en Utrecht no supimos o no pudimos retrotraer los hechos que en muchos sentidos violaban el Derecho Internacional. Era uno de los primeros síntomas de nuestra decadencia. Se consolidaba una ocupación que permitía a Inglaterra proteger su comercio, evitar el regreso de los barcos a sus bases atlánticas proporcionando invernadas, carenados e incluso construcciones en su propia base de operaciones.

En una nueva guerra –la de los Siete Años– volvieron a enfrentarse las mismas potencias, Francia, España e Inglaterra que extendieron a Rusia y Austria. Algunos historiadores la definen como mundial, dado que se abrieron frentes tanto en Europa –Silesia, y Mediterráneo–, como en América –Canadá, Acadia, Florida, Lousiana, La Habana, Sacramento, Rio de la Plata–, en Senegal, en la India, alcanzando incluso a nuestra Manila en las Filipinas.

Bien al comienzo de este conflicto (1756), Francia conquistó Menorca , «de iure» inglesa desde Utrecht, con fuerzas que proyectó desde su base de Toulon. Durante siete años de dominación construyó un pueblo –San Luis, en nombre del Rey Santo– se esforzó en acercarse a una población católica más alejada de las anglicanas y protestantes guarniciones inglesas, fortificó y puso en valor un camino perimetral para defensa de su litoral, el «Cami de Cavalls» que hoy constituye un atractivo valor patrimonial y turístico con carácter de Gran Ruta (GR 223) reconocido por la Unión Europea.

Pero por encima de todo lo anterior, Menorca fue utilizada como baza estratégica.

Una biografía reciente de Ricardo Wall, escrita por el profesor Diego Téllez de la Universidad de La Rioja, ratifica esta tesis. Wall, guardiamarina, soldado y diplomático procedía de aquella saga de irlandeses que huyendo de las guerras de religión en su país, se integraron en la corte de Felipe V que luchaba por consolidar la nueva dinastía Borbón en España. Wall, embajador en Londres , sucedió luego a D. José de Carvajal como secretario de Estado ,a caballo de los reinados de Fernando VI y Carlos III. Indiscutible testigo directo de esta guerra, refiere cómo Francia, recién conquistada Menorca, la ofreció a España a cambio de una alianza; pero como también Inglaterra ofreció Gibraltar a cambio de neutralizarla. Hay documentos franceses que demuestran el sutil juego de las presiones diplomáticas. Mientras en cancillerías se ofrecían pactos y alianzas, documentos confidenciales aconsejaban: «Para asegurar un equilibrio entre las grandes potencias, Menorca no debe ser ni inglesa ni española, sino francesa».

Al final, mientras la guerra se extendía por medio mundo, una práctica Inglaterra conquistaba (1761) Belle Île, una pequeña isla francesa situada en la costa de Bretaña. Ya tenía su baza para canjear y recuperar Menorca.

Ahora, pasados 250 años, se unirán sus dos poblaciones en un previsto doble intercambio. Servirá para conocernos, para reflexionar sobre aquellas guerras que sufrieron nuestros antepasados, en las que no tuvieron ni arte ni parte .

No deja de ser un trozo más del mosaico de nuestra entrañable –aunque compleja– historia común europea.

Publicado en “La Razón” el 15 de mayo de 2013