Archive for octubre, 2012

La apuesta de Santos

viernes, octubre 26th, 2012

Colombia se lo merece. Y si alguien conoce bien el problema  y la forma de conducir un proceso que cierre cincuenta años de guerra, ése es su presidente, Juan Manuel Santos.

Ya lo intentaron Belisario Betancourt (1982-1986) y Pastrana (1998-2002). En cierto sentido, también lo intentó Uribe, de quien Santos fue un eficaz ministro de Defensa.

La semana pasada, con una medida cobertura mediática, se reunían en Oslo las delegaciones del Gobierno colombiano  y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC) bajo el patrocinio del Gobierno noruego y el apoyo de otros tres países, Venezuela, Cuba y Chile. Echo de menos la presencia de España. Conocí otros tiempos en que el papel de nuestras embajadas era fundamental en este tipo de procesos.

Tras la toma de contacto de estos días y el acuerdo sobre agenda y temas a abordar, las delegaciones se reunirán en La Habana a partir del 15 de noviembre. Es interesante analizar quiénes  las componen .

El Gobierno de Colombia ha nombrado al ex vicepresidente de la República Humberto de la Calle responsable. Le acompañan Sergio Jaramillo, Alto Comisionado para la paz, y Frank Peral, otro ex ministro  de  Uribe, un hombre  de un trato y dinamismo excepcionales. Pero la novedad de la delegación la constituye la presencia de dos generales de prestigio: Jorge Enrique Mora, antiguo comandante de las Fuerzas Militares, un soldado admirado por sus tropas y Óscar Naranjo, antiguo Director de la Policía, hombre muy popular en Colombia y muy respetado en Washington.

La delegación de las FARC la encabeza su número dos, Iván Márquez, considerado la cara amable de la guerrilla. Dijo al llegar a Oslo que «venía  con un ramo de olivo entre las manos». Con él, tres «comandantes», Rodrigo Gracia, Andrés París –bien conocido por Pastrana en el «despeje» del Caguán en 1998– y, con una ceguera avanzada, Jesús Santrich,  que para compensar el ramo de olivo de su jefe ya espetó sobre los «18.000 desaparecidos de Uribe».

Junto a esta «rama militar», Marco León Cabarca, experimentado portavoz internacional, y Ricardo Téllez, quien también avanzó: «Seguramente el Gobierno necesite mas muertos» en un claro mensaje «dialogante». Los grandes ausentes, Simón Trinidad que cumple una condena de 60 años en una cárcel estadounidense, y la carismática holandesa Tanja Nijmeijer, la estrella mediática que representa a «la idealista occidental seducida  por un movimiento de libertad» que siempre queda bien. El  inteligente veto del Gobierno de Santos a Tanja, con la colaboración de Interpol, ha sido motivado por  la necesidad  de evitar que las conversaciones se conviertan en un «show» abierto a  la Prensa sensacionalista.

¿Qué condiciones se dan en estos momentos para reiniciar el proceso?

1.La guerrilla tiene hoy  escaso apoyo de la sociedad colombiana. Tampoco tiene fuerte respaldo internacional. Cuba –madre de estos movimientos– les dará cobijo en La Habana y poco más. He vivido un proceso parecido con el ELN, «acuartelado» en un hotel de la capital cubana –El Palco– en el que estaban «pinchadas» hasta las manecillas de los armarios.

2. El primer tema de las conversaciones girará en torno al desarrollo agrario integral. Espero que se olviden del tradicional reparto de tierras que conlleva distribución de pobreza y beneficio de  avispados y  se vaya a la empresa agraria, al cooperativismo y al rendimiento.

3. Las FARC han perdido capacidad de utilizar el tráfico de drogas como sistema de financiación.

4. Las  elecciones de 2014 marcarán el ritmo de la negociación. Al igual que  el M-19, ¿podrán las FARC presentarse  a los comicios como grupo político?

5. ¿Tiene el actual líder del movimiento –Timochenko– el carisma y autoridad monolítica que tenía el desaparecido «Tirofijo»? ¿Lo que firmen o suscriban los negociadores  en La Habana  será asumido por la totalidad de los Frentes?

6. ¿Cómo encajaría el reivindicativo  movimiento social con el papel de los actuales sindicatos de clase?

7. Junto a la reinserción de los guerrilleros hay que pensar seriamente en la reinserción de los soldados que durante años han luchado por su país.

8. El mayor problema lo tiene Santos en relación a las víctimas. Un sector de ellas apoya sin reservas su política. Otro lo asume con reparos, pero otro sector se opone radicalmente. No se ven entre  criminales viviendo en  la impunidad  y los beneficios de la clase política.

Humberto de la Calle ha adelantado intenciones: «No habrá despeje» es decir no habrá una zona neutra donde pueda reubicarse la guerrilla; «no habrá cese de operaciones militares», Ejército y Policía continuarán sus acciones  que pueden recrudecerse o amortiguarse durante el proceso según este avance, y «no habrá negociación tradicional», frase que puede interpretarse de muy diversas maneras. Por supuesto, deseamos que la negociación  sea un éxito. Tomando una frase de Pastrana, resumiría: «Es mejor estén echando lengua que echando bala».

Publicado en “La Razón” el 25 de octubre de 2012

Entre dos crisis: 1929-2012

viernes, octubre 19th, 2012

«Las necesidades de financiación de la Primera Guerra Mundial produjeron la quiebra del sistema económico regulado por el patrón oro. Fue el primer acto de la tragedia que iba a continuar en los años sucesivos. Las reclamaciones de indemnización a Alemania, el endeudamiento de los países contenientes y la inflación desbordada crearon las condiciones de la nueva tormenta. Los bancos centrales  intentaron  mantener su papel como estabilizadores de la economía  de sus países. Cuando la situación mundial se agravó se produjo una crisis mayor que terminó con el estallido de la Segunda Guerra Mundial».  (Profesor Martínez Paricio).

Los efectos perturbadores de la tormenta  financiera desencadenada en  2007 también están llegando a muchos países –entre ellos España– provocando la misma confusión que se creó en 1929. De ahí el temor de que vuelvan a repetirse las mismas consecuencias  que llevaron a la quiebra y destrucción de las democracias, a  la aparición de regímenes  totalitarios y a la consecuente nueva Guerra Mundial.

El Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) lleva décadas trabajando, no sólo impartiendo cursos y seminarios, sino estimulando el estudio e investigación en temas relacionados con este mundo tan complejo, como es el de la  defensa. En este sentido son de valorar las recientes declaraciones del  almirante García Sánchez, Jefe de Estado Mayor de la Defensa, número dos del Ministerio, decidido a impulsar la  necesaria «conciencia» en el seno de nuestra sociedad.

Bajo el epígrafe general de «Valores y Conflictos» un equipo multidisciplinar formado por profesores universitarios (Amando de Miguel, Martínez Paricio y Benjamín García Sanz) y tres oficiales en activo (Andrés González Martin y Vicente Hueso de los Ejércitos de Tierra y Aire y Federico Aznar de la Armada) llevan dos años trabajando sobre el tema, relacionando la crisis con la pérdida de valores en nuestra sociedad. La primera parte de sus reflexiones fue publicada en marzo de este año (Monografias del CESEDEN nº 129) centrada en las «claves culturales» que definían el momento actual. Está próxima a publicarse la segunda parte, referida –siempre relacionando conflicto  con crisis de valores– con la construcción de la paz.

Este  grupo , que en principio  podía representar una mezcla explosiva, se convirtió en dos años en campo de  trasvase de experiencias, análisis e ideas, dirigidas claramente  a orientar a nuestra sociedad en tiempos de incertidumbre y escasez. Porque realmente, ante la crisis de liderazgo, ante la dramática serie de errores cometidos  por políticos y financieros, ante la progresiva pérdida de valores como el esfuerzo, el sacrificio o  la honestidad, muchos nos preguntamos si la deriva actual nos llevaría indefectiblemente a una catástrofe como la que concluyó la crisis del 29.

Poco imaginábamos al hablar de conflictos, que a finales de 2012 se declarase unilateralmente uno en Cataluña, buscando el cobijo  de su «internacionalización». No es el primer intento en la España constitucional nacida en 1978. Este internacionalizar un conflicto ha sido y es el objetivo de cualquier movimiento rompedor  imbricado en un país. Fue el sueño del ELN  y de  las FARC colombianas, el del FMLN salvadoreño, de la URNG guatemalteca y de un sinfín de levantamientos más o menos populares.

La crisis actual ha desarrollado un modelo de protesta  semejante al del 29. No queremos asumir que  estamos ante un cambio de era en el que las conquistas sociales conseguidas en años de expansión, difícilmente pueden sostenerse en tiempos de recesión y estancamiento. Entramos en una «nueva Edad Media» en frase de Amando de Miguel, en que no sólo se estancará la economía, sino también la demografía y muchos aspectos de nuestra vida social. Y esto conlleva riesgos y amenazas. También alguien ha dicho en plena campaña electoral  que «cada día  el Estado está mas débil; vamos a por él», en un nuevo intento de socavar, de romper, de escindir. En resumen, mientras nos llenamos la boca construyendo Europa a golpe  de cumbres, se producen unos movimientos   centrípetos y excluyentes que pueden minarla. Porque esta labor de zapa, no es exclusiva de España. En cuanto la crisis  no de respuesta a derechos – por supuesto, no a obligaciones– de regiones y minorías, saltarán en el Reino Unido, en Francia, en Bélgica, en Italia o en Grecia. Y se producirán movimientos de masas como las que se amontonaron en plazas alemanas, rusas o italianas en el período entreguerras. Y dentro de un sistema de garantías constitucionales en el que se respeta  la libertad de reunión y manifestación y el derecho de huelga, el poder vuelve a la calle, muchas veces con tintes de violencia que creíamos superados. Se busca –aun admitiendo razones– la confrontación, la ruptura, la quiebra del sistema.

En tiempos más de diagnósticos que de remedios –como en el 29– , no es malo reflexionar sobre el tema, como nos invita a hacer  el CESEDEN.

Publicado en “La Razón” el 18 de octubre de 2012

Arbitrar

jueves, octubre 11th, 2012

Aunque no nos conozcamos personalmente, entre quienes nos asomamos semanalmente a esta Tribuna hay cierto reconocimiento y complicidad. No nos ceñimos a la noticia del día, sino que intentamos extraer de ciertos hechos en apariencia sencillos, algunas reflexiones. Anteayer, el magistrado José Luis Requero analizaba desde su privilegiado observatorio unos modelos  de jueces empeñados en  ser diferentes a la gran mayoría de buenos y bien preparados profesionales que forman la carrera judicial. La Justicia –al igual que los ejércitos– también ha sufrido los embates de modelos políticos partidistas, más proclives al control del poder judicial para extender su influencia o para archivar sus debilidades, que al servicio general a la sociedad que es lo que les asigna todo un Título VI de la Constitución.

Habla Requero de «jueces arguiñano» –explican paso a paso cómo cocinan sus sentencias–, de «jueces concursantes» empeñados especialmente no en juzgar, sino en «dar respuesta a» y de quienes se apropian indebidamente de la toga en claro abuso del cargo para hacer patente su ideología, de la mano de sentencias estilo «cartas al director», «sentencias manifiesto» o «sentencias twiteras». Ataca el magistrado especialmente este último modelo, sometido a la prisa, al juicio del telediario o a la inmediatez de las redes sociales. Todo produce en nosotros una situación de permanente guardia, de juicio acelerado, más sustentado por vísceras  que por la  inteligencia. Y este efecto tiene el gran inconveniente de que puede ser manipulado. Y nos acostumbramos a vivir en la precipitación, en la noticia mal digerida, en la saturación de información. Algún día alguien sabrá explicar qué efectos tiene este sistema en el progresivo pesimismo en el que vive nuestra sociedad.

Bajando de nivel, con los pies en el suelo –en este caso en el césped– me referiré a otro tipo de juez, el árbitro de fútbol, que también asume responsabilidades porque una decisión suya puede tener efectos incontrolables en las decenas de miles de personas que asisten a un partido, cuyos gritos contagiosos o inducidos le presionan desde horas antes del encuentro. Pensaba en todo esto, cuando el colegiado vasco Delgado Ferreiro dirigía el último Barça-Madrid. Intuí una clara toma de conciencia de la situación, cuando a punto de sortear los campos le saludó Iker Casillas, en tanto aguardaban la llegada del otro capitán, el copremiado Príncipe de Asturias, Xavi Hernández. Árbitro y portero se dieron la mano y se miraron como diciendo, ¡Menuda hay armada aquí! Pero a lo largo del vibrante encuentro Delgado Ferreiro dio ejemplo de lo que debe hacer un buen juez. Cuando parecía que nos jugábamos la esencia de España y ante las dramatizaciones escenificadas por chilenos, portugueses, alemanes, argentinos, franceses y algunos españoles, el juez no entraba al trapo, contagiado por la supuesta violencia dirigiéndose al lugar de autos, sin pose de justiciero ni de  juez estrella. Silbaba, acudía tranquilo, escuchaba a sus auxiliares, mientras procesaba su decisión. Y señalaba la falta, juzgaba. Imagino que las escuelas de árbitros harán de su «faena» clase práctica.

Son muchas las acepciones de la palabra arbitrar: mediar, decidir, interceder, intermediar, conciliar, terciar en un grupo. Pero también, intervenir, resolver, fallar, sentenciar, dictaminar. Todo se engloba en el trabajo de un juez o de un árbitro. Cada uno en su difícil terreno. Porque del arbitrar puede nacer lo arbitrario, acepción negativa recogida incluso por nuestra Constitución en uno de sus primeros artículos, el 9.3, que garantiza el principio de legalidad y proscribe «la arbitrariedad de los poderes públicos» restrictivos de derechos individuales y de seguridad jurídica de los ciudadanos. Sólo en otro artículo –el 56–  aparecerá arbitrar, cuando señala que «el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones…y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes».

Difícil mundo el de juzgar, el de arbitrar. Porque no sólo exige condiciones técnicas especiales, sino también una madurez y un saber estar poco comunes. Pero vivimos un mundo en el que la precipitación, la última hora, el juicio gratuito, la fama aunque sea efímera, la teatralidad y el cinismo nos llevan lejos de lo que es ponderación, sensatez, profundidad, responsabilidad. Y me temo que sea difícil recuperarlo. Cuando damos más importancia a la metida de pata de un juez que a las miles de horas de trabajo responsable de muchos jueces; cuando nos compungimos por la tristeza de un joven jugador de fútbol que gana en un año más de lo que ganamos todos los que leemos esta  Tribuna, es que algo falla. Acababa el partido, como acaba esta reflexión. Más de uno que bramaba en el segundo 14 del minuto 17 –¡también son complicados algunos ideólogos de hoy!– anhelaba que Delgado Ferreira pitase el minuto 90. ¡También los tiempos juegan… a favor y en contra!

Publicado en “La Razón” el 11 de octubre de 2012

Las frágiles transiciones

viernes, octubre 5th, 2012

Quizá sea pronto para conocer exactamente cómo y por qué se produjeron a mediados de septiembre  los asaltos a las embajadas norteamericanas  en El Cairo y en Bengasi entre otras muchas algaradas. Si, como dijo el presidente Obama, repudiable es la falta de respeto a una fe religiosa plasmada en un film como el de Sam Basile, tampoco son justificables ciertas reacciones. Si alguien no merecía morir en el difícil tránsito de Libia hacia la democracia, era el embajador Cristopher Steven. Es fácil hablar de situaciones «fuera de control» o de echarle la culpa a «simpatizantes del antiguo régimen». También el grupo de fuerzas especiales que rescató a  los miembros de la legación norteamericana en Libia tuvo dos muertos y una decena de heridos.  En resumen, con la prudencia del corto alcance y con la constatación de que cada transición  será diferente, la  «primavera árabe» nacida a finales de otoño del 2010 se aproxima hoy a un preocupante otoño.

El norte de África, y más concretamente el  Magreb, constituyen para España, y por tanto también para Europa, una vecindad clave en términos geopolíticos. No necesito extenderme. Norte continental, que es a la vez orilla sur del  Mare Nostrum que ha conocido múltiples invasiones, imperios, culturas, civilizaciones  y lenguas. Y parece condenado a continuar. Los movimientos de la «primavera»  preocuparon lógicamente  a Occidente. Por una parte surgía una sana corriente democratizadora, por otra se producían  desestabilizaciones de imprevisible control. No podían esconderse viejas corrientes colonizadoras, ni vigentes acuerdos comerciales especialmente en materia energética. Francia apoyaba al presidente tunecino Ben Alí hasta su salida del país en enero de 2011 en que –con hábil cambio– ratificó su fe en la democracia surgida en las «bastillas» tunecinas.

Difícil lo han tenido cancillerías y servicios estatales en archivar o destruir comprometidas fotografías. De esto somos expertos  también nosotros. Y aunque nos parezca imposible, algo se nos ha contagiado de aquellas grandes manifestaciones, como si volvamos a creer que el poder está en unas masas  inducidas y movidas por sentimientos,  más que en el trabajo serio y responsable de unas élites dirigentes democráticamente  elegidas.

La Fundación Olof Palme, de la mano de una incansable Anna Balletbó, reunió recientemente en un viejo monasterio desamortizado a  la Orden de los  Jerónimos  –La Murtra, allá por las alturas que dominan Badalona– a un grupo de testigos de la «primavera», pero bajo la óptica de cómo la viven las mujeres. Se pretendía analizar su estatuto personal y la evolución del derecho de familia y relacionarlo con los sistemas electorales y de representación política. Es decir, reconociendo el valor de la mujer en los cambios sociales, ver en qué forma se materializaba en unas sociedades marcadas por el papel preponderante del varón. Algo así como detectar la salud de los procesos, buscando un diagnóstico  en la situación de la mujer. Junto a diplomáticos, profesores de universidad, periodistas y especialistas y ante un centenar de alumnos de diversas universidades catalanas, se fue desgranando uno a uno cada proceso por parte de invitados –especialmente mujeres– de los países en transición. No es sencillo resumir todo lo expuesto. Pero, constatada la diferente realidad de cada país, sí se llegó a la conclusión de que hablamos de un proceso lento, a medio o largo plazo. Yo creo que los españoles presentes asentíamos. Tras los acontecimientos de las últimas semanas y cuando habíamos sido aplaudidos como ejemplo de transición, éramos conscientes de la dificultad de asentar la democracia cuando no están  bien firmes los cimientos de la economía, de la ética política y del orden de valores de una sociedad. ¡Y llevamos más de cuarenta años!

Se habló del «largo invierno» que precedió a esta  primavera, y  que no quisimos  percibir. Se pusieron ejemplos de la legislación española en los que se  dejó constancia de la «armonía coherente» de la normativa  estatal y autonómica en materia de la mujer, lo que no dejó de sorprenderme  agradablemente, cuando día a día constato  desajustes, pulsos y  desencuentros en otras materias.

«No hay democracia sin igualdad entre  hombre  y mujer» sentenció una contundente  Teresa Freixas, catedrática de Derecho Constitucional, matizando que sólo con las leyes no se cambia una sociedad.

Observador de mi tiempo, con la experiencia de haber estado cerca del sufrimiento de muchas mujeres en Centroamérica y en Bosnia, pensaba en lo que exponían aquellas bien preparadas  tunecinas o argelinas. En sus voces estaba la Francia colonial, también unificadora de cultura, estaba su religión, sus ancestros, padres, maridos, pero también estaban sus hijos. Estos que han tenido acceso a modernas redes sociales y que les han abierto un mundo que no tiene fronteras ni  más barreras ideológicas que las que imponga la sinrazón.

Pensaba en la fragilidad de los procesos, mientras contemplaba las colinas catalanas que  rodeaban «La Murtra».

Publicado en “La Razón” el 4 de octubre de 2012