El cable y la vaselina

No seremos pesados, porque llevamos tres años hablando del cable eléctrico que debe proporcionar electricidad a la Isla del Rey. Porque hace tres años, dimos la bienvenida a  una pesada bobina de cuatro toneladas junto a otras dos más pequeñas para conexiones, que nos dio Red Eléctrica Española. Debía sustituir a un antiguo cable  que suministraba energía al entonces Hospital Militar y que fue expoliado a partir de 1964.

No han sido fáciles los tres años. Permisos, refuerzos de líneas, disponibilidad económica para afrontarlo, porque no era solo el cable, era construir dos centros de transformación uno en la cuesta del Muelle de Fontanillas en Es Castell, que pagó el Ayuntamiento de Mahón dentro de su presupuesto de 2011, y otro en la propia Isla del Rey, que aún debemos. Había que tener en cuenta la profundidad del puerto en el tramo -sobre los 30 metros-y la forma de tenderlo dado su peso.

El tendido empezó  hace tres semanas tal como informamos con fotografías y una sencilla nota. Pocas visitas tuvimos aquel sábado  que aguantamos un buen chaparrón, cuando era un día para dar testimonio de apoyo. Pero no lo hacemos por los testimonios, ni por las fotos. Lo hacemos sencillamente porque necesitamos energía eléctrica en la Isla del Rey, cansados de transportar gasoil  en garrafas y de depender de un viejo grupo electrógeno que -hay que reconocérselo- ha funcionado relativamente bien a  pesar de sus años. Juntos, Pedros´s Boats, Endesa,  Autoridad Portuaria, Cobra, Conrado y Asociados y los voluntarios  de la Fundación, tendieron el tramo mar, con un buen equipo de buzos.

Quedaba pendiente el tramo Fontanillas y hoy sábado 17 de marzo  se abordó, una vez estudiadas dos alternativas: abrir el suelo del muelle muy bien aparejado con  adoquines prefabricados y un tramo asfaltado de la cuesta del Muelle del Hospital, o bien utilizar un tubo canalizado que algún técnico previsor dejó enterrado con arquetas accesibles, junto a las instalaciones de alumbrado. Ahorrábamos tiempo y dinero con esta solución, pero nos obligaba a dos trabajos: el primero “lanzar” los cien metros del pesado cable al mar, para que entrasen por una boca de salida (ustedes me entienden); el segundo tirar del cable para que superadas arqueta tras arqueta, vencida la curva de la cuesta, llegase a  la terminal del centro transformador.

Esta canalización tan bien concebida en previsión,   tiene un diámetro de 10 y el cable entre los propios tres  de energía eléctrica, la fibra óptica, la envoltura de goma y una protección de sirgas de  acero, supera los  8. Los pesimistas decían: no pasará.

¡Y, pasó!

Así como Pedro’s Boats llevó la voz cantante el día del mar, hoy la dirección del tramo tierra la tomo Conrado Coll. Y le salió bien, solo con un pequeño coste.

Llegó esta mañana a la farmacia de San Luis y pidió un bote de vaselina. La boticaria -imagino que con cara pícara- le ofreció un tubo de 50cc. Conrado insistió: necesito dos o tres kilos. Alguien dice que la licenciada llamó por teléfono, no se sabe si al 061 o al IB-Salut que anda de recortes del gasto farmacéutico. Pero la cuestión es que los kilos de vaselina bien administrados, permitieron que el cable superase arquetas y curvas y llegase a su destino. Una pesada máquina se encargó del arrastre, con paciente y profesional trabajo de su operador.

La fe mueve montañas; los voluntarios de la Isla del Rey se han vuelto tenaces, tercos, diría yo, y pacientes. Pero la vaselina de la farmacia de San Luis fue la que permitió que el cable pasase. ¡Ya sabemos que han pensado mal! ¡Allá ustedes!

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