Archive for marzo, 2012

Empotrados

jueves, marzo 29th, 2012

La palabra parece sacada de un catálogo de armarios, pero en el argot castrense y periodístico se refiere a la integración prácticamente total de un corresponsal entre las filas de una unidad militar.

Cuando hace unos días celebrábamos los 20 años del comienzo de la Misión de Naciones Unidas para El Salvador (ONUSAL 1992-1994), los organizadores , con enorme acierto, pasaron sobre una gran pantalla, en el incomparable marco del Alcázar toledano, fotos retrospectivas, copias de documentos oficiales y reportajes de televisión que muchos –metidos en harina– desconocíamos. Destacó un documental de Antena 3 producido por el periodista Antonio Izquierdo. La sorpresa surgió cuando  supimos que el autor estaba en la propia sala y se dirigiría a nosotros, los «observadores observados». El aplauso final fue unánime, emocionante. Antonio ,que  había vivido empotrado entre un grupo de observadores destacados en el centro de verificación de «El Paisnal», describía la vida de los oficiales, sus relaciones con los de otros países, plasmaba en vivo los múltiples bichos que pueden vivir en una ducha, se ocupaba de la alimentación, de cómo vivían día a día, su misión.

El pasado miércoles 7 de marzo, en las proximidades de la Base Avanzada «Bernardo de Gálvez»  en Ludina (Afganistán), en un ataque talibán  fue herido en el cuello el legionario de 23 años, Iván Castro. Cuando su mando, Ramón Prieto, acudió a socorrerle, le pidió  «déjeme en mi puesto, mi Teniente; estoy bien», para  que siguiese dirigiendo la respuesta, a tiro limpio, de sus hombres. Al poco tiempo, el oficial pudo cortar la abundante hemorragia, lo que fue determinante para salvarle la vida. Nueve días después, en el Hospital Militar Gomez Ulla, ya en Madrid, se le extraía la bala, que tras entrarle por el cuello se había alojado cerca de su riñón izquierdo. Las unidades españolas llevan actualmente periodistas empotrados que completan el buen trabajo de los «Press Information Officers» (PIO,s), oficiales y suboficiales especialmente preparados para transmitir información a los medios. En este caso se pidió a los informadores que respetasen un tiempo de aviso a las familias, algo que se considera básico. Algún día conoceremos lo que filmaron los «empotrados» y qué impresiones dedujeron de los combates en aquella polvorienta carretera afgana bautizada con el rico nombre de Lithium.

La Orden del Día de la base almeriense «Álvarez de Sotomayor» que alberga a la Brigada de la Legión, describía días después los hechos, felicitando a los autores.

Al conocer la noticia, la reacción de Alfonso Ussía en este mismo medio fue inmediata  titulando con acierto su página «La discreción de los héroes». Shakespeare ya nos enseñó  que «la discreción es la mejor parte del valor».

Ussía lee y relee –dice– una crónica de Diego Mazón del día 20 y brota en él un solo sentimiento, el de  gratitud: «Eso, gratitud profunda y emocionada, es lo que hoy pretendo manifestar, como español y como ciudadano».

Parecen dos mundos contrapuestos, el de la información –PIO,s y «empotrados»– con el del silencio, la humildad  y la discreción de los héroes. No lo son. Baltasar Gracián nos lo advertía: «Las cosas no pasan por lo que son, sino por lo que parecen; valer y saberlo mostrar, es valer dos veces; lo que no se ve, es como si no fuese».

Si nuestra sociedad no estuviese ebria de escándalos políticos y económicos, si nuestros medios no pusiesen altavoz a mediocres y amorales, si no aplaudiésemos  actitudes egoístas y excluyentes y en cambio hiciésemos «valer y saber mostrar» a quienes entregan su vida al servicio de los demás en un Hospital Vall d’Hebrón separando siamesas, o en otro de Valencia reconstruyendo un rostro,  en un simple comedor de Cáritas o apagando fuegos con riesgo y cansancio extremo, en un valle del Pirineo oscense o en Galicia, no tendría los problemas que tiene.

¿Cómo se llaman estos últimos? ¡Deme un sólo nombre, querido lector!
Por una parte, es buena la discreción. Pero por otra, es necesario que la opinión pública conozca a esta gente. Que se sepa –en el caso que hoy narramos– que existen jóvenes de 23 años dispuestos a servir hasta el límite de sus fuerzas. Que no se preguntan qué puede hacer España por ellos ,sino  que pueden hacer ellos por España. Y el ejemplo, el testimonio, en estos momentos de grave crisis de valores, es crucial.

En una habitación del Hospital Militar de Carabanchel, bien arropado por su familia y por sus compañeros, se recupera un legionario español llamado Iván, que impresionó por su actitud al propio Ministro de Defensa Morenés, y que entre la vida y la muerte que le acechaba en una polvorienta carretera de Afganistán, no dudó sobre cuál debía ser su actitud, no preguntó por qué estaba allí, no responsabilizó a nadie de lo que le pasaba. Ni siquiera pensó que podía ser un héroe.

El cable y la vaselina

lunes, marzo 19th, 2012

No seremos pesados, porque llevamos tres años hablando del cable eléctrico que debe proporcionar electricidad a la Isla del Rey. Porque hace tres años, dimos la bienvenida a  una pesada bobina de cuatro toneladas junto a otras dos más pequeñas para conexiones, que nos dio Red Eléctrica Española. Debía sustituir a un antiguo cable  que suministraba energía al entonces Hospital Militar y que fue expoliado a partir de 1964.

No han sido fáciles los tres años. Permisos, refuerzos de líneas, disponibilidad económica para afrontarlo, porque no era solo el cable, era construir dos centros de transformación uno en la cuesta del Muelle de Fontanillas en Es Castell, que pagó el Ayuntamiento de Mahón dentro de su presupuesto de 2011, y otro en la propia Isla del Rey, que aún debemos. Había que tener en cuenta la profundidad del puerto en el tramo -sobre los 30 metros-y la forma de tenderlo dado su peso.

El tendido empezó  hace tres semanas tal como informamos con fotografías y una sencilla nota. Pocas visitas tuvimos aquel sábado  que aguantamos un buen chaparrón, cuando era un día para dar testimonio de apoyo. Pero no lo hacemos por los testimonios, ni por las fotos. Lo hacemos sencillamente porque necesitamos energía eléctrica en la Isla del Rey, cansados de transportar gasoil  en garrafas y de depender de un viejo grupo electrógeno que -hay que reconocérselo- ha funcionado relativamente bien a  pesar de sus años. Juntos, Pedros´s Boats, Endesa,  Autoridad Portuaria, Cobra, Conrado y Asociados y los voluntarios  de la Fundación, tendieron el tramo mar, con un buen equipo de buzos.

Quedaba pendiente el tramo Fontanillas y hoy sábado 17 de marzo  se abordó, una vez estudiadas dos alternativas: abrir el suelo del muelle muy bien aparejado con  adoquines prefabricados y un tramo asfaltado de la cuesta del Muelle del Hospital, o bien utilizar un tubo canalizado que algún técnico previsor dejó enterrado con arquetas accesibles, junto a las instalaciones de alumbrado. Ahorrábamos tiempo y dinero con esta solución, pero nos obligaba a dos trabajos: el primero “lanzar” los cien metros del pesado cable al mar, para que entrasen por una boca de salida (ustedes me entienden); el segundo tirar del cable para que superadas arqueta tras arqueta, vencida la curva de la cuesta, llegase a  la terminal del centro transformador.

Esta canalización tan bien concebida en previsión,   tiene un diámetro de 10 y el cable entre los propios tres  de energía eléctrica, la fibra óptica, la envoltura de goma y una protección de sirgas de  acero, supera los  8. Los pesimistas decían: no pasará.

¡Y, pasó!

Así como Pedro’s Boats llevó la voz cantante el día del mar, hoy la dirección del tramo tierra la tomo Conrado Coll. Y le salió bien, solo con un pequeño coste.

Llegó esta mañana a la farmacia de San Luis y pidió un bote de vaselina. La boticaria -imagino que con cara pícara- le ofreció un tubo de 50cc. Conrado insistió: necesito dos o tres kilos. Alguien dice que la licenciada llamó por teléfono, no se sabe si al 061 o al IB-Salut que anda de recortes del gasto farmacéutico. Pero la cuestión es que los kilos de vaselina bien administrados, permitieron que el cable superase arquetas y curvas y llegase a su destino. Una pesada máquina se encargó del arrastre, con paciente y profesional trabajo de su operador.

La fe mueve montañas; los voluntarios de la Isla del Rey se han vuelto tenaces, tercos, diría yo, y pacientes. Pero la vaselina de la farmacia de San Luis fue la que permitió que el cable pasase. ¡Ya sabemos que han pensado mal! ¡Allá ustedes!

Bayona y Cádiz

jueves, marzo 15th, 2012

Representan dos momentos clave en nuestra Historia. De Bayona saldrá en 1808 una Constitución impuesta, que llamaremos Estatuto. En  Cádiz se promulgará un 19 de Marzo de 1812 nuestra Constitución de referencia, cuyos 200 años  conmemoramos estos días.

Geográficamente,  la Bayona francesa al norte de la Península; Cádiz al sur.

Cronológicamente, en 1808 iniciamos nuestra Guerra de Independencia; en 1812 la estamos terminando.

Por extensión, el texto de Bayona se compone de 146 artículos; el de Cádiz 384.En el primero prácticamente no se habla de fuerza armada. En el segundo se trata extensamente. No en balde de los casi 250 diputados que lograron reunirse en la “tacita de plata”, 66 son militares. No es de extrañar entonces, que sea la Carta Magna que mas atención ha prestado a la Milicia. En ella se acuñó el término “servicio militar” que ha perdurado hasta nuestros días, a pesar de que el concepto fuerzas armadas tal como lo interpretamos hoy, no aparecerá hasta el final de la Primera Guerra Carlista en 1845,cuando el General Narváez decretó que ”la fuerza armada fuese una sola y de una sola manera organizada”.

Debo referirme a este  adelantado  Estatuto firmado en Bayona un 6 de Julio de 1808. El hecho de que quien la promulgue sea  Jose Bonaparte hablando “en nombre de Dios Todopoderoso” y como” Rey de las Españas y de las Indias” invita a excluirlo de nuestro ordenamiento. Pero, ahí está y no son pocos los especialistas que se detienen en analizarlo. No en balde  José I había reunido y oído a una Junta Nacional y quien firma el decreto es el Secretario de Estado Mariano Luis de Urquijo.

No es mi intención entrar en las circunstancias que rodearon aquel momento. Si sabemos que sus títulos y artículos se perdieron en una España mas atenta “al triste concierto que forman tocando a muerto la campana y el cañón” que a las ideas que propugnaba. Debo  destacar que conceptos en boga en aquel tiempo como la fuerza permanente,  milicias o  el ciudadano en armas, no se citan en el texto. “Decretamos –decían- la presente Constitución para que se guarde como ley fundamental de nuestros estados y como base de un pacto que una a nuestros pueblos con Nos y a Nos con nuestros pueblos”. Y se detiene minuciosamente en las previsiones sucesorias, en la regencia, en la dotación de la Corona, en los oficios de la casa real, en los ministerios, en el papel del Senado al que asigna velar por la libertad individual y la de imprenta. Habla mas adelante –Artº 133- sobre la inviolabilidad de la “casa de todo habitante”; trata de los derechos de los presos y detenidos y de la abolición absoluta del tormento:”todo rigor o apremio que se emplee en el acto de prisión ,que no esté expresamente autorizado por ley, es un delito”. Reparte los 172 Diputados a Cortes en tres estamentos –clero, nobleza y pueblo- asignando 22 a los Virreinatos y Capitanías Americanas.

Hay que alcanzar el artículo 124, un “cajón de sastre” que contiene disposiciones generales, para  leer que “habrá una alianza ofensiva y defensiva perpetuamente tanto por tierra como por mar entre Francia y España”. “ Un Tratado –continua- determinará el contingente con que haya de contribuir cada una de las dos potencias en caso de guerra de tierra o  mar”. También anticipa algo  que será doctrina en Cádiz. “Los servicios y talentos serán los únicos que proporcionen los ascensos militares”, no los anteriores grados y clases de nobleza como se hacía en el Antiguo Régimen. La guerra, iguala a los seres humanos y selecciona a los mas capaces.

Hay otro aspecto a destacar de la Constitución de Bayona  que es la introducción de plazos de ejecución. Los legisladores  ya intuían las dificultades de su aplicación: “deseamos que el todo de esta disposición –Artº 143- pueda estar en estado de ejecución antes del 1º de Enero de 1813”. Es decir que daban casi cinco años para su aplicación, que se reducían a dos (Artº 145) para el caso de la libertad de imprenta. Una posible revisión de la norma se transfería al año 1820. ¡Largo se lo fiaban!.  Dos meses antes de la firma había estallado un 2 de Mayo en Madrid. Dos semanas después, en Bailén se demostraría  que era posible vencer a un Imperio que en la retaguardia de Bayona diseñaba infructuosamente nuestro futuro.

Pero también aparecen  dos Españas. Dos Españas que en estos doscientos años que conmemoramos se han dado diez constituciones o estatutos, algunos de ellos escritos con sangre.

Vivimos momentos de necesaria unidad ante una grave crisis económica, pero sobre todo social. Ni mucho menos es el momento de marchar unos con  Bayona y otros con Cádiz.

¡Así nos fue!

No es malo recordar, para aprender.

Artículo publicado en “La Razón” el 15 de marzo de 2012


Lección de ética militar

jueves, marzo 8th, 2012

Me han llegado por muy diferentes conductos, unas  imágenes televisivas  del Jefe de Estado Mayor de la Defensa de los Países Bajos, el general  Petrus van Uhm. Habla sobre un escenario de pie, sin guión, con aplomo, ante un público concentrado por un programa de televisión –TED x Amsterdam–  en un amplio teatro. A poco de comenzar, una joven oficial le entregará un fusil reglamentario del Ejército holandés. Quitará el cargador y ambos verificarán que en la recámara no queda ningún proyectil. Es un gesto muy frecuente entre los ritos castrenses: verificar que no hay peligro en el uso de un arma. Es una medida no sólo de cautela sino de respeto hacia el otro. Los marinos siguen lanzando salvas de saludo al entrar en un puerto amigo, para demostrar que descargan sus cañones, que entran en son de paz.

No es la primera lección de ética que nos transmite el general de cuatro estrellas que sirvió entre otros destinos en 1983 en la UNIFIL del Líbano y en los noventa en Sarajevo,  donde le conocimos muchos españoles. En abril de 2008 una bomba apostada en un polvoriento camino de Uruzgán en Afganistán, segó la vida de su hijo, el primer teniente Dennis van Uhm. No cambió un ápice la conducta de su Ejército.

Para nada lo citó en el programa.

Les dirá a sus oyentes con el fusil en la mano: «Ustedes constituyen la razón de que esté hoy aquí». «Ustedes han elegido una profesión y unos medios para ejercitarla. Yo elegí esta arma. Quizás les incomode tenerla tan cerca, porque muchos de ustedes nunca la han visto ; porque no ven a nuestros soldados patrullar por nuestras calles. Pero tienen confianza en el soldado que les habla». «Pero en otros sitios no sucede lo mismo. Los señores de la guerra imponen su ley y ante ellos fracasan las misiones políticas y diplomáticas porque no entienden otro lenguaje que el de la fuerza».

Y refiere una historia  real. Nacido en Nijmegen una ciudad situada al este de Holanda, relata cómo su padre, un laborioso panadero, vio cómo invadían su país las tropas nazis. Recluta forzoso al comenzar la Segunda Guerra Mundial, presumía como hombre de campo y buen cazador de ser un tirador selecto. Su unidad estaba apostada defendiendo  una ribera del río Waal. «Disparaba contra los nazis y no ocurría nada, cuando la fuerza era nuestro único recurso, cuando las armas eran las únicas capaces de plantarse entre el bien y el mal». No ocurría nada porque les habían entregado unas armas viejas y ni el mejor tirador podía hacer nada con ellas.

También recuerda la entrada de los Aliados en su ciudad a los que dedica «enorme respeto y gratitud» por haberles liberado –precisamente– con las armas. «Dejaron la tranquilidad de sus países y vinieron a liberar nuestros pueblos». Por estas razones abracé, dirá el general, la carrera de las armas.

Luego se  refiere al descenso de la violencia en Europa en los últimos 500 años que no asocia sólo a cambios en la mente humana sino a la propagación del Estado de Derecho, que  atribuye el legítimo uso de la fuerza a un Gobierno elegido democráticamente, sometido a controles y a  un poder judicial que vela por el buen uso de esta fuerza. Es el monopolio estatal que mantiene a raya el uso de la violencia, que señala que la guerra ya no es la mejor opción.

Y pone como contrapunto lo que representan los estados fallidos donde falta la autoridad central que materialice el monopolio estatal de la fuerza legítima. ¿Qué hacemos, sino, en Afganistán más que ayudarles a salir del caos, a crear un sistema judicial, a formar fiscales y policías a reconstruir su Ejército nacional. Refiriéndose a sus soldados dirá que están allí para defender a los mas vulnerables, para construir un mundo mejor porque la paz y la estabilidad no son gratuitas.

«Siempre abrigo la esperanza, termina diciendo, de que un día  no será necesario el uso de las armas. Pero, en tanto llegue este día formaré a mis hombres con las mejores técnicas morales y materiales y les defenderé a toda costa. Espero que ustedes también les respeten cuando regresen a casa, cuando resulten heridos».

No me extraña que el mensaje se haya extendido en la red. Nuestra sociedad necesita que alguien les hable de esta forma. Y si además este «alguien» es un Petrus van Uhm, el hijo de un panadero  que  de niño sintió cómo los nazis invadían su pueblo y sufrió de mayor la pérdida de su hijo teniente en Afganistán, un hombre vocacional que habla con el apacible gesto de la madurez de «mis» soldados,  que no necesita guion ni ayudantes para expresar lo que siente, aun más.
¡Magnífica la lección de ética, mi general!


Artículo publicado en “La Razón” el 7 de marzo de 2012

Memorias vivas

sábado, marzo 3rd, 2012

Por supuesto, cualquier ciudadano  tiene derecho a escribir y publicar lo que quiera sobre sus vivencias en este mundo. Las libertades cuestan muchas veces años, siglos de lucha, y  la libertad de expresión no ha sido precisamente fácil ni gratuita.

Las «memorias vivas» están de actualidad. A pesar de la crisis del sector, tienen buena acogida en las editoriales y buena rentabilidad. Al ser humano le  gusta verse reflejado en las galeradas de un libro escrito por alguien  famoso y lo compra. Pura estrategia comercial.

El ex president de la Generalitat, D. Jordi Pujol, acaba de presentar su tercer y último volumen de memorias.

Coincidí con él desde la Capitanía General de Barcelona durante dos de sus veintitantos años de mandato, en lo que considero una buena relación leal y respetuosa. Eran tiempos difíciles y agitados  marcados, tras las elecciones del 2000, por el divorcio entre el Gobierno del Partido Popular y Convergencia y Unió. Cuatro años antes habían formado una coalición sellada en el Majestic, pero la mayoría absoluta de los populares propició el divorcio al no necesitar los votos de los convergentes para gobernar. No fue una separación tranquila. De ello se resintieron, entre otras cosas, las cristaleras de la Delegación del Gobierno y de paso las de aquella Capitanía General que no tenía nada que ver con aquel entierro. Una inteligente y recordada delegada del Gobierno, Julia Garcia Valdecasas me tranquilizaba: «Las cristaleras se reponen». Un joven concejal convergente sufrió la fractura de un brazo en una carga policial. Cuando con el tiempo hicimos buena amistad le señalaba: «Un brazo partido es poco para que seas famoso y hagas carrera política; si quieres, encargo que te sacudan mas fuerte».

Pero volviendo al hoy, el ex president Pujol, teóricamente retirado de la política, interpreta en clave de memorias problemas latentes. Tiene demasiado cerca a familiares y amigos comprometidos con la política del día a día, como para alzar la visión y verlo todo con la sabia objetividad que da la experiencia.

Así, arremete contra el Constitucional y contra la política –siempre– que llega de Madrid. «Sin pacto fiscal –sentencia– Cataluña está muerta». Vamos, que condiciona la vida del Principado al «enemigo exterior», viejo argumento utilizado desde tiempos remotos por dictadores y absolutistas. Y lo dice en unos días en que Barcelona es capital mundial de tecnologías punta, cuando las exportaciones de productos farmacéuticos y de componentes del automóvil son positivas, cuando el turismo de verano y de invierno invade  costas, montañas y ciudades catalanas.

Desde luego, Cataluña no está muerta, ni en peligro de estarlo por mucho que lo pregone D. Jordi Pujol. Y el amenazante discurso de queja debería ponderarse con objetivos reconocimientos de errores internos como las prácticas de financiación de los partidos políticos –el discutido 3%–, los costes de ciertas aventuras imperialistas o los escándalos surgidos en la propia esencia del alma catalana, como es el caso del Palau de la Música. Ni el Constitucional ni Madrid, han tenido nada que ver en ello.

Ante esta situación de permanente queja, que encarna determinado concepto de independentismo, quiero referirme a la forma con la que, con pragmatismo anglosajón, han resuelto un problema histórico los canadienses respecto a Quebec.

Desde los 60, el francófono  «Parti Québécois» clamaba por un referéndum que canalizase sus deseos de independencia del resto del país, de mayoría anglófona. Lo consiguió en 1980, indagando sobre la posibilidad de encontrar una ambigua forma de soberanía-asociación, que fue rechazada por el 60% de la población. Pero, en 1995, volvió a la carga. La pregunta volvía a ser complicada y difusa. Pero consiguió casi el 50% de los votos. Entonces, el Gobierno Federal  elevó una consulta  a su Tribunal Supremo –que engloba lo que sería nuestro Constitucional –que en 1998 emitió un bien conocido dictamen  que en líneas generales señalaba: «El Derecho Internacional sentencia  que atributos particulares  de un grupo de ciudadanos –lengua, cultura, religión– no atribuyen un derecho unilateral a la secesión en un estado democrático».

Si los ciudadanos diesen respuesta a una pregunta clara sobre el particular –requisito no dado en los casos precedentes– el Estado debe negociar las reformas legales que permitan abrir este camino.
En este caso, un proceso de negociación debería redefinir fronteras, respetando por la misma teoría y espíritu, a las poblaciones del propio Quebec, que quisieran seguir formando parte de Canadá y no admitiesen la secesión.

Este dictamen convertido en ley –Clarity Act–, fue aprobado por el Parlamento canadiense  en diciembre  del 2000. Este ejercicio de clarificación tranquilizó las aguas. No valen más ambigüedades ni amenazas ni estatutos de privilegios. Hasta hoy no se habla en Canadá de un tercer referéndum.

He mezclado «memorias vivas» de aquí y de ultramar, invocando a la prudencia de las expresiones y a la objetividad de los juicios. Con respeto y claridad, por supuesto.

Artículo publicado en “La Razón”