Archive for mayo, 2013

Gentes de armas

viernes, mayo 17th, 2013

La última encuesta del Centro de Estudios Sociológicos (CIS) lo resumía claramente: «Los militares y policías triplican en valoración a los políticos y son los únicos que aprueban». Y ciertamente ante un 1,83 concedido a los partidos , la Guardia Civil obtenía un 5,71 de valoración, la Policía Nacional un 5,56 y los Ejércitos y la Armada un 5,21.

En una primera impresión, constituye un justo motivo de orgullo para las «gentes de armas» que ven reconocido el valor de su trabajo, su abnegación y entrega vocacional al servicio de su comunidad. Pero en una segunda mirada debe entristecernos el bajo nivel con que valoramos a quienes legitimamos con nuestro voto y son responsables –en Gobierno o en oposición– de nuestra vida política. El líder mas valorado justo alcanza el 3,96 y hay ministros que no alcanzan el 2. El Gobierno es valorado con un 2,42 y nuestro Parlamento, en el que tenemos depositada nuestra soberanía, un 2,53.

Me atrevo a repetir aquellas frases que pronunció Ortega y Gasset en sede parlamentaria un 13 de Mayo de 1932:

«Ahí tenemos ahora a España toda tensa y fija en nosotros; pero no nos hagamos ilusiones: fija su atención, no su entusiasmo». Cuando recomienda en el mismo discurso:

«Es preciso que el Parlamento se resuelva a salir de sí mismo, de este fatal ensimismamiento…. que ha sido causa de que una gran parte de la opinión le haya retirado la fe y le escatime la esperanza».

Asumamos que el difícil momento invite más al «rejón de castigo» en las encuestas que al halago estimulante, y que una forma de indignación se manifieste en las bajas valoraciones.

Pero el análisis invita a una segunda reflexión. Me refiero al vuelco de la opinión pública respecto a las gentes de armas. Los que vivimos la Transición sabemos cómo se nos valoraba: siempre en la zona de descenso. Y había quien buscaba algo más que el simple descenso. Faltó poco para disolver a la Guardia Civil bajo la teórica idea de crear un solo cuerpo policial, escondiendo resentimientos particulares y rompiendo un modelo que en Francia, –Gendarmerie– y en Italia –Carabinieri– han proporcionado estimulantes resultados y necesarios equilibrios de poderes. Tampoco olvidemos que la primera Agrupación de la Legión que mandamos a Bosnia, embarcaba rumbo a Split con la amenaza de una orden ministerial que la disolvía. ¡Luego los disolventes se enamorarían, al conocerles, de quienes querían disolver! Hemos vivido durante años –aún quedan resquicios– que ante errores y accidentes, quienes acababan procesados eran los uniformados, eximidos de falta sus responsables políticos. Hemos sufrido el ataque inmisericorde de cineastas y guionistas. Siempre ha sido rentable y gratuito en la réplica, presentar a un militar colérico, autoritario y déspota o a un guardia civil perverso y torturador o a un policía desgreñado e inmoral. Se ha pretendido socavar la faceta vocacional del servicio a la comunidad con caricaturas, estereotipos y mentiras siempre negativas. He repetido cien veces que me da envidia el cine americano que normalmente asocia al hombre de armas –militar o policía– con el sacrificio, la reflexión, la valentía o el honor. Y cuando alguno de ellos se sale de la norma, siempre aparece un «asuntos internos» o un superior que corrige al desviado. Es decir, dejan claro que en una sociedad de orden, se castiga a quien vulnera la norma. Y se le castiga con la máxima inmediatez, compatible con las garantías jurídicas del denunciado. No se le juzga a los 14 años como en Barcelona.

En realidad, aquí se sigue la misma pauta disciplinaria. Porque el cinco y pico de valoración también incluye errores que todos cometemos. El último informe de la Fiscalía Togada correspondiente a 2012 habla de 701 procedimientos penales instruidos a militares y guardias civiles sometidos a su jurisdicción, de los cuales 132 corresponden a sumarios, 144 a diligencias preparatorias y 425 a diligencias previas. Para mí es enormemente positivo que el descenso de delitos y faltas sea de un 57% respecto a 2010.

Si tuviese que hacer balance de la encuesta del CIS, diría que hoy la sociedad valora la disciplina, el orden, la sobriedad, la responsabilidad, la vocación y el servicio, por encima de otras alternativas. Pero esto no debe conformarnos. Todos debemos arrimar el hombro para que el nivel de valoraciones que se reconoce en las gentes de armas, se extienda a toda nuestra clase dirigente y a nuestro tejido empresarial y sindical. Es decir que se amplíe la confianza, el crédito, la buena opinión, a cuantas personas sirven a la sociedad. Las hay, y muchas. Se trata de recomponer este tejido social por el que deberíamos trabajar todos. Por supuesto bajo la capa de seguridad que nos proporcionan unas personas a las que acabamos de reiterar nuestra confianza: las gentes de armas.

Publicado en “La Razón” el 9 de mayo de 2013

«Oigo, patria, tu aflicción»

viernes, mayo 17th, 2013

La palabra y el concepto de «patria» no pasan –hoy 2 de Mayo– por sus mejores momentos, cuando precisamente entrañan algo tan nuestro como ser «la tierra de nuestros padres». Parece que además de cainitas queramos renegar de nuestros mayores. Mal camino. Hoy conmemoramos los 205 años de aquel trágico día en que un alcalde de pueblo –Móstoles– y un grupo de jóvenes oficiales –Daoiz, Velarde, Ruiz– arrastraron al pueblo español a un levantamiento contra el invasor «de las tierras de sus padres», apelando al patriotismo: «… hasta que España sucumba, no pisará vuestra tumba la planta del extranjero» (1). También a este valor acaba de referirse sabia y acertadamente Jaime Lamo de Espinosa, antiguo ministro de Adolfo Suárez y de José Calvo Sotelo. Constata el actual estado de desazón social porque «hemos perdido el sentimiento de los objetivos comunes, la ilusión colectiva», y reclama a los líderes políticos «que sean capaces de una acción verdaderamente patriótica». Apela al patriotismo como fórmula de integración, de sacrificio, de esfuerzo, de compromiso. Algo así como se nos recuerda a militares y guardias civiles en las fachadas de nuestros cuarteles. Resalto el concepto de «todo». El mismo todo por la patria que asumieron aquellos héroes populares y oficiales el 2 de mayo de 1808 y que muchos pagaron con su vida. «Y al suelo le falta tierra para cubrir tanta tumba»(1).

No pido tanto, aunque también hoy el momento sea dramáticamente delicado y cuando no veo más salida que un rearme moral haciendo nuestra aquella reflexión de Kennedy: «No te preguntes que puede hacer EE UU por ti; pregúntate qué puedes hacer tú por EE UU». Este rearme moral, este patriotismo, o llámenle como quieran, debe ser de todos: Gobierno, oposición, comunidades autónomas, ayuntamientos, sindicatos, poder económico y empresarial, universidad, autonomías, Iglesia, … Por supuesto, también incluyo a quienes nos han defraudado, a quienes nos han saqueado, a quienes nos han decepcionado.

No son iguales todas las responsabilidades, pero todos necesitamos salir de la crisis. Y no sólo podemos obrar al eco de los acuerdos de los consejos de ministros de los viernes. Tras ellos cargamos toda la culpa sobre un Gobierno, como si él sólo tuviese la posibilidad de salvarnos. Tras la rueda de prensa habitual, vienen el llanto y el crujir de dientes, las réplicas y contrarréplicas, las descalificaciones reglamentarias, el pesimismo, el miedo. Decía recientemente el escritor Bernardo Atxaga que «todo lo que genera negatividad nos hipnotiza, nos paraliza». Y necesitamos todo menos paralizarnos.

El pacto hoy debe ser total, no sólo político, y el compromiso más urgente de reducir las cifras del paro debe dar lugar a corresponsabilizar a pymes, ayuntamientos, comunidades de propietarios y vecinos, clubes deportivos, fundaciones, cofradías, colegios y por supuesto, grandes empresas. El paro no es sólo un grave problema económico. Es un problema de dignidad de la persona. Pero todos debemos arrimar el hombro. Con las estadísticas de paro juvenil, de fracaso escolar y de mala calidad de la enseñanza, creo que las protestas de los enseñantes deberían tener más carácter de «huelgas a la japonesa» que de encubiertos y sucesivos puentes vacacionales. Siempre recordaré una celebración de la fiesta nacional en Suiza: la hacen trabajando. Es decir, transmiten a su sociedad que su bienestar y su cultura se apoyan en el esfuerzo, en el sacrificio y en la laboriosidad.

Momentos difíciles. Y no sólo aquí. Veremos en un año y medio las promesas que haya podido cumplir el nuevo gobierno italiano. Por supuesto, le deseamos suerte. Su estabilidad también es nuestra estabilidad. Pero un país que ha tenido que recurrir a la nominación de un presidente para su República, de 87 años, ya representa a una sociedad en fuerte crisis.

Tiempos de resistencia. Resistir es vencer, dice la máxima. Pero no es fácil hacerlo cuando parte importante de la sociedad exige más, critica sin conocer todos los mimbres que armoniza un estado, exige liderazgo cuando ella misma no quiere mas líderes que los de los escándalos de cama, los que alimentan bodas y divorcios exprés, o que son capaces de colocar un balón entre unas redes ante miles y miles de fanatizados seguidores.

Realmente, «oigo, patria, tu aflicción» (1). A los que resisten, les pido que sepan escuchar lo que se dice en la calle. Estoy seguro de que son sensibles al dolor de mucha gente. Pero que mantengan el pulso firme ante las críticas si honestamente hacen lo que tienen que hacer.

Marcos Zapata (2) resumía con alma de poeta un momento como éste:

«¿Que no cede el ataque ni un minuto?

¿Que a todo trance buscan tu fracaso?

¿Que te cansa el luchar…? ¡No lo disputo!

Mas oye, amigo, este refrán de paso:

¡Se apedrean las plantas que dan fruto!

¿Quién del árbol estéril hace caso?»(2)

(1) Bernardo López García (1840-1877): «¡Dos de Mayo!»

(2) Marcos Zapata (1845-1913): «Ladrar a la luna»

Publicado en “La Razón” el 2 de mayo de 2013