Archive for diciembre, 2012

Leyes de guerra

domingo, diciembre 16th, 2012

No sé tu nombre. Podías llamarte Ahmed, Ezzat o Mohamed. Sólo sé que fuiste triste protagonista de las portadas de la prensa gráfica de medio mundo, imagen impactante en multitud de informativos de televisión que difundían la infamia. Atado por los pies, eras arrastrado semidesnudo por las calles de Gaza por unos motorizados «valientes» luchadores por la libertad de su pueblo. Era un 20 de noviembre, un día antes del cese del fuego entre Israel y Hamas, conseguido por una movilizada diplomacia internacional encabezada por Hillary Clinton y en la que Egipto, Turquía y Qatar, tuvieron un papel importante. Una motocicleta central tiraba de tu cuerpo, bajados tus pantalones a la altura de los tobillos. Desde otra situada a su lado, filmaban la escena; otras tres, con dos y tres tripulantes a bordo, lanzaban gritos, disparaban al aire sus pistolas, levantaban sus brazos en señal de victoria. Ni sé cómo se llamaban, ni me importa.

Me ha tocado reconocer cadáveres con casi todos sus dedos amputados sucesivamente por torturadores pertenecientes a trágicos «escuadrones de la muerte»; he ayudado a caminar a policías encerrados durante meses en zulos de medio metro de altura; he vivido ajusticiamientos inmediatos en una «contra» que mantenía en determinados frentes la disciplina de sus hombres a sangre y fuego. Pero sus causantes no se exhibían en vanaglorias.

Vuelvo a Gaza, donde he localizado la Avenida Omar al Mujtar –el resistente libio a la dominación italiana de 1931–, donde desfilabáis orgullosos exhibiendo el cuerpo caído del supuesto colaboracionista israelí. Y me pregunto:¿a qué juicio fue sometido vuestro rehén y por quién? ¿Quién puede asegurar que no fue denunciado por algún celoso, envidioso o deudor?¿Y si fuese uno de los vuestros, presentado como espía por el enemigo para librarse sutilmente de el?. ¿Os pongo ejemplos históricos?

Si os declaráis en guerra con Israel –y estos días con motivo del 25 aniversario de la creación de Hamas lo habéis repetido hasta la saciedad–, respetad las leyes de la guerra. Alguien debería explicaros que hay unos convenios de La Haya y de Ginebra sobre protección de las víctimas. Concretamente el artº 30 del Convenio de 1907 dice claramente «El espía sorprendido durante el espionaje, no podrá ser castigado sin juicio previo». Sin necesidad de recurrir a ellos, la ley natural obliga a lo mismo. Con un sentido más real de viejo soldado, nuestro Marqués de Santa Cruz de Marcenado nos enseñaba en sus «Reflexiones Militares»: «Hasta las tropas de tu ejército desaprobarán el rigor excesivo ejecutado con los prisioneros». Es más, desde el punto de vista de la opinión pública, degradáis vuestra necesaria imagen de libertadores de un pueblo oprimido. Pasáis a ratificar la condición de grupo terrorista, de pueblo bárbaro, merecedor de la opresión que sufrís. Y como decorado de fondo para dar la bienvenida temporal de vuestro líder, Jaled Meshal, situáis una réplica de un misil iraní Fajr 5, rebautizado como M 75, como signo de paz. Bien entiendo la corta estancia entre vosotros de Meshal. No es cuestión de dar tiempo a la aviación israelí, experta en eliminar líderes como Ahmed Jabari, calcinado a bordo de su coche el 14 de noviembre. Ya conoció Meshal un atentado israelí en 1997 del que salió maltrecho, aunque reforzado políticamente. En aquella ocasión, un comando del Mossad le inyectó en Aman un veneno mortal. Ante la protesta jordana y la detención de los agentes, Netanyahu entregó el antídoto para salvarlo. Había nacido el mito. La muerte de Jabari desencadenó este último conflicto bautizado por los judíos como operación «Columna defensiva» y que consideráis una victoria. También las Naciones Unidas os han concedido una plaza de observador en su Asamblea General y aunque con deriva incierta, vuestros aliados egipcios, los Hermanos Musulmanes, parecen abriros una puerta a la esperanza más amplia que el reducido paso fronterizo de Rafah.¡No aprovechéis todo esto para dar espacios al odio y a la venganza! Bien sé que los doce motorizados no representan a la totalidad de vuestro pueblo. Que muchos os avergonzáis de las imágenes difundidas. Pero tampoco he leído ningún comunicado vuestro lamentándolas.

Anoto finalmente una contradicción: la escolta que acompañó a Jaled Meshal entre Rafah y Gaza la formaban motoristas encapuchados. Quien habló a pie del M 75 como brazo armado de Hamas también apareció encapuchado. Conocemos en nuestra España a esta especie que no da la cara. Al contrario, los motorizados asesinos del día 20 iban a cara descubierta. Si para acompañar a un reconocido líder político hay que ir camuflado y para pasear el cadáver de un supuesto espía se va a cara descubierta, algo no encaja en esta organización. No se gana la libertad de un pueblo desde la barbarie, por muchas razones que se puedan esgrimir. Hay leyes, hasta para la guerra.

Publicado en “La Razón” el 13 de diciembre de 2012

La Constitución asesinada

jueves, diciembre 6th, 2012

Hoy cobra  un protagonismo especial la Constitución que nos dimos los españoles en 1978, en un claro ejercicio de responsabilidades cívicas. Anteayer nos lo recordaba con especial brillantez Ramón Tamames en Barcelona. Las conferencias tienen distinto sesgo según el lugar y momento en que se imparten. Uno de los «padres» de nuestra actual ley de leyes no eludió hablar del Título VIII, ni de las posibles reformas.  Y se refirió a otras dos cartas: la norteamericana de 1887 y la redactada –apoyándose en ella–  en tiempos del Gobierno de Prim, la de la Monarquía española de 1869. No deja de ser curioso que las Cortes Constituyentes se convocaran también un 6 de diciembre. Las elecciones de enero 1869 habían dado 160 escaños a los progresistas de Prim, 80 a la Unión Liberal y 40 al Partido Demócrata, que formaban la mayoría gubernamental sumando 280 escaños sobre los 396 de la Cámara Baja.

El proyecto fue redactado por Olózaga, Ríos Rosas, Posada Herrero y Moret.  El 5 de junio se promulgaba. Serrano era nombrado regente en tanto se buscaba un monarca, destronada y desterrada Isabel II tras el triunfo de la Revolución Gloriosa. «La obra de la Revolución de Septiembre  no estará concluida hasta que se corone a un rey», repetiría Prim.

La búsqueda de monarca fue exhaustiva como reflejan los Diarios de Sesiones. Se pensó en un anciano general Espartero; se pensó en el que luego sería Alfonso XII. Topete y Serrano propusieron al duque de Monpensier y Prim rechazó la candidatura. Quizás aquellos días firmó su sentencia de muerte. Luego, se desechó a Fernando de Sajonia-Coburgo por haber sido regente en Portugal y a Leopoldo de Hohenzollên, que sería  el detonante que prendió la llama de la guerra franco-prusiana de 1870. Finalmente, como saben, aceptó la Corona Amadeo de Saboya,  coronado a primeros  de 1871, cuando ya los restos del general Prim reposaban en la Basílica de Atocha.

El general de Reus ha pasado a la Historia por su hoja de servicios en las  guerras carlistas, por su observación en la guerra de Crimea o por su valor contagioso que dio la victoria en Castillejos o en Wad Ras. Pero el Prim más valioso se intuye  en México mandando una intervención tripartita –Francia, Inglaterra y España– donde respeta un tratado internacional, donde no impone un imperio a golpe de bayonetas. Pero su gran obra se encuentra en la Constitución del 69, que consagra en 31 artículos los derechos fundamentales de los españoles; respeta culto e imprenta; derechos de reunión y de asociación, eleva el censo de electores a 4 millones. Repite insistentemente: libertad, orden, unión. Quiere ser el gran regenerador de nuestra vida en libertad. Indiscutiblemente, como dice Fernández Almagro, es nuestra primera constitución democrática. La Carta arrastra a la reforma del Código Penal de 1848 mitigando su rigor y corrigiendo defectos, y  al Código de Comercio el que debatirá durante largo tiempo entre  las doctrinas proteccionistas  y  las librecambistas. Esta Constitución se mantendría hasta la abdicación de Amadeo de Saboya el 11 de febrero de 1873. Escasos cuatro años que se prolongarían de facto durante la Primera República que nunca la derogó formalmente, a la espera de redactar una nueva Constitución Federal que nunca llegó.

Todos nos hemos preguntado muchas veces qué hubiera sido de España y de nuestras Cuba, Puerto Rico y Filipinas, si unos asesinos a sueldo no hubiesen atentado contra Prim una fría tarde de diciembre de 1870. ¿Se hubiera consolidado Amadeo amparado por una buena Constitución y por el indiscutible carisma de Prim? Bien sabían quienes decidieron asesinarlo, que también asesinaban nuestra Constitución. Muchos españoles pagaron sus consecuencias durante décadas.

Una reflexión final viene hoy al caso. Prim sufrió enormes presiones de Francia y Prusia para que inclinase el equilibrio de fuerzas  en la Europa que ambas disputaban. La chispa que encendió el conflicto fue la posible elección de Leopoldo de Hohenzollên como rey de España, que Francia no admitía. Lo que está claro es que Prim evitó el que entrásemos en la guerra franco-prusiana de 1870. Una especie de preludio de las guerras mundiales, que arrasaron el centro de Europa.

Años después Alfonso XIII, con Dato como Jefe de Gobierno, nos mantuvo neutrales durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Y siguiendo nuestro devenir histórico el general Franco evitó –no exento también de fuertes presiones– que entrásemos en la Segunda. Es decir, que no todo nuestro devenir histórico ha sido negativo. ¿De cuántos españoles muertos hablaríamos hoy  en los frentes de Sedan, Alsacia, Norte de África o  Normandía? Incongruentes, crueles, asesinamos a Prim y a Dato. Más tarde al almirante Carrero. Hoy es buen día para profundizar y reflexionar sobre nuestro ser histórico. Para aprender de  lo que dejamos de ser, por nuestras disputas. Para pensar, sobre todo, en el legado que dejamos. ¡No asesinemos nuestras constituciones!

Publicado en “La Razón” el 6 de diciembre de 2012

Perdón, mi general Prim

jueves, diciembre 6th, 2012

Nada de lo que te escribo, mi general Prim, te va a sorprender. Tuviste como academia los campos de batalla y los hospitales de sangre de aquella fratricida Primera Guerra Carlista. Luego tuviste que defender como bisoño diputado a tu querida tierra de origen -Cataluña- y a los voluntarios de aquellos batallones que habían luchado por ideales de libertad y que no veían reconocidos -al igual que los carlistas- sus ascensos y grados, ganados a sangre y fuego. Luego supiste lo que era vivir exiliado. Y estuviste a punto de que te mandasen a las Marianas, pasadas las Filipinas. Otras veces las lejanías eran más sutiles: Capitán general de Puerto Rico, observador en la Guerra de Crimea. Vamos, mi general, que no todo fue la gloria de Castillejos y Wad Ras que inmortalizaron pintores de cámara. Pero fuiste un gran estadista, promotor de la Constitución de 1869, la más avanzada y liberal hasta el momento, y fueron a por ti precisamente por ser un gran defensor de la libertad.

Pero siempre a tu alrededor aparecen leales. Algunos morirán a tu lado luchando. Otros te acompañarán siempre como Lorenzo Miláns del Bosch. Y otra leal, tu esposa Francisca Agüero con la que te casaste en La Madeleine parisina, te llevará a su México natal y estará contigo hasta tu último suspiro en el Palacio de Buenavista. Paca, como cariñosamente la llamabas, representa el dolor contenido, la clase, la lealtad.

Hace algo mas de un año brotó una iniciativa loable. Tras el cobijo legal de unos estatutos redactados por un ex ministro de Justicia y protocolizados ante notario, se constituyó la Sociedad Bicentenario General Prim 2014 para conmemorar la fecha de tu nacimiento allá por el Reus de 1814. Este grupo viene realizando un ingente trabajo institucional y cultural que proyecta con todo rigor y seriedad hacer del Bicentenario un evento histórico. Los actos del primero -1914- se diluyeron con el estallido de la Primera Guerra Mundial y pensamos que 2014 era una buena ocasión para recordarte, transmitiendo el claro mensaje de que eran compatibles el amor a España y el amor a tu tierra de origen, Cataluña.

Teníamos claro que no podíamos hacer nada sin contar con el pueblo y el Ayuntamiento de Reus, así como con la Diputación de Tarragona. Contactamos y unimos esfuerzos. Y tras los primeros encuentros nos encontramos con el problema del estado de tus restos. Debes saber que fuiste enterrado en el Panteón de Españoles Ilustres en la Basílica de Atocha de Madrid, y que en 1971 por presión de un reusense de prestigio, autor de una biografía tuya -Pedrol Rius-, fuiste transportado con honores de capitán general al cementerio de tus antepasados, a tu tierra patria de Reus.

Las condiciones del nuevo emplazamiento no fueron óptimas y se comprobó el deterioro de tus restos, especialmente por la mala calidad de la funda interior de cinc del ataúd. Se te llevó a un frigorífico del moderno tanatorio de Reus. Se consiguieron fondos, se firmaron convenios con centros especializados y se concertó la ayuda de la Generalitat.

Los científicos que se comprometieron a recuperar dignamente tus restos, sabían perfectamente que el respeto a tu persona presidía todos nuestros actos. Respetar a los muertos forma parte esencial de nuestra cultura cristiana. Prudente y precavido el Ayuntamiento de Reus hizo firmar uno a uno a los investigadores, en su calidad de «participantes en los trabajos de investigación científica de los restos», cinco cláusulas de un documento de confidencialidad, por las que se comprometían a «no desvelar ni filmar, excepto en el caso de ser expresamente autorizado por escrito por el Ayuntamiento de Reus, por cualquier medio que permita su ulterior reproducción, comunicación o distribución pública de las imágenes de los restos del general Prim, sea cual sea la finalidad de estos actos». Cada firmante autorizaba además al Ayuntamiento a protocolizar notarialmente el documento.

Mi general, nos han traicionado. Y eso que ya no tenemos ayacuchos en plantilla. Otros. Y han filtrado y transmitido imágenes tuyas que no quisiéramos ni para nuestros mayores enemigos. Los que tenemos tu perfil con barba y ros en todas nuestras retinas, ahora te contemplamos desgarrado, manipulado, prostituido. Cuando hasta nuestros hermanos mexicanos se han unido a la conmemoración y nos mandan fotos tuyas que desconocíamos, las de un brillante hombre de Estado firmando los Tratados preliminares de la Soledad en México junto al representante de Inglaterra y Francia y al ministro de Asuntos Exteriores de Benito Juárez, Manuel Doblado. ¿Te acuerdas mi general? ¡Ya! También te engañaron los franceses. ¿Te acuerdas de la carta que mandaste a Napoleón III, diciéndole que los convenios se firman para ser cumplidos y que nunca se mantendría en México un régimen monárquico sustentado sólo por las bayonetas? Al ordenar el repliegue, alguien en España te acusó de «haberte bajado los pantalones». Luego cuando fusilaron a Maximiliano en las lomas de Querétano, te darían golpes en la espalda diciéndote: «Ya te dije yo un día, mi general, que tenías razón».

Pero muchos te seremos leales. Ya pueden contarnos lo que quieran, porque ahora los mismos que hace unas semanas te mataban el día del atentado -27 de diciembre de 1870- y te mantenían en una fresquera del Palacio de Buenavista -¡menuda era Paca Agüero para permitirlo!-, ahora te rematan en tu propio lecho con una soga al cuello. Y para mantener su tesis -que podría ser respetable si trabajasen con rigor y confidencialidad en demostrarlo- se apoyan en las fotos robadas que ocupan la parte importante del reportaje. La imagen y la polémica morbosa es lo que importa. Caiga quien caiga. Treinta denarios no vienen mal en época de crisis. ¿Ética? Era una asignatura que se daba en la Facultad.

Con tu permiso el 27 de diciembre presentaremos tus discursos parlamentarios en un libro en el Palacio del Congreso del que saliste aquella fría tarde de diciembre. Nos arropa el presidente de la Cámara. Luego, recordaremos tu último recorrido. Y frente a la Embajada de Turquía, que daba nombre a la Calle del Turco, en lo que hoy es la parte trasera del Banco de España, descubriremos un medallón y placa en bronce que te recuerdan. Porque hasta hoy, nadie se había preocupado de recordar el magnicidio. Por supuesto el escultor -Ferrán- es reusense y te sonará el lema elegido: «No olvidéis la sangre derramada por nuestras disputas políticas». La pronunciaste en sede parlamentaria en 1862. Luego, recalaremos en tu casa de Buenavista.

Debes saber que otros jefes de Gobierno llamados Cánovas, Dato, Canalejas y Carrero Blanco también fueron asesinados. Si no te hubiesen sacrificado a ti, otros también se habrían librado, porque tu querías una España más libre, más democrática, más moderna. ¡Demasiadas guerras como para desear más! Pues seguimos con ellas hasta 1939. Y tentamos otra vez repúblicas, regencias, monarquías y dictaduras.
Ya se lo que me pedirás: dejadme tranquilo. Haremos lo que podamos. También queremos que sepas que el buen alcalde de tu ciudad quiere situarte en lugar privilegiado para que se respete tu memoria. «Como Napoleón en los Inválidos» es su lema.
Los que sentimos lo que pasa, porque hemos intentado conocerte, y al conocerte te hemos respetado, prometemos restituir tu recuerdo vivo de hombre de acción, de general valiente, de líder que arrastra, de hombre de vanguardia, de patriota. No hablo de un santo ni de un ser que no cometió errores, bien me comprendes. No te hubiera escrito esto si no me hubiesen provocado los de los treinta denarios. En el fondo -fusilarlos no, mi general, ya no se lleva- no te merecen. Ellos mismos se marginan. Han querido ser más importantes que tú. Y han errado el tiro. Te pido perdón por consentirlo. Queda a tus órdenes.

Publicado en “La Razón” el 1 de diciembre de 2012

“Seny” tras la “rauxa”

jueves, diciembre 6th, 2012

“Deberíamos mostrar cautela ante las reivindicaciones grandilocuentes en nombre de la historia o ante aquellos que aseguran haber descubierto la verdad de una vez para siempre”. Con esta frase de Margaret Mac Millan («Usos y abusos de la historia»), prologa Ricardo García Cárcel una de sus mejores obras: «La herencia del pasado».

Valenciano de Requena, el nuevo premio Nacional de Historia lleva desde 1981 regentando la cátedra de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Barcelona. Le conocí impartiendo una conferencia institucional sobre el 11 de septiembre en el Salón de Ciento del Ayuntamiento allá por 2001. Aquel día firmé en su hoja de servicios un contundente «valor reconocido». Sé que quiere a Cataluña como muchos de nosotros la queremos, amor compatible con nuestro amor a España. Pero durante un tiempo estamos siendo sometidos a un tenaz cerco ideológico que corroe nuestro ser histórico.

Reconozco, querido lector, que sintiendo el abismo recurro a fuentes documentales buscando donde agarrarme. Siguiendo el hilo de García Cárcel, cito a Vicens Vives, que ahonda en «los arquetipos antropológicos que encierra Cataluña como son el «seny» y la «rauxa»; el primero como sinónimo de sentido común, prudencia y pragmatismo; la segunda como determinación irreflexiva que en la práctica se ha venido utilizando en el sentido de pasión, de violencia abrupta, de volcánica fiebre que lo arrasa todo».

Ferrater («Formas de vida catalana») desarrolla la idea de que «Cataluña ha estado presa de una obsesión: la dependencia del pasado, un pasado construido en términos de agravios y heridas morales que han contribuido a fabricar una memoria victimista vinculada siempre al discurso político del presente». Presente y pasado –añadirá García Cárcel– instrumentalizados mutuamente. Pero el «seny» aparece tras la «rauxa». Puestos a remontarnos en la historia, aparece tras el trágico Corpus de Sangre ( 7 de junio de 1640), asesinado el virrey, separada Cataluña de la monarquía de Felipe IV y convertida en provincia francesa. Entonces se descubrió que la centralización gala era mucho peor que la del Conde Duque de Olivares y recurrieron al «seny». Será el mismo que aparece tras la Guerra de Sucesión y la firma de los Tratados de Utrech (1713), que pronto conmemoraremos. «Seny» el que apareció después en el XIX tras la fratricida Primera Guerra Carlista, tras el periodo de revoluciones o tras la Primera República. La Exposición Universal de 1888, el ensanche de Barcelona, la edad de oro de la industrialización, el propio modernismo, fueron la respuesta inteligente a las crisis.

Podríamos continuar con más ejemplos hasta nuestros días.

Me detendré en un personaje al que pretendemos recordar con el máximo respeto como estadista, desde la Sociedad Bicentenario General Prim (1714-2014), constituida hace algo más de un año. Aunque dolida en estos momentos por la incursión de modernos saqueadores de tumbas que, violando protocolos de confidencialidad, han comprometido al propio Ayuntamiento de Reus, está firmemente comprometida a realzar con dignidad la figura del general. Por encima de los sensacionalistas que hace unas semanas «lo mataban» el mismo 27 de diciembre de 1870 –día del atentado en la calle del Turco– y lo mantenían en una fresquera del Palacio de Buenavista hasta la llegada de Amadeo de Saboya y que ahora «lo rematan» días después del atentado, con la correa de un sicario introducido subrepticiamente en la propia sede del Ministerio de la Guerra, la Sociedad busca integrar, unir y poner a Prim de ejemplo de amor a Cataluña y a España. Prim es «rauxa», pero sobre todo, «seny». Aprende de las heridas recibidas en campos de batalla; aprende en los hospitales de campaña; aprende en el exilio. Aquel Prim de sus primeras legislaturas (1841-1843) es un «llamp» (relámpago) muy de su tierra del campo de Reus: «gent del camp, gent del llamp». Cuando dice en sede parlamentaria: «El coronel Prim no cede sus opiniones ni a jefes, ni a ministros ni a reyes ni al Eterno Padre cuando tiene razón». No había cumplido 30 años. Pero años más tarde en México es ponderación, equilibrio. Es el Prim liberal que respeta acuerdos internacionales, que no quiere sentar una monarquía sobre las bayonetas de sus soldados. Luego será el Prim que nos lega la Constitución de 1869, la que aumenta el censo de votantes a más de cuatro millones, la que refuerza la libertad de imprenta, la que hubiera evitado –si no lo hubiesen asesinado– la Primera República, la que hubiera llevado de otra forma la emancipación de Cuba y Filipinas.

Cataluña acaba de sufrir un fuerte ataque de «rauxa». Unos no sabían que entre la contagiosa algarada y el voto secreto hay una distancia difícil de evaluar. Por esto se han equivocado. Y cuando sigue la crisis, cuando el Parlament se ha fraccionado como nunca a consecuencia del fraccionamiento de la sociedad catalana, no es tiempo de «rauxas». Es el momento de apelar al «seny».

Publicado en “La Razón” el 29 de noviembre de 2012