El deporte como refugio

Ante el difícil momento que vivimos, sólo el deporte nos permite huir del pesimismo, a la vez que nos proporciona  ilusiones y alientos. Bien sean nuestros motoristas copando podios, bien  viendo al París de Roland Garros rendido a un gran tenista de Manacor o bien respirando tranquilos cuando nuestra alabada selección de fútbol supera el miedo escénico de la primera fase de la Eurocopa. También los emocionantes cinco partidos del «playoff» entre el Barça y el Real Madrid de baloncesto  han permitido olvidarnos momentáneamente de las primas de riesgo y de nuestras deudas interiores y exteriores. De todo se pueden extraer no sólo emociones, sino lecciones.

La  primera, sencilla y más repetida, es la que relaciona el trabajo, el sufrimiento y la resistencia con el éxito. Los psicólogos llaman  «resiliencia»  a la  capacidad de operar –nuestros soldados en Afganistán la conocen muy  bien– en ambientes enemigos. Con las debidas matizaciones, el  Palau San Jordi presentaba un lógico ambiente desfavorable para el Real Madrid y viceversa el Palacio de los Deportes lo era para el Barça. Lo que no fue óbice para que cada equipo venciese una vez en cancha contraria y saliese fortalecido.

La segunda reflexión alegraría al mismísimo Tito, el que fuera vitalicio presidente de la República Yugoslava. En los «playoff» hemos visto alineados a un esloveno (Lorbek, que además fue nombrado mejor jugador de la serie), un  croata (Tomic), un montenegrino nacionalizado (Mirotic),  un bosnio (Begic)  y un serbio (Velickovic). Ni hecha por encargo se podía concentrar una selección tan bien distribuida. Norteamericanos, un lituano, un senegalés y por supuesto españoles, completaban las magníficas plantillas de los dos equipos.

La tercera constata que el esfuerzo y el sacrificio tienen sus premios, que la suerte aparece caprichosa en el momento menos esperado (Huertas en las décimas del último segundo del primer encuentro) y que quien resiste vence. Yo aplaudiría, muy especialmente, la entereza más allá de la resistencia, de los españoles Fran Vázquez,  Felipe Reyes o  mi paisano Sergio Llull.
Una última reflexión va dedicada a los entrenadores, en este caso Pablo Laso y Xavi Pascual. No sólo deben preparar al equipo durante meses , sino que en el último minuto deben saber decidir y estimular, comprender errores –¿cómo puede fallarme otra vez tiros libres este hombre?– y, sobre todo, transmitir en pocos segundos sobre una tablilla que lleva dibujada a escala una pista, lo que espera ejecuten los jugadores en los próximos minutos, segundos incluso. Toda la tensión del mundo en aquellos instantes. Algunas veces un traductor transmite lo que dice el entrenador. Otras, los sudorosos jugadores simplemente ponen cara de inteligente. Luego harán lo que puedan o les dejen. Sobre la tablilla quedan rayas y más rayas de muy difícil interpretación.

Ésta es nuestra vida hoy. Precipitadamente nos enfrentamos a múltiples alternativas, solos o en equipo, a las que tenemos que responder. Y no digamos las personas que nos gobiernan, asaetados por noticias de gabinetes y corresponsales, que sufren segundo a segundo la tensión de las bolsas o el alza de las primas de riesgo, cuando no saben si quien quiebra el sistema de confianza tiene despacho en la Bankplassen de Oslo, en la City de Londres, en Abu Dabi o  en Moscú. Se preguntan, al igual que lo hace la Policía, ¿a quién beneficia el crimen que ha arruinado a griegos, portugueses, irlandeses y a nosotros mismos? Y la gente de la calle incide, ¿es que alguien está quemando billetes de 500 euros? Entonces, ¿dónde están?

Los deportistas saben a quién se enfrentan y los entrenadores los preparan para cada choque. Una vieja máxima militar sirve como precepto: «Instrucción dura, guerra blanda; instrucción blanda, guerra dura». Es decir, se preparan física y psicológicamente para el mayor esfuerzo y,  desde luego, para conseguir la victoria. Luego, pasará lo que pase, con preparación dura, con tablilla de instrucciones, con consignas dirigidas al corazón del guerrero, bien o mal transmitidas en décimas de segundo.

El presidente del Gobierno, buen deportista, dispone de un equipo bien formado, extraído de la cantera y reforzado con excelentes fichajes. Pero lleva los «playoff» con dificultades. Se le exige entereza mas allá de la resistencia, cuando le fallan los tiros libres, le asaetan  con triples desde las bandas, incluso los árbitros le castigan con faltas técnicas. No  puede –no debe– rendirse como no lo hizo Xavi Pascual tras la hecatombe del tercer partido. Debe pensar que saldrá fortalecido si él y su equipo son capaces de sobreponerse a este periodo de enormes dificultades.

Y dispone de una herramienta que debe cimentar sus decisiones y que sólo he oído citar una vez entre tanta jerga técnica. La pronunció el presidente de un banco nacional: la ética. ¡No es sólo el refugio; es la clave!

Artículo publicado en “La Razón” el 21 de junio 2012


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