Archive for agosto, 2012

Sir John Keegan

sábado, agosto 18th, 2012

Para muchos oficiales españoles que pasaron por la Royal Military Academy de Sandhurst y para muchos estudiosos de la Historia, el reciente fallecimiento de John Keegan (1934-2012) es una mala noticia.

«Senior Lecturer» en el prestigioso centro militar, era una muestra más de la selección que hacen los anglosajones de los profesores universitarios que enriquecen sus cuadros de formación de mandos, sistema del que deberíamos aprender en lugar de inventar arriesgadas aventuras docentes más preocupadas por la titulación que por la propia formación de líderes militares.

Un –entonces–, joven capitán inglés, Paul Leslie ,agregado a la Academia de Infantería de Toledo durante el curso 1995-96, me dedicó un ejemplar de la obra de Keegan «The mask of the comand», que al preparar estas líneas tiene para mí un significado muy especial. Realmente a partir de entonces conocí al historiador que relacionaba el liderazgo con el heroísmo, analizando las personalidades de Alejandro Magno , Wellington , Ulises Grant –y Hitler–. En la obra analiza la capacidad de estos líderes para enardecer y arrastrar a sus tropas con una combinación de energía y tenacidad no exenta a veces de crueldad.
En 1976 publicó «El rostro de la batalla» donde explica la guerra desde el punto de vista de un grupo de soldados entre los que muchas veces reina el miedo más que cualquier otro sentimiento. En 1984 publicó «Seis Ejércitos en Normandía» considerada una de las mejores obras sobre el desembarco aliado en las playas de Francia. Dos años después tuvo su primer contacto con un conflicto, cuando «The Daily Telegraph» lo mandó bajo pseudónimo como corresponsal de guerra al conflicto civil que asolaba el Líbano.

En 1993 publicó su «Historia de la guerra» en la que se adentraba en el combate de las legiones romanas, en la guerras santas o de religión, hasta las dos trágicas mundiales del siglo XX. Su eje central de reflexión lo constituye su idea de que «la guerra siempre ha sido un rasgo inevitable de la cultura humana».

Lo curioso es que quien escribió estos tratados, no era soldado, ni tenía la menor experiencia bélica salvo la corresponsalía libanesa. Él mismo lo confiesa: «nunca he estado en una batalla, ni la he escuchado de lejos». De familia católica irlandesa, se trasladó durante la Segunda Guerra Mundial a la Inglaterra rural, donde su padre combatiente en la Primera, custodiaba y formaba a 300 niños evacuados de Londres. A los trece años Keegan contrajo una tuberculosis que le tuvo postrado cinco en un hospital. Ello marcó su vida a la vez que imposibilitó una carrera militar que seguramente habría elegido. Aprovechó para estudiar historia, latín, griego y francés. Con el tiempo aprendería el alemán suficiente para interpretar a Clausewitz, el clásico prusiano más conocido en Occidente, del que respetuosamente disintió en muchos aspectos Keegan, especialmente los que relacionan estrategia con diplomacia.

En el «Rostro de la Batalla», un libro que acertadamente publicó Editorial Ejército en 1990, se detendrá en tres combates muy especiales, Agincourt (1415) en plena Guerra de los 100 años, Waterloo (1815) que representó la derrota de Napoleón y en la de desgaste del Somme (1916) en la Primera Guerra Mundial. Los tres casos que circunscribe a un terreno –en táctica se denomina Teatro de Operaciones– que presenta características propias y particulares. Los críticos le acusarán de analizar sólo victorias inglesas. Pero lo que le preocupa al profesor es el ser humano, no por los grandes movimientos de tropas , sino por los «reducidos, sucios y ruidosos espacios en los que reina el miedo, aunque también pueda brotar el heroísmo». Analiza lo que significa caer herido en un combate y los cuidados que recibe el soldado. Estudia lo que significa caer prisionero de guerra; cómo repercute el liderazgo de los oficiales en el comportamiento de los soldados y cómo influye la psicología de estos líderes en la toma de decisiones. Extrae la idea de que «la historia militar puede enriquecer a las ciencias sociales y a las humanidades». Completamente de acuerdo.

Hay otro aspecto interesante en la obra de Keegan, que es el referido a los servicios de inteligencia militar. Extrae «lecciones aprendidas» del fracaso de la inteligencia inglesa que no evitó que Napoleón ocupase Egipto a comienzos del siglo XIX o que no intuyese el asalto aerotransportado alemán que conquistó Creta en la Segunda Guerra Mundial. Por el contrario analiza el éxito de una buena inteligencia en la conquista de las Midway y a las acciones contra submarinos alemanes en el Atlántico durante la Segunda Gran Guerra y sorprende cuando relaciona el éxito inglés en las Malvinas «con las excelentes relaciones con los servicios de inteligencia chilenos».

No nos ha dejado un historiador. Nos ha dejado un trozo entrañable de la Historia de nuestro tiempo.

Publicado en “La Razón” el 16 de agosto de 2012


Crisis de actitudes

sábado, agosto 18th, 2012

Cuando un grupo de amigos comprometidos con Menorca y su patrimonio cultural, iniciamos la andadura de rescatar el Hospital de la Isla del Rey, desconocíamos cual sería el futuro de la Asociación que creábamos y de la Fundación que al poco tiempo canalizó nuestros trabajos e ilusiones.

Pocos teníamos aptitudes para la faena que emprendíamos. Más bien la generalidad era pobre en conocimientos de restauración y menos de carpintería o jardinería. Pero éramos ricos en actitudes. De éstas nació lo que hoy parece un proyecto consolidado, a pesar de los problemas que sobrellevamos.

Cuando Paco Tutzó concibió hace cuatro años el Foro Menorca Isla del Rey, pensó y nos propuso su emplazamiento sobre la bella Isla del centro del puerto de Mahón, precisamente porque sobre el lugar se concentraba un esfuerzo desde abajo, un ejemplo de lo que la sociedad puede hacer si se compromete con un ilusionado proyecto, si aporta y coordina actitudes positivas.

Entre las muchas aristas que tiene la crisis actual hay una fundamental, en mi opinión: la de estas actitudes.

Me acuerdo de una de las primeras historias que nos contó recientemente Luis Rojas Marcos en el Teatro Principal. Recién llegado de Nueva York, le preguntó a una señora sentada a su lado: “¿Qué tal van las cosas por aquí?”. Contundente la dama le contestó sin dar más explicaciones : “¡fatal!,¡fatal!”.

Por supuesto tenía razón. Pero esta actitud fatalista, no deja de ser negativa y agrava indiscutiblemente la situación en que vivimos.

El pasado jueves día 9, este mismo medio publicaba dos noticias relacionadas con el transporte aéreo, un tema que constituyó el tema central del Foro del año pasado y que tuvo sus más que positivas consecuencias. La primera de ellas se refería a que el aeropuerto de Menorca había registrado un record histórico de movimientos en el mes de julio: 501.681 pasajeros. La segunda, que Air Europa dejaría de operar con Barcelona en temporada baja. La primera positiva; la segunda, negativa. Por supuesto la que mereció grandes titulares en la portada del periódico fue la negativa: “Air Europa renuncia a operar con Barcelona en invierno”. Para nada se citaba el incremento.

Tras este incremento de pasajeros, se encontraba el esfuerzo de mucha gente: Sector turístico al completo con gran trabajo de la Conselleria, empresarios hoteleros que han mejorado instalaciones -véase el ejemplo del Carlos III o del Hamilton-, agencias de viajes, mayoristas, empresas de todo tipo. Gentes que ante la crisis han arriesgado, han apostado. Y me alegrará comprobar que en agosto este incremento se mantenga e incluso aumente. Personas como el propio embajador de España en Austria -Yago Pico de Coaña- se han volcado en este esfuerzo bien coordinado por las administraciones, aun escasas de recursos como todos saben. Tampoco damos importancia a otro efecto positivo en el que tiene que ver AENA y la propia dirección del Aeropuerto: la puntualidad. Se ha ganado mucho en un factor para mí clave como es el empleo y planificación del tiempo, de nuestro tiempo, el que se nos roba cuando hay impuntualidades. Pero esto tampoco es noticia.

Ante el evento que se nos presenta el martes en la Isla del Rey, puedo asegurar que los organizadores -Editorial Menorca, Ateneo y la propia Fundación del Hospital, han puesto la mejor de sus voluntades para pasar un mensaje crítico, pero positivo. Son enriquecedoras las sesiones que hemos tenido con dos de los ponentes –Josep Maria Quintana y Guillem Lopez Casasnovas- coordinando y preparando la sesión que tendrá su continuidad en ciclos del Ateneo y del Círculo de Economía. En la Isla del Rey solo podrán exponer sus opiniones en 15 o 20 minutos. Pero queda una amplia documentación que les ha servido de base para preparar sus intervenciones. Todo servirá para cuando diseñemos la Menorca de mañana, la que pueda ser administrada con más eficacia y con menos recursos.

Creo que tenemos en nuestra gente -especialmente en la juventud- grandes aptitudes. Pero todos estamos obligados a incentivar e ilusionar, a pesar de todo. A adoptar ante la crisis actitudes positivas. Nos dieron ejemplo en tiempos más críticos nuestros padres y abuelos.

¿Apostamos por lo positivo, a pesar de todo?

Necesaria y responsable

sábado, agosto 18th, 2012

Con estas dos palabras, quiere resumir el Gobierno, la esencia de la Directiva de Defensa Nacional (DDN) aprobada por el Consejo de Defensa  el pasado martes 31 de julio y presentada ante la opinión pública por el Ministro Morenés  el día siguiente.

La amplia representación de medios que respondieron a la convocatoria del Ministerio de Defensa, invitaba a presagiar una mayor repercusión en nuestra sociedad  que es, a fin de cuentas, la que sostiene la defensa  y, a la vez, la que puede beneficiarse de una buena política o sufrir las consecuencia de una  mala previsión. Lo cita el propio documento  entre sus objetivos (pág. 5): «Para que los ciudadanos tengan cumplida información de la situación de la defensa y asuman una exigencia crítica que obligue a sus representantes políticos». Es curioso que el redactor encabece esta frase con un «por fin». ¿Es que antes no se asumía esta exigencia crítica? ¿No está confeccionada esta Directiva por nuestros  representantes políticos?
No obstante la repercusión en nuestra sociedad ha sido mínima. Algún medio nacional, ni siquiera la ha comentado. El lector me dirá que la fecha no es la más apropiada, que las Olimpiadas y la crisis económica llevan la información por otros derroteros, y que las preocupaciones de nuestra sociedad son a corto plazo y se llaman primas de riesgo, ERE,  ERO, o renta mínima de 400 euros. Y quiero comprenderlo. Pero  determinados analistas si estaban obligados a enjuiciarla y reflexionar sobre ella. Porque si algún valor tienen las DDN, es que reflejan el momento en que se redactan, la situación anímica de nuestra sociedad y deben atisbar, aun con un lenguaje escondido y cauto, lo que Bismark llamaba «el ruido del galope de los caballos de la Historia». ¡Ay del pueblo que no tenga el oído atento al sentido de este galope!
Volviendo al texto, me gustaría conocer el criterio de un joven capitán que recorre diariamente, con riesgo, la ruta Lhitium, allá por Afganistán. Cree que está  allí por solidaridad con nuestros aliados, defendiendo un modo de vida libre y democrático entre aquellas tribus medievales y se pregunta si nuestros riesgos más inmediatos y «no compartidos» recibirían la misma solidaridad.
Como nos recuerda en una magnífica reflexión  el general Ortega en el Digital de Atenea «¿Aún no ha llegado el momento de presionar a Bruselas y exigir a la Alianza Atlántica la cobertura de Ceuta y Melilla dentro del paraguas del Articulo 5? Este artículo del Tratado de Washington constitutivo de la Alianza, dice claramente que el que ataque cualquier rincón de un país, recibirá la respuesta solidaria de todos.  La verdad es que la Directiva reitera la necesidad de seguir retocando el Concepto Estratégico de la OTAN y no rehúye el determinar zonas de riesgo ,aun con lenguaje mas que diplomático, que geográficamente sitúa «en la orilla sur del Mediterráneo» o «desde el Africa subsahariana que se proyecta hacia el norte».

La DDN «manifiesta con claridad la voluntad de prevalecer sobre las amenazas no compartidas» manteniendo un nivel nacional de «disuasión creíble y suficiente», con objeto de evitar que los riesgos se conviertan en  amenazas. Horas antes de la reunión del Consejo de Defensa  Nacional, los nuevos tres Jefes de Estado Mayor de los Ejércitos y de la Armada habían hablado de merma de capacidades. Ya conocían el «contexto de estrechez presupuestaria» en el que se moverían.

«Disuasión creíble» que la DDN cimienta sobre la «cohesión nacional»(Pág 7. Directrices) entendida ésta como  voluntad colectiva y determinada «de preservar los valores de nuestra sociedad, los medios materiales para crear prosperidad  y la fortaleza del Estado». «Por  ello –continúa– es necesaria la toma de conciencia social de la importancia de la Seguridad y la Defensa en una época de gran incertidumbre». Alabo la intención del redactor, pero no puedo más que dudar de la sociedad que hemos construido, en la que la «cohesión nacional» y la «voluntad de preservar valores» no forman parte, ni de lejos, de sus prioridades.

Comparada esta Directiva con su antecesora de 2008 –Gobierno Zapatero– es mas breve, yo diría más interna, coincide con el análisis de tiempos de cambios, complejidades e incertidumbres. Tampoco llegó aquélla  a la sociedad. Como dudo  +que esta llegue  al espíritu del joven capitán de la ruta Lithium. El debate debería estar abierto, incluso la crítico, viendo el tema en su configuración multidimensional. ¿Se ha preguntado alguien si es mas económico suprimir 20.000 soldados o marineros  de las plantillas de las Fuerzas Armadas,  que  asumir su coste en las listas del paro? ¿Puede ser rentable asumirlos, formarlos, disciplinarlos para devolverlos a la sociedad con determinadas calificaciones técnicas? Podría citar más ejemplos a debatir, si ciertamente la Política de Defensa fuese multidimensional y no centrada mayoritariamente en la política militar.

¿Necesaria? Por supuesto.

Publicado en “La Razón” el 9 de agosto de 2012


Lo posible y lo deseable

sábado, agosto 18th, 2012

En una operación bien concadenada,  entre el Consejo de Ministros del viernes 27  y el martes 31 de julio se relevaron los tres Jefes de Estado Mayor de los Ejércitos de Tierra, Aire y de la Armada y se reunió  el Consejo de Defensa Nacional que presidido por S.M el Rey,  aprobó la nueva Directiva de Defensa firmada  por el Presidente del Gobierno Mariano  Rajoy.

Solo me referiré en esta reflexión al relevo de la cúpula de los Ejércitos  y de la Armada, que se ha producido de forma natural, sin precipitaciones, sin caprichos ni amiguismos  políticos. El ministro Morenés ha tenido tiempo para calibrar su decisión, buscando la eficiencia y el liderazgo por encima de toda  consideración. Tuvo la honestidad de decirles en el acto del lunes tarde en la sede del Ministerio de Defensa: «Gracias por asumir el cargo en este momento». El mensaje no podía ser mas claro. El día siguiente, en los sobrios  actos de los tres  Cuarteles Generales, se dejó de protagonismos, avalando con su   presencia  el respaldo a los mandos a quienes  había encomendado una misión difícil.

Queda la lucha entre lo posible y lo deseable. Lo citaron a su manera cada uno de los nuevos Jefes de Estado Mayor. Se asumieron los «sacrificios que sean necesarios», pero advirtieron sobre  los peligros de las «pérdidas de capacidades». El tono general fue el de aceptar  riesgos  y dificultades que no son exclusivas de las Fuerzas Armadas, con una mirada fijada en la esperanza: «Hemos salido de situaciones peores»; «momentos de tormentas; sabremos responder».

Le queda ahora al Ministro recomponer los segundos niveles de  la pirámide de mando. Tierra gana con el general Domínguez Buj un excelente Jefe de Operaciones procedente del Estado  Mayor de la Defensa, pero éste queda desequilibrado. La experiencia nos enseñó  que el Cuartel General de la calle Vitruvio no puede estar dirigido sólo por marinos y aviadores, cuando el mayor esfuerzo de proyección exterior lo realiza el Ejército de Tierra. Tampoco puede cargar éste, con el coste principal de la Unidad  Militar de Emergencias (UME), cuando a la vez es el que ha asumido el sacrificio de suprimir 44 unidades  y disminuir 22.000 puestos en plantilla. En tiempos de bonanza es fácil el espíritu conjunto; en tiempos de crisis pueden aflorar egoísmos que en nada benefician al necesario equilibrio de  lo conjunto. Ciertas técnicas seguidas históricamente han consistido en situar  «peones» en puestos clave cercanos a decisiones políticas y sobre todo económicas. Algún Cuartel General es maestro en este tema. Debe defenderse el Ministro Morenés de estos egoísmos, tanto en el fondo como en las formas. Personalmente le pediría  además, que incrustase en esta pirámide a algún «loco optimista» como el que diseñó el alquiler con opción de compra  del buque «Cantabria». Sus estrategas inmediatos –Terán y Fojón y su Director de Gabinete Pery, los tres marinos–, excelentes, sesudos y honestos profesionales, no tienen entre sus virtudes precisamente la del optimismo, algo que necesitamos en estos momentos de depresión. Y respecto al  que aconsejó el alquiler del «Cantabria» a los australianos, valdría la pena llevarlo a un Consejo de Ministros para extender la fórmula al Poder Judicial, al Constitucional, al Senado, o a un montón de Autonomías, para ver si «alquilando con opciones de compra», aligerábamos estructuras políticas. La diferencia está en que el buque salido de los astilleros de Navantia es de muy buena calidad, lo que no se puede asegurar del resto de la oferta política.  En su mano utiliza, Morenés, dos buenas herramientas: el respeto y la confianza  en los valores. Respeta por convicción y porque conoce y quiere conocer. Ha sido más que discreto con su compromiso político y para nada ha utilizado a las Fuerzas Armadas para su proyección personal. No necesitaba el pasado martes ser perseguido por una ristra de cámaras y medios de comunicación  coercitivamente convocados como antes: «Si no le sacas en portada, te pierdes el próximo viaje a Herat» o «antes de las seis quiero elegir la foto».

Pero sobre todo Morenés tiene confianza en los valores que  enriquecen la Institución y en  las personas que las componen. Se habló  el martes en varias ocasiones –salientes y entrantes– de «la calidad profesional y humana de los hombres y mujeres que  componen las Fuerzas Armadas». Fulgencio Coll  citó «la gran calidad, lealtad y capacidad de sacrificio» de oficiales, suboficiales y soldados, incluyendo acertadamente junto a todos, al personal civil que trabaja con nosotros. Indiscutiblemente el soporte de la Institución se asienta sobre la calidad humana de sus componentes. Y quien sabe estimular esta forma de ser obtiene unas beneficiosas  plusvalías. Lo posible se dijo con lealtad .No dejemos de  trabajar y soñar en lo deseable.

Publicado en “La Razón” el 2 de agosto de 2012


Santiago y cierra España

sábado, agosto 18th, 2012

Hace unos días conmemorábamos la batalla de las Navas de Tolosa. Ayer celebrábamos el día de Santiago, patrón de España y a la vez del Arma de Caballería de nuestro Ejército. El grito de «cierra» equivale a trabar combate, embestir, acometer, luchar hasta la victoria. Con  el «Santiago y cierra, España»  vencieron los tres reyes cristianos –Castilla, Aragón y Navarra– a los almohades al sur de Despeñaperros en 1212. Luego utilizaron este  grito de guerra y autoafirmación tercios y legiones españolas por todo el mundo. El Arma de Caballería, fiel al estilo que simboliza, incluye la arenga  en su himno. La frase ha sido interpretada muchas veces como peyorativa, cambiando el lugar de la coma: Santiago, y cierra España. ¡Cierra, España!, porque en plena  crisis  institucional  necesitamos  un referente, un áncora a la que agarrarnos, cuando vemos que el barco navega a la deriva acercándose peligrosamente a los acantilados. Sólo nos queda el recurso de echar el ancla para intentar evitar el desastre. Y este referente sólo pueden aportarlo la legión de patriotas que está dispuesta a sacrificarse, a arriesgar todos los metros de cadena  de que disponen, a arañar con sus manos el fondo rocoso del mar buscando donde agarrarnos.

Y creo sinceramente que para este núcleo duro de gentes dispuestos a jugársela como en Las Navas, las Fuerzas Armadas son un referente. Han demostrado en estos difíciles años ser dignas, sacrificadas, claramente dedicadas a servir a su sociedad, sin crearle problemas  que bastantes tiene. No crean que el tránsito ha sido fácil, porque se ha intentado muchas veces influirnos y desunirnos, convertirnos en instrumento de partidos a  imagen y semejanza de ciertos políticos que sufrimos. No crean que todos  sus miembros callaron. Pero la prepotencia política, el sesgo de nuestras leyes que dan al poder político poder absoluto, los silenciaron por la práctica vía del BOE. Bien saben que todas estas prácticas políticas son de la misma calaña que las que llevaron a construir  aeropuertos  sin aviones y  vías de ferrocarril que no llevan a ningún lugar. Los que asaltaron algunas  cajas de ahorro,  antaño cercanas y benéficas –los montes de piedad de nuestros padres y abuelos– en  guarida de salteadores de caminos. Ahora, todos debemos pagar su rescate. Por supuesto no invoco, ni de lejos, a los «salvadores de la Patria» del siglo XIX. Nunca apoyaría la menor intentona. Nunca aumentaría las preocupaciones de mi sociedad a la que juré servir. Pero si puedo ofrecer el modelo, si convertir en referencia, el uso de unos valores que han sostenido la Institución, en la que incluyo a otras gentes de armas, como a nuestros hermanos de la Guardia Civil y en muchos sentidos a los miembros de la Policía Nacional y a otros cuerpos de Seguridad:  el sentido del honor, el respeto a la palabra dada, la confianza, la puntualidad y exactitud en el trabajo, la lealtad en su sentido más noble, el tesón, el espíritu de sacrificio, la valentía.

Cuando los egoísmos escisionistas predominan, cuando  ha desaparecido la solidaridad entre nuestros pueblos, cuando se depositan capitales y beneficios en paraísos fiscales alejados, cuando no nos inmutamos si  media Europa piensa que somos unos chorizos despilfarradores, sólo nos queda el áncora de quienes tienen fe, de quienes saben lo que es el sacrificio, de quienes no tienen otro objetivo que servir.

A un magnífico coronel de Infantería que mandaba un regimiento de la División Azul que luchaba en Rusia en plena Segunda Guerra Mundial, le mandaron del Ministerio una banda de música formada por medio centenar de  oficiales y suboficiales. El Coronel, falto de mandos intermedios, cambió trombones y trompetas por fusiles y los puso al frente de los pelotones que luchaban en el frente. Hizo bueno aquel viejo lema de «decidir es seleccionar; seleccionar es renunciar». Renunció a la música  y  tuvo que tomar una decisión difícil. Si para ganar la batalla de hoy hay que prescindir de ciertos «músicos», incluso de ciertos «cuerpos de élite» –léase Senado, Tribunal Constitucional, reformas constitucionales o  de leyes orgánicas, reducción de clases partidistas– hay que hacerlo. Como el coronel con los trombones. Y no hablo sólo de capacidad de sobrevivir a la crisis, y de superar la pérdida de confianza en nuestros dirigentes. Hablo de tener fe en la victoria como los tres reyes cristianos en  Las Navas. Porque sin esta fe no saldremos, y viviremos postrados al pie de unos llamados «mercados» que, con nombre y apellidos, en dos días pueden ganar en Bolsa o en primas de riesgo, más que todos los que leemos estas líneas en diez años. ¡Por supuesto no cerramos España, apóstol Santiago! Invocamos tu nombre y cerramos filas frente al enemigo de hoy, luchando en una nueva Reconquista: la de nuestros valores.

Publicado en “La Razón” el 26 de julio de 2012


Aquí se puede aprender inglés

sábado, agosto 18th, 2012

Anclados en el centro del Puerto de Mahón, sufrimos como casi todas las instituciones, como casi todos ustedes, las consecuencias del temporal político y financiero que nos sacude.

Pero continuamos nuestra ruta. No les hablaremos de dificultades, que son muchas, sino de aspectos positivos de nuestro quehacer. Sin darnos cuenta, pronto cumpliremos ocho años de nuestro andar, surgido aquel septiembre de 2004.

Algunas de nuestras actividades están consolidadas y forman parte del paisaje de nuestro Puerto: las visitas dominicales (habremos perdido tres, máximo cuatro por mal tiempo, sobre 432 domingos); la procesión marinera de la Virgen del Carmen que cada año nos emociona a su paso por la Isla o el mismo Foro Menorca Isla del Rey que prepara este año su cuarta edición. Paco Tutzó tuvo la idea de focalizar el sitio como lugar emblemático, como ejemplo de voluntariado a seguir y junto al Ateneo y Editorial Menorca materializamos la idea.

Pero hemos vivido un hecho inédito, vivo, brillante, con proyección de futuro. La iniciativa nació por el hecho de contar con un grupo importante de voluntarios ingleses, una vez conmemorados los 300 años de la creación de aquel primitivo Hospital Naval (1711-2011).

¿Por qué no incentivamos el estudio del inglés entre nuestros jóvenes sin necesidad de que viajen al Reino Unido?

Nada costó convencer a la Consellera de Bienestar Social y Juventud y a sus bravas y eficaces “chicas” de INJOVE para que el proyecto se pusiese en marcha. Diseñado inicialmente para 30 estudiantes, la demanda obligó a duplicar las plazas. Y como no teníamos instalaciones para tantos en la propia isla del Rey, pedimos -y encontramos- apoyo en el Lazareto, a cuyos responsables agradecemos enormemente la ayuda prestada.

Pocas veces la conjunción de esfuerzos produce tan buenos resultados. Unas magníficas monitoras de INJOVE, un programa de actividades bien estudiado y organizado, la magnífica contribución de voluntarios de nuestra Fundación, españoles e ingleses, un magnifico y servicial barquero y el buen comportamiento de los chicos y chicas, convirtieron una incierta experiencia en un indiscutible éxito que deberá tener continuidad.

Pero quedaría corto si no felicitase a unos padres que han imbuido en sus hijos la necesidad del esfuerzo y del estudio y que el conocimiento del inglés es importante para su formación y futuro.

Resumo: tuvimos la suerte de encontrar un grupo de estudiantes con buenas calificaciones, con interés y disposición, es decir con buenas aptitudes. Pero sobre todo con buenas actitudes. Con estos mimbres el fruto nace solo. Y no hay mejor inversión en tiempos de crisis que mirar al futuro y transmitir a nuestros hijos -y nietos- nuestro mejor esfuerzo. Esfuerzo de muchos como he dicho, que equivale a decir éxito de todos.

Las gotas de agua

sábado, agosto 18th, 2012

Pueden servir para calmar la sed en el desierto, pueden llevar a la locura convertidas en «gotas malayas» o pueden ser las que rebosen el vaso. Todo depende del tiempo y del lugar.
Las gentes de armas solemos contar una historia, mas o menos real, pero significativa. A comienzos de la Primera Gran Guerra se necesitaba a alguien que interpretase fotografías aéreas. Se le encomendó la misión a un soldado con brillantes estudios universitarios relacionados con el tema. Dos días después, éste se presentó a su jefe para decir que necesitaba otro ayudante ya que había demasiadas fotografías. De paso solicitó ser ascendido a cabo. Sus sucesivas peticiones fueron satisfechas, de modo que al cabo de tres meses mandaba sobre 85 soldados y ostentaba el grado de teniente coronel. Pero ya no podía interpretar fotografías aéreas porque estaba demasiado ocupado atendiendo a la administración de sus hombres.

Ésta podría ser la historia de nuestro actual «Estado fallido». Montamos nuestra especial interpretación del Estado en múltiples entes, y al final no sabemos o no podemos interpretar su esencia más elemental, que es el servicio público. Demasiadas veces parecen olvidar las instituciones, que están para servir. De vez en cuando debo recordárselo a alguien: «Usted es un servidor público», cuando me devuelve la mirada entre la estupefacción y el odio. Me contestará el lector que la idea de un estado de las autonomías era buena; que la ha pervertido una clase política y que esta perversión tiene un coste inasumible. También hay mucha gente honesta al servicio de los demás.

Las Fuerzas Armadas siguen sirviendo a este «Estado fallido» que es el nuestro, a pesar de las dificultades. Cada día tendrán nuevas noticias. Si amenazan de cierre una Academia en el Pirineo leridano, se pondrá en pié toda una comarca e incluso un president de Govern, nada proclive, apelará al necesario patriotismo para mantenerla. Si el buen general Fulgencio Coll pone sobre polines el 60% de la flota de vehículos del Ejército, se alarmarán fabricantes, proveedores y gasolineras. Y si la Armada «alquila con opción de compra» el buque de aprovisionamiento «Cantabria» a Australia, alguien pensará que estamos desarbolando nuestra seguridad y cediendo soberanía. Cuando se diseñó el buque –10 o 15 años– ya dijo alguien que no era imprescindible. Poco imaginaba que acabaría surcando lejanos mares, reforzando la buena saga de ventas que abrieron el «Camberra» (febrero 2011) y recientemente  el «Adelaide» botados en Ferrol. Ninguna de las decisiones adoptadas ha sido fácil, no lo duden. El martes anunció el ministro Morenés el repliegue de la misión del Líbano. Habló de costes y me pregunto en qué condiciones decidió el despliegue su antecesora. He conocido contingentes canadienses que reportaban beneficios a su Ejército, al condicionar su participación a cuotas que debían pagar Naciones Unidas u otros donantes. Como también he conocido Fuerzas Aéreas que «vendían» sus servicios como compañías chárter para «hacer caja».

Y estas Fuerzas Armadas dotadas del 0,59% de nuestro PIB –a nivel de Luxemburgo– se han mantenido dignas, honestas, unidas y disciplinadas. Ni un escándalo económico, en épocas en que por todos los costados de nuestra rosa de los vientos proliferan. Son gentes –sea cual sea su grado– que saben que sus retiros se igualan a los de todos los ciudadanos en la Seguridad Social, sin la menor prima. Son gentes que llevan años –junto a muchos funcionarios– que copagan sus medicinas, sin la menor queja.

Ahora, ante la situación, contagiados por otras alternativas surgen voces de protesta. Tienen razón, pero no va con nuestro estilo. Nunca como ahora Defensa se había preocupado tanto por el aspecto moral de nuestra vocación: Cruces Rojas por Bosnia que llevaban décadas pendientes; la Laureada colectiva al regimiento de Caballería Alcántara que se debía desde 1921; el reconocimiento a heridos y enfermos en misiones exteriores etc. Alguien me dirá que no es suficiente. Y tendrá razón. Pero nuestro estilo no es la pancarta, el exabrupto periodístico o el insulto tertuliano.

Pienso en lo que deben sufrir nuestros hombres que patrullan la ruta Lithium allá por Afganistán. ¡Claro que les preocupa que para elegir al presidente del Consejo del Poder Judicial sus veinte miembros hayan presentado, hasta elegirlo, más de treinta candidaturas! ¡Claro que les preocupan los escándalos y las primas de Caja del Mediterráneo o de Nueva Caja Galicia, porque sus padres podrían tener allí sus ahorros! Y no se explican cómo se ha llegado a este «rompan filas de la decencia» en el que parece que el que no roba es tonto. Ellos que ayudan a levantar un real Estado fallido sienten suspendida su soberanía económica y sienten fallida a su propia Patria.

Las gotas de agua deben servir para aliviar la sed. No para torturar. Pero también hay que evitar que rebosen en los vasos de la paciencia.

Publicado en “La Razón” el 19 de julio de 2012

Coronel Cubí

sábado, agosto 18th, 2012

A punto de cumplir noventa años, nos ha dejado. Ley de vida. Muchos le hemos despedido “siguiendo la costumbre cristiana” en la parroquia de Santa Maria.
Juan Miguel Sastre , que ha oficiado la ceremonia, nos ha recordado que “completó el peregrinaje por esta tierra y dejó testimonio de sus profundas raíces cristianas”.

Unida, le acompañaba su extensa familia, dignos como les enseñó a ser, sin dramatismos, aceptando la voluntad de Dios. Por supuesto, tristes. Faltaban algunos de sus compañeros de armas que peregrinaron antes: Baldomero y Juan Hernández, Quevedo, Luis Barca, Servando Magdaleno…

Fue una generación endurecida por la posguerra y que nunca nos transmitió a quienes les seguíamos ni revanchismos ni odios y que sí supo encaminarnos a asumir responsabilidades, a ser sobrios, a servir a España como patria -tierra de nuestros padres- por encima de muchas cosas. En Menorca tuvieron mucho que ver con preservar el “Camí de Cavalls”, hoy dedicado a menesteres no militares, y en contener con concienzudos estudios técnicos las alturas de las urbanizaciones, aplicando aquella antigua Ley de Zonas Polémicas.

Comprometido con su sociedad, el coronel Cubí fue Hermano Mayor de la Cofradía de la Piedad de la Parroquia del Carmen, y en otro momento presidente del Club de Baloncesto La Salle, en tiempos heroicos. Me lo recordaba hace un momento José Barber: “Se preocupaba hasta por el estado de las pensiones -obligatoriamente baratas- en las que nos alojábamos en Barcelona”.

Los que le conocieron, los que le mandaron y obedecieron, los que le quisieron, no necesitan que diga mucho más. Sobran las palabras cuando su testimonio está muy presente.

Solo debo añadir una lección que nunca olvidaré.

No puedo recordar el año. Creo que yo estaba en Menorca realizando las prácticas de la Escuela de Estado Mayor. Asistí a un ejercicio de tiro de la batería de Llucalari. Una de aquellas piezas del 38,1 había sufrido un grave accidente años antes. Semblantes responsables, pero tensos, cuando Cubí dirigiéndose a mi dijo: “Comandante, venga conmigo”. Y le seguí por el interior de la pieza, que al ser un montaje naval entraña acceder a los distintos niveles por escaleras verticales de hierro. La presencia del jefe del Grupo ante los reclutas, ante aquellos excelentes profesionales del Parque de Artillería, actuaría de sedante. No fue necesario decir nada. Solo el testimonio. Hizo buena la frase del general De Gaulle: “Nada realza tanto la autoridad, como el silencio”. Lección aprendida, mi coronel, de la que hoy -obligatoriamente- debo dejar testimonio.

Navas de Tolosa (1212-2012

sábado, agosto 18th, 2012

Con la prudencia que exige el manejar fechas en temas históricos, estos días conmemoramos los ocho siglos de una batalla que ha pasado –entre la realidad y el mito– a ser un referente en nuestra historiografía: la de las Navas de Tolosa librada el  16 de julio de 1212. Es importante no sólo por el resultado de una victoria de coaligadas tropas cristianas sobre las almohades, sino por su repercusión y sus consecuencias. Los reinos cristianos  andaban aún organizando cruzadas –entre la Cuarta y la Albigense– impulsadas por el Papa  Inocencio III,  que utilizaba como armas  para conseguir adhesiones desde el premio de «la condonación de todos los pecados» hasta  la amenaza  de la excomunión. Hablamos de comienzos del siglo XIII, dividido nuestro territorio en no siempre avenidos reinos –Castilla, Aragón, Navarra, León y Portugal– luchando contra  el califato almohade que, desde mediados del siglo anterior, integró  unas debilitadas taifas. Este imperio almohade, tras consolidarse en una muy extensa zona del norte de África, –de Marrakech a Trípoli–, dominaba  media Península desde el sur de  Lisboa hasta Valencia, Islas Baleares  incluidas. El movimiento religioso y político nacido en el Atlas marroquí a comienzos del siglo XII proclamaba el dogma de la unidad divina y  sus miembros seguían estrictamente prescripciones coránicas. Las fronteras  con los reinos cristianos, especialmente la castellana, fluctuaban  al sur del Tajo. La defensa de estas líneas se encomendaron a los Templarios y posteriormente a las Ordenes Militares: Calatrava y Santiago en Castilla, Alcántara en León. En una de estas fluctuaciones, Alfonso VIII era derrotado en Alarcos en 1195 viéndose obligado a solicitar una tregua y al pago de vasallaje.  Un año después, tras tres meses de duro asedio, caía en poder  de los almohades el castillo de Salvatierra, sede central de la Orden de Calatrava. Peligraba Toledo. Éste fue el detonante que obligó a unir fuerzas. Inocencio III llamó a la guerra santa . Parte de la cristiandad europea se movilizó; en la Península, Aragón  y Navarra se comprometieron a apoyar a Castilla, algo que no hicieron León y Portugal. En mayo de 1212 se concentraban en Toledo  los contingentes, sus tres reyes al frente: Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón, Sancho VII de Navarra. La unión de fuerzas permitió  iniciar la  contraofensiva. Se recuperó  Malagón,  Calatrava, Alarcos, Caracuel, Benavente y  Piedrabuena. Pero llegados a las primeras estribaciones de Sierra Morena, el Paso de Losa ocupado por los almohades, cerraba Despeñaperros, al sur del cual , en la actual Santa Elena, acampaba el ejército califal. En una situación de difícil y encajonado repliegue, un pastor se ofreció para guiar a los fuerzas cristianas por una ruta alternativa que les llevaría al contacto con el enemigo y  permitirían lo que tácticamente se llama fijarlo. La sorpresa, la acción de conjunto y  el ímpetu, les  llevaron a la victoria. En pocas semanas, «explotando el éxito», conquistaban Vilches, Ferral, Baños, Tolosa, Baeza y la misma Úbeda.

De la necesidad de glorificar la gesta nació el mito. El pastor llegó a ser confundido con un ángel  o con el mismo Santiago, hoy desprendido de su ancestral apellido «matamoros». Y se magnificaron las  bajas enemigas –entre setenta y cien mil muertos según  las cartas de la época, recogidas por algunos historiadores– cuando contendían como mucho, diez o  doce mil combatientes por bando. Al contrario, las bien tratadas y victoriosas huestes de los tres  reyes católicos y sus obispos adjuntos, no pasarían de doscientos muertos en ningún caso. Todos sabemos que las guerras las describen  los victoriosos, pero  es tiempo de ser objetivos. Lo cierto es que la ciudad de Toledo quedó protegida; que Castilla ganó una posición dominante ante el papado y los demás  reinos cristianos; que se aceleró la caída de los almohades; que se controlaba, por último, Despeñaperros  y el acceso al valle del Guadalquivir.

La liturgia romana dedicó desde entonces la fecha del 17 de julio a la conmemoración de la festividad del Triunfo de la Cruz, en memoria de Las Navas. Alfonso VIII, que moriría dos años después, demostró no sólo ser un hombre de acción, sino también un hábil diplomático. Dejaba sentadas las bases que conducirían al final de la Reconquista, aunque quedaban cerca de tres siglos de dura lucha. Del palenque  que protegía a  Al-Nasir, el «miramamolín» almohade, se llevó  Sancho VII  las cadenas que desde entonces constituyen  el escudo de Navarra. La batalla de las Navas de Tolosa constituye indiscutiblemente el mejor  ejemplo de que de  la unión hace  la fuerza y de que los valores –en este caso prioritariamente los cristianos– aportan un  importante plus al esfuerzo común. Reflexionar hoy sobre lo que significó esta victoria –fe,  unidad , esfuerzo,  liderazgo– es, en mi opinión, más que necesario.

Publicado en “La Razón” el 11 de julio de 2012