No es el momento (y II)

Por supuesto soy sensible a los ecos de los «radares avanzados» de los que hablaba el pasado jueves día 4. Importantes para mí los procedentes de cuadros en la reserva o retiro, desprendidos de ambiciones personales o económicas. Aún más, los testimonios que llegan de tierras lejanas, de hombres y mujeres que viven día a día sobre terreno hostil con esfuerzo, sacrificio, separación e incertidumbre.

Y reconozco los esfuerzos que se están haciendo desde el Ministerio. Hoy mismo se constituye en el Congreso la subcomisión encargada de abordar la imprescindible reforma de la Ley de la Carrera Militar. Porque no todo reajuste debe ceñirse sólo a aspectos presupuestarios. Unos malos planes de enseñanza militar pueden tener efectos más perniciosos que un déficit económico, ya que pueden romper el arma más valiosa de un Ejército, su capital humano, quebrando la vocación de sus miembros, rompiendo su cohesión.

De los problemas presupuestarios que arrastra desde hace años la vida de las Fuerzas Armadas, se ocupó recientemente el general intendente (R), Francisco Pérez Muinelo en dos magníficos trabajos publicados por la revista «Atenea». En ellos demuestra que los factores de política industrial que guiaron a los distintos gobiernos a decidir contratos de Defensa primaron sobre las propias necesidades de los ejércitos. Pone como ejemplos el contrato de las Fragatas F-100 que intentó mitigar la crisis de la construcción naval o el de los helicópteros Tigre, sustitutivos de los requeridos norteamericanos Apache, con tal de facilitar la discutible instalación en Albacete de una planta del fabricante Eurocopter. Es decir, que decisiones políticas han podido lastrar los presupuestos necesarios o requeridos. Pero, como comprenderá el lector, todo tiene sus pros y contras. Pero, también hoy, debe obrarse en consecuencia.

Porque hay otros gastos no imputables a los ejércitos y a la Armada que podrían reconsiderarse.

Uno. Me preocupa el concepto de «enajenación de inmuebles aunque sean patrimonio histórico». ¿Qué ayuntamiento o autonomía puede hoy adquirir patrimonio histórico? Pronto veríamos cómo se degradaban instalaciones conservadas durante décadas. Anoto una posible solución que ya se utiliza con el patrimonio de la Iglesia. ¿No puede convenir Defensa con Cultura unas partidas para custodia de su patrimonio histórico, sin necesidad de mermar su propio presupuesto?

Dos. El propio Órgano Central del Ministerio debe asumir reducciones. Un ejemplo. Muchos nos seguimos preguntando qué necesidad había de crearse una Secretaria General de Política de Defensa hecha sólo a medida de una persona lista y ambiciosa?

Tres. Vuelvo al alma de la Institución. Me refiero nuevamente al desembarco de la Legión en un barco de la Armada en Málaga, la liturgia alrededor del Cristo de la Buena Muerte y las imágenes de adhesión a un sencillo rito que dieron la vuelta al mundo. Y casi a coste cero, a diferencia de las bien remuneradas campañas publicitarias que contrata Defensa repitiendo hasta aburrir, que nuestros uniformados son los más altos, más buenos y más solidarios que pueblan la tierra.

Las fotografías y reportajes de Málaga no sólo dieron la vuelta al mundo. Llegaron de muy diversas formas a parte de los sectores más jóvenes de los que deben salir vocaciones. A cuantas más vocaciones, mejor selección. Y de la selección saldrá el capital humano. La alternativa de Málaga es el «guetto», es encerrarnos en nosotros mismos.

Podría decir lo mismo de los Reservistas, este valiosísimo capital humano, hoy arrinconado y desmotivado también por limitaciones presupuestarias.

Cuatro. Hay un último punto que nunca puede faltar: la reducción de generales y almirantes. Redúzcase si es necesario, pero no sólo para buscar el aplauso. Un general no es más que un nivel 30 en la Administración del Estado. Estos niveles proliferan en otros ministerios entre funcionarios y políticos con menos años de servicio y menos conocimientos. Con otra diferencia: los uniformados no consolidan el nivel; lo pierden cuando pasan a retiro e ingresan en el Régimen General de la Seguridad Social como cualquier hijo de vecino a quien se le han retenido durante años determinadas cantidades.

Cinco. Podría hablar de otros gastos que se imputan a Defensa y que corresponden a otros ministerios. Sin entrar a discutir ahora la decisión de crear la Unidad Militar de Emergencias a consecuencia de la desastrosa gestión del incendio de Guadalajara, y teniendo en cuenta que todas las Fuerzas Armadas están a disposición del Gobierno ante cualquier emergencia, el coste de la unidad debería corresponder al Ministerio del Interior, al igual que el Ayuntamiento de París paga a su Brigada de Sapeurs Pompiers desde los tiempos de Napoleón III. También influyó esta Unidad en la decisión del Gobierno de crear la UME. Vuelvo a la idea fuerza de mi tribuna anterior. No deben pagar sólo las Fuerzas Armadas desajustes anteriores y presentes. Va con ello nuestra seguridad y la de nuestros hijos.

Publicado en “La Razón” el 11 de abril de 2013

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