Archive for junio, 2012

Marcos Urarte: El dedo en la llaga

jueves, junio 28th, 2012

Convocado acertadamente por el Ateneu y por el Círculo de Economía de Menorca, el pasado jueves día 7 dio una magnífica conferencia Marcos Urarte, conocido consultor de empresas, hombre experimentado en el mundo de la comunicación -con ramales que se extienden al ámbito de la Defensa- con la importante connotación para nosotros de que reside temporalmente en Menorca desde hace años. Al igual que Iñaqui Gabilondo -el que dijo acertadamente “ustedes quieren turismo, pero no quieren turistas”-, sabe de nuestras virtudes y de nuestros defectos, es decir “nos tiene medidos”.

Y con sutil descripción fue repasando el mundo empresarial que nos rodea. Huyó del concepto tradicional de crisis, envuelto engañosamente en criterios de temporalidad y de fatalidad, animando a buscar soluciones actuales.

Bastaría con que nos preguntásemos, dijo, “en qué creen que puedo ayudar” y “cómo creen usted que podemos mejorar”, como sencillos primeros pasos para lograr la recuperación.

El planteamiento es matemático. Bien expuesto representa el 50 por ciento de su resolución dicen los científicos. Constantemente provocaba, invitaba al reto de adaptarse, de innovar, de persistir, de no estancarse. “No estamos -repitió- en una época de cambio, sino en un cambio de época”. Y debemos convencernos de que el futuro no será prolongación del pasado.

Entró en el interior del mundo empresarial, que podría traspolarse al de la administración. “Un 18 por ciento trabaja motivado; un 60 por ciento trabaja relativamente bien aunque no esté motivado; pero un 22 por ciento trabaja sin motivación” -amargados-, se atrevió a decir. Y lo malo de estos últimos no queda en este porcentaje: un 6 por ciento de ellos sabotean la organización.

Habló del buen jefe, del líder, de quien sabe rodearse, sin celos, de elementos valiosos. También habló del “jefe blancanieves” el que convierte a todos sus colaboradores en enanos.

Se detuvo para terminar con su apuesta por la resilencia, considerada ésta como la “capacidad de sobreponerse en un entorno adverso”. Los militares de Afganistan conocen bien el concepto. Es diferente operar en un entorno enemigo o adverso, que en el pacífico entorno normal de nuestras vidas. En cierto sentido ya lo adelantó Kant al decir que “la inteligencia de un individuo se evalúa por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar”

Como es frecuente cuando se trata de temas que nos afectan directamente, poca gente en el Ateneu. Ninguna referencia de prensa. No nos gusta que nos pongan el dedo en la llaga. Que nos digan que la sonrisa, la hospitalidad, la palabra dada, la responsabilidad, son mejores armas para salir adelante que la propia Reserva Mundial de la Biosfera o que el PTI.

“Desde hace 20 años voy al mismo restaurante; donde en un mes de agosto para decirme que no había mesas, me invitaron a un vino y me aconsejaron esperar diez minutos; en otros encontré el portazo, el ¿qué se cree usted que pasa en Menorca en agosto?”. Y se detuvo en la fidelización como concepto básico para la vida de la empresa, lo equivalente a tender una mano al amigo.

Desde mi atalaya de los años vencidos, meditaba sereno sobre lo que contaba una mente moderna y más joven. Y pensé que estaba obligado a hacerme eco de lo dicho. Unos buenos empresarios, junto a José Antonio Fayas, Paco Tutzó y Luis Hernández, pueden dar fe mejor que yo, de lo que expuso brillantemente un hombre que nos quiere. Se llama Marcos Urarte.

La toga y la estrella

jueves, junio 28th, 2012

Desde que realizó sus prácticas como alférez de las Milicias Universitarias en la Brigada Paracaidista, forma parte de esta amplia plantilla de «no profesionales» que tanto han enriquecido a las Fuerzas Armadas. Eligió un puesto de riesgo y fatiga  como señalan nuestras ordenanzas, y dejó un montón de leales amistades. La más significativa es la que mantiene con el general Luis Carvajal, un caballero como la copa de un pino, nombrado hijo ilustre de la ciudad de Mostar en tiempos de guerra, que lucha hoy entre cirugías y cortisonas contra las huellas que le dejaron sus largos años en estas tropas de élite que son los Paracaidistas.

Pensamos, incluso, que el presidente Rajoy le encargaría la cartera de Defensa cuando formó su Gobierno. Pero le asignó otra , aún de mayor riesgo y fatiga: la de Justicia. Pesó más  su toga de  fiscal, que su breve experiencia castrense. No deja de ser  lógico.

Dejando la alcaldía de Madrid –imagino–, se puso a repasar leyes orgánicas y ordinarias, reales decretos y órdenes ministeriales, de este imprescindible pero complicado mundo, que es el de la Justicia. Con la Constitución en la mano, recordó  que ya desde su primer artículo consolida el concepto de una «España, Estado de Derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico, la libertad, la justicia, la igualdad…». Luego deslizándose hacia los artículos 24 y 25 recordó: «Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de jueces y tribunales…», entrando de lleno despues en un Título VI, completamente dedicado a la Justicia.  Los jueces «no podrán ser separados de su ejercicio, sino por las causas y garantías previstas en la Ley» e incluso en nombre de la unidad jurisdiccional (Artº 117.5), integra la última instancia de la Justicia Militar, en una Sala del Tribunal  Supremo, considerado como «el órgano jurisdiccional superior en todos los órdenes, salvo en lo dispuesto en materia de garantías constitucionales».  De este «salvo» saldrán no pocas divergencias que vivimos cada día. Por último incluye (Artº  122) la organización del consejo General del Poder Judicial, como órgano de gobierno de los jueces.

Por supuesto el ministro Gallardón conoce mejor que yo las razones, atajos y circunstancias que tuvieron que sortear los Constituyentes. Y conoce a las personas que ocupan los cargos. Sabe de ambiciones y de egoísmos tanto como de solvencia y conocimientos jurídicos. Conoce que en tanto el ministro de Hacienda le recorta presupuestos, los miembros del CGPJ cobran el doble que él, y que los de un no renovado Constitucional legalizan, no sé si por compromisos políticos o por miedo, formaciones que huelen mas a tiro en la nuca que a Estado de Derecho. Lo malo es que sucesivas concesiones y pactos políticos consiguieron contaminar toda la cúpula del sistema, cuya base está formada por responsables y bien formados profesionales.

Es como si nuestros generales  fuesen elegidos, no por los méritos contraídos en largos años de profesión sino por cupos de los partidos políticos. Y que, encima, anduviesen a la greña denunciando públicamente dietas mal percibidas, viajes sufragados o méritos engañosamente atribuidos. ¿Quépensarían nuestros capitanes, brigadas y soldados desplegados en Afganistán? Por supuesto en  un colectivo como las Fuerzas Armadas hay roces. Pero se resuelven en Consejos Superiores o se denuncian, si es  necesario, ante los superiores. Pero no convertimos nuestra unidad  en una jaula de grillos, preocupando gravemente  a nuestra sociedad.

Yo no sé ministro, mi querido alférez, si la Sala de lo Militar del Supremo tendrá que tomar el mando o si será necesario crear una Unidad Militar de Emergencias Judiciales al estilo de la que cubre, con extraordinaria eficacia, carencias en incendios y catástrofes naturales. No se cuántas hectáreas tiene quemadas la Justicia, pero el ciudadano de a pie percibe que demasiadas. Percibe, no una crisis en la formación ni en los conocimientos de muchos, percibe como escribía hace unos días Leopoldo Abadía, una crisis de decencia, de abuso de poder, de amparo y servilismo a las formaciones políticas que les han apadrinado.

No. No es fácil reconducir todo un sistema que se ha ido prostituyendo durante muchos años. Basta analizar los presupuestos, los sueldos y las prebendas. En este sentido no es mala la crisis, porque nos lleva a reconsiderar, a renovar, a reconducir. Y hay voces potentes que claman por convertir el Constitucional en una Sala del Supremo como en Italia, en pos de la necesaria «unidad jurisdiccional». Otras voces hablarán de merma de garantías, mientras las formaciones políticas se resistirán a ceder cotas de poder que les amparen ante posibles contingencias judiciales.

Sin necesidad de reclamar el apoyo de tu Brigada Paracaidista, tengo claro –querido ministro– que  tendrás que hacer valer el peso, prestigio y mando de tu estrella de alférez.

Artículo publicado en “La Razón” el 28 de junio 2012

El deporte como refugio

jueves, junio 28th, 2012

Ante el difícil momento que vivimos, sólo el deporte nos permite huir del pesimismo, a la vez que nos proporciona  ilusiones y alientos. Bien sean nuestros motoristas copando podios, bien  viendo al París de Roland Garros rendido a un gran tenista de Manacor o bien respirando tranquilos cuando nuestra alabada selección de fútbol supera el miedo escénico de la primera fase de la Eurocopa. También los emocionantes cinco partidos del «playoff» entre el Barça y el Real Madrid de baloncesto  han permitido olvidarnos momentáneamente de las primas de riesgo y de nuestras deudas interiores y exteriores. De todo se pueden extraer no sólo emociones, sino lecciones.

La  primera, sencilla y más repetida, es la que relaciona el trabajo, el sufrimiento y la resistencia con el éxito. Los psicólogos llaman  «resiliencia»  a la  capacidad de operar –nuestros soldados en Afganistán la conocen muy  bien– en ambientes enemigos. Con las debidas matizaciones, el  Palau San Jordi presentaba un lógico ambiente desfavorable para el Real Madrid y viceversa el Palacio de los Deportes lo era para el Barça. Lo que no fue óbice para que cada equipo venciese una vez en cancha contraria y saliese fortalecido.

La segunda reflexión alegraría al mismísimo Tito, el que fuera vitalicio presidente de la República Yugoslava. En los «playoff» hemos visto alineados a un esloveno (Lorbek, que además fue nombrado mejor jugador de la serie), un  croata (Tomic), un montenegrino nacionalizado (Mirotic),  un bosnio (Begic)  y un serbio (Velickovic). Ni hecha por encargo se podía concentrar una selección tan bien distribuida. Norteamericanos, un lituano, un senegalés y por supuesto españoles, completaban las magníficas plantillas de los dos equipos.

La tercera constata que el esfuerzo y el sacrificio tienen sus premios, que la suerte aparece caprichosa en el momento menos esperado (Huertas en las décimas del último segundo del primer encuentro) y que quien resiste vence. Yo aplaudiría, muy especialmente, la entereza más allá de la resistencia, de los españoles Fran Vázquez,  Felipe Reyes o  mi paisano Sergio Llull.
Una última reflexión va dedicada a los entrenadores, en este caso Pablo Laso y Xavi Pascual. No sólo deben preparar al equipo durante meses , sino que en el último minuto deben saber decidir y estimular, comprender errores –¿cómo puede fallarme otra vez tiros libres este hombre?– y, sobre todo, transmitir en pocos segundos sobre una tablilla que lleva dibujada a escala una pista, lo que espera ejecuten los jugadores en los próximos minutos, segundos incluso. Toda la tensión del mundo en aquellos instantes. Algunas veces un traductor transmite lo que dice el entrenador. Otras, los sudorosos jugadores simplemente ponen cara de inteligente. Luego harán lo que puedan o les dejen. Sobre la tablilla quedan rayas y más rayas de muy difícil interpretación.

Ésta es nuestra vida hoy. Precipitadamente nos enfrentamos a múltiples alternativas, solos o en equipo, a las que tenemos que responder. Y no digamos las personas que nos gobiernan, asaetados por noticias de gabinetes y corresponsales, que sufren segundo a segundo la tensión de las bolsas o el alza de las primas de riesgo, cuando no saben si quien quiebra el sistema de confianza tiene despacho en la Bankplassen de Oslo, en la City de Londres, en Abu Dabi o  en Moscú. Se preguntan, al igual que lo hace la Policía, ¿a quién beneficia el crimen que ha arruinado a griegos, portugueses, irlandeses y a nosotros mismos? Y la gente de la calle incide, ¿es que alguien está quemando billetes de 500 euros? Entonces, ¿dónde están?

Los deportistas saben a quién se enfrentan y los entrenadores los preparan para cada choque. Una vieja máxima militar sirve como precepto: «Instrucción dura, guerra blanda; instrucción blanda, guerra dura». Es decir, se preparan física y psicológicamente para el mayor esfuerzo y,  desde luego, para conseguir la victoria. Luego, pasará lo que pase, con preparación dura, con tablilla de instrucciones, con consignas dirigidas al corazón del guerrero, bien o mal transmitidas en décimas de segundo.

El presidente del Gobierno, buen deportista, dispone de un equipo bien formado, extraído de la cantera y reforzado con excelentes fichajes. Pero lleva los «playoff» con dificultades. Se le exige entereza mas allá de la resistencia, cuando le fallan los tiros libres, le asaetan  con triples desde las bandas, incluso los árbitros le castigan con faltas técnicas. No  puede –no debe– rendirse como no lo hizo Xavi Pascual tras la hecatombe del tercer partido. Debe pensar que saldrá fortalecido si él y su equipo son capaces de sobreponerse a este periodo de enormes dificultades.

Y dispone de una herramienta que debe cimentar sus decisiones y que sólo he oído citar una vez entre tanta jerga técnica. La pronunció el presidente de un banco nacional: la ética. ¡No es sólo el refugio; es la clave!

Artículo publicado en “La Razón” el 21 de junio 2012


Monseñor Quezada

sábado, junio 16th, 2012

Nos acaba de dejar. El pasado día 4 fallecía en un hospital de Guatemala a los  80 años su arzobispo emérito, Rodolfo Quezada. La Razón  recogió la noticia, llamando acertadamente a monseñor, «cardenal de la paz». Guatemala es un país de contrastes y contradicciones situado a mitad del continente americano, bañado por el Caribe y el Pacífico. Sede de la capitanía española en el istmo, el país sufrió  luchas fratricidas tras su independencia y la mutilación de su territorio en repetidas ocasiones. Pero quien ha vivido en Guatemala se enamora de sus tierras, comprende sus leyendas y quiere a sus gentes. Nación culta, multiétnica y multilingüe, no siempre ha sido comprendida  por  europeos y norteamericanos. Mas difícil aún es asumir que la nación vivió una larvada y cruel guerra civil durante 34 años, que llegó hasta nuestros días. Al igual que sus vecinos salvadoreños y nicaragüenses, sobre una crisis económica y social, se sumaron los aceleradores de la Guerra Fría que llenaron de revueltas el cono sur. La caída del Muro de Berlín y sus consecuencias propiciaron políticas de encuentro y conciliación de la mano de Naciones Unidas, de un grupo de «países amigos» –entre ellos España–, pero sobre todo de guatemaltecos valientes comprometidos con su pueblo, que posibilitaron la firma de sucesivos acuerdos de paz. Entre estos guatemaltecos se encontraba monseñor Quezada. Y fue precisamente en su diócesis de Esquipulas, cuya catedral conserva celosa un Cristo donado a la ciudad por Felipe II, donde se cimentaron las bases del complejo proceso de  paz centroamericano al acordar que «ningún país alimentaría la guerra en el país hermano» y que «los problemas centroamericanos serían resueltos entre centroamericanos». Ésta fue la base  sobre la que se creó ONUCA –la misión de Naciones Unidas para Centroamérica–  y de las específicas para El Salvador –ONUSAL– y para Guatemala –MINUGUA–. Producto de estos acuerdos en septiembre de 1987 se constituyó la Comisión Nacional de Reconciliación que presidió nuestro buen obispo. Fue la instancia promotora y de acercamiento para  establecer  un proceso de negociación y diálogo entre los distintos sectores de la sociedad civil, la Unidad  Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) y el Gobierno. Tres años más tarde se firmaba en Oslo un «acuerdo básico para la búsqueda de la paz por medios políticos». Era el primer gran paso. En México en 1991 se ratificaron y ampliaron los acuerdos anteriores. Se reforzaba el papel de monseñor Quezada como «mediador interno», que, a diferencia de otros procesos, hasta cierto momento mantuvo la credibilidad  y la confianza de las partes. Luego, «retirado del primer plano de la negociación por el propio Vaticano» –como me señala acertadamente un brillante embajador español–, intervendrían de lleno las Naciones Unidas que ya en 1994 presentaban un «Acuerdo Marco para la reanudación del proceso», el «Acuerdo Global sobre Derechos Humanos», el de calendarización de las negociaciones y una declaración conjunta del Gobierno y de la URNG que allanaba el camino para el definitivo acuerdo de paz. No es fácil resumir todo un denso e hilvanado proceso. ¡No se reconducen fácilmente, ni se restañan las heridas producidas en  34 años de conflicto social! Pero siempre aparecía monseñor Quezada, armado  con una enorme  paciencia, huyendo de protagonismos, aceptando propuestas y recomendaciones, superando contratiempos en forma de atentados , coacciones, incluso de injurias.

Nunca olvidaré unos encuentros de carácter técnico entre representantes del Gobierno y de la URNG. Concentrados  en un hotel de México capital, la planta 16  fue ocupada por representantes gubernamentales, la 14 por la delegación de la URNG y entre ellas, en la 15,  monseñor  al frente del equipo de mediadores. Junto al coronel canadiense Hank Morris, intentábamos demostrar que la separación de fuerzas era posible, que las treguas en operaciones militares se habían desarrollado con éxito en El Salvador, que el proceso –en resumen– era técnicamente viable, si había voluntad política de llevarlo a cabo.

Las conversaciones se repetían mañana y tarde, siempre con las mismas actitudes, siempre repitiendo los mismos argumentos. Monseñor dejaba hablar, escuchaba y respetaba, en una actitud que a mí me parecía ejemplar. Pero un sábado por la tarde descubrí al hombre que había en él. Las delegaciones acordaron variar los horarios del domingo con tal de asistir a una misa que oficiaría el propio Quezada. Consensuada la hora, fui a proponérselo a su habitación. Me sorprendió el ruido que procedía de ella, cuando comprobé que el buen obispo estaba viendo unas imágenes de «full combat» procedentes de unas cintas que le había proporcionado el hotel. Entre aquel estruendo y aquellos golpes, encontraba cobijo la paciencia de aquel hombre, el conciliador. Con el sentido del humor que le caracterizaba, me reconvino: «Que no se enteren en el Vaticano».

Comprometido con Dios y con su Guatemala, valiente, paciente, hombre, éste era el  entrañable y  querido arzobispo que nos ha dejado.

Artículo publicado en “La Razón” el 13 Junio 2012

Nuevo estilo en Defensa

sábado, junio 16th, 2012

Con respeto –y en mi caso con emoción– muchos españoles presenciamos el acto central del  Día de la Fuerzas Armadas, celebrado en esta ciudad noble e hidalga que es Valladolid. Aunque pareciese una conmemoración más, concurrían en mi opinión aspectos muy diferenciados respecto a  otros años. La sobriedad, consecuencia de  restricciones presupuestarias, iba a formar parte del decorado. Pero en nada los actos desmerecieron a los de ediciones anteriores. Se respiraba un nuevo estilo que iba desde las sobrias y sensatas manifestaciones del ministro Morenés minutos antes del comienzo de los actos, hasta la situación de los jefes de Estado Mayor y del director de la Guardia Civil en la misma tribuna que S.M.

En realidad, la grandeza de este día comenzó en el Consejo de Ministros del día anterior. Un Real Decreto concedía la Gran Cruz Laureada de San Fernando colectiva al Regimiento de Cazadores de Almansa de Caballería con objeto de reconocer los heroicos hechos ocurridos entre el 22 de julio y el 9 de agosto de 1921 cuando el Regimiento protegió en sucesivas cargas –citan ocho los libros de Historia– el repliegue de tropas entre Annual y Monte Arruit. De los 691 hombres del Regimiento que salieron de su campamento de Dar Drius, sobrevivieron 74. El teniente coronel Primo de Rivera les había arengado con un sencillo, aunque tremendo mensaje: «La situación es crítica; ha llegado el momento de sacrificarse por la patria cumpliendo la sagrada misión del Arma de Caballería; que cada cual ocupe su puesto y cumpla con su deber». Primo de Rivera murió el  5 de agosto en Arruit a consecuencia de las heridas. Se le había amputado el brazo izquierdo y la cangrena pudo con su vida. Recibió, especialmente por la protección de la columna Romero Orengo, la Laureada individual. Pero quedaba una deuda con sus fuerzas que sólo en parte palió Mariano Benlliure en 1931, dejándonos en bronce el grupo escultórico que inmortaliza la gesta y que pueden contemplar los vallisoletanos en la puerta de «su» Academia de Caballería. En resumen,  juntar Valladolid, Arma de Caballería, Alcántara  y  Benlliure con el Día de las Fuerzas Armadas ha sido un enorme acierto. Nuevo estilo.

No puedo olvidar otro día semejante en Almería, también precedido de un Real Decreto del Consejo de Ministros. En este caso concediendo la gran Cruz del Mérito Militar al propio ministro de Defensa. Llevaba mes y medio en el cargo. Completamente ajeno a la concesión, me despertó a primera hora un teniente general con mando en plaza, espetándome: «Te devuelvo mi Gran Cruz; me ha costado 32 años de servicio, veinte cambios de residencia, superar seis cursos, aprender dos idiomas, todo sin el menor arresto ni informe desfavorable». Debo reconocer que aquella mañana de sábado fue especialmente dura para mí. Todo se había cocido entre gabinetes del Ministerio y de Moncloa, sin la menor información, referencia o informe del jefe de Estado Mayor ni mucho menos del Consejo Superior del Ejercito a quien correspondía  como órgano colegiado elevar la propuesta. Otro estilo.

En otra ocasión fue Barcelona nuestra pesadilla. En el año 2000 correspondía celebrar los actos en la entrañable ciudad mediterránea. Acababan de divorciarse el PP y CiU tras el matrimonio de conveniencia que les había unido durante el primer Gobierno Aznar. Nosotros, que no teníamos vela en aquel entierro, pagamos las consecuencias  en forma de sentadas, pintadas, roturas de cristales y manifestaciones. Alguien, encuadrado en aquellas montaraces juventudes de CiU,  hizo carrera política gracias a encuentros con la Policía. A uno de ellos –somos buenos amigos– le partieron un brazo en una carga policial. Y yo le convenía: «Poco avanzarás en tu escalafón sólo con un brazo partido; si quieres le digo a la delegada del Gobierno –la inolvidable Julia García Valdecasas– que te sacudan duro en la cabeza y ascenderás con más rapidez». Hoy es teniente de alcalde.

Todo pasaba por mi mente viendo las buenas imágenes que transmitía Televisión Española. Allí estaba el buen brigada José María Gutiérrez –Guti–, con más desfiles en su haber que el caballo de Prim. Y allí estaba S.M el Rey, nuestro constitucional jefe. Desoyendo –imagino– consejos de  traumatólogos, rehabilitadores y Real Familia, allí estaba, el Rey, el hombre, pero, sobre todo, el soldado. Formamos una generación que por ley de vida cedemos capacidades físicas, aunque mantengamos claro el norte de nuestra vida. Imagino que, cuando alguien le insinuó que no podría estar en Valladolid, respondió: «Lo tienes claro; por supuesto allí estaré, con mi gente». A su «gente de armas» despidió junto a las familias de los últimos caídos que siempre estarán presentes entre nosotros. Como lo estaban y estarán los del Alcántara, aunque hayamos tardado más de 90 años en reconocer su impagable y heroico sacrificio.

Artículo publicado en “La Razón” el 6 de junio de 2012

Indignados y crispados

lunes, junio 4th, 2012

Las espirales de violencia están bien estudiadas  por  sociólogos y psicólogos. Se sabe cuándo y cómo empiezan,  pero no cuándo  y cómo acaban. Por mucho que quieran justificarse o  entenderse determinadas actitudes y por mucho que se acoten y comparen  tiempos,  las imágenes, dentro y fuera del Metropolitano, de unas  supuestas aficiones deportivas, crispadas, gesticulantes y vociferantes  que aprovecharon  una final de la Copa de S.M el Rey para insultar a todo lo que representase la España de todos son más que preocupantes. Michael Ignatieff, el buen historiador, periodista y pensador canadiense, que retrató como nadie el estallido social que degeneró en dos guerras civiles en Yugoslavia, se pregunta en su libro «El honor del guerrero», cómo se llega a este paroxismo. Relata  lo que presenció  en marzo de 1993 en Mirkovci, un pueblo situado al este de Croacia. Dividido en dos partes y en dos frentes de guerra –serbios y croatas– «quienes habían compartido el mismo colegio, trabajado en el mismo garaje o salido con las mismas chicas» ahora se disparaban a muerte como enemigos». ¿Cómo se siembra, un grano tras otro –se pregunta Ignatieff– la semilla de la paranoia mutua en el terreno de una vida común? Esta Yugoslavia, dice, «en tres años ha retrocedido los cuatrocientos que separaban el final del feudalismo de la aparición de los estados modernos». «Se había retrocedido desde la civilización –tolerancia y convivencia– al mundo hobbesiano de la guerra, el del hombre convertido en  lobo para el propio hombre. Y señala  las fases en este cambio: primero, cae el Estado que está por encima de las partes; luego, aparece el miedo hobbesiano;  a continuación, la paranoia nacionalista y tras ella, la guerra. Y no hablo de un país perdido en el centro de África. Hablo de un trozo de Europa a una o dos horas de avión de España.

Entre las gentes atrincheradas en Mirkovci   y los descamisados del Metropolitano de puño cerrado, dedo índice  enhiesto  y tez crispada, no crean que hay tanta distancia. Bastaría con que alguien prendiese una mecha para volver a asaltar conventos y asesinar frailes, convencidos de que «ellos y sólo ellos habían envenenado el agua de las fuentes públicas», como se repitió en la primera mitad del siglo XIX. En Afganistán, hoy, otros talibanes de esta misma calaña envenenan las aguas de los colegios de niñas para evitar que estas se formen y eduquen. Mismos  odios en el Metropolitano y en Afganistán, aunque les parezca imposible.

Con matices, queremos comprender la «indignación» de muchos de nuestros compatriotas. El paro, las familias enteras sin trabajo fijo, los escándalos económicos chocan día a día con la necesidad de sobrevivir, con las colas del INEM o simplemente con la desilusión y la falta de confianza en que viven. Con ellos sería yo juez indulgente, porque para muchos su movimiento es cuestión de subsistencia. Pero para unos forofos que se han pagado un costoso desplazamiento, que no renunciarán ni a un buen hotel ni a una buena cena, que hacen de una prueba deportiva un juicio y un pulso a nuestra historia, que se apoyan en el anonimato y en el fácil contagio de las turbas, que no tienen ni la valentía de apartarse ni de decir «conmigo no va esto», mi condena sería dura. Como lo sería ante la falta de sentido de la responsabilidad de unos directivos o de sus carismáticos entrenadores que, sin agallas, no apelaron a la  moderación. Alguien le llamará a  esto  ser políticamente correcto. Yo le llamo lisa y sencillamente cobardía.

No saben, además, que tiran piedras contra su propio tejado. Muchos de ellos son hijos de la emigración y sus padres y abuelos han contribuido a crear la riqueza en la que viven estas sociedades. No saben que estos nacionalismos excluyentes han ninguneado, cuando no despreciado, a sus regiones de origen. Los intolerantes se niegan por principio a conocer lo que desprecian o insultan. Al  ver las vociferantes masas, me acordaba del magnífico film de Arthur Penn «La jauría humana» y me llevaba a una preocupante reflexión. Porque otra crisis, la de 1929, degeneró en una Segunda Guerra Mundial. Por supuesto con otras muchas causas, entre ellas el mal armisticio firmado en 1919. Estamos lejos de ello, gracias a Dios, pero la espiral de violencia es  muy fácil de desencadenar cuando hay indignación y crispación.Se puede ser nacionalista desde la ideología, desde la razón o desde el mismo corazón. Y lo cortés no quita lo valiente, dice nuestro viejo refranero. Pero lo chabacano, el insulto masificado, la cobardía arropada en la masa, son peligrosamente diferentes. Hoy las nuevas tecnologías propician la mentira, cuando no el insulto calculado y extendido. Todo queda en la cruel incertidumbre del   anonimato. Tanto en Mirkovci como en el Metropolitano.

Artículo publicado en “La Razón” el 30 mayo 2012


Reflexiones sobre una cumbre

lunes, junio 4th, 2012

Chicago ha sido estos días escenario de una reunión del G-8 y de una amplísima Cumbre de la Alianza Atlántica. Siendo uno de los temas centrales el presente y futuro de Afganistán, era lógica la presencia de los países que contribuyen con su esfuerzo al desarrollo de aquellas operaciones, como era lógica la presencia de los presidentes de  países directamente implicados en el conflicto como el propio Afganistán y su vecino Pakistán.

Para nosotros, la Cumbre ha tenido un carácter, más referido a nuestra situación económica, que a la propia estrategia de la Alianza Atlántica ,que se reunía tras muchos años en propio territorio norteamericano, el pilar fundamental de la misma. Nuestra situación interna nos lleva a preocuparnos por nosotros mismos  en primer lugar. Pero el de Asia Central, también nos incumbe.

La Cumbre de Chicago no ha aportado grandes novedades. Se llegó a ella tras  reuniones habituales en  Bruselas  de los ministros de Exteriores y Defensa  y de densos trabajos de la Secretaría General y de su Estado Mayor Internacional. Tomando como punto de partida lo acordado en la Cumbre de Lisboa de noviembre de 2010, no se ha hecho  más  que desarrollar el Nuevo Concepto Estratégico de la Alianza, concretar la Declaración Conjunta OTAN-Gobierno Afgano  sobre una asociación duradera, una  declaración de  las naciones contribuyentes, y el compromiso esencial de colaboración OTAN-Rusia. A este país se refirió, agradecido, el Secretario General Rasmussen por facilitar el paso por su territorio de los apoyos aliados. No pudo decir lo mismo de Pakistán que se resiste a hacerlo desde que un ataque de la OTAN mató a 24 militares en noviembre del pasado año, e indiscutiblemente, queda la sombra de la muerte de Osama Bin Laden en territorio pakistaní que acarreó no pocos problemas a su Gobierno.

Las cumbres por tanto, sirven para dar vistosidad y compromiso solemne  a lo acordado anteriormente. Por supuesto, sus decisiones pueden repercutir en  la seguridad internacional, en nuestra propia seguridad y se plasma en una Declaración Final emitida por los Jefes de Estado y de Gobierno. De ella se extraen unos mensajes sencillos que son los que normalmente recogen los medios. En este caso yo destacaría tres:

Uno, los afganos no se quedarán solos. Compromiso formal, entonces.

Dos, «calendario irreversible» respecto a lo acordado en Lisboa en 2010
Tres, transición gradual al Gobierno afgano por tramos y provincias; transferencia de seguridad finalizada en diciembre de 2014.

Los tres puntos encajan en el Concepto Estratégico de la Organización que en resumen se apoya en la defensa colectiva (Artº 5º del Tratado de Washington), la gestión de crisis y la seguridad cooperativa.

En resumen, ¿en qué se materializará la gestión de Afganistán, salvo contingencias imprevisibles?

En primer lugar continuar con la actual estrategia,  que lentamente va dando sus frutos. A final de este año habrá que cubrir la salida de 3.000 franceses que contribuyen al esfuerzo de guerra. El repliegue formaba parte del  compromiso electoral de Hollande y seguramente se cumplirá. La llegada tardía del presidente francés a una sesión en la que hablaba el presidente Obama ha tenido muy diversas interpretaciones. La OTAN y Francia ya han  conocido disidencias históricas.

En segundo término, el repliegue de las fuerzas de combate se materializará con toda probabilidad antes del 31 de diciembre de 2014, pero permanecerán en calidad de apoyo y de formación contingentes más reducidos y de carácter más especializado. Los números máximos de la aportación española, según cifras difundidas por diferentes medios, rondan los 300 efectivos entre  especialistas en operaciones especiales, sin descartar la presencia   de la Guardia Civil.

Si el objetivo de esta presencia es llegar a 2024 y si se quiere consolidar al propio Ejército afgano, el problema de la financiación es importante. La Cumbre no era una conferencia de donantes, pero en el aire se respiraba este problema. No están todos los países para excesivos esfuerzos financieros en el exterior. Entendemos que la aportación española rondaría los 30 millones de dólares anuales, cantidad que parece asumible.

Una última reflexión. Si la Alianza debe estar dispuesta «a desplegar fuerzas militares robustas donde y cuando sea requerida por nuestra seguridad y ayudar a promover  seguridad común con nuestros socios alrededor de mundo», el punto de inflexión está bien definido. Ha desplegado «fuerzas robustas» y ahora promueve con  sus socios la seguridad de área afgana, transfiriendo autoridad y capacidades a su propio gobierno. Nadie ha hablado estos días de las   potenciales riquezas mineras del país ni de sus posibilidades económicas futuras. Pero está claro que también deben participar del compromiso de financiación de sus propias fuerzas armadas. Nada se valora si no cuesta. La Alianza lo sabe, y sabe que no puede salir de Afganistán por la puerta trasera  con una derrota más o menos encubierta. Y la OTAN, somos todos.

Artículo publicado en “La Razón” el 23 mayo 2012

Chicago y el futuro

lunes, junio 4th, 2012

En crónica de urgencia y con siete horas de desfase horario respecto a Chicago, no es fácil conocer  aspectos confidenciales de lo acordado, en muchos casos bilateralmente, como los  referidos a promesas electorales recientes , caso de Francia, o los acuerdos  con Pakistán.

Este grupo de países  que forman la Alianza Atlántica, el único capaz de aglutinar  capacidades civiles y militares procedentes de cualquier rincón del mundo  como vemos en Afganistán, sigue siendo la única referencia  fiable  a nivel  de seguridad mundial, a pesar de la crisis que representó la invasión de Iraq en 2003, que dividió  a sus miembros.

Conocemos los dos puntos acordados recientemente en Bruselas, que seguramente se ratificarán en la Cumbre: Afganistán después de 2014 y el futuro de la Alianza.

Respecto al primero, claramente vamos a una progresiva  transferencia  de responsabilidades al Ejército Afgano, manteniendo hasta 2024   la presencia  reducida aunque eficaz en asesoramiento y apoyo, de contingentes aliados.Para España puede significar mantener un contingente inferior a 300 efectivos y una contribución anual de 30 millones de dólares.

Respecto al segundo punto, la Alianza debe rediseñar sus capacidades «para intentar hacer igual o mas, con menos  presupuesto».  La «smart defence» entraña algo mas, especialmente en el campo de  la inteligencia, pero en resumen es esto.

La OTAN está viva. Ya superó con éxito una guerra fría de cuatro décadas y hoy no puede arriesgarse a salir derrotada de Afganistán. Ha tomado buena nota de lo que le ocurrió a la URSS y la actual  aproximación a Rusia es una magnífica estrategia.Pero  debe consolidar el esfuerzo invertido que tanto sacrificio ha costado.

También en lejanas  fronteras apostamos los españoles  por nuestra seguridad. La Historia nos dice que fuimos una gran nación cuando, precisamente, supimos «abrir fronteras», aun a costa de  riesgos y sacrificios. Por esto estamos en Chicago.

Artículo publicado en “La Razón” el 21 mayo 2012