Archive for septiembre, 2012

Educación y vocaciones

sábado, septiembre 29th, 2012

El Gobierno aprobó recientemente  en Consejo de Ministros un Anteproyecto de Ley para la Mejora de la Calidad Educativa. Cuando el gasto por alumno en España –7.600 euros año– está por encima de la media europea, cuando el número de alumnos por profesor –8,6– es de los más bajos, cuando nuestros docentes están relativamente mejor pagados que otros profesionales con similares estudios superiores y cuando en las encuestas del CIS el problema de la enseñanza no consta entre los que más preocupan a los españoles, se presenta en sociedad  la séptima reforma  de las enseñanzas Primaria y Secundaria desde la Transición. Su necesidad viene justificada cuando  está constatado un abandono escolar del 29%, doble del europeo, y que un 23% de los jóvenes españoles comprendidos entre los 15 y 29 años, es decir el tramo de población que procede de estas enseñanzas, ni trabaja, ni estudia. José Antonio Marina, presentándose como  simple profesor de Bachillerato, –cosa que honra a un prestigioso filósofo– visitó recientemente Menorca para hablarnos  con brillantez de la «ética de la felicidad». Definió a la disciplina que estudia la moral como «lo mejor que ha desarrollado la inteligencia humana para resolver dos problemas fundamentales, como son la felicidad personal y la dignidad de la convivencia». Pero a lo largo de sus reflexiones pasó un mensaje claro: la mejor inversión que podemos hacer en estos momentos es en educación. «En cuatro o cinco años podríamos corregir todos los problemas actuales  y acceder a una educación de calidad». Falta tan solo consensuar, integrar esfuerzos. Falta diseñar no a impulsos partidistas, sino con objetivos a medio plazo diseñados por expertos desprovistos de compromisos políticos. Porque de la educación se ha querido hacer, indiscutiblemente, objetivo político. No puede ser que hayamos dado seis bandazos, que diseñemos el séptimo, cuando ya se  amenaza con un futuro octavo. Muchos lectores de esta Tribuna se preguntarán por qué entro en un tema del que no soy especialista. Mi respuesta es sencilla. Porque estos bandazos afectan a las personas que nos llegan a las Fuerzas Armadas y a su formación: ya perdimos, por ejemplo, unos magníficos Institutos Politécnicos. Y porque nos han salpicado muy sutilmente poniendo en peligro uno de los aspectos mas importantes de nuestro ser, como es la vocación.

Una  lectura no digerida ni adaptada en el tiempo de los decretos de Azaña fue desarrollada por uno de los ideólogos que trajo la ministra Chacón a Defensa, el catedrático Javier García Fernández,  nombrado  Director General de Enseñanza. En principio puede presentarse como beneficioso el  haber planificado  que un oficial obtuviese un adicional título de Ingeniero. Pero también tiene connotaciones peligrosas. Imagine el lector  que la Facultad de Medicina de la Complutense encargase parte de  la formación de sus médicos a la Escuela de Ingenieros Agrónomos de la Politécnica de Valencia, con la ventaja de darles un doble título. Algo así está pasando en la formación militar, pero con un fondo más cínico. Se trata de diluir la vocación, de «civilizar» en un sentido peyorativo de la palabra. Solo el buen hacer de los  responsables, solo la disposición de los profesores de las academias y de algunos universitarios, solo la vocación de los jóvenes alumnos que eligieron voluntariamente la carrera de las armas, salvan la situación, muy trabada por leyes acordadas sin consenso en el último de los bandazos. Otra vez la misma canción, superada  a fuerza de enormes sacrificios personales y de grandes costes para los Ejércitos.

He citado la palabra vocación y en ella reside la clave de una buena formación. ¿Por qué  duele  a ciertos españoles este estímulo moral? ¿Es que nunca la han sentido ellos? ¿A que corporativismo vocacional tienen miedo? ¿Al de la Iglesia metida en Caritas o en  Manos Unidas? ¿Al de los Ejércitos que cumplen lealmente las misiones interiores y exteriores  con eficacia? ¿Al de los médicos , una de las profesiones mas vocacionales y más sacrificadas? ¿No saben –o no quieren saber– que un vocacional rinde un 120% a su sociedad?

José Antonio Marina puso en boca de tres canteros de su Toledo natal una descriptiva comparación que viene al caso. Los tres realizaban el mismo trabajo de cantería en los aledaños de su incomparable Catedral metropolitana. El primero, cincel en mano, no dejaba de  quejarse de su salario y de las condiciones de su  duro trabajo. El segundo decía  cumplir sencillamente lo que su capataz le había ordenado. El tercero, comprometido, estimulado, contestaba: «Estoy reconstruyendo la catedral». El día en que todos juntos estemos convencidos de que podemos reconstruir la catedral de la educación podremos alcanzar para hijos y nietos lo que seis reformas no han conseguido. También será el día en el que respetemos y estimulemos la vocación  de los profesores,  en parte importante, responsables del futuro de nuestra sociedad. Todos saldremos ganando.

Publicado en “La Razón” el 27 de septiembre de 2012

Si no fuera…

viernes, septiembre 21st, 2012

Si no fuera porque tengo grandes  y leales amigos en Cataluña.

Si no fuera porque he dedicado al servicio de España largos años de mi vida, de ellos más de seis en el extranjero y no haciendo turismo precisamente.

Si no fuera porque soy sensible a que miles de ciudadanos se manifiesten en Barcelona con un solo grito.

Si no fuera  porque encuentro en la Historia la interpretación de muchos de nuestros males y hoy no sé si apelar a Ortega y Gasset o a Azaña para encontrar la palabra que me sosiegue.

Si no fuera porque soy disciplinado de oficio y respetuoso con la Ley, especialmente la constitucional, que  nos dimos y que debería presidir nuestra vida política y social.

Si no fuera porque a  mis años, desprendido de bastantes ambiciones, pienso más en mis nietos que en mis abuelos.

Si no fuera  por todo esto, no entraría a reflexionar  sobre  lo que puede significar  la manifestación del pasado 11 de septiembre y su versión independentista representada en las calles de Barcelona. Hubiera sido más sencillo para mí, entrar a valorar  la disputa chino-japonesa por unas islas deshabitadas situadas al sur del archipiélago  nipón. ¡También hay quien defiende la necesidad china de espacios vitales!

Escribo esta tribuna durante la madrugada del miércoles 19, que llegará a usted, querido lector, el mismo jueves en que se reúnen el Presidente de nuestro Gobierno con el President de la Generalitat. Si son sensibles y responsables –estoy seguro que sí– deben estar como yo, a las 4 de la madrugada sin poder dormir. ¡Cuántas ideas  bullen en la cabeza a estas horas!

No pienso –como imaginarán muchos de ustedes– en el artículo 8º de nuestra Constitución, pienso más bien en el  155. Es más, pienso que nuestra Carta Magna es interpretada parcial y erróneamente  muchas veces,  apelando a la letra de un solo artículo, cuando en realidad es un conjunto, un bloque. Y es integración, es código común, fue y debe ser  consenso y referendo. S.M el Rey ha apelado con mucha más autoridad que yo, al carácter moderador de las Instituciones que le señala el artículo 56. Es el buen  camino.

Pero también sostengo que muchos cargos políticos han jurado voluntaria y  solemnemente «guardarla y hacerla guardar». Me duele apelar a la palabra perjuro y a su significado penal y social, pero es la  que merecen muchos personajes de nuestra vida. Soy testigo de un  falso  juramento en sede judicial y  les prometo que nunca lo olvidaré, por la decepcionante llaga moral que dejó en mí.

Viene a mi memoria aquella decisión de nuestro octavo rey godo, Teodorico, que profesaba gran devoción hacia la religión arriana. Su hombre de confianza, una especie de primer ministro, era católico y  con tal de agradar a su señor se convirtió al arrianismo. «Si ha sido capaz de traicionar a su Dios, no tardará  de traicionarme a mí» justificó el rey godo al ordenar su ejecución.

Y pienso en las grandes manifestaciones del siglo XX o las que hemos visto recientemente en el norte de África . Y conocemos los resultados de la mayoría de ellas, cuando aún  hoy lo más importante es cuantificar cuántas personas  recorrieron las calles de Barcelona. Me preocupan los movimientos de masas, especialmente cuando han sido inducidos. Basta ver en documentales  a  las muchedumbres  que arrastraban los regímenes totalitarios del primer tercio del siglo XX. ¿Dónde acabaron estas seducidas masas? En las trincheras y en los cementerios.

Sin recurrir a los documentales, muchos españoles hemos sido testigos de la desmembración de Yugoslavia. Hablo del dolor y  sufrimiento  constatados, de millones de personas en  dos guerras civiles. Hablo de unos  recientes  años noventa y del mismo corazón de Europa

Una última consideración referida a simbología. Para Cataluña fue durante muchos años  símbolo e ilusión, una bandera –la Senyera–,  la que guardaron celosamente  sus antepasados como trozo importante del   Reino de Aragón  y  que forma la base de las  actuales banderas de otras dos comunidades, la Valenciana y la Balear. Pero la que desfila en Barcelona  no es  esta «señera».  Es por sobrevenida metamorfosis, la «estelada» la  que nos recuerda más a la Cuba de Fidel que a la propia esencia del catalanismo más arraigado. ¿Cómo se ha producido de pronto este cambio de simbología?

Y claro, ahora se compite por el «quién da más». El alcalde de Vic ya ha declarado a su municipio «territorio libre y soberano». Le recomiendo la lectura de un libro genial y desenfadado de Sender, –«Mister With en el Cantón», referido al levantamiento de Cartagena allá durante la Primera República . ¡Ha llovido mucho sobre España para que nos sorprenda ahora el Sr. Abadal!

¡Si no fuera  porque… solo deseo que las aguas vuelvan a sus cauces!

Publicado en “La Razón” el 20 de septiembre de 2012

Las cuentas de Defensa

martes, septiembre 18th, 2012

No  tiene fácil cuadrar las cuentas el ministro Morenés. No obstante, en la última semana ha tenido dos buenas noticias.

La primera muy relacionada con la visita de la canciller Merkel. La segunda relacionada con los terrenos que Defensa puede vender a los promotores de la operación Eurovegas.

El Consejo de Ministros del pasado viernes, concedía a su Ministerio un suplemento de crédito de 1.782 millones de euros, para atender a la deuda acumulada por entregas realizadas en  programas de armamento durante 2010 y 2011 y para pagar los compromisos fijos de 2012. De este  crédito 1.100  millones eran para el programa del avión europeo Eurofighter. Subrayo  que el crédito se concediese un día después de la visita de la canciller a Moncloa. El Eurofighter es un consorcio europeo, su sede central está en Munich y su principal accionista es la empresa alemana Daimler. Por tanto no era casualidad que su presidente Dieter Zetsche participase de la «minicumbre» hispano alemana  en la que el ministro De Guindos arengaba dando confianza e invitando a invertir a un  selecto grupo de empresarios. Más crítico se había mostrado nuestro ministro de Exteriores diciendo  que «al Gobierno alemán no le va mal esta situación». Y no le salió mal su visita a Madrid.

Entiendo que el rasero con el que mide la aguerrida canciller a España  no es el mismo con el que mide a sus empresas. El Eurofighter, aporta tecnología, aporta  aliento a la «Europa de la Defensa», aporta mano de obra, pero ha sido desde el principio un ruinoso río revuelto con buenas ganancias para unos pocos . Morenés no sabe cómo convencer a sus aliados industriales que demoren la entrega de los próximos 15 aviones, porque sencillamente no puede pagar los 1.200 millones que cuestan. Pero de no haber atendido ahora a estos pagos, –dijeron fuentes de Defensa– se habría llegado a una situación  de colapso financiero de los programas internacionales y habría supuesto también pérdidas de empleo y capacidades en nuestra industria de Defensa. Siempre defiende el ministro que el problema es de Gobierno, no sólo de su Ministerio.

Pero insisto que los mismos parámetros de contención del gasto, de sobriedad  y recortes que se nos exigen desde Berlín deben ser aplicados a sus propias industrias –que no son precisamente hermanas de la caridad– que se apoyan en  garantías jurídicas que les aseguran  enormes beneficios industriales firmados en otros tiempos de bonanza económica.

La segunda noticia viene de la mano de otra mujer, la presidenta de la Comunidad de Madrid.  Si acaba de confirmarse la solución Alcorcón para la construcción del complejo Eurovegas, Defensa puede llevarse una buena parte del botín que representa la venta de 12 millones de metros cuadrados en la zona de La Venta de la Rubia, donde –lindante con la carretera de Extremadura– se ubica el Club Deportivo Militar La Dehesa que desarrolla una enorme función social entre miles de socios.

Por supuesto otras cuentas están sobre la mesa del ministro, teñidas con la constante preocupación de lo que pueda estar pasando en este momento. Me refiero a Afganistán y al escalonado repliegue de nuestras fuerzas. La salida de las tropas italianas no sólo ha dejado un hueco difícil de cubrir, sino que ha marcado un rumbo sin retorno de lo que serán los próximos meses  en el país asiático. Como saben, España replegará este año un 10% de su contingente. Tiene previsto hacerlo con el 40% en el próximo año, para completarlo en 2014. El tiempo pasa rápido y hay que prever sin precipitaciones. El mismo Consejo de Ministros del pasado día 7 anunciaba la firma  de un convenio en materia de Defensa con los Emiratos Árabes . Entre otras cláusulas prevé «facilitar el repliegue del contingente español desplegado en Afganistán». Es una de las opciones que baraja el Estado Mayor de la Defensa que deberá decidir qué materiales repliega y qué materiales se quedan en zona, al ser más costoso su traslado que su coste una vez amortizados. Los italianos han recurrido al repliegue por tren llevando sus materiales por carretera entre Herat y Turghundi en la frontera con Turkmenistán desde donde continúan por ferrocarril  atravesando Uzbekistán y Kazajistán. Aparte de estudiar geografía, no es mala solución para transportar materiales pesados como los  RG 31 de difícil acomodo en medios aéreos.

La solución menos costosa sería el puerto pakistaní de Karachi, una vez que las fronteras con Afganistán se abrieron el pasado julio. Pero se trataría de una ruta de 1.500 kilómetros que debería atravesar santuarios talibanes.

Los costes que se barajan no son del orden de los del Eurofighter –sobre los 60 o 70 millones– pero en este caso no es sólo el importe, es la seguridad de nuestras tropas la que debe primar.
¡No son fáciles las cuentas del ministro!

Publicado en “La Razón” el 13 de septiembre de 2012


Cohesión nacional

martes, septiembre 11th, 2012

Por supuesto me preocupa nuestra cohesión  como Estado de Derecho, cuando comienza el curso político con claros síntomas de debilidades y amenazas.

En Cataluña se prepara una Diada  con  recriminaciones, que pueden perder  valor por las formas en que se  exijan y sin el menor atisbo de acto  de contrición declarado en  paralelo. ¡Cuidado con la interpretación de las palabras  aunque se refieran a «la Ramoneta»! Me acuerdo de aquella frase de Churchill: «Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema». Necesitamos  muchas cosas menos fanatismos, en estos momentos.

Dos adelantos electorales se mueven entre el entreguismo y el riesgo. No sé dónde se quiere llegar en el País Vasco, donde el largo juego de concesiones –especialmente del  Tribunal Constitucional– y la desunión entre los dos partidos mayoritarios, propician el asalto al poder del odio y la descomposición. Las de Galicia, constituyen un verdadero test de alcance nacional y se pone en riesgo una  mayoría que ha dado a la Comunidad  estabilidad no solo política sino, incluso, económica.

Todo son síntomas de una debilidad latente, cuando  más unidos deberíamos estar. Porque en el exterior no nos lo pondrán fácil y no me refiero solo al Banco Central Europeo. En Afganistán no nos esperan tiempos de bonanza  tras la salida de italianos y belgas; en nuestra frontera del sur, la presión puede agravarse, aunque muchos nos preguntemos ¿saben  estos subsaharianos a dónde van? En resumen, ante  las debilidades de cohesión, siempre habrá quien se aproveche, llámese frontera, llámese petrolera, llámese nacionalización, llámese prima de riesgo.

Mientras, los partidos políticos siguen acaparando el centro de nuestra vida política: comités federales, «rodieznos», descalificaciones constantes, amenazas de  «otoño caliente» en la calle. Solo nos falta quemar edificios históricos como en Atenas o asaltar conventos de frailes como ya hicimos en otros siglos.

Me pregunto –nos preguntamos muchos– cómo han conseguido afrontar la crisis económica países como Alemania y cómo consigue ésta  cohesionar dieciséis « länder» –casi  las diecisiete autonomías nuestras– con eficacia. Y no hablo de un país con larga tradición  y carácter unitario. Hablo de una Alemania que se dio una  Ley Fundamental  provisional en 1949 y que en 1990, variando solo el preámbulo y su  artículo final, permitió absorber a los cinco estados que formaban la DDR, la República Democrática de corte comunista disuelta tras la caída del Muro de Berlín.

¿Cuáles son las claves de la diferencia respecto a nosotros?  En mi opinión dos. La primera se apoya en la división de poderes, especialmente del Judicial respecto al Ejecutivo. La segunda se refiere al funcionamiento y composición del Bundesrat  o Consejo  Federal a través del cual se institucionaliza la participación de los 16 estados federados en la legislación y Administración estatal. A diferencia –no solo de nuestro Senado sino también de los senados de otros estados federales como Estados Unidos o Suiza, sus miembros no son elegidos por sufragio universal, sino por los propios estados  y su número –mínimo de tres y máximo de seis– es proporcional al  de sus habitantes. En el Bundesrat los intereses de los «länder» prevalecen siempre sobre los de los partidos . Es decir, el bien general  queda por encima del bien particular. Me recuerda el modelo de elección por distrito que rige en Inglaterra. El distrito paga los viajes, las dietas y los gastos generales del diputado que elige y le exige, en consecuencia, que le represente y le defienda por encima de la disciplina de partido.

Todo esto lo sabemos y todos sentimos la necesidad de reformar nuestras estructuras políticas donde prima la partidocracia. En la cultura alemana no habría hecho  falta que un presidente de comunidad acusase al de  otra de «tener mucho morro». Hubiera discutido los fondos de solidaridad  en un marco parlamentario. Son miles los correos electrónicos que denuncian sueldos, gastos, beneficios   de nuestra clase política. ¡Y nadie se apresta a afrontarlo! ¡Cómo si la crisis económica absorbiese todas nuestras capacidades y energías ! No queremos ser conscientes de que para afrontar los problemas económicos, es vital una base social fuerte, consolidada, valiente y sufrida. Valiente y sufrida la tenemos. Vivimos entre testimonios diarios que se asemejan más al milagro que a la realidad. Es solo cuestión de que alguien   llegue a  esta sociedad, la consolide y la haga fuerte. ¿A qué esperamos? Será cierto –diría Churchill– que «el fallo de nuestro tiempo consiste en que los hombres no quieran ser útiles, sino importantes». ¿Nos volvemos  imbéciles ante  seis cámaras de televisión ?

He recurrido a Churchill porque supo manejar a su pueblo en circunstancias de grave atentado a su integridad. Pero para pedir «sudor y lágrimas» hay que dar ejemplo, hay que impulsar desde arriba, hay  que –la palabra bien lo comprende– liderar. ¿A qué esperamos?

Publicado en “La Razón” el 6 de septiembre de 2012

Mientras tanto

lunes, septiembre 3rd, 2012

Mientras  pensamos lo que queremos escribir, tenemos presente el momento, pero sobre todo  a quién nos dirigimos y con qué finalidad lo hacemos. La Razón me permite abrirme a un amplio sector de la sociedad que cree necesario en estos difíciles momentos reforzar una cultura de defensa que busca en el comportamiento de los ejércitos un necesario reflejo de valores, pero no dejo de pensar, como viejo soldado, en quienes sirven hoy en los puestos de mayor riesgo y fatiga. En concreto, en nuestros soldados de Afganistán.

En una Tribuna anterior, analizando la obra del historiador militar inglés John Keegan, citaba al  entonces capitán inglés Paul Leslie, agregado a la Academia de Infantería de Toledo que yo dirigía.  Desde Kabul me ha llegado el eco de mi cita, a través de uno de sus compañeros, un oficial español. Este, destinado  en el  International Joint Commander (IJC) dice estar «muy bien, pero los que están en Qala i Naw llevan días muy duros». Diego Mazón, en este mismo medio, va dando cuenta esta semana del recrudecimiento de las acciones, una vez acabado el Ramadán. Ni el Coronel Cebrián, jefe del contingente, formado en su mayoría por unidades  de la Brigada Paracaidista, se libró de un tiroteo en el valle de Dar-e-Bum.

Y continúa mi corresponsal: «Frente a mi oficina está  la zona de aparcamiento de aviones y helicópteros que traen los heridos y muertos. Americanos vienen a morir una media de quince al mes y entre ejército y policía afganos otros cuarenta; así que el desfile de féretros y ambulancias viene a ser constante, porque también está próximo el hospital ROLE 3». Le honra a mi interlocutor preocuparse por sus compañeros de la provincia de Badghis, pero  Kabul nunca estará exenta de atentados y peligros hasta dentro de un década. Y cuando refiere que «los belgas se están replegando, los noruegos, los italianos… espero que –aunque nos hayan suprimido los permisos de  mitad de misión–, no nos dejen solos con los talibanes, por lo menos hasta febrero de 2013 que espero volver a España».  Es decir que con buen sentido del humor acepta otros seis meses de misión en Kabul, con lo que conlleva de sacrificio familiar y de esfuerzo personal físico y psíquico. Me pareció dura una misión más corta en la Moskitia hondureña allá por los noventa. En tres meses sólo pude mandar a mi familia un telegrama –de los de antes, papel azul y letras impresas en cinta de  telex– dando señales de vida. Hoy tienen otros medios de comunicación. Pero seis meses exigen una fortaleza especial en ellos mismos y especialmente en sus familias.

Mientras tanto, en España unos se pierden entre el calor y las playas, otros se dedican al asalto y al pillaje bandolero, otros medran lascivos socavando el Estado de Derecho prestos al insolidario juego de la escisión egoísta o al macabro pulso de utilizar la enfermedad como palanca  mediática que pueda romper la cohesión de aquél. Poco le importa a la inmensa mayoría lo que les pasa a sus soldados en el exterior. Hace unos años, con el apoyo de una joven comandante piloto de helicópteros –Pardo–, comenzamos un guión para una serie de televisión sobre  la vida de nuestros soldados en Afganistán. Aquello fracasó –imagino– por «falta de interés televisivo». Alguien en un elegante despacho descartó invertir en aquel proyecto. La gente prefiere un guión sobre escándalos relacionados con el sexo o con las drogas antes que meterse en la piel de un soldado que lucha hoy por un asunto que nos puede repercutir mañana y que se resume en dos palabras: «Exportar libertad».

¿Qué compensa? «Lo que sí puedo destacar con orgullo –termina  mi interlocutor– es que todos los ejércitos nos miran con respeto, por nuestra educación, disciplina y buen hacer. Recuerdo cuando era pequeño que todo lo que venía de fuera me parecía mejor; ya de mayor me he dado cuenta de que lo mejor que tenemos somos nosotros, nuestra forma de ser, nuestra cultura que nos empuja a ser mejores que muchos y más responsables».

Algunos hechos  nos duelen. Otros nos animan y ensanchan el corazón, especialmente cuando proceden de una generación que nos ha relevado. Un brillante capitán de fragata destinado en el CESEDEN –Aznar– ha escrito que «considera normal este proceso en el Ejército, donde se produce un aprendizaje parcialmente consciente y parcialmente inconsciente a través del cual la generación de más edad incita, induce y obliga a la generación más joven a adoptar  modos de comportamiento tradicionales, dándole  estabilidad a la institución».

Mientras tanto, ¿qué podemos ofrecerles a los soldados de la ruta Lithium?
Creo pensar avergonzado que en algunos solo desánimo, desconfianza y deslealtad.
Pero en muchos otros, entre los que me sumo, encontrarán siempre respeto, estímulo, agradecimiento  y ánimo.

Mientras tanto, ¡gracias!

Publicado en “La Razón” el 30 de agosto de 2012

Bundeswehr constitucional

lunes, septiembre 3rd, 2012

En una sentencia considerada por unos de «inédita y de trascendencia histórica» y por otros –entre los que me sumo– de normalización constitucional, las dos salas del Tribunal Constitucional Federal, que tiene su sede en Karlsruhe,  han dictaminado que el Ejército alemán podrá utilizar sus tropas y sus medios dentro de su territorio, en caso de «situación excepcional de naturaleza catastrófica». La sentencia reafirma lo  que es normal en prácticamente todo el mundo, en el que las Fuerzas Armadas constituyen una reserva humana en manos de los gobiernos para atender contingencias excepcionales. Hasta ahora el orden interno correspondía en exclusiva a la Policía. Recuérdese el secuestro de deportistas israelíes por un comando terrorista palestino en los Juegos Olímpicos de 1972 celebrados en Munich: el Ejército no intervino, ni formaba parte del sistema de seguridad, como sí lo ha formado recientemente el  Ejército inglés en los Juegos de Londres.

Karlsruhe es un ejemplo de la «centralización descentralizada» de la República Federal. Ubicada en el Estado de  Baden-Wurtemberg, la bella ciudad del Rhin, próxima a la frontera con Francia, alberga no sólo las dos salas del Constitucional, sino la sede de la Corte Federal de Justicia. Estas dos salas están formadas por ocho jueces elegidos por mitades por el Bundestag –Cámara Baja– y el Bundesrat –Cámara de  representación de los 16 estados federados– por un periodo de doce años, no renovables. Materializa físicamente la separación de poderes, ubicando al Judicial lejos del Ejecutivo y de las dos cámaras legislativas. Son conocidas las limitaciones contenidas en la ley fundamental de la República Federal Alemana de 1949 y que recogió, en tiempos de Adenauer, la Bundeswehr cuando se creó en noviembre de 1955. Las potencias ocupantes se encargaron de limitar atribuciones y el texto quedó marcado por las experiencias de los propios constituyentes en el estado totalitario de la dictadura nazi. Y aunque  esta ley fundamental  naciese con carácter provisional, se ha mantenido durante mas de seis décadas por la flexibilidad y adaptación con que el Tribunal Constitucional la ha interpretado en cada momento histórico. Recuérdese que sirvió para reunificar  a las dos Alemanias, integrando en 1990 a la DDR y a sus nutridas y adoctrinadas Fuerzas Armadas.

La sentencia no es inédita. En 1994 ya  autorizaba la participación de sus militares en misiones exteriores auspiciadas por Naciones Unidas, organización a la que había accedido en 1973 superando un duro y limitativo  artículo de su Carta. Los pasos previos consistieron en «misiones humanitarias» en Camboya y en la ex Yugoslavia, incluso en Somalia. También era lógico. Alemania formaba parte muy importante de la OTAN, con lógico peso específico por su implicación en la Guerra Fría, cuyo «telón de acero» la partía en dos y sentía, día a día, durante años, la amenazante proximidad de los regimientos del Pacto de Varsovia.

Muchos oficiales españoles recordamos como en ONUCA –la Misión de Naciones Unidas para Centroamérica– pilotos militares alemanes, bajo el discreto amparo de la Orden de Malta, sirvieron con eficacia nuestros desplazamientos con la seguridad con la que operan sus Fuerzas Armadas, teniendo en cuenta que las condiciones metereológicas  llegaban a ser extremadamente adversas y que los apoyos técnicos de las infraestructuras del territorio, prácticamente inexistentes.

La sentencia del Constitucional marca, no obstante, limitaciones. No  podrán intervenir ante manifestantes y se mantiene la prohibición de actuar con aviones militares contra aeronaves civiles secuestradas por terroristas. Y, por supuesto, siempre será el Gobierno Federal quien calibre y autorice su actuación. Todo normal en un país respetuoso con sus leyes y que conserva el servicio militar obligatorio como instrumento de cohesión y sobre todo de formación. La prueba es que sus partidos mayoritarios han recibido la sentencia con beneplácito, tanto los que forman la coalición gubernamental –CDU, CSU  y los liberales del FDP– como los de la oposición socialdemócrata del SPD y Los Verdes. Solo el minoritario grupo «La Izquierda» ha rechazado la sentencia  considerándola como «una reforma constitucional abierta por la puerta trasera».

En resumen, yo diría que la Bundeswehr accede «de iure» a lo que es normal «de facto» en todo el mundo. Algunos países como España optaron en su momento por constituir unidades de emergencias –la UME– cubriendo carencias de otras administraciones. La mayoría de países mantienen a todas sus Fuerzas Armadas como instrumento en manos de sus gobiernos para atender a contingencias naturales e incluso las ocasionadas por acciones terroristas. En el fiel de la balanza radica el mérito de su uso. Y la democracia debe aportar los controles y contrapesos necesarios para que este uso no se convierta en abuso. Y  que un instrumento legitimado por su sociedad para el empleo de la fuerza  no  convierta a ésta en un medio al servicio de una  ideología o de un partido como pasó en la Segunda Guerra Mundial.

Publicado en “La Razón” el 23 de agosto de 2012