Emprendedores (y II)

Afronté en mi “Tribuna” anterior la importante iniciativa del Gobierno impulsando una política dirigida a los emprendedores, política a la que se han sumado este periódico y un buen grupo de empresarios inteligentes y varias instituciones. Sembrar futuro constituye siempre una buena inversión. Hoy decido volver al tema animado por la respuesta de jóvenes lectores, el tramo de nuestra sociedad que más necesita apoyo, ilusión y estímulo. Me apoyé el jueves pasado en varios artículos de nuestras Reales Ordenanzas, sucesivamente adaptadas en el tiempo, sobre las iniciales procedentes de una sabia recopilación que realizó Carlos III. Son para muchos de nosotros guía de conducta y código de comportamiento.

Empezaré por el final, por la conclusión a que quisiera llegar hoy con esta segunda entrega: proponer al CESEDEN, el más calificado Centro de Estudios de la Defensa, que mediante el trabajo de un grupo abierto, edite antes de fin de año unas “Ordenanzas para emprendedores”, interpretando con óptica empresarial los artículos más adecuados de nuestras reglas. Creo sería una buena contribución a la iniciativa. He leído muchas de las versiones del “Arte de la Guerra” de Sun Tzu dirigidas a empresarios y valoro su buena interpretación y sus variadas conclusiones. Por supuesto ayudan a pensar y a decidir. Pero no descarto que una adecuada versión de nuestras Ordenanzas –vivas aquí en España, pero mucho más en países hermanos de América– sería de gran utilidad para buena parte de nuestra clase empresarial o dirigente. No le voy a decir al general Alfonso de la Rosa, director del centro, cómo hacerlo. Conozco de sobra sus capacidades, las de su equipo y las relaciones y contactos que mantiene con el mundo universitario y empresarial.

Me extenderé hoy sobre otros artículos sobre los que no hice referencia o cité de pasada el pasado jueves y que no precisan de largos comentarios. Recogiendo un histórico artículo quinto del cabo, el actual 65 nos marca que “será firme en el mando, graciable en lo que pueda, reprenderá sin cólera y será comedido en sus palabras aun cuando reprenda”. No se puede decir más con menos palabras. A renglón seguido, respecto a la relación con sus subordinados matiza que “no le disimulará jamás falta alguna de subordinación”. El jamás es taxativo y a primera vista parece desmesurado. Pero nuestros viejos maestros sabían lo que escribían. Entre las faltas de subordinación, cabe toda una gama de situaciones que requieren la corrección del mando. Es decir, si usted dirige una empresa no disimule ni un desfalco, ni una calumnia, ni un acoso sexual arropado en un falso corporativismo, buenismo o incluso machismo. Porque a partir de entonces, el “disimulado” se convertirá en un permanente eliminador de testigos de cargo, será su eterno enemigo. La prudencia me aconseja no extenderme en un tema que –desgraciadamente– he conocido bien. Además –hablando de Ordenanzas– su Artº 45 me señala que “guardará discreción sobre todos los asuntos relativos al servicio”.

El primer apartado referido al oficial (Artº 72) es un valioso compendio de exigencias y deberes: “Aquel cuyo propio honor y espíritu no le estimulen a obrar siempre bien, vale muy poco para el servicio; el llegar tarde a su obligación aunque sea de minutos; el excusarse con males imaginarios o supuestos a las fatigas que le corresponden; el contentarse con hacer lo preciso de su obligación, sin que su propia voluntad adelante cosa alguna, son pruebas de gran desidia…”. Y pienso en un líder o CEO de una empresa cuando leo (Artº 77): “La condición esencial del que ejerce mando es su capacidad para decidir; su acción más eficaz se logra por el prestigio, la exaltación de las fuerzas morales y la manifiesta preocupación por sus subordinados”, cuando otro añade (Artº 100) “se esforzará en conseguir que todos sus subordinados logren sentirse integrados en el equipo o unidad que pertenezcan”. Es más, les “evitará formaciones, revistas y actos que sin producir ventaja al servicio ocasionen fatigas innecesarias, (Artº 156) cuando matiza: “Tendrá presente que cualquier trabajo por insignificante que parezca, puede tener relevante importancia. La responsabilidad de realizarlos perfectamente es muy grande”. Aunque el tratado tercero de las Ordenanzas hablan de “deberes y derechos”, está claro que la norma se fija más en deberes y responsabilidades que en derechos y beneficios. Más en servidumbres que en grandezas como señalaba Alfredo de Vigny.

Creo que en momentos de rearme de la sociedad, decesión de derechos y mayor asunción de deberes, no son malas las experiencias de las gentes de armas acumuladas durante siglos. Por supuesto, experiencias labradas sobre los fracasos y los errores, pero también en victorias. Las que deseamos a estos emprendedores que luchan y arriesgan.

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