Versiones de una misma Europa

Nos puede la preocupación por la economía. Por supuesto, el euro es importante. Pero no descuidemos las murallas, que la Historia es terca.

El  negativo voto inglés a  la refundación de una  Europa inmersa en una grave crisis financiera me ha llevado a pensar en las dificultades de su Unión. Su particular aislamiento, no solo físico, viene de siglos. Prácticamente las islas nunca han sido invadidas. ¡Tan diferente su historia a  las de  Francia y Alemania que ahora pilotan el nuevo impulso europeo! Para acabar con las guerras mundiales, ambas cedieron soberanía para crear aquella primitiva Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), base para dar vida e impulso a una Europa de los seis (CEE), madre de la actual CE de veintisiete miembros. ¡Les cuesta ceder soberanía a los ingleses!

Hacía pocos días que bajo el patrocinio de la Fundación Goethe, una viva asociación de reservistas europeos (CIDAN), había congregado en Klingenthal a una cincuentena de estudiosos,  preocupados por la construcción de  Europa en otra vertiente: la de la defensa. Klingenthal es un rincón entrañable de la Alsacia hoy francesa, pero que fue intermitentemente alemana. En una villa que cabalga sobre un viejo camino, vio desarrollar una importante manufactura de armas blancas desde comienzos del XVIII. Hoy, es zona turística situada a media hora de Strasburgo, la ciudad sede del Cuartel General del Cuerpo Europeo, unidad significativa que materializa la conjunción de esfuerzos de algunos países europeos en materia de Defensa. Pronto Polonia se unirá al núcleo duro que formamos Alemania, Bélgica, Francia y España. Y son precisamente antiguos oficiales de esta gran unidad los que llevaron el impulso de los trabajos. Con horarios monacales, aislados del mundo de la televisión y con muy limitada cobertura informática, se fueron abordando temas de palpitante actualidad. Prácticamente los países de todos los asistentes tenían tropas en Afganistán; todos habían experimentado o estudiado las características de las guerras modernas y las reacciones de sus sociedades. En resumen, bajo el lema «El Ciudadano, el Soldado y el Político», profesores universitarios, sociólogos, militares en activo y en la reserva fueron transmitiendo experiencias y análisis con objeto de orientar a nuestras sociedades y apoyar a nuestras tropas en sus difíciles misiones de hoy. Significativas las palabras del Jefe de Estudios «des Écoles de Coetquidan» sobre estas dificultades: «Un teniente salido de mi escuela se encuentra en pocos meses en Afganistán mandando y siendo responsable de sesenta hombres a través de  ocho subordinados; puede recibir órdenes de 14 superiores, más todo un flujo enorme de información que deberá saber seleccionar e interpretar; debe saber inglés y mejor aun alemán».

De la densa semana de reflexión, extraigo dos ideas. La primera está referida a la «mentalidad europea de defensa». Un magnífico estudio sociológico presentado por los profesores españoles Martínez Paricio –Complutense– y Sanchez Navarro –Universidad Rey Juan Carlos– profundiza en este tema, extrayendo una conclusión interesante: la idea de Europa está más arraigada entre el mundo militar que entre el civil. La razón puede hallarse en el  trabajo conjunto de contingentes nacionales en circunstancias duras. No hay mejor sentimiento de integración que el que procede de la necesidad o del peligro. Bosnia, Irak y Afganistán puede que hayan creado unas generaciones solidarias y sacrificadas. No debe descartarse determinado contagio norteamericano. El país más federal del mundo alberga como en ningún otro lugar los sentimientos de patriotismo más profundos: su sistema educativo, su mundo cultural –vean el abismo que existe entre el cine norteamericano y el nacional–, sus tradiciones, todo les lleva a aceptar el sacrificio y el esfuerzo como connatural, como contribución generacional al bien de toda su ciudadanía.

La segunda conclusión se refiere al modelo de guerra actual, que exige como nunca conjunción de todos los esfuerzos de una sociedad. Es el «comprehensive approach» o «enfoque integral» de las misiones. No hay que ser un Napoleón para comprender que el conflicto de Afganistán no  se resolverá  empleando sólo la vía militar. De hecho ya lo ha entendido así la coalición internacional que opera sobre el terreno. Sólo con la conjunción de esfuerzos militares , diplomáticos, económicos, culturales y sociológicos , puede llegarse a una solución.

No es nuevo el concepto. En Klingenthal se habló repetidamente del mariscal Liautey en Argel. Por supuesto, se gana más a la población con un buen hospital que con un  buen combate. Lo difícil es poder llegar a la posibilidad de seleccionar la decisión. Me acuerdo de cómo se fueron superando los difíciles primeros momentos en Bosnia: en cuanto unos magníficos intérpretes vieron que íbamos a ayudar, que reconstruíamos puentes y casas quemadas, casábamos a alguno de nuestros hombres con bosnias y muchos oficiales hablaban serbocroata, el terreno estaba abonado. Por supuesto esto era Europa y lo otro es Asia.

Podríamos seguir reflexionando, como en Klingenthal, pero nos puede la preocupación por la economía. Por supuesto el euro es importante. Pero no descuidemos las murallas, que la Historia es terca.

Artículo publicado en “La Razón” el jueves 15 de diciembre de 2011

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