Archive for abril, 2013

Citas en Barcelona

domingo, abril 28th, 2013

No recuerdo si es en «Amiel» o en su «Don Juan» donde Marañón reconocía que lo mejor de las citas amorosas está en el «antes de, cuando se sube en el ascensor». No puedo dejar de reconocer que siempre aterrizo en Barcelona con la ilusión del amante de D. Gregorio. La cita se debía esta vez a una invitación del Centro de Estudios Internacionales para hablar sobre Liderazgo y Responsabilidad Individual. De la mano de dos entusiastas profesoras universitarias –Helena Torroja y Sonia Güell–, debía exponer ante una treintena de alumnos de alta formación en grados e idiomas. Los encontré inquietos intelectual y socialmente por la situación en que se encuentra un tramo importante de nuestra sociedad, falto de horizontes, falto de referentes, falto de líderes, en resumen.

Es difícil hablar del mito del auriga de Sócrates –el querer y el deber–, del arrastre carismático de un Churchill –sangre, sudor y lágrimas– o de la visión de un Adenauer o de un Schumann, capaces de cerrar el ciclo de dos guerras mundiales, dando a Europa estabilidad y sentido, cuando hoy no sienten ellos atracción ni por programas ni por personas que ilusionen y que arrastren. Palpé estas carencias en personas mucho mejor formadas que las equivalentes en edad de mi generación. Sólo les pedí que terminásemos las pasadas dos horas de encuentro con una palabra: esperanza. No puedo interpretar ahora el sentido de sus sonrisas. Pero la cita respondió a lo esperado. Escuché. Aprendí. Luego llamé al ascensor de vuelta buscando a mi otra amante, la ciudad. Necesitaba otear su horizonte cultural y social. San Jorge llenaba las calles de rosas y literatura. Constaté la oferta de la oficial vía soberanista: el «Manual per a la Independencia», de Dolors Feliu, hasta el «Camí sense retorn», de Tian Riba, pasando por «Quatre vies per a la independència», del corresponsal de TV3 Martí Anglada, comparando los modelos de Estonia, Letonia, Eslovaquia y Eslovenia, obviando sabiamente referirse a Bosnia, país que bien conoció durante sus dos guerras civiles. No entro en las valoraciones de estos ensayos. Pero en otro ámbito si llegó a mis manos un documento más cercano a mi condición de soldado. Se trata de un amplio informe elaborado a primeros de este mes por el CEEC, Centro de Estudios Estratégicos de Cataluña, denominado «La futura Força de Defensa de Catalunya». El análisis del documento merecería un seminario en el que interviniesen politólogos, militares, economistas y psicólogos. No me atrevo a citar a otros, porque tras la lógica de algunas aseveraciones –«La política de defensa no es una cuestión accesoria para un Estado, sino que es capital para su existencia»– le endosa a su sociedad el gasto de un 1,5% de su PIB a fin de garantizar desde las corrientes de suministro de productos energéticos hasta la custodia de infraestructuras de puertos, aeropuertos, transportes terrestres y ferroviarios, AVE (sic), autopistas y fronteras. Preocupan al ponente o a los ponentes la proliferación de armas de destrucción masiva, el terrorismo internacional, los conflictos regionales de Cachemira, Corea o Grandes Lagos, los estados fallidos como Somalia o Liberia, la delincuencia organizada y un largo etcétera.

Trata del artículo 42.3 del Tratado de la Unión Europea –«Todos los estados miembros pondrán a disposición sus capacidades militares»– dando su integración como un hecho. Luego sistematiza la forma de acogerse al artículo 5º del Tratado del Atlántico Norte, el que les garantizaría el paraguas de la defensa colectiva. Denuncia «por motivos estrictamente políticos» el que Cataluña carezca de industrias de defensa –cita a Navantia, Indra, Airbus, y Santa Bárbara– confiando la formación y desarrollo de sus estructuras a programas norteamericanos –Joint Commander Program Team– o de Reino Unido –British Military Advisory Training Team–. Termina cuantificando unas Fuerzas Terrestres, Navales y Aéreas de 25.000 efectivos entre fuerzas profesionales y reservistas voluntarios, dotadas de una «gran capacidad de proyección e interoperatividad». «No adoptar un modelo de defensa propia –concluye– sería traicionar la larga lucha por la libertad; una vez conseguida ésta, no podemos dejar en manos de otros nuestra defensa, que no es otra cosa que la garantía de nuestra existencia».

Regresaba a mi mar y a mi isla con sabor agridulce. ¡Siempre hay algo que falla en las citas! Por una parte no sólo respeto la libertad de expresar ideas, sino que valoro el ensayo sea cual sea su punto de vista. Pero tampoco estaba seguro de si me encontraba frente a unos magníficos comerciales que saben vender como nadie sus productos en el lugar y momento oportunos, o si como muy bien describía en estas mismas páginas Pedro Alberto Cruz, bajo este soberanismo, latía todo un sentimiento de inseguridad. O, incluso, si esta cultura oficial escondía un totalitarismo selectivo y discriminatorio. Mi avión aterrizaba. Con él, mis confundidos sentimientos.

Publicado en “La Razón” el 25 de abril de 2013

Prim y la Monarquía útil

domingo, abril 28th, 2013

La Sociedad Bicentenario General Prim que impulsa la conmemoración del 200 aniversario del nacimiento del General de Reus (1814-2014) ha organizado, entre otras muchas actividades, dos ciclos de conferencias referidas a su figura como militar y como político. El primero se celebró en la sede madrileña del Instituto de Historia y Cultura Militar y el segundo acaba de finalizar en Barcelona contando con la magnífica hospitalidad del «Cercle», su Círculo Ecuestre. Diferentes especialistas han «entrado» en la fascinante vida de Prim desde diferentes perspectivas: su etapa de formación militar en plena Guerra Carlista, sus primeros pasos parlamentarios, sus misiones en el exterior (Marruecos, Puerto Rico, Crimea, México y Francia), su etapa como Jefe de Gobierno, sin olvidar al Prim de Reus, el entorno familiar y social que vivió en aquella ciudad, la segunda en importancia entonces de Cataluña.

Este ciclo, programado en octubre de 2012 por los historiadores María José Rubio y Emilio de Diego, finalizaba con una conferencia bajo el título «Prim. La monarquía útil» que se asignó a José María Michavila. Poco imaginaba el ex ministro, letrado del Consejo de Estado, pero sobre todo entusiasta y preparado Profesor de Historia Contemporánea, como se estaría pendiente de sus palabras un 11 de Abril de 2013. El conferenciante se ciñó a su compromiso como historiador, buen conocedor del mundo en el que se movió Prim, su vida parlamentaria, la evolución de su pensamiento, el sentido práctico de su política, su liderazgo popular, sus dotes de comunicador. De vez en cuando salpicaba la conferencia con detalles relacionados con su vida como fue su relación con Lincoln, también asesinado como él a sus 56 años. Consideró el momento actual como de fin de un ciclo histórico que se inició en el Congreso de Viena de 1814, que puso fin a las guerras de Napoleón. Precisamente, este año nacía Prim y Beethoven escribía su sinfonía «Gloriosa», nombre que luego daría el General junto a Serrano y Topete a la Revolución de 1868 aquella que nació al grito de «¡Viva España con honra!»

Para Prim la Monarquía era una carta de presentación de nuestra nación en el exterior y la consideraba útil porque era una tradición en España que garantizaba estabilidad y orden. Resaltó Michavila que las monarquías fueron útiles para acabar con la esclavitud y con los señores feudales. Luego lo fueron para asentar la democracia como en Noruega, Holanda o España. «El tema es que la monarquía tiene que ser útil –resaltó–. En España lo ha sido a lo largo de la difícil Transición y de los años que la siguieron. El que haya un Jefe del Estado apartidista y que la Institución sea estable, es bueno».

Asumió que «estamos en un momento de incertidumbre» en el que hacen falta nuevos pactos de convivencia. Se remontó a 1812 para hablar de un primer aunque efímero consenso . Y fue repasando las épocas en que éste se ha logrado y los resultados positivos obtenidos. Se detuvo especialmente en la Restauración ligada a la figura de Antonio Cánovas del Castillo –asesinado como Prim– y muy especialmente en los Pactos de la Moncloa logrados por la hábil política de Adolfo Suárez. Dejó no obstante claro que los españoles se unen más fácilmente para quitar, para romper, que para sumar y unir. Criticó que tradicionalmente «el gran olvidado de España es el pueblo» y que Prim fue un líder que lo tuvo en cuenta dedicando muchas horas al diálogo y al entendimiento en un proyecto común. «Cuando matan a Prim en 1870, matan la posibilidad de consenso». Lo había logrado especialmente al redactar la Constitución de 1869, considerada la primera constitución democrática de nuestro pasado más reciente. También asesinaron a esta Constitución quienes urdieron y materializaron el atentado de la calle del Turco, aquella fría tarde madrileña de un 27 de Diciembre de 1870. Y hasta hace cinco meses, nada recordaba en aquel lugar el trágico atentado. Reconozcamos que como pueblo somos olvidadizos, desagradecidos, iconoclastas, poco amantes de nuestra propia historia a la que tradicionalmente manipulamos o despreciamos. Gran mérito de la Sociedad del Bicentenario el perpetuar con una placa aquel triste suceso. ¡Pero se han necesitado 142 años para reconocerlo!

Apeló por último Michavila a la necesidad de generar confianza. «¿Dónde hay empleo? En países donde hay confianza», incluida la confianza en su clase política. Y se desconfía de ésta cuando –quizás– sea más necesaria que nunca. Por supuesto, no todos los políticos son corruptos. Hay muchos españoles con honra. «Recrearse en la venganza no produce Patria», señaló, por último, y puso ejemplos recientes de ensañamientos mediáticos que luego no tuvieron una misma respuesta judicial. ¿Quién repone el daño moral?

Si tuviese que resumir en pocas palabras la magnífica lección de José María Michavila, diría: regeneremos la España con honra, que lo demás se nos dará por añadidura. Prim sigue siendo útil.

Publicado en “La Razón” el 18 de abril de 2013

No es el momento (y II)

domingo, abril 28th, 2013

Por supuesto soy sensible a los ecos de los «radares avanzados» de los que hablaba el pasado jueves día 4. Importantes para mí los procedentes de cuadros en la reserva o retiro, desprendidos de ambiciones personales o económicas. Aún más, los testimonios que llegan de tierras lejanas, de hombres y mujeres que viven día a día sobre terreno hostil con esfuerzo, sacrificio, separación e incertidumbre.

Y reconozco los esfuerzos que se están haciendo desde el Ministerio. Hoy mismo se constituye en el Congreso la subcomisión encargada de abordar la imprescindible reforma de la Ley de la Carrera Militar. Porque no todo reajuste debe ceñirse sólo a aspectos presupuestarios. Unos malos planes de enseñanza militar pueden tener efectos más perniciosos que un déficit económico, ya que pueden romper el arma más valiosa de un Ejército, su capital humano, quebrando la vocación de sus miembros, rompiendo su cohesión.

De los problemas presupuestarios que arrastra desde hace años la vida de las Fuerzas Armadas, se ocupó recientemente el general intendente (R), Francisco Pérez Muinelo en dos magníficos trabajos publicados por la revista «Atenea». En ellos demuestra que los factores de política industrial que guiaron a los distintos gobiernos a decidir contratos de Defensa primaron sobre las propias necesidades de los ejércitos. Pone como ejemplos el contrato de las Fragatas F-100 que intentó mitigar la crisis de la construcción naval o el de los helicópteros Tigre, sustitutivos de los requeridos norteamericanos Apache, con tal de facilitar la discutible instalación en Albacete de una planta del fabricante Eurocopter. Es decir, que decisiones políticas han podido lastrar los presupuestos necesarios o requeridos. Pero, como comprenderá el lector, todo tiene sus pros y contras. Pero, también hoy, debe obrarse en consecuencia.

Porque hay otros gastos no imputables a los ejércitos y a la Armada que podrían reconsiderarse.

Uno. Me preocupa el concepto de «enajenación de inmuebles aunque sean patrimonio histórico». ¿Qué ayuntamiento o autonomía puede hoy adquirir patrimonio histórico? Pronto veríamos cómo se degradaban instalaciones conservadas durante décadas. Anoto una posible solución que ya se utiliza con el patrimonio de la Iglesia. ¿No puede convenir Defensa con Cultura unas partidas para custodia de su patrimonio histórico, sin necesidad de mermar su propio presupuesto?

Dos. El propio Órgano Central del Ministerio debe asumir reducciones. Un ejemplo. Muchos nos seguimos preguntando qué necesidad había de crearse una Secretaria General de Política de Defensa hecha sólo a medida de una persona lista y ambiciosa?

Tres. Vuelvo al alma de la Institución. Me refiero nuevamente al desembarco de la Legión en un barco de la Armada en Málaga, la liturgia alrededor del Cristo de la Buena Muerte y las imágenes de adhesión a un sencillo rito que dieron la vuelta al mundo. Y casi a coste cero, a diferencia de las bien remuneradas campañas publicitarias que contrata Defensa repitiendo hasta aburrir, que nuestros uniformados son los más altos, más buenos y más solidarios que pueblan la tierra.

Las fotografías y reportajes de Málaga no sólo dieron la vuelta al mundo. Llegaron de muy diversas formas a parte de los sectores más jóvenes de los que deben salir vocaciones. A cuantas más vocaciones, mejor selección. Y de la selección saldrá el capital humano. La alternativa de Málaga es el «guetto», es encerrarnos en nosotros mismos.

Podría decir lo mismo de los Reservistas, este valiosísimo capital humano, hoy arrinconado y desmotivado también por limitaciones presupuestarias.

Cuatro. Hay un último punto que nunca puede faltar: la reducción de generales y almirantes. Redúzcase si es necesario, pero no sólo para buscar el aplauso. Un general no es más que un nivel 30 en la Administración del Estado. Estos niveles proliferan en otros ministerios entre funcionarios y políticos con menos años de servicio y menos conocimientos. Con otra diferencia: los uniformados no consolidan el nivel; lo pierden cuando pasan a retiro e ingresan en el Régimen General de la Seguridad Social como cualquier hijo de vecino a quien se le han retenido durante años determinadas cantidades.

Cinco. Podría hablar de otros gastos que se imputan a Defensa y que corresponden a otros ministerios. Sin entrar a discutir ahora la decisión de crear la Unidad Militar de Emergencias a consecuencia de la desastrosa gestión del incendio de Guadalajara, y teniendo en cuenta que todas las Fuerzas Armadas están a disposición del Gobierno ante cualquier emergencia, el coste de la unidad debería corresponder al Ministerio del Interior, al igual que el Ayuntamiento de París paga a su Brigada de Sapeurs Pompiers desde los tiempos de Napoleón III. También influyó esta Unidad en la decisión del Gobierno de crear la UME. Vuelvo a la idea fuerza de mi tribuna anterior. No deben pagar sólo las Fuerzas Armadas desajustes anteriores y presentes. Va con ello nuestra seguridad y la de nuestros hijos.

Publicado en “La Razón” el 11 de abril de 2013

No es el momento (I)

domingo, abril 28th, 2013

Varios «radares avanzados» orientados sobre Defensa anuncian una drástica reducción de cuadros de mando y tropas en los Ejércitos, en lo que denomina una vez mas «racionalización de estructuras y supresión de lo prescindible». Eso sí, añadiendo la archiconocida coletilla de que «no afectará a la operatividad de las fuerzas». Mi mensaje de hoy no va dirigido sólo a los actuales responsables del Ministerio. Les conozco bien porque conviví con ellos cerca de cuatro años. Sé de sus capacidades y de su honestidad. Sólo creo que les ha faltado coraje para relevar a personas de fervientes lealtades al régimen que nació el 11-M. Ángel Acebes no explicó suficientemente a los ministros actuales su amarga experiencia con los mandos de la Policía que no relevó a tiempo.

Hoy debo dirigirme más especialmente a quienes han reducido el presupuesto del Ministerio a cotas tercermundistas, mientras encuentran medios para salvar bancos, para enjugar cuantiosas deudas autonómicas, para sufragar a partidos políticos y sindicatos. La seguridad no es sólo incumbencia del Ministerio de Defensa. Sus responsables actuales son sólo depositarios temporales de su administración, por supuesto legitimada por una opción política que ganó unas elecciones. La seguridad es de todos, y por tanto, del Gobierno de todos. ¡Ya tuvimos otros ministros que quisieron suprimir a la Guardia Civil y a la Legión! Lo recordaba hace unos días viendo las emocionantes imágenes de Málaga y de la Legión ante su Cristo de la Buena Muerte. En próxima Tribuna me referiré al eco mediático de este acto, centrado en el Cristo de Palma Burgos, al que aún denominamos Cristo de Mena.

¿Reducciones? En otros momentos quizás diría sí. Hoy digo respetuosamente, no. Basta leer las crónicas que vienen de Cataluña. Imagino la sonrisa de un conocido líder de doble lenguaje al conocer la noticia. Ya nos esquilmó todo lo que pudo en el pacto del Majestic, firmado con Rato en el 96. Ahora pedirá eliminar totalmente nuestra presencia en el Principado. ¡Al tiempo! Ya han leído las primeras declaraciones de uno de los trece expertos designados para formar el flamante «Consell per a la Transició Nacional de Catalunya». Sólo ve al Ejército como amenaza a un proceso al que van lanzados. Basta con estar atentos a lo que se mueve en torno a ETA en Noruega, en París o en el propio País Vasco. Y basta con comprobar las prácticas de determinadas izquierdas, habituales cuando pierden unas elecciones: pancartas, manifestaciones, plataformas, huelgas. Ahora añaden los ataques personales a viviendas, al lanzamiento de basuras, al acoso mediático, al griterío. Ojo que del escrache al tiro a la barriga de aquellos que quemaron el Cristo de Mena en los años treinta no hay tanta distancia. Demasiadas veces hemos contado lo que vivimos en Yugoslavia. ¿Alguien puede asegurar hoy que se acabará esta legislatura de forma ordenada? ¿Es completamente descartable un golpe de estado semejante al del 11-M, tras una crisis real o provocada?

Las Fuerzas Armadas, que no tienen nada que ver ni con los sinvergüenzas que han saqueado ciertos bancos y cajas, ni con los administradores públicos que han actuado en beneficio privado, ni con los desbarajustes de unas autonomías que han hecho la guerra por su cuenta, ni con unos gobernantes incapaces y corruptos que han dejado al país en quiebra, pagan ahora los platos rotos. Alguien cree que basta con recordar a las gentes de armas aquella estrofa de Calderón de la Barca –«Aquí la más principal/ hazaña es obedecer,/ y el modo como ha de ser,/ es ni pedir ni rehusar»– para que disciplinados y callados asuman las decisiones políticas. Tengo claro que Calderón se refería al mundo de la milicia, no al de la política.

En tiempos en los que el propio Enrique Rojas dice que «España está ardiendo» y que nuestra sociedad actual ha producido «seres humanos cada vez más endebles, frágiles, inestables, resbaladizos y sin criterios sólidos», nosotros queremos reducir a los seres más fuertes, endurecidos, estables, seguros de sí mismos, leales servidores públicos y con criterios apoyados en valores, de la propia sociedad. «Tiempos de extravío, de masas de gentes a la deriva», termina ratificando el psicólogo sevillano. Y a una de las instituciones que pueden proporcionar nortes, referencias y áncoras, se la esquilma. Ya lo intentaron otros. Las reducciones de este tipo entrañan disputas y recelos entre ejércitos que harán todo lo posible para endosar el mayor peso de la crisis sobre los otros. Se producirán desencuentros entre promociones y dentro de ellas entre compañeros. Los anunciados «amplios cupos de reserva para cuadros de mando» no serán más que hervideros de descontentos, recriminadores vitalicios, críticos con quienes permanecerán. Se romperá la debida cohesión, ante la cínica sonrisa de unos pocos. Y ya saben a lo que conduce una falta de cohesión. No. No es el momento.

Publicado en “La Razón” el 4 de abril de 2013

Un jueves diferente

jueves, abril 4th, 2013

Junto con el Corpus y la Ascensión, forma uno de los tres jueves que «brillan más que el sol» en el decir popular. Además, marca el cambio de tendencia de la semana conmemorativa de la pasión de Cristo. A partir de este día, tras la Cena, vendrá la delación, la traición, el lavado de manos, la condena y la muerte. Todo condensado lo conmemoramos en medio de un fervor popular que no han podido borrar repetidos intentos marxistas o relativistas. Pero al final de los días santos se llegará a la Gloria, a la Resurrección. Pasamos, en unos días, de la muerte a la vida .

¡Cuántas vivencias llenan el recuerdo de las semanas santas de nuestras vidas! ¡Cuántos cambios en nuestras costumbres! No obstante, se mantienen unas raíces populares que no han variado, dada la profundidad del mensaje que sostienen. Desde la atalaya de mis años, da igual que lo conmemore entre el modesto silencio de los cofrades de mi Mahón o que recuerde el brillante cortejo de los Legionarios del Cristo de la Buena Muerte en Málaga. Pasaban el mismo mensaje unas misioneros italianas que cuidaban huérfanos y discapacitados a consecuencia de la guerra, en una montaña donde se veneraba –se venera– a la Virgen de Medjugorje, a quienes se agregaba en cuanto podía un buen «pater» Alomar de una agrupación de tropas paracaidistas, empeñada en consolidar, no sin esfuerzo y sacrificio, la paz en Bosnia Herzegovina. El mismo mensaje que me transmitieron con indescriptible emoción unas mujeres miskitas de cultura cristiana morava, cuando un Sábado de Gloria –nuestro actual Domingo de Pascua– en Mocorón, un pueblo alejado y entrañable del norte de Honduras, cantaban en distinta lengua pero con el mismo tono y la misma alegría el «deixem lo dol» –dejemos el duelo– como el que cantan gozosas las gentes de los pueblos de Menorca.

Éste es el mensaje que cierra la Semana Santa: el de la esperanza, el de la nueva vida que llega con la primavera. El que sobrepone la vida sobre la muerte.

Y este año, vivimos un Jueves Santo diferente debido al testimonio extraordinario de dos personas, dos papas. Uno –Benedicto XVI– por haber tenido la valentía y el coraje de reconocer que ya no podía transmitir esperanza a un mundo convulso, quebrado por el abandono de valores. Otro –Francisco– llegado de lejos, no previsto por curias ni cancillerías, hijo de la emigración y de una sociedad convulsa como la argentina, hija de populismos, dictaduras y frentes populares, pero capaz de transmitir un mensaje nuevo de esperanza: «No os la dejéis robar», ha repetido insistentemente a los jóvenes.

Dos papas que unidos se abrazan, rezan juntos, ceden protocolos. Ejemplo de fraternidad. No necesitarán hablar a la muchedumbre desde los balcones de Castel Gandolfo. Bastará una imagen, verlos arrodillados juntos, sin protocolos, en una modesta capilla muy alejada del esplendor de la Sixtina. Imágenes que irradian respeto, modestia, responsabilidad.

El Papa Francisco ha querido decirnos desde el primer día –superado aquel emocionado y lógico pasmo al ver a la muchedumbre en la plaza del Vaticano– «no creáis que yo no he pasado penurias familiares»;»no creáis que yo no sé de lo que es capaz el ser humano, sea montonero o sea de una Escuela de Máquinas». Y ha sabido conservar una sonrisa cuando la presidenta de su país le ha pedido mediación para recuperar las Malvinas. ¡Pero si ya vivió una breve y dramática ocupación! ¡Pero si su poder es sólo moral! Señora: sé que las Malvinas bien valen una misa, pero esto es Roma, no Nueva York, la sede del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

En medio de esta Semana Santa, en medio de un tiempo en el que parece que nada es justo ni certero, en el que hemos perdido la fe en las instituciones, en la que sospechamos –pienso que erróneamente– que todos los políticos y servidores públicos han prostituido su vocación de servicio a la sociedad, en la que no llegamos a distinguir si hay un Judas entre doce o entre dos o tres, aparece un Papa con los zapatos cansados, que obvia elementales normas de seguridad y arriesga su propia integridad. Porque sabe que hay fanáticos, que hay locos, que hay asesinos a sueldo, que hay traidores.

Como lo sabía Cristo, también con sandalias de pescador cansadas y que sabía que no podía fiarse de la escolta de un Pedro más cercana a la momentánea deserción que al encadenamiento con la suerte de su Maestro. El canto de un gallo le llevaría al más doloroso de los remordimientos: el causado por el abandono a un amigo. De la muerte a la vida en Semana Santa. De la desazón a la esperanza, el mensaje del Papa, Francisco. ¡Con buen viento navega la barca de Pedro!

Publicado en “La Razón” el 27 de marzo de 2013