Archive for enero, 2013

Fronteras

miércoles, enero 30th, 2013

Reconozco que cuando me iniciaba en el estudio de los atlas geográficos me gustaban las fronteras rectilíneas y de grandes dimensiones. Me parecía que las divisiones entre estados estaban mejor definidas que las serpenteantes fronteras fluviales o las jalonadas por inaccesibles picos montañosos.

Con el tiempo comprendí que aquellas divisiones procedían de repartos coloniales o de impetuosos procesos de descolonización, incluso del capricho de exploradores o de obscuros intereses económicos. Entrañaban, por una parte, romper lazos humanos entre poblaciones autóctonas que con el tiempo se rebelarían o emanciparían. Por otra desconocían que en el subsuelo de aquellas extensas estepas o desiertos aparecerían con los años y con nuevas tecnologías, inesperados yacimientos de gran riqueza en forma de minas o de pozos de petróleo o de gas.

En nuestro Sáhara Occidental una generación de españoles vivimos los dos ejemplos. Por una parte asumíamos que un «ligero error» en la medición de un meridiano, había incluido las Salinas de Iyil en la Mauritania francesa y que, por casualidades de la vida , en la franja hurtada a España, apareció la mina de hierro más rica del Africa Occidental.

En otro aspecto, en Bu Craa, la mina situada al sur de El Aaiun la capital del territorio que fue provincia española, se explotaba a cielo abierto una veta rica en fosfatos y nos convertimos en rivales del lobby mundial que controlaba sus precios. Nuestro Gobierno había apostado fuerte por ella. Pero, a la larga, fue una de las causas de la pérdida del Sáhara y en cierto sentido de la diáspora de su población autóctona. Resumo: no siempre la riqueza entraña paz.

Vivimos estos días el drama de un Estado fallido como es Mali y la reacción inmediata de un grupo terrorista procedente de Libia contra una instalación de gas ubicada en Argelia. Es decir, el conflicto que lleva larvado años entre estas fronteras de difícil definición, afecta a tres países, involucra a Francia, a las Naciones Unidas, a la Unión Africana, a la Unión Europea ,a EE UU, a Alemania, a España –dependiente del gas de Argelia–, y hiere a otros –Japón, Filipinas, Noruega– cuyos nacionales fueron utilizados como rehenes y asesinados sin más juicio y delito que el de ser occidentales.

El estudio actual de la frontera entre estos tres países nos lleva a una primera pregunta: ¿Quién puede controlar estos extensos territorios y los movimientos de su población nómada, que no ha asumido más límites que los que leen en las estrellas ? De ahí que contaminados o utilizados por movimientos y personas procedentes de Libia o de Afganistán o reclutados por la internacional yihadista, hayan creado un pseudo estado que hace del terrorismo extorsión, financiación y medio de acción política.

La soberanía de las naciones entraña el control de su territorio y por supuesto de sus fronteras entre otras funciones fundamentales. Bien sé que no es fácil, pero este control es necesario. Es mucho más caro –ya lo va siendo– no hacerlo.

El fin de las guerras que asolaron Centroamérica en los ochenta –Nicaragua, El Salvador, Guatemala– se inició con un acuerdo firmado por todos los presidentes del istmo en Esquipulas, la bella ciudad guatemalteca que guarda orgullosa un Cristo donado por Felipe II. Declararon sencillamente que «ningún país alimentaria la guerra en el país hermano».

Fue esencial, porque entre ellos quedaban zonas fronterizas sin definir –los bolsones– procedentes del proceso de descolonización y de la propia aridez de los terrenos, muchos de ellos selváticos. Pero en ellos acampaban los movimientos insurgentes, ya fuese la «contra» nicaragüense, el FMLN salvadoreño o la URNG guatemalteca.

Tenemos otros ejemplos más cercanos: ETA creció cuando encontró permeabilidad en la frontera francesa y organizaba cómodamente sus santuarios en territorio galo.

Recientemente también vimos cómo las FARC buscaban cobijo tras la frontera ecuatoriana. No les tembló el pulso ni al entonces presidente Uribe, ni a su ministro de defensa Santos, que le sucedió en el Palacio Mariño. Hoy ya están negociando en La Habana.

Vuelvo preocupado a Malí. Hablamos de un país de extensión dos veces y media la de la Península. ¿Pueden cubrir 2.500 soldados franceses o los 3.000 de la Unión Africana que se preparan para desplegar, la seguridad de un país tan extenso? ¿Pueden garantizar el control de sus fronteras? ¿Pueden rehacer un Estado producto de un golpe militar, sin un esqueleto legislativo, judicial y de seguridad que lo sostenga? Reconozcamos que sólo Francia , bien apoyada por la comunidad internacional, puede intentarlo.

Un primer paso para «fijar» a Al Qaeda en el desierto común del Sahel, pasa necesariamente por controlar fronteras y los movimientos insurgentes. Colapsar sus fuentes de financiación, especialmente las provenientes de la droga y –por supuesto– de los secuestros. Ya sabemos en España lo que nos costó recuperar a tres cooperantes barceloneses. Uno de los racimos de Al Qaeda domina el Sahel. El reto es grande.

Publicado en “La Razón” el 24 de enero de 2013

El flanco sur: Mali

miércoles, enero 30th, 2013

A los escenarios asiáticos –Irak y Afganistán– nos llevaron nuestros aliados norteamericanos. A la destrucción de Yugoslavia fuimos nosotros mismos, los europeos, los indecisos y los corresponsables y ahora, tras la falsa primavera de los países ribereños del Mediterráneo, nos damos cuenta de que al sur de sus extensas fronteras, hierven graves problemas de seguridad que, seguramente, nos afectarán. Nuestra vigente Directiva de Defensa Nacional de julio 2012 nos lo advierte: «No puede olvidarse que la seguridad de España y la plena estabilidad mediterránea solo se logrará si su entorno inmediato, Oriente Medio y el Sahel, se mueven en la dirección adecuada».

Ahora ha estallado un problema que se mantenía larvado y que no queríamos ver entre nuestras preocupaciones: Mali. Problema de «amenaza para la paz y la seguridad internacionales», según la Resolución 2085 del Consejo de Seguridad de 20 de diciembre de 2012, problema de opinión pública y de decisiones políticas más que delicadas.

Todos conocemos las diferencias entre las promesas electorales y las responsabilidades de gobierno. El presidente francés, Hollande, se ha visto obligado –en mi opinión con razón– a intervenir: «Está en juego la existencia misma de este estado, la seguridad de su población, incluidos los 6.000 residentes franceses, en lo que es una amenaza no sólo para Francia sino también para Europa». Quien ahora esgrime un demagógico y desgastado «no a la guerra» es el ex primer ministro Dominique de Villepin. ¡Cosas de la política!

Francia ha demostrado una vez más que tiene a sus Fuerzas Armadas como instrumento eficaz y sin complejos de su política exterior, que sabe calibrar y asumir riesgos y es consecuente con sus aliados, especialmente los que forman la francofonía. Ha maniobrado bien en el Consejo de Seguridad, obteniendo una clara autorización. Ha conseguido los iniciales apoyos diplomáticos de Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y España y ha sido consciente de que una fuerza internacional como la definida por Naciones Unidas, aún bajo el paraguas del Capítulo VII de la Carta, puede tardar meses en formarse y desplegar cuando la situación sea irreversible. Todos están de acuerdo en que los temas africanos deben ser resueltos por los propios africanos, pero las intenciones muchas veces no bastan. No obstante hoy, Burkina Faso presta un apoyo importante. Argelia permite sobrevuelos, Nigeria y Senegal ya despliegan fuerzas junto a las francesas en la capital Bamako y en el estratégico aeropuerto de Sévaré, situado en el centro del territorio donde se une la rebelde zona norte semidesértica, poblada sólo por 2 de sus 15 millones de habitantes, con el sur del país. Porque estamos hablando de un país de extensión dos veces y medio la superficie de España (1.230.000 Kms.cuadrados). Todas las distancias, todas las superficies conquistadas o perdidas, todos los tiempos, deben ser considerados con esta amplísima óptica territorial.

No son nuevas las rebeliones de los tuaregs del norte que ya consiguieron abiertos estatutos políticos en los ochenta. El problema procede de la contaminación que han sufrido estos movimientos por grupos yihadistas especialmente procedentes de Argelia y de Libia, que han hecho del Sahel un santuario de Al Qaeda y de otros grupos que utilizan el terror como instrumento de acción política.

La crisis actual procede de marzo-abril de 2012, en que parte del Ejército dio un golpe de Estado suspendiendo la constitución del país. La intervención de la comunidad internacional propició la formación de una Autoridad de Transición con Traoré como presidente interino, que debía convocar elecciones y aprobar una nueva carta. Pero en diciembre dimitió el primer ministro y se disolvió el Gobierno en un claro ejemplo de lo que puede constituir un Estado fallido. Ello alentó a los movimientos del norte que rompiendo treguas y pactos conseguidos por gestiones de la comunidad internacional, conquistaron la ciudad de Konna, situada en el centro del país y a unos 600 kms de la capital. Éste ha sido el desencadenante de la crisis actual.

El viernes 11 el Consejo de Seguridad pedía el despliegue urgente de una fuerza internacional, cuando Francia ya movía sus peones y recuperaba Konna. Imagino toda la trastienda diplomática en Nueva York, en Washington, en Bruselas y especialmente –junto a la operativa– en París. Nadie explica el papel de Romano Prodi, enviado especial del secretario general para el Sahel en el desarrollo de estos acontecimientos.

Éste es el escenario, éste es el reto. Mali hereda un proceso de descolonización precipitado de los años sesenta, una conformación del país artificial, unas fronteras extensísimas, indefinidas y permeables con Argelia y con Libia que le han «exportado» movimientos yihadistas. Tiene unas riquezas –es el tercer productor de oro de África– que acaban en manos de pocos y una extensión que dificulta su gobernabilidad. Todos los mimbres para constituir un Estado fallido.

Y aunque no lo parezca, por supuesto, afecta a nuestra propia seguridad. Ya veremos.

Publicado en “La Razón” el 16 de enero de 2013

La hidra de la corrupción

domingo, enero 13th, 2013

Si hay un fenómeno que ha lastrado tristemente nuestra Transición, es el de la corrupción, especialmente en su versión política. No sé cuántos casos hay abiertos hoy en España ni hasta qué año nos avergonzaremos del uso que han hecho unos pocos del poder. Dieciséis se ha tardado en llevar a juicio a los responsables de un perverso sistema de financiación de un partido catalán. Al final, ¿para qué tantos años? Por supuesto, nuestro Código Penal recoge todas sus figuras delictivas, pero parece que no son suficientes. Incluso las Naciones Unidas lo relacionan con la violación de los derechos humanos. En su convención de octubre de 2003 declaran que «el tráfico de influencias o en forma de obtener favores ilícitos a cambio de dinero o de otras formas constituye una vulneración de los DDHH por cuanto entraña violación del derecho de igualdad ante la Ley».

Mariano José de Larra (1809-1837) el sensible testigo de su tiempo, desengañado del liberalismo de Martínez de la Rosa y de Mendizábal, «pues sólo habían servido para beneficiar a limitados sectores sociales», volvería a denunciar hoy una extendida corrupción difícil de conocer por el alcance de sus tentáculos y cuyo peor efecto es una generalizada desazón, una sensación de desconfianza de todos contra todos.

Por supuesto, no acuso a una mayoría de nuestra sociedad que es honesta, incapaz de quebrar un orden social por mor de la riqueza adquirida ilegalmente. Hace unas semanas un empleado del servicio de limpiezas de Palma de Mallorca recogió una cartera conteniendo mas de seis mil euros. Imagino el estado de ahorros del buen funcionario, pero en su fuero interno no apareció la duda. Sabía que aquello no era suyo , que perjudicaba a otro y devolvió la cartera.

Pero hay otra gente que no actúa igual, gente especialmente nociva, que utiliza el poder como baza. Y a pesar de nuestro buen sistema judicial, tenemos la sensación de que no se ataja con la debida contundencia. ¿Cuántos casos llevan más de dieciséis años? ¿Cuántos sobre financiación de partidos se han archivado? ¿Quién pagará la corrupción de Unió?

Lo más triste es que nuestra sociedad, que ha hecho del dinero un dios, adula, venera, a las personas que ostentan, que exhiben, que escandalizan con las riquezas que han conseguido entre el lodo de la corrupción. La misma sociedad que denostará e insultará al denunciado cuando el primer telediario anuncie su imputación o detención. Entonces –incluso– prejuzgará.

Larra nos hablaba de los nuevos caciques de pueblo reverenciados por el alcalde, el cura y por el cabo de la Guardia Civil. Hoy los caciques visten y se mueven en otros ámbitos. Pero son los mismos. Con guante blanco gestionan recalificaciones urbanísticos, blanquean o divierten fondos, utilizan su «prestigio» político para dirigir gabinetes asesores, o servicios jurídicos marcados por la etiqueta: «si lo quieres conseguir, dirígete a él». Son verdaderos conseguidores, cuando un elemental código ético debería impedirles trabajar en temas técnicos o jurídicos de los que han sido responsables políticos.

Por supuesto, la corrupción se extiende en más formas, las corruptelas. Y no son todas económicas. Tristemente constatamos la permanencia del «derecho de pernada» medieval, mucho más cruel hoy, cuando las condiciones de falta de trabajo obligan a buscarlo de cualquier forma. No me refiero a las relaciones consentidas –pagadas o gratuitas–, ni siquiera a las inclinaciones sexuales. Me refiero a las que el Código Penal define como abuso de poder por razón de cargo, capaces de contaminar todo el tejido social.

De otras corruptelas no se libra ningún trozo de nuestra sociedad. Uno de mis lectores me alerta con lealtad de la existencia de casos tanto en Fuerzas Armadas como en la Guardia Civil. Para nada mi desconocimiento entraña ocultación. Pero son casos individuales o de grupos determinados y estoy seguro de que recibirán respuesta penal rápida y contundente. No dejan de ser corruptelas los «días para asuntos propios» conseguidos por ciertos colectivos en convenios en los que se priorizaban derechos sobre deberes. Como no duden que se esconden corruptelas entre algunos de los que se oponen a la privatización de la gestión de ciertos centros de salud, porque ven perder las comisiones de laboratorios o verán restringidos sus flexibles horarios laborales que comparten con centros privados o de enseñanza.

Si queremos extraer «lecciones aprendidas» de la actual crisis, hay que atajar con todos los medios –Justicia, comunicación, enseñanza– la perversa hidra de la corrupción que nos acompaña en nuestro tránsito democrático desde los primeros días de la Transición. No creo que nadie pueda cuantificar su coste económico. Pero su verdadero coste es social, rompe la cohesión, quiebra el concepto de unidad de bien común.

Contundencia , rapidez y ejemplaridad serán las mejores armas contra esta corrupción que, y al final, nos puede romper.

Publicado en “La Razón” el 9 de enero de 2013


Compañeros de armas

domingo, enero 13th, 2013

En Menorca, desde donde escribo – y S.M. lo sabe perfectamente–, la Pascua Militar tiene un significado especial. La instituyó su ilustrado antepasado Carlos III en conmemoración a la conquista de la Isla tras la segunda dominación inglesa.

Celebraremos los 300 años de la firma de los Tratados de Utrech, que inicialmente convirtieron a la Balear Menor en dominio inglés. Gibraltar queda como residual testigo de las nefastas consecuencias de aquella Guerra de Sucesión que nos dividió y que aún hoy alguien quiere perpetuar. Con prudente léxico pero con referencias que todos hemos entendido, S.M ha repetido con otras palabras lo que adelantó ante las Cortes un 27 de diciembre de 1978 en la presentación de la Constitución: «Si hemos acertado en lo principal y lo decisivo, no debemos consentir que diferencias de matiz o inconvenientes momentáneos debiliten nuestra firme confianza en España y en la capacidad de los españoles para profundizar en los surcos de la libertad». Por supuesto no caerán hoy las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil en «absurdas provocaciones».

Han pasado 35 años. El esbelto monarca de entonces acaba de cumplir 75 y ha precisado de dos muletas para cumplir su promesa de «estar con sus compañeros de armas». Imagino las tribulaciones de su equipo médico que debe apechugar con recuperaciones a fecha fija, de indiscutible riesgo para su prestigio profesional. Ha recordado a los 12 fallecidos en acto de servicio, muchos en alejadas tierras y la gesta del Regimiento de Caballería Alcántara, máximo exponente del sacrificio humano. Luego ha apelado al necesario esfuerzo para, en un marco de carencias presupuestarias, mantener las capacidades que garanticen nuestra fuerza de disuasión. Necesitamos sentir, las gentes de armas, que este «esfuerzo» se comparta. Porque no existe una percepción clara de que quienes han contribuido a esta crisis, que puede incidir en la seguridad, paguen sus faltas de honestidad. ¡Ni un caso de corrupción entre los uniformados!

Por supuesto éstos serán también ejemplo de unidad –se emplea este nombre para definir las formaciones militares – de generosidad – S.M. ha recordado los esfuerzos de este verano en el control de incendios – y de valentía – vean lo que pasa día a día sobre la ruta Lithium en Afganistán –. ¡Puede estar seguro de ellos! ¡Largos años entre sus leales compañeros de armas, Señor!

El aplauso

domingo, enero 13th, 2013

La palabra procede del latín «applaudere» y se define como «expresión de aprobación mediante palmadas, para crear ruido». Es una forma no verbal de comunicación de masas, indicadora de la opinión media del grupo. En Roma se contrataba a personas para aplaudir en algunos actos. Y todos sabemos lo que significa la palabra francesa «claque», hoy muy empleada en programas televisivos.

Del aplauso se hace hoy abuso. Se aplaude hasta en ciertos entierros. Los teatros de Berlín prohíben los aplausos durante el espectáculo y antes de la bajada del telón. ¡Serios estos alemanes!

Interesada y demagógicamente ciertos medios y redes sociales han difundido la imagen del actual Capitán General de Barcelona –hoy rebautizado por un ministro vergonzante como Inspector General– presente en el acto de toma de posesión de Artur Mas como president de la Generalitat. La fotografía corresponde al final del acto y recoge en primer plano al Ministro Montoro y al ex President Montilla aplaudiendo sin convicción, de oficio, mirando cada uno a un horizonte indeterminado. Detrás de ellos, digno, mirada penetrante, aparentemente relajado, el General se mantiene inmóvil. No aplaude.

Imagino todo lo que pasaba por su cabeza. Conozco lo que es cruzar entre una muchedumbre vocinglera y amenazante atrincherada en el anonimato. Lo he conocido en Barcelona y en un pueblo del Magdalena Medio colombiano. Pero otros generales lo han conocido en Granada o en Palma de Mallorca. Y se han plantado.

Desconozco en cambio lo que es llegar a un acto institucional en el que la imagen de S.M el Rey, que lo es constitucionalmente de todos los españoles y además Jefe de las Fuerzas Armadas, esté tapada con una cortina negra. Tampoco sé lo que es escuchar, cara a cara, de frente, frases disolventes y/o excluyentes. ¡La palabra y el incierto e imprevisible eco de sus interpretaciones, mi General!

Siempre he repetido que los miles de españoles que ayudaron a pacificar la ex Yugoslavia regresaron vacunados de nacionalismo excluyente. Muchos recordamos que unas palabras pronunciadas por el líder político de los serbios en Bosnia-Herzegovina Radovan Karadzic, fueron interpretadas por Ratko Mladic en una macabra operación de «limpieza étnica» que asesinó en Srebrenica a más de seis mil bosnio-musulmanes. No hablamos de las Cruzadas. Hablamos del año 1995 y de un pueblo situado al este de Sarajevo, supuestamente protegido por tropas holandesas de Naciones Unidas. Eso si, se mataba, se quemaba en fosas comunes, porque redimían lo que Mitchael Ignatief denomina «el honor del guerrero» de sus antepasados.¡ Sus antepasados de la Primera Guerra Mundial! Es decir salvaban honores a ochenta años vista! ¡Ya es memoria histórica!

¡Cuidado con las palabras que las carga el diablo!

¿Y pretenden que un General aplauda en estas circunstancias, como las que vive la Generalitat?

He defendido a Cataluña y a muchas de sus gentes por tierra, mar y aire. Tengo allí a entrañables amigos. Si tuviese que priorizar lealtades, sé bien donde las señalaría. He trabajado con empresas serias, con ONG,s responsables, puntuales y sacrificadas; he conocido altos niveles de cultura y generosidad en donaciones.

Ellos sí merecen el aplauso.

Pero reconozco que hoy, manoseada a sabiendas la Historia, convertida la política en finca privada de unos pocos, el panorama general es distinto. Me hiere ver que quienes mienten, saben que mienten y lo hacen y transmiten sólo en provecho propio. ¡Es tan fácil decirle a la gente que mejorará su nivel de vida cuando se libren del yugo expoliador de los demás españoles!

Espero que esta tribuna no anime a iniciativas que ya actuaron en otros casos. Por supuesto yo –que como jubilado no represento ni al Ministerio ni a las Fuerzas Armadas– asumo los cariñosos insultos que me llegarán de un muy buen construido fanatismo. También aparecerán los mismos rasgadores de vestiduras que exigirán al Ministro el cese o arresto del General. Son los mismos que pidieron –y consiguieron– la cabeza del General Mena cuando en una Pascua Militar celebrada en la Capitanía de Sevilla, predijo preocupado lo que vive hoy su compañero de Barcelona. La puso complacido sobre bandeja de plata el ministro de turno, cuando todos conocíamos la catadura moral del denunciante, personaje de doble discurso, famoso en Barcelona por la persecución inmisericorde a la que ha sometido a sus inmediatos círculos laborales femeninos. Porque la corrupción en Cataluña no ha sido sólo económica.

Un último apunte debo precisar. Los militares habitualmente no aplaudimos. Si es ante superiores menos, porque sería considerado un acto de sumisión. Y si aplaudimos, es porque nos consideramos ciudadanos libres y en uso de esta libertad lo hacemos cuando queremos. No hay reglamento que diga lo contrario.

La Historia dice que se esconden más deslealtades y traiciones tras un falso aplauso, que tras un leal y respetuoso silencio. El que hizo suyo el Capitán General de Barcelona.

Publicado en “La Razón” el 2 de enero de 2013

Balances y predicciones

miércoles, enero 2nd, 2013

Tiempo de balances y de predicciones cuando llega 2013 y parecemos incapaces de transmitir esperanzas e ilusiones. Quienes llevan sobre sus espaldas las difíciles responsabilidades de gobernar refieren objetivos a 2014. Es decir, que el año que se nos viene encima en cuatro días nos pilla desconcertados, miedosos y sin objetivos.

La antropóloga norteamericana Katherine Newman, autora de un libro de éxito, «The Acordion Family», predice que en España habrá una generación perdida como la hubo en EEUU tras la Gran Depresión. «Cuanto más tiempo esté la gente fuera del mercado laboral, mas difícil será que entre»; «el trabajo, el empleo, es el que hace a las personas sentirse ciudadanos; las gentes que sufrieron la Gran Depresión nunca llegaron a ganar lo que ganaron las que tenían cinco años menos, ni se casaron a la misma edad». Amando de Miguel, que ha dejado recientemente su huella en un magnífico trabajo que editará el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) sobre valores y conflictos, entiende que estamos en un momento de estancamiento –económico, demográfico, social– como si se tratase de una nueva Edad Media. Y Enrique Rojas nos dice que hacen falta líderes que transmitan «fortaleza, coherencia, autoridad, entusiasmo y sinceridad», lamentándose de que en la sociedad actual permisiva y relativista, la figura del guía ejemplar –el líder– esté en absoluta decadencia.

¿Qué hacer entonces? No me atrevo a aconsejar, querido lector. Creo saber dónde asirme, pero dudo de la firmeza de los enclaves y cimientos que sostienen mis referencias institucionales. Siento que el sistema democrático que nos dimos flaquea en varios frentes. Por un lado, se desvirtúa el papel del voto. Cuando se asienta una mayoría clara en el Gobierno, autonomías o ayuntamientos por libre decisión de los ciudadanos, constantemente se socava ésta, bien en forma de manifestaciones, de huelgas, de pulsos y retos, de amenazas, o incluso en recursos judiciales o inconstitucionales. Apelaciones ante una Justicia que alguna vez da pocas muestras del necesario equilibrio que le marca nuestro ordenamiento. Y se jura o promete «cumplir y hacer cumplir la Constitución», para –a reglón seguido– ningunearla, violarla o interpretarla a libre antojo o conveniencia. Se exige a las mayorías votadas consenso, responsabilidad, reparto de poder, cesión constante de sus obligaciones y responsabilidades. Y quien esto exige, olvida sus responsabilidades y la situación dejada en etapas anteriores. Como si una campaña electoral y unas promesas incumplidas –en lo de prometer todos los partidos son más que generosos– separasen completamente dos etapas de gobierno que deberían ser coordinadas y solapadas, si en ellas prevaleciese el bien común y el servicio a toda la sociedad, por encima del bien de los partidos.

Los momentos de crisis son difíciles para todos. Y máxime cuando hay desunión, que llega a alcanzar el corazón de las propias formaciones políticas, porque saltan los protagonismos, las procedencias, las afinidades, incluso los egoísmos. Porque de esta desunión –pienso en cualquier matrimonio nuestro– nacen los conatos de emancipación de los hijos, nacen las corrupciones y los escándalos, se envenena la Justicia, se trastoca el fin último de la Educación, que es la formación de las nuevas generaciones, y se utilizan los alumnos como escudos reivindicativos, lingüísticos, políticos o sindicales. Hay días en que parece que toda nuestra sociedad hierve: huelgas en los hospitales públicos, en la enseñanza, en la Justicia, en el metro y en los autobuses y trenes. Mientras, se producen errores judiciales graves, campan por sus respetos bandas de delincuentes por Girona o por los alrededores de Valencia y no sabemos si nos quedaremos durante seis horas rehenes en un vagón de metro a merced de no sé qué reivindicación laboral. Todo se mezcla y dificulta nuestra vida. Mata las ilusiones necesarias para pensar en un «feliz 2013» que repetimos estos días.

¿Cómo llenamos este vacío de un año? Con tesón, con sacrificio, con trabajo, con generosidad, pero también –sacando fuerzas de flaqueza– con ilusión, con optimismo, con fe. Para ello es fundamental que nuestra clase política se conjure para unir esfuerzos, para firmar una tregua de doce meses, que dé aliento a una sociedad que lo merece y necesita. El sistema de crítica sistemática, de la negación como método, del constante acoso parlamentario, del desgaste interesado, del agotamiento del adversario por la constante gota malaya de las interpelaciones, las mociones, las preguntas parlamentarias, las recriminaciones y descalificaciones públicas, no sirven en este tiempo. No lo necesita hoy nuestra sociedad. Dese la tregua, que tiempo habrá para iniciar campañas electorales. Es la única forma, entiendo, de poder pensar en 2014 como en un año de una lenta recuperación. Pero para ello hay que cimentar este año anterior que tenemos encima. Sólo así podremos pensar en salir de los riesgos y fatigas de nuestra particular edad media. Y desearnos realmente, un feliz año nuevo.

Publicado en “La Razón” el 26 de diciembre de 2012


Un apoyo merecido

miércoles, enero 2nd, 2013

Por supuesto, mi primera reacción al conocer la noticia del viaje de nuestro presidente del Gobierno a Afganistán ha sido de reconocimiento y alegría. Bien se lo merecen los soldados allí destacados y los que los han precedido durante algo más de una década. Muchas veces pensamos que Rajoy es frío con las Fuerzas Armadas, quizás sin admitir que desde que ocupó La Moncloa no le han faltado graves y urgentes problemas que le han obligado a priorizar esfuerzos. También lo comprendemos.

En seguida me he acordado de aquel primer contingente que llegó a Kabul a finales de un frío enero de 2002 que mandó el buen coronel Jaime Coll. Me acuerdo de la base de Manás en un acogedor Kirguizistán y de la entrada «a pelo» en el aeropuerto de la capital afgana de los Hércules C-130 pilotados por nuestros hermanos del Ejército del Aire. No hubiera entrado, como hoy ha podido hacerlo, el Airbús presidencial.

Por supuesto, no puedo olvidar el sacrificio de muchos soldados españoles y de otros países aliados en esta misión ISAF, que algunos de nuestros conciudadanos no entienden o no quieren entender. Indiscutiblemente para nosotros ha sido la misión más costosa.
España en Afganistán ha sido un aliado responsable, sacrificado y leal. Sin rechistar, ha cubierto la intempestiva retirada italiana e incluso la de un sector norteamericano. Lo ha hecho siguiendo unas líneas de acción muy claras:

–Respeto, cercanía y apoyo a la población civil.
–Coordinación con agencias nacionales (AECI) e internacionales;
–Eficaz contundencia contra los actos hostiles.
–Transferencia progresiva de responsabilidades al Ejército Nacional Afgano, que marca el ritmo del repliegue.

Sabiamente, el Gobierno y el Ministerio de Defensa no se han comprometido con fechas determinadas, en muchos casos como el italiano, marcadas por inestables periodos electorales. El repliegue se va ajustando, en mi opinión, a la eficaz transferencia de responsabilidades, priorizando dejar consolidada la seguridad de aquella población, a la siempre bien recibida noticia de un repliegue en fechas determinadas.

Ayer en Herat, en Qala i Naw, en Moqur, en Ludina, los soldados españoles han sentido de cerca el apoyo de su Gobierno materializado en la figura de su presidente. Estoy seguro de que éste habrá sentido su cercanía, la sencillez de sus demandas y la aceptación de sus riesgos y penalidades. Juntos habrán brindado por sus familias, recordado a los ausentes, deseado para un país que encontraron completamente destruido y tribal un futuro mejor para sus hombres y especialmente para sus mujeres.

Espero también que el viaje le sirva al presidente de cierto descanso, si no físico, por lo menos mental. Sus inmediatos colaboradores deberían respetar ese descanso en el viaje de vuelta y no recordarle los numerosos problemas del día a día nacional, y mantener fresco el recuerdo de unos leales y disciplinados soldados, ricos en aptitudes y actitudes, que agradecerán siempre su visita.

Publicado en “La Razón”

El sacrificio

miércoles, enero 2nd, 2013

No descubro nada si afirmo que el ser humano es capaz de ejecutar las mayores felonías y por contraste alcanzar las más altas cotas de generosidad y entrega a los demás. En un pequeño pueblo norteamericano –Newtown– se han dado los dos ejemplos. No me detendré en la enferma personalidad asesina de quien seguramente pasará a la historia ,un mal producto de nuestro tiempo, un monstruo introvertido y perverso de reacciones imprevisibles, que había acumulado un odio social imposible de medir. Quizás su propia madre –con indiscutibles responsabilidades en este desequilibrio– podría contarnos algo más, pero también murió en el tiroteo.

Sí debo detenerme en ensalzar a las profesoras del colegio que hicieron de escudos humanos evitando que muriesen más niños. Me refiero a la directora Hochsprung, a la psicóloga Serlach y a las profesoras Victoria Soto y Lauren Rousseau. Cada una de ellas ofreció su vida de diferentes maneras para preservar a sus alumnos, escondiéndolos en armarios, intentando confundir al asesino, ofreciendo su propio cuerpo como escudo. No hay momento de mayor grandeza en el ser humano que cuando se ofrece para salvaguardar, generoso, la vida de otros.

Enseguida vinieron a mi cabeza ejemplos de este tipo de sacrificios. No hace mucho conmemorábamos la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando colectiva al Regimiento de Caballería Alcántara 14, una unidad que en la guerra de Marruecos de 1921 protegiendo en sucesivas cargas al grueso de columnas de soldados españoles, sacrificó a 544 de sus 730 jefes, oficiales, suboficiales y tropa en algo más de dos semanas. Me duele por un lado saber que hemos tardado más de noventa años en reconocerlo oficialmente, pero por otra me alegra que este momento haya llegado.

Sin ir tan lejos, un joven teniente de Infantería, Arturo Muñoz Castellanos formando parte de la Agrupación Canarias había recibido la orden de transportar medicinas, plasma y suero al hospital musulmán de Mostar un 11 de Mayo de 1993. Una granada de mortero le hirió de gravedad en la misma puerta del centro sanitario. Moriría dos días después en un hospital de Madrid al que fue evacuado con urgencia. Se convertiría en el primer caído español en la antigua Yugoslavia. Conocía el riesgo, sabía del odio entre dos comunidades, asumió y no dudó en cumplir la orden, porque era consciente de que lo que transportaba era esencial para salvar la vida de otros.

Pero sé que los heroicos jinetes del Alcántara y sé que el joven teniente legionario habían jurado ante la Bandera de todos «derramar hasta la última gota de sangre» por su Patria. Se lo recordaba un artículo de nuestras Ordenanzas: «Solicitará y deseará ser empleado siempre en las ocasiones de mayor riesgo y fatiga». Y lo cumplieron, aun encontrándose en tierra extraña.

Me referiré también a otro sacrificio colectivo: el de los bomberos de Nueva York subiendo las escaleras de las Torres Gemelas un 11 de septiembre. La disciplina, el ejemplo de sus mandos, el espíritu de cuerpo, el orgullo de servir, les daban fuerzas para subir peldaño a peldaño hacia los pisos en llamas. Expertos en incendios, bien sabían a lo que se arriesgaban, bien sabían muchos que no habría retorno.

En todos, era la consagración del sacrificio aceptado, asumido.

Pero estas maestras de Newtown no habían jurado ningún compromiso que entrañase riesgo para sus vidas. Como buenas norteamericanas conocían la historia de su pueblo, respetaban sus símbolos, valoraban enormemente a los héroes que lo forjaron. Pero no podían prever hasta qué punto se les exigiría su sacrificio. Y lo asumieron sin dudar. Tal era el sentido responsable con que ejercían su magisterio. Eran depositarias de lo mas querido por unos padres, como son sus hijos. Y este sentido de custodia, de protección, de asunción de responsabilidades, fue superior al miedo que les pudo infundir el asesino , al humano instinto de protección.

Siempre he tenido un gran respeto hacia mis maestros, ya fueran aquellos Hermanos de La Salle, ya fueran quienes me formaron posteriormente en un Instituto Público de Enseñanza Media. Tuve la suerte de cruzarme con enseñantes vocacionales, más proclives a sus deberes que a sus derechos y que nunca nos utilizaron para sus reivindicaciones o protestas como dolorosamente ocurre hoy en España. Porque, creo, no es lícito utilizar a los niños como escudos lingüísticos o políticos.

Somos los adultos quienes tenemos que protegerles, formarles, enseñarles a transitar por este difícil mundo. Escudarles ante las amenazas, en resumen, como hicieron las maestras de Newtown.

Hoy no tengo la menor duda: Dawn Hochsprung, Lauren Rousseau, Vicki Soto, estáis más que incluidas en la nómina de héroes que atesora vuestro gran país, los Estados Unidos, el que ante la desgracia sabe unir y salir más fortalecido. ¡Mi enorme respeto a vuestro sacrificio!

Publicado en “La Razón” el 19 de diciembre de 2012