Bundeswehr constitucional

En una sentencia considerada por unos de «inédita y de trascendencia histórica» y por otros –entre los que me sumo– de normalización constitucional, las dos salas del Tribunal Constitucional Federal, que tiene su sede en Karlsruhe,  han dictaminado que el Ejército alemán podrá utilizar sus tropas y sus medios dentro de su territorio, en caso de «situación excepcional de naturaleza catastrófica». La sentencia reafirma lo  que es normal en prácticamente todo el mundo, en el que las Fuerzas Armadas constituyen una reserva humana en manos de los gobiernos para atender contingencias excepcionales. Hasta ahora el orden interno correspondía en exclusiva a la Policía. Recuérdese el secuestro de deportistas israelíes por un comando terrorista palestino en los Juegos Olímpicos de 1972 celebrados en Munich: el Ejército no intervino, ni formaba parte del sistema de seguridad, como sí lo ha formado recientemente el  Ejército inglés en los Juegos de Londres.

Karlsruhe es un ejemplo de la «centralización descentralizada» de la República Federal. Ubicada en el Estado de  Baden-Wurtemberg, la bella ciudad del Rhin, próxima a la frontera con Francia, alberga no sólo las dos salas del Constitucional, sino la sede de la Corte Federal de Justicia. Estas dos salas están formadas por ocho jueces elegidos por mitades por el Bundestag –Cámara Baja– y el Bundesrat –Cámara de  representación de los 16 estados federados– por un periodo de doce años, no renovables. Materializa físicamente la separación de poderes, ubicando al Judicial lejos del Ejecutivo y de las dos cámaras legislativas. Son conocidas las limitaciones contenidas en la ley fundamental de la República Federal Alemana de 1949 y que recogió, en tiempos de Adenauer, la Bundeswehr cuando se creó en noviembre de 1955. Las potencias ocupantes se encargaron de limitar atribuciones y el texto quedó marcado por las experiencias de los propios constituyentes en el estado totalitario de la dictadura nazi. Y aunque  esta ley fundamental  naciese con carácter provisional, se ha mantenido durante mas de seis décadas por la flexibilidad y adaptación con que el Tribunal Constitucional la ha interpretado en cada momento histórico. Recuérdese que sirvió para reunificar  a las dos Alemanias, integrando en 1990 a la DDR y a sus nutridas y adoctrinadas Fuerzas Armadas.

La sentencia no es inédita. En 1994 ya  autorizaba la participación de sus militares en misiones exteriores auspiciadas por Naciones Unidas, organización a la que había accedido en 1973 superando un duro y limitativo  artículo de su Carta. Los pasos previos consistieron en «misiones humanitarias» en Camboya y en la ex Yugoslavia, incluso en Somalia. También era lógico. Alemania formaba parte muy importante de la OTAN, con lógico peso específico por su implicación en la Guerra Fría, cuyo «telón de acero» la partía en dos y sentía, día a día, durante años, la amenazante proximidad de los regimientos del Pacto de Varsovia.

Muchos oficiales españoles recordamos como en ONUCA –la Misión de Naciones Unidas para Centroamérica– pilotos militares alemanes, bajo el discreto amparo de la Orden de Malta, sirvieron con eficacia nuestros desplazamientos con la seguridad con la que operan sus Fuerzas Armadas, teniendo en cuenta que las condiciones metereológicas  llegaban a ser extremadamente adversas y que los apoyos técnicos de las infraestructuras del territorio, prácticamente inexistentes.

La sentencia del Constitucional marca, no obstante, limitaciones. No  podrán intervenir ante manifestantes y se mantiene la prohibición de actuar con aviones militares contra aeronaves civiles secuestradas por terroristas. Y, por supuesto, siempre será el Gobierno Federal quien calibre y autorice su actuación. Todo normal en un país respetuoso con sus leyes y que conserva el servicio militar obligatorio como instrumento de cohesión y sobre todo de formación. La prueba es que sus partidos mayoritarios han recibido la sentencia con beneplácito, tanto los que forman la coalición gubernamental –CDU, CSU  y los liberales del FDP– como los de la oposición socialdemócrata del SPD y Los Verdes. Solo el minoritario grupo «La Izquierda» ha rechazado la sentencia  considerándola como «una reforma constitucional abierta por la puerta trasera».

En resumen, yo diría que la Bundeswehr accede «de iure» a lo que es normal «de facto» en todo el mundo. Algunos países como España optaron en su momento por constituir unidades de emergencias –la UME– cubriendo carencias de otras administraciones. La mayoría de países mantienen a todas sus Fuerzas Armadas como instrumento en manos de sus gobiernos para atender a contingencias naturales e incluso las ocasionadas por acciones terroristas. En el fiel de la balanza radica el mérito de su uso. Y la democracia debe aportar los controles y contrapesos necesarios para que este uso no se convierta en abuso. Y  que un instrumento legitimado por su sociedad para el empleo de la fuerza  no  convierta a ésta en un medio al servicio de una  ideología o de un partido como pasó en la Segunda Guerra Mundial.

Publicado en “La Razón” el 23 de agosto de 2012

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