Archive for junio, 2013

Emprendedores (y II)

viernes, junio 28th, 2013

Afronté en mi “Tribuna” anterior la importante iniciativa del Gobierno impulsando una política dirigida a los emprendedores, política a la que se han sumado este periódico y un buen grupo de empresarios inteligentes y varias instituciones. Sembrar futuro constituye siempre una buena inversión. Hoy decido volver al tema animado por la respuesta de jóvenes lectores, el tramo de nuestra sociedad que más necesita apoyo, ilusión y estímulo. Me apoyé el jueves pasado en varios artículos de nuestras Reales Ordenanzas, sucesivamente adaptadas en el tiempo, sobre las iniciales procedentes de una sabia recopilación que realizó Carlos III. Son para muchos de nosotros guía de conducta y código de comportamiento.

Empezaré por el final, por la conclusión a que quisiera llegar hoy con esta segunda entrega: proponer al CESEDEN, el más calificado Centro de Estudios de la Defensa, que mediante el trabajo de un grupo abierto, edite antes de fin de año unas “Ordenanzas para emprendedores”, interpretando con óptica empresarial los artículos más adecuados de nuestras reglas. Creo sería una buena contribución a la iniciativa. He leído muchas de las versiones del “Arte de la Guerra” de Sun Tzu dirigidas a empresarios y valoro su buena interpretación y sus variadas conclusiones. Por supuesto ayudan a pensar y a decidir. Pero no descarto que una adecuada versión de nuestras Ordenanzas –vivas aquí en España, pero mucho más en países hermanos de América– sería de gran utilidad para buena parte de nuestra clase empresarial o dirigente. No le voy a decir al general Alfonso de la Rosa, director del centro, cómo hacerlo. Conozco de sobra sus capacidades, las de su equipo y las relaciones y contactos que mantiene con el mundo universitario y empresarial.

Me extenderé hoy sobre otros artículos sobre los que no hice referencia o cité de pasada el pasado jueves y que no precisan de largos comentarios. Recogiendo un histórico artículo quinto del cabo, el actual 65 nos marca que “será firme en el mando, graciable en lo que pueda, reprenderá sin cólera y será comedido en sus palabras aun cuando reprenda”. No se puede decir más con menos palabras. A renglón seguido, respecto a la relación con sus subordinados matiza que “no le disimulará jamás falta alguna de subordinación”. El jamás es taxativo y a primera vista parece desmesurado. Pero nuestros viejos maestros sabían lo que escribían. Entre las faltas de subordinación, cabe toda una gama de situaciones que requieren la corrección del mando. Es decir, si usted dirige una empresa no disimule ni un desfalco, ni una calumnia, ni un acoso sexual arropado en un falso corporativismo, buenismo o incluso machismo. Porque a partir de entonces, el “disimulado” se convertirá en un permanente eliminador de testigos de cargo, será su eterno enemigo. La prudencia me aconseja no extenderme en un tema que –desgraciadamente– he conocido bien. Además –hablando de Ordenanzas– su Artº 45 me señala que “guardará discreción sobre todos los asuntos relativos al servicio”.

El primer apartado referido al oficial (Artº 72) es un valioso compendio de exigencias y deberes: “Aquel cuyo propio honor y espíritu no le estimulen a obrar siempre bien, vale muy poco para el servicio; el llegar tarde a su obligación aunque sea de minutos; el excusarse con males imaginarios o supuestos a las fatigas que le corresponden; el contentarse con hacer lo preciso de su obligación, sin que su propia voluntad adelante cosa alguna, son pruebas de gran desidia…”. Y pienso en un líder o CEO de una empresa cuando leo (Artº 77): “La condición esencial del que ejerce mando es su capacidad para decidir; su acción más eficaz se logra por el prestigio, la exaltación de las fuerzas morales y la manifiesta preocupación por sus subordinados”, cuando otro añade (Artº 100) “se esforzará en conseguir que todos sus subordinados logren sentirse integrados en el equipo o unidad que pertenezcan”. Es más, les “evitará formaciones, revistas y actos que sin producir ventaja al servicio ocasionen fatigas innecesarias, (Artº 156) cuando matiza: “Tendrá presente que cualquier trabajo por insignificante que parezca, puede tener relevante importancia. La responsabilidad de realizarlos perfectamente es muy grande”. Aunque el tratado tercero de las Ordenanzas hablan de “deberes y derechos”, está claro que la norma se fija más en deberes y responsabilidades que en derechos y beneficios. Más en servidumbres que en grandezas como señalaba Alfredo de Vigny.

Creo que en momentos de rearme de la sociedad, decesión de derechos y mayor asunción de deberes, no son malas las experiencias de las gentes de armas acumuladas durante siglos. Por supuesto, experiencias labradas sobre los fracasos y los errores, pero también en victorias. Las que deseamos a estos emprendedores que luchan y arriesgan.

Emprendedores

jueves, junio 20th, 2013

La iniciativa tomada por LA RAZÓN de dar impulso en un Foro a las expectativas creadas por el anteproyecto de la Ley de Emprendedores, me parece no sólo acertada sino oportuna y necesaria. Y aunque no sea territorio de mi especialidad, sí me atrevo a adentrarme en él. Porque las generaciones en repliegue debemos volcar nuestras experiencias y esfuerzos en dejar la guardia en el momento del relevo, mejor de cómo la encontramos. El futuro está en manos jóvenes que luchan por abrirse camino en medio de una crisis, con ganas, con riesgos, con preparación y con honrada ambición. Son conscientes de que hay que ser persistentes, que todos cometemos errores, que de los fracasos se aprende y que el buen líder no es el que quiere destacar entre mediocres, sino el que asume que muchos de sus subordinados son mejores en determinados campos, que enriquecen por tanto el proyecto común. Y que nada de todo esto sirve, si no se tiene ilusión.

No entraré en temas de gestión, impuestos, financiación, internacionalización o comercios electrónicos. Sí, soy consciente que España representa un 2% de la economía mundial y que somos el séptimo país inversor del mundo. Y que a emprender se aprende emprendiendo y que el error es positivo como proceso fundamental para el aprendizaje.

Yo he vivido en un mundo –el de la milicia– de emprendedores: en sistemas tácticos, en ahorros energéticos, en redes de comunicaciones, en nuevas tecnologías, en eficiencias. No. No son los ejércitos maquinas inamovibles como algunos han querido presentarlos. Por ello intentaré adosar a la iniciativa del Foro algunos conceptos que pueden ayudar a forjar una buena generación de emprendedores, señalando unos «puntos de soldadura» –comunes a militares y civiles– que considero esenciales:

1. Puntualidad. Deben dar a todos sus actos, desde el primer día, la máxima puntualidad, que no es otra cosa que el respeto al tiempo de los demás. Dejar minutos de cortesía esperando a unos no deja de ser una descortesía con quienes han procurado ser puntuales.

2. Horarios. Deben ajustarse progresivamente a los que regulan el mercado de trabajo en Europa. No creo que ningún médico aconseje el almuerzo a las tres de la tarde, ni que sea bueno salir del trabajo pasadas las siete, casi de noche. El Cuartel General de la OTAN en Bruselas en plena guerra de Bosnia seguía con su horario normal de fin de jornada sobre las cuatro de la tarde. Por supuesto que quedaban guardias y servicios y más de un responsable cargaba con horas extraordinarias. Pero la organizada maquinaria permitía que un trabajo de calidad y responsabilidad, fuese compatible con la atención a la familia, al ocio, o las relaciones sociales. Es cuestión de buena organización.

3. Respeto a la palabra dada. Hay que recuperar el sentido de la responsabilidad y la confianza en el apretón de manos de nuestros abuelos. A un compromiso adquirido, sólo se puede responder de una forma, cueste lo que cueste: cumpliéndolo.

4. Honrada ambición. Por supuesto el emprendedor debe ser ambicioso. No obstante, esta ambición debe tener sus límites, mejor acotados en el campo de la ética, pero a falta de ésta, desarrollados con un sentido práctico y real. Si tuviésemos que añadir una agravante a las múltiples condenas por escándalos económicos que vive nuestra actual sociedad, sería la de la desmesurada ambición, que en nuestro decir popular llamamos «avaricia que rompe el saco». Ninguno de los procesados tenía la menor necesidad vital y disfrutaba de comodidades superiores a la media de los ciudadanos. Es complicado comprender cómo algunos necesitan «Picassos» en un baño, blindar habitaciones en su casa a prueba de bandas kosovares, o acumular sabrosas cuentas en Suiza que no podrán disfrutar. Tenían todo y quisieron más, a costa de todos.

5. Hacerse querer y respetar de sus subordinados. Precisamente por este orden. El magistrado Enrique López que deja esta Tribuna de la que tanto hemos aprendido, se refería en su escrito de despedida (lunes 10) a que «es preferible ser amado a ser temido» recogiendo el pensamiento de Cicerón. «El que teme sólo espera el momento adecuado para desquitarse», sentencia.

Cada una de estas recomendaciones tiene su específico trato en nuestras Ordenanzas Militares. Tampoco sería malo que a la vez que se interpreta a Sun Tsu en el mundo empresarial, también se acudiese a las enseñanzas de nuestras reglas de conducta que contienen sabias reflexiones sobre comportamientos humanos. Espero y deseo que estas nuevas generaciones de emprendedores obtengan el premio que merece su esfuerzo y no repitan las malas praxis que vivimos cada día. Mejor si lo hacen por principios éticos. Pero a falta de estos, háganlo simplemente por un sentido práctico. A la larga no tiene ningún encanto repasar balances, por positivos que sean, en Soto del Real.

Publicado en “La Razón” el 12 de junio de 2013


Estrategias

jueves, junio 20th, 2013

En un sentido amplio denominamos estrategia (del griego stratos = ejército y agein=guía o conductor) al conjunto de acciones planificadas sistemáticamente en el tiempo, que se llevan a cabo para lograr un determinado fin.

El pasado viernes el Consejo de Ministros aprobó una renovada Estrategia de Seguridad Nacional. Los tiempos cambian rápido y es necesario definir políticas que afectan a varios ministerios y no sólo a los tradicionales de Exteriores y Defensa.

El documento aprobado aporta, en mi opinión, un mérito añadido, al haber sido consensuado con el primer grupo de la Oposición, que aportó la experiencia de tres pesos pesados –Serrano, Camacho y López Garrido– al buen trabajo de los «hombres del presidente» Moragas y Senillosa bajo la discreta y eficaz mano de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría. Siempre conforta saber que se unen esfuerzos en un tema vital para nuestro futuro. Lejos quedan los tiempos del «no a la guerra» y de las controversias partidistas en temas de seguridad nacional, en las que se utilizaba cualquier error, accidente o decisión como arma arrojadiza.

No es fácil extractar 68 páginas que diseñan acciones muy coordinadas y capacidades operativas ante la proliferación de riesgos.

Me detendré en los relacionados con el terrorismo.

El documento ya no diferencia las amenazas a la seguridad interior respecto a las procedentes del exterior . Entiende que «no se debe bajar la guardia» respecto a ETA y abre un amplio abanico de riesgos del «terrorismo yihadista». Cerrada su redacción –imagino– cuando no se conocían los atentados de Boston, Londres y París, el documento alerta sobre el peligro de «radicalización extremista» en ámbitos donde se asientan núcleos de inmigración, en los que el fanatismo religioso sustituye a determinadas carencias sociales. Y la mezcla de fanatismo y odio social puede producir imprevisibles consecuencias, aunque el foco sea mínimo en comparación con el amplio sector de población inmigrante que solo busca trabajo, integración y mejor vida para sus hijos.

Como nunca, deben reforzarse los órganos de inteligencia. Como nunca, deben coordinarse informaciones con el exterior. Debe continuar el buen trabajo de integración entre los organismos del Estado–Defensa, CNI, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad– con las policías autonómicas –Mossos y Ertzaintza– e incluso con las policías locales, las mas cercanas a estos focos radicales.

Para coordinar esta estrategia de «seguridad integral» se crea un Consejo de Seguridad Nacional que, presidido por el presidente del Gobierno, podrá reunir a siete ministerios –Interior, Defensa, Exteriores, Hacienda, Fomento, Industria y Economía– al director del CNI y a varios secretarios de Estado. El Rey podrá participar en estas reuniones que tendrán periodicidad bimensual. Quiero entender que un «núcleo duro» de expertos completamente dedicado a su desarrollo seguirá las pautas diseñadas y preparará estas reuniones. No descubro nada si digo que el CNI tiene un papel vital en esta estrategia.

No se puede bajar la guardia, pero el tema no es fácil. Un «lobo solitario» puede crear inseguridad, transmitir dolor, contagiar conductas enfermizas. Véase el atentado contra un soldado en Londres. No es fácil establecer comparaciones porque siempre la muerte violenta de una sola persona es un tema grave, pero las bajas de soldados británicos en Afganistán son muy superiores. En cambio, los efectos mediáticos son diferentes. Lo saben los terroristas. Buscan precisamente estos efectos mediáticos que nuestras redes sociales multiplican hasta extremos de difícil contención.

Y basta ver sobre un mapa las zonas de conflictos. El de Libia afecta a no sólo a Mali, sino a la propia Argelia y se extiende a Níger donde se han producido atentados y asaltos semejantes al llevado a cabo en la planta de gas argelina, en las minas de uranio de Arlit y Agadez que explota la compañía francesa Areva. Es decir convive una ofensiva contra explotaciones industriales en manos occidentales –«robáis nuestras riquezas»-, con un soterrado movimiento que utiliza a individuos fanatizados y que pretende tomarse la justicia por su mano.

Siria afecta a todo su entorno: desestabiliza en el Líbano –donde desplegamos fuerzas propias–, pone en pie de guerra a Israel y a todo su entorno estratégico. Turquía es el último país que conoce una violenta conmoción social, cuando la República es un sólido pilar de la Alianza Atlántica y cuando las condiciones de vida de los turcos habían mejorado sustancialmente en los últimos diez años.

En Irak rebrotan diariamente los odios en una espiral de violencia que parece no acabar nunca. La presencia de fuerzas multinacionales en Afganistán parece tener fecha de caducidad. Son doce años de presencia al altísimo coste de 3.400 soldados occidentales muertos. ¿Puede pasar después de tanto esfuerzo, lo mismo que pasa en Irak?

Somalia, Sudán, República Democrática del Congo… ¡Sólo Acnur, la agencia de Naciones Unidas, apoya en sus campamentos a 10,4 millones de refugiados!

Ante toda esta serie de estos «riesgos sin fronteras» no se puede bajar la guardia. Es lo que pretende –entiendo– el renovado documento sobre la Estrategia de Seguridad Nacional.

Publicado en “La Razón” el 5 de junio de 2013


«Los que firman con sangre»

jueves, junio 20th, 2013

Preparaba un análisis sobre la situación en el Sahel cuando me llegaron las desgarradoras imágenes del brutal asesinato de un joven soldado británico saliendo de su cuartel de Woolwich, en Londres. El odio se había albergado en unos jóvenes de origen africano, formados en la fe católica, fanatizados en nombre de Alá, que jamás hubiera aprobado ni en formas ni en fondo el aberrante atentado.

Me vino enseguida a la cabeza el nombre con el que la rama cercana a Al Qaeda liderada por Mokhtar Belmokhtar –un hombre que en varias ocasiones se ha dado por muerto– se autodenomina: «Los que firman con sangre» que opera en el norte de Mali. Fueron los que con esta firma asaltaron el pasado enero a sangre y fuego la planta argelina de gas en la que murieron 37 rehenes.

Ayer fue Londres. Mañana puede ser París o Madrid.

La caída de Gadafi tuvo indiscutiblemente consecuencias. No todas positivas. Entre las negativas, el retorno de tuaregs al norte de Mali y el rebrote de un viejo conflicto en la región. En quince días, el llamado Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) había conquistado las tres ciudades más importantes del norte del país: Kidal, Gao y la legendaria Tombuctú.

Saltaron todas las alarmas, especialmente en Francia, doblemente comprometida en Libia y en el África francófona. La situación era diferente a las rebeliones de los años sesenta (1962 y 1964) y de la cruenta de 1990 que se saldó con más de 2.000 víctimas. Argelia ya intervendría en estos años y posteriormente en 2006. Pero ahora la diferencia venía marcada por la presencia de un nuevo actor en la región: Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). Saltaron alarmas al considerar que el Sahel podía convertirse en una plataforma de lanzamiento de ataques terroristas contra Occidente. Francia, con respaldo internacional, tomó decididamente la iniciativa. Con larga experiencia en misiones africanas –Djibuti (1991), Ruanda (1994) Comores (1995), Republica Centroafricana (1996-97), Congo (1997), Chad (2008), Costa de Marfil (2011)– , actuó con indiscutible eficacia.

París lanzó la «operación Serval» con apoyos europeos, africanos y norteamericanos, legitimados por el Consejo de Seguridad. Sin el menor síndrome de «guerra de Irak», François Hollande ordenó a sus fuerzas armadas la ejecución de una operación combinada junto a tropas de Chad, principalmente. Ante la opinión pública anunció que estaban programadas para tres meses. Estos plazos se van demorando, como cualquier mente conocedora del tema podía suponer. Es necesario transferir responsabilidades al Ejército de Mali y para ello es necesario entrenarle, formarle, prepararle con eficacia para poder responder al reto del latente peligro en el norte de su país. De esta necesidad nació la European Union Training Mission Mali (EUTM Mali), de la que España, junto a muchos otros países, forma parte. Tres resoluciones del Consejo de Seguridad (2056, 2071 y 2085) legitiman su constitución.

Es más. El pasado 25 de abril el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la formación de una nueva fuerza de paz para Mali (MINUSMA) con el determinado mandato de ayudar a la estabilización del norte del país.

Patrocinada por Francia, Luxemburgo, Marruecos y Reino Unido, la misión, que se iniciará a partir del 1 de julio, podrá desplegar un máximo de 11.200 efectivos militares y 1.440 policías.

«La nueva fuerza confirma el apoyo unánime de la comunidad internacional a la estabilización de Mali y a la intervención de Francia y los países de la región para ayudar al país», dijo el hábil embajador francés en Nueva York, Gerard Araud , tras aprobarse la resolución.

En tanto despliega esta fuerza –y no se distinguen las Naciones Unidas por la puntualidad de sus intervenciones– al mando del general francés Le Cointreau, opera en Bamako el Cuartel General de EUTM Mali más un Hospital «Role 1» proporcionado por Bulgaria, un Equipo de Evacuación Médica (Medevac) proporcionado por Bélgica y una Sección de Protección de la República Checa.

En Koulikoro, al norte, despliega el Cuartel General Avanzado, un Hospital «Role 2» alemán y una Compañía de Protección de la que forma parte una sección española. Los algo menos de 600 efectivos comenzaron sus labores de instrucción el 1º de mayo y se prevé que el primero de los cuatro batallones del Ejército de Mali pueda estar operativo a mediados de junio. En este contingente participa el equipo de entrenamiento español de operaciones especiales.

Cada movimiento estratégico de hoy tiene repercusiones de difícil previsión. El contagio de ideas bien apoyado en las redes sociales , es peligrosísimo. No se sabe si asociar el odio de un joven de origen senegalés desatado en el corazón de Londres a la situación africana o a las operaciones aliadas en Afganistán. Esta búsqueda de notoriedad, este «Dio lo vuole», este enfrentamiento con una sociedad que le ha proporcionado mejores condiciones de vida, sólo descubre rescoldos de odio de difícil control y medida. ¡No se puede bajar la guardia!

Publicado en “La Razón” el 30 de mayo de 2013


Los riesgos del cirujano

jueves, junio 20th, 2013

Me preguntaba un buen amigo ¿por qué los accidentes de vuestros magníficos especialistas en explosivos se producen en campos de maniobras más que en el campo de batalla? Se refería al trágico accidente que segó la vida a tres suboficiales de la Legión en su base de Viator, en Almería. Contesté rápido con una frase de la que hacemos uso frecuente las gentes de armas. Dice una vieja máxima: «Instrucción dura guerra blanda; instrucción blanda, guerra dura». Como todo en la vida, cuando te preparas para lo peor, lo normal se presenta llevadero. Luego me extendí con una simple comparación: ¿cuántas horas ha dedicado un cirujano cardiovascular al estudio, a la especialidad, a las prácticas? Años. Sí, años antes de que pueda hendir su bisturí en un corazón enfermo. Los desactivadores de explosivos reglamentarios o improvisados, ya sean de las Fuerzas Armadas, de la Guardia Civil o de la Policía Nacional, necesitan años de estudio y práctica como los cirujanos. Pero además asumen un significativo plus de peligrosidad que los diferencia de los médicos. El cirujano seguramente operará con urgencia ante la necesidad de salvar una vida. Pero ahí termina la parte más importante de su trabajo, sin más límites que su propia conciencia, su código ético profesional y la enorme satisfacción de salvar una vida. No es normal que asuma más riesgos, aunque los hay a veces colaterales de carácter administrativo o jurídico. Casi todos admitimos que pueden existir errores porque nuestras vísceras no son constantes matemáticas de las que se ocupan unas ciencias llamadas exactas. No hay nada que pueda considerarse exacto en el corazón de un enfermo.

Pero los desactivadores, que tienen en común el utilizar sus particulares bisturís, tienen que operar bajo la presión del tiempo, que exige actuar con eficacia y seguridad ante el aviso de una bomba en un colegio, en un edificio público, en un centro comercial, o en la afgana ruta Lhitium. Es más. Este riesgo les alcanza también a ellos mismos.

Imagine el lector cómo se siente una persona que sólo depende de su preparación de su temple y de sus herramientas, ante el peligro que representa un artefacto que ponga en peligro la vida de una treintena de niños o a una decena de familiares de una casa cuartel. O cómo se desactiva una bomba lapa puesta en un coche en un repleto aparcamiento de Barajas.

Los Brigadas D. Antonio Navarro y D .Manuel Velasco y el Sargento D. José Francisco Prieto sabían de sobra cómo se montan todo tipo de trampas explosivas, especialmente en Afganistán donde aún seguimos comprometidos. Sabían que hasta en una garrafa, en un teléfono móvil trucado o en el pinchazo en un coche parado en la carretera, había peligro. Entre los tres sumaban todas las misiones que han afrontado las Fuerzas Armadas en las últimas décadas: Bosnia, Kosovo, Líbano, Congo, Kurdistán, Irak, Afganistán… Repito siempre que se ha forjado una magnífica generación de mandos y tropas con enorme experiencia. Hoy tienen compañeros en Malí. Sabían de sobra que sus compañeros de otras armas los necesitaban para limpiar rutas, para despejar caminos. Sabían que debían transmitir confianza mediante una media sonrisa y la eficacia en su trabajo. Sabían que para ser eficaces en segundos debían trabajar antes durante semanas y meses.

Hombres tranquilos, más propensos al trabajo individual que al colectivo, poco amantes de exhibiciones, normalmente no daban –es la mejor característica del héroe– la menor importancia a su trabajo. La Legión llora y llorará su ausencia con la fuerza que le imprime su espíritu de cuerpo, éste al que la muerte «ha herido con zarpa de fiera». Pero saben que la muerte no es el final. No va a ser fácil llenar su hueco, ni para sus familias ni para sus compañeros, pero la cohesión de su Unidad lo conseguirá.

Ayer, Miguel Temprano, presidente de los Legionarios de Honor, les dedicaba unas emocionantes palabras. «Son gente ruda, noble y arriesgada; son un puñado grande de valientes. Son hombres con un sentido del deber que les lleva a dar su vida por los demás y por España». Él, que había convivido con ellos en Líbano y en Afganistán, era testigo directo de su imprescindible trabajo en beneficio de los demás. Es difícil resumir tan bien, tanto sentimiento, tanta cercanía, en el fondo, tanto respeto. Ellos habían elegido el puesto de mayor riesgo y fatiga de acuerdo con los que nos demandan nuestras Ordenanzas y en el camino habían encontrado la muerte. ¡El Cristo de la Buena Muerte los guarde entre sus brazos!

Publicado en “La Razón” el 22 de mayo de 2013


Menorca entre dos tratados

jueves, junio 20th, 2013

Conmemoramos este año el tercer centenario de la firma de los tratados de Utrecht (1713-2013) que consolidaba, entre otras cláusulas, la ocupación de Menorca por Inglaterra y, por otra parte, los 250 de la Paz de París que ponía fin a la Guerra de los Siete Años (1756-1763) por el que otra vez la Balear Menor tras siete años de ocupación francesa, se reintegraba a la Corona inglesa. ¡Complejo siglo XVIII! ¿Porqué Menorca en los dos tratados?.

Si el lector traza una circunferencia imaginaria sobre el Mediterráneo occidental que pase por Marsella, Toulon, Córcega, Cerdeña, Argel, Valencia, Barcelona y Rosas, comprobará que su centro lo ocupa Menorca y concretamente el puerto de Mahón. La geografía marca la historia de los pueblos. Y cuando a comienzos del siglo XVIII el comercio se extendía a lo largo de todo el mundo, mejorados sustancialmente los medios y técnicas de navegación, las potencias marítimas se disputarán su hegemonía en América , pero también en el Mediterráneo con la vista puesta en los mercados de Oriente.

Menorca será por tanto, junto con Gibraltar y luego con Malta, objetivo estratégico, plaza a conquistar, instrumento constante de ambiciones y canjes en el tablero de la política internacional.

Con relativo poco peso institucional conmemoramos –que no celebramos– los dos tratados.

Repasemos el primero. Inglaterra, que ya tenía agencias comerciales en Menorca desde hacía décadas, ocupó la isla en 1708 en nombre del pretendiente a la Corona de España Archiduque Carlos de Austria, en plena Guerra de Sucesión. Gibraltar correría una misma suerte. Debían estar seguros los ingleses de su permanencia en Menorca porque enseguida ampliaron las defensas del castillo de San Felipe que cerraba la entrada del puerto de Mahón y construyeron incluso en 1711 un Hospital Naval en la Isla del Rey ,enclave situado en pleno centro del seguro y valorado puerto. Dos años después en Utrecht no supimos o no pudimos retrotraer los hechos que en muchos sentidos violaban el Derecho Internacional. Era uno de los primeros síntomas de nuestra decadencia. Se consolidaba una ocupación que permitía a Inglaterra proteger su comercio, evitar el regreso de los barcos a sus bases atlánticas proporcionando invernadas, carenados e incluso construcciones en su propia base de operaciones.

En una nueva guerra –la de los Siete Años– volvieron a enfrentarse las mismas potencias, Francia, España e Inglaterra que extendieron a Rusia y Austria. Algunos historiadores la definen como mundial, dado que se abrieron frentes tanto en Europa –Silesia, y Mediterráneo–, como en América –Canadá, Acadia, Florida, Lousiana, La Habana, Sacramento, Rio de la Plata–, en Senegal, en la India, alcanzando incluso a nuestra Manila en las Filipinas.

Bien al comienzo de este conflicto (1756), Francia conquistó Menorca , «de iure» inglesa desde Utrecht, con fuerzas que proyectó desde su base de Toulon. Durante siete años de dominación construyó un pueblo –San Luis, en nombre del Rey Santo– se esforzó en acercarse a una población católica más alejada de las anglicanas y protestantes guarniciones inglesas, fortificó y puso en valor un camino perimetral para defensa de su litoral, el «Cami de Cavalls» que hoy constituye un atractivo valor patrimonial y turístico con carácter de Gran Ruta (GR 223) reconocido por la Unión Europea.

Pero por encima de todo lo anterior, Menorca fue utilizada como baza estratégica.

Una biografía reciente de Ricardo Wall, escrita por el profesor Diego Téllez de la Universidad de La Rioja, ratifica esta tesis. Wall, guardiamarina, soldado y diplomático procedía de aquella saga de irlandeses que huyendo de las guerras de religión en su país, se integraron en la corte de Felipe V que luchaba por consolidar la nueva dinastía Borbón en España. Wall, embajador en Londres , sucedió luego a D. José de Carvajal como secretario de Estado ,a caballo de los reinados de Fernando VI y Carlos III. Indiscutible testigo directo de esta guerra, refiere cómo Francia, recién conquistada Menorca, la ofreció a España a cambio de una alianza; pero como también Inglaterra ofreció Gibraltar a cambio de neutralizarla. Hay documentos franceses que demuestran el sutil juego de las presiones diplomáticas. Mientras en cancillerías se ofrecían pactos y alianzas, documentos confidenciales aconsejaban: «Para asegurar un equilibrio entre las grandes potencias, Menorca no debe ser ni inglesa ni española, sino francesa».

Al final, mientras la guerra se extendía por medio mundo, una práctica Inglaterra conquistaba (1761) Belle Île, una pequeña isla francesa situada en la costa de Bretaña. Ya tenía su baza para canjear y recuperar Menorca.

Ahora, pasados 250 años, se unirán sus dos poblaciones en un previsto doble intercambio. Servirá para conocernos, para reflexionar sobre aquellas guerras que sufrieron nuestros antepasados, en las que no tuvieron ni arte ni parte .

No deja de ser un trozo más del mosaico de nuestra entrañable –aunque compleja– historia común europea.

Publicado en “La Razón” el 15 de mayo de 2013