Archive for diciembre, 2011

Nueve años después

lunes, diciembre 26th, 2011

Barack Obama recordó que dejan un Irak más estable y soberano, y valoró el «extraordinario trabajo» de las tropas

Lo había prometido el presidente Obama  y lo ratificó recientemente en Fort Bragg, uno de los mejores centros de formación militar  del Ejército norteamericano, ante cientos de soldados y de sus familias. Recordó que dejan un Irak más estable y soberano, y valoró el «extraordinario trabajo» de las tropas. El coste en vidas norteamericanas –4.487– es alto; también lo es el de iraquíes –entre 104.000 y 113.700–. «Ustedes, la generación del 11 de Septiembre, se han ganado un lugar en la historia». La referencia a esta fecha era necesaria.

Estos días la prensa recoge  el paso por la frontera de Kuwait de los últimos contingentes terrestres. Quedará adscrita a la embajada de Bagdad, una fuerza residual   que asegurará la última fase –disuasión– de la intervención. El plan de campaña diseñado por el Mando Central norteamericano (CENTCOM) en 2003, preveía una fase de intervención que pilotaron tropas estadounidenses y británicas, una de estabilización, a la que se incorporó España, una de repliegue, que es la que verificamos estos días y la citada de disuasión que también  se materializará en un despliegue especial en el vecino y aliado Kuwait.

Han pasado nueve años  desde la  «misión cumplida»  de Bush  pronunciada  a bordo del portaaviones «Abraham Lincoln»,  dos meses después del inicio de la  guerra en marzo de 2003. Lejos queda aquella foto de las Azores que materializaron el propio Bush, Tony Blair, nuestro presidente Aznar y el portugués  Durao Barroso,  hoy con altas responsabilidades  en la Unión Europea.

También  dijo Obama que «Irak, ha sido aquí una fuente de controversias». Yo añadiría que ha sido una fuente de controversias en todo el mundo, por supuesto en España.

Y no voy a entrar a discutir la legitimidad de aquella intervención, ni el fondo y forma de decenas de resoluciones del  Consejo de Seguridad de NN.UU. Especialmente significativas la 1483 de mayo de 2003 y la 1511 de octubre del mismo año que «instaba a todos los estados miembros de la Organización, a que apoyasen el proceso de reconstrucción de Irak».

Los militares asumimos la misión  de desplegar en esta segunda fase de estabilización que nos dio el Consejo de Ministros de un Gobierno legítimo, como lo hicimos con la orden de repliegue que dio otro Jefe de Gobierno a las pocas horas de haber relevado al anterior.

Sólo me detendré hoy en dos conceptos: el espíritu con el que se desplegaron nuestros contingentes y el recuerdo a los que ofrecieron su vida en aquel país.

«En Irak se tiene un buen concepto de España por lazos históricos con el mundo musulmán; la evocación de Al Andalus puede ser un buen pretexto para entablar conversación».

«El sentimiento de familia está muy arraigado; se tiene un gran respeto al padre y a  los ancianos».

«Utilizar sólo la mano derecha para comer  tocar los alimentos u  ofrecer algo».

«Después de saludar, el gesto de colocar la mano derecha sobre el corazón, muestra respeto o sinceridad».

«Nunca utilizar el OK con el pulgar hacia arriba, ya que tiene una connotación obscena en el mundo árabe».

«Los chiítas tienen un mayor sentido de sacralización de los lugares santos, por lo que deberán extremar el respeto a los lugares de culto y ciudades consideradas santas». (Nos correspondió desplegar en  Najaf. A esta «ciudad santa» acudían al año once millones de peregrinos.)

«Entrar en  las mezquitas por la fuerza o con armas es una ofensa muy grave que hay que tratar de evitar a toda costa».

«Saludar a las mujeres verbalmente; nunca un beso a una mujer en público».

Con estos y con otros  «consejos básicos sobre conducta en Irak» redactados por el Estado Mayor del Ejército, desplegó la primera Brigada Plus Ultra mandada por el General Cardona, a  mediados de 2003. Un manual de área de algo mas de 150 páginas acompañaba a estos consejos. En él se describía la rica historia del país, su geografía, religiones y costumbres, mapas y un diccionario básico. Así, arropando a soldados hermanos de Honduras, El Salvador, Dominicana y Nicaragua se integró nuestra Brigada en la División Multinacional Centro Sur (DMN CS) que lideraba Polonia desde el Cuartel General de Babil, la mítica Babilonia. Un buen equipo de 32 oficiales reforzaba  esta estructura de mando, liderados sucesivamente por dos magníficos generales –Ayala y Martínez Isidoro– en función de segundos comandantes divisionarios.

Una segunda «Plus Ultra» mandada por el general Fulgencio Coll relevó a  la pontevedresa de Cardona y por último el general José Muñoz materializó el no fácil  repliegue que todos conocemos en abril de 2004.

Es obligado el recuerdo a los que murieron en aquella misión: Tierra, Mar, Aire y Guardia Civil adscritos a la Embajada, al CNI o a los contingentes, contribuyeron con su vida a lograr el momento actual en el que Irak recupera su total soberanía. Espero y deseo que nunca olvidemos su sacrificio.

Artículo publicado en “La Razón” el jueves 22 de diciembre de 2011


Versiones de una misma Europa

jueves, diciembre 15th, 2011

Nos puede la preocupación por la economía. Por supuesto, el euro es importante. Pero no descuidemos las murallas, que la Historia es terca.

El  negativo voto inglés a  la refundación de una  Europa inmersa en una grave crisis financiera me ha llevado a pensar en las dificultades de su Unión. Su particular aislamiento, no solo físico, viene de siglos. Prácticamente las islas nunca han sido invadidas. ¡Tan diferente su historia a  las de  Francia y Alemania que ahora pilotan el nuevo impulso europeo! Para acabar con las guerras mundiales, ambas cedieron soberanía para crear aquella primitiva Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), base para dar vida e impulso a una Europa de los seis (CEE), madre de la actual CE de veintisiete miembros. ¡Les cuesta ceder soberanía a los ingleses!

Hacía pocos días que bajo el patrocinio de la Fundación Goethe, una viva asociación de reservistas europeos (CIDAN), había congregado en Klingenthal a una cincuentena de estudiosos,  preocupados por la construcción de  Europa en otra vertiente: la de la defensa. Klingenthal es un rincón entrañable de la Alsacia hoy francesa, pero que fue intermitentemente alemana. En una villa que cabalga sobre un viejo camino, vio desarrollar una importante manufactura de armas blancas desde comienzos del XVIII. Hoy, es zona turística situada a media hora de Strasburgo, la ciudad sede del Cuartel General del Cuerpo Europeo, unidad significativa que materializa la conjunción de esfuerzos de algunos países europeos en materia de Defensa. Pronto Polonia se unirá al núcleo duro que formamos Alemania, Bélgica, Francia y España. Y son precisamente antiguos oficiales de esta gran unidad los que llevaron el impulso de los trabajos. Con horarios monacales, aislados del mundo de la televisión y con muy limitada cobertura informática, se fueron abordando temas de palpitante actualidad. Prácticamente los países de todos los asistentes tenían tropas en Afganistán; todos habían experimentado o estudiado las características de las guerras modernas y las reacciones de sus sociedades. En resumen, bajo el lema «El Ciudadano, el Soldado y el Político», profesores universitarios, sociólogos, militares en activo y en la reserva fueron transmitiendo experiencias y análisis con objeto de orientar a nuestras sociedades y apoyar a nuestras tropas en sus difíciles misiones de hoy. Significativas las palabras del Jefe de Estudios «des Écoles de Coetquidan» sobre estas dificultades: «Un teniente salido de mi escuela se encuentra en pocos meses en Afganistán mandando y siendo responsable de sesenta hombres a través de  ocho subordinados; puede recibir órdenes de 14 superiores, más todo un flujo enorme de información que deberá saber seleccionar e interpretar; debe saber inglés y mejor aun alemán».

De la densa semana de reflexión, extraigo dos ideas. La primera está referida a la «mentalidad europea de defensa». Un magnífico estudio sociológico presentado por los profesores españoles Martínez Paricio –Complutense– y Sanchez Navarro –Universidad Rey Juan Carlos– profundiza en este tema, extrayendo una conclusión interesante: la idea de Europa está más arraigada entre el mundo militar que entre el civil. La razón puede hallarse en el  trabajo conjunto de contingentes nacionales en circunstancias duras. No hay mejor sentimiento de integración que el que procede de la necesidad o del peligro. Bosnia, Irak y Afganistán puede que hayan creado unas generaciones solidarias y sacrificadas. No debe descartarse determinado contagio norteamericano. El país más federal del mundo alberga como en ningún otro lugar los sentimientos de patriotismo más profundos: su sistema educativo, su mundo cultural –vean el abismo que existe entre el cine norteamericano y el nacional–, sus tradiciones, todo les lleva a aceptar el sacrificio y el esfuerzo como connatural, como contribución generacional al bien de toda su ciudadanía.

La segunda conclusión se refiere al modelo de guerra actual, que exige como nunca conjunción de todos los esfuerzos de una sociedad. Es el «comprehensive approach» o «enfoque integral» de las misiones. No hay que ser un Napoleón para comprender que el conflicto de Afganistán no  se resolverá  empleando sólo la vía militar. De hecho ya lo ha entendido así la coalición internacional que opera sobre el terreno. Sólo con la conjunción de esfuerzos militares , diplomáticos, económicos, culturales y sociológicos , puede llegarse a una solución.

No es nuevo el concepto. En Klingenthal se habló repetidamente del mariscal Liautey en Argel. Por supuesto, se gana más a la población con un buen hospital que con un  buen combate. Lo difícil es poder llegar a la posibilidad de seleccionar la decisión. Me acuerdo de cómo se fueron superando los difíciles primeros momentos en Bosnia: en cuanto unos magníficos intérpretes vieron que íbamos a ayudar, que reconstruíamos puentes y casas quemadas, casábamos a alguno de nuestros hombres con bosnias y muchos oficiales hablaban serbocroata, el terreno estaba abonado. Por supuesto esto era Europa y lo otro es Asia.

Podríamos seguir reflexionando, como en Klingenthal, pero nos puede la preocupación por la economía. Por supuesto el euro es importante. Pero no descuidemos las murallas, que la Historia es terca.

Artículo publicado en “La Razón” el jueves 15 de diciembre de 2011

Infantería

jueves, diciembre 8th, 2011

Todos saben lo que son momentos difíciles; todos saben que el miedo es connatural al ser humano y que lo importante es vencerlo

No podía dedicar hoy esta Tribuna  a otro tema. En todos los cuarteles de España, en el  Líbano y en Afganistán, en Strasburgo o en Itzmir, donde haya un soldado de Infantería español,  celebra el día de su Patrona, la Inmaculada Concepción.

Es interesante constatar como las distintas  armas y  cuerpos que forman las Fuerzas Armadas –exceptuemos a los Ingenieros– han elegido a vírgenes o  santas como patronas. Es como si un oficio de raigambre masculina, que entraña riesgos  peligros y miedos, necesitase el arropo de una figura femenina, el seno cálido de una madre  a quien encomendarse en momentos difíciles. La tienen los marinos en la Virgen del Carmen, los pilotos en la de Loreto y los artilleros en Santa Bárbara. Todos saben lo que son momentos difíciles; todos saben que el miedo es connatural al ser humano y que lo importante es vencerlo.

A los Infantes  el patronazgo les viene de lejos, de la conquista  de Flandes. Unos soldados del Tercio de Francisco de Bobadilla asumían en 1585  en la Isla  de Bommel una situación insostenible. Los flamencos  habían abierto los diques de los ríos cercanos y los españoles se hacinaban en  un montículo llamado Empel.  Les esperaba una difícil suerte al estar  rodeados por una  superior escuadra enemiga del almirante  Holak, aunque les quedasen fuerzas para gritar «ya hablaremos de capitulación, después de muertos».  El encontrar una tabla flamenca con la imagen de   la Inmaculada entre el barro de las trincheras que excavaban, les dio fuerza para resistir  y una   helada milagrosa de las aguas del río Maas, les permitió salir, contraatacar y vencer.  Del hecho,  nació la relación que aún hoy perdura.

Si pudiera  extraer la principal virtud que los Infantes encuentran en su Patrona, yo diría que es la humildad. Para ellos es ejemplar  la madre de Belén que acepta las duras condiciones del lugar del parto; es la que ve cómo su hijo se emancipa  porque su misión en este mundo es diferente a  la de otros jóvenes; es la que sufre en silencio, callada, digna, todo un Calvario. Recuerdo  una magnífica reflexión escrita hace unos años por el entonces Coronel José María Sanchez de Toca, denominada «La Infantería es como su Patrona». Sánchez de Toca une a su estirpe de raza una sensibilidad intelectual poco común. Le recuerdo de cadete de la Academia de Toledo, discutiendo sobre el Ulises de  Joyce con veinte y muy pocos años.

Recojo   parte de sus acertadísimas palabras: «Infantería es el soldado febril que exige un puesto en primera línea, le pegan tres tiros, pierde una mano y aun le quedan ganas de escribir el Quijote. Se llama Cervantes pero también podrían contestar a lista Alonso de Ercilla, Lope o Calderón; es el sargento legionario que muere en el asalto y viene a saberse en sus papeles que es Grande  de España. Pero esta es –añade– la Infantería excepcional. Porque hay  otra  del día a día en la que «lo normal es la fatiga, el frío, la mojadura, el sudor». Es la que «trata de hacer bien lo que hay que hacer, aceptando de entrada que puede salir mal; es la del  esfuerzo sin pedir nada a cambio: si acaso un poco de vidilla, porque la Infantería es humilde hasta para pedir». Y lo remata con un ejemplo: «como aquel gobernador de Filipinas que solicitaba razonablemente una compañía de Infantería española para conquistar China y no se la dieron, sencillamente porque no la había. Si no, quién sabe cuál sería hoy la mayor nación de habla hispana».

Quisiera hoy recordar a los que andan humildes y callados en los puestos más peligrosos de la ruta Lithiun allá por Afganistán . Son los de Ludina y Darrah i Bum, que tildan a los de Qala i Naw de vivir en el «Palace».

También ha sido característico de los Infantes este buen sentido del humor. Como  muestra  de un pasado inmediato el «Diccionario para un macuto» de Rafael Garcia Serrano; para muestra actual el irrepetible sentido del humor y la sabiduría de un infante de categoría como es el coronel  Antonio Mingote, flamante Marqués de Daroca. Nunca podré olvidar unas  irrepetibles sobremesas con él y Alfonso Ussía, otro sabio del buen humor que sólo  alcanzó el grado de cabo Primero de Artillería en Campo Soto. Se mezclaban grados, diferencias generacionales, méritos y ascensos.  Siempre se llegaba a  la anécdota, al detalle humano, al  mote, a  las manías. Se   extraía  lo positivo de nuestro  andar por la vida.

Hoy, mejor que yo, el poeta  dedicaría a los infantes  estas estrofas:

«No hay a su duro pie, risco vedado. / Sueño no ha menester, quejas no quiere, / Donde le llevan va, jamás cansado. / Ni el bien le asombra, ni el desdén le hiere, / Sumiso, valeroso y abnegado, / Obedece, pelea , triunfa y muere». Eduardo Marquina.

Artículo publicado en “La Razón” el jueves 8 de diciembre de 2011

La autopsia de un régimen

lunes, diciembre 5th, 2011

Estamos muy cerca del «sangre, sudor y lágrimas» que sólo pudo ofrecer un férreo Winston Churchill a sus conciudadanos en plena Guerra Mundial

No hay frase mas cruel ni mas certera que la que nos legó Jean-Jacques Rousseau al tratar sobre los gobiernos: «La autopsia de cualquier régimen político caído siempre es clara: suicidio». No voy a quitarle el menor mérito al esfuerzo realizado por el partido que ha ganado holgadamente las elecciones en España. Aceptó perder tras la trágica incertidumbre provocada en las cercanías de Atocha  por un no aclarado 11-M. Continuó aceptando la derrota en la siguiente legislatura. Renovó personas, analizó errores, y se preparó concienzudamente para el tercer asalto. Hizo suya la máxima: «El que resiste, vence». Pero quien realmente perdió, no sólo en millones de votos, sino en crédito y prestigio, fue el partido del Gobierno. Y que nadie piense que perdió el mismo 20-N. Llevaba meses, años, generando incertidumbres, gobernando sólo para una parte del país a la que seducía con subvenciones o promesas incumplibles. Se estaba produciendo una nueva casta de súbditos enganchados al maná que podía venir de cualquier programa de la UE, del Gobierno o de la propia Comunidad Autónoma, proclives al poco esfuerzo, a la exigencia de derechos, al olvido de deberes básicos. Lejos quedaba aquella definición de Lord Salisbury sobre la esencia de un partido: «La agrupación que se coloca sincera y lealmente al servicio de aquellas personas que defienden a las instituciones y a los principios que dichas instituciones encarnan y que son capaces de arrastrar lealtades, lealtades que se convierten después  en votos».

El propio Rousseau, el autodidacta apasionado de su infancia sin familia, el rebelde del hospicio de los Catecúmenos de Turín, el lacayo y a veces ladrón, elige ponerse del lado de los que no triunfan, desprecia el dinero y el éxito social. Es la otra cara de la moneda de un Voltaire burgués y enriquecido. Su «Contrato Social» está inspirado en su pasión por la unidad. Unidad del cuerpo social por una parte; subordinación de los intereses particulares a la voluntad general por otra. Reinado de la virtud en una nación de ciudadanos, no de súbditos. ¡Qué diría hoy Rousseau si nos viese! Vería que el dinero ocupa la principal preocupación de unos que, incluso en bancarrotas, afanan primas y beneficios insultantes.

Que otros manipulan bolsas, créditos, primas y presupuestos en beneficio propio, dejando a sociedades completas al borde de la indignación, la desesperación o  la miseria. Vería cómo su alabada unidad del cuerpo social, se descompone por doquier a impulso de ambiciones personales, de mal interpretadas claves históricas, cuando no por el chantaje de mentes asesinas, incapaces de reconocer el menor error, imposibilitados de acudir al perdón como herramienta de reconciliación. Estaríamos al borde de la «taifa» o del «cantón de Cartagena» de seguir como hasta ahora. Comprobaría cómo la virtud ha desaparecido de la vida de muchos de nuestros dirigentes. Que aun bajo la capa de la inmunidad parlamentaria, debe intervenir con harta frecuencia el Tribunal Supremo contra excelentísimos aforados. Diría, como escribió en sus «Considerations sur le gouvernement de la Pologne» (1722), que «antes que reformar las instituciones hay que establecer la virtud en el corazón de los polacos»; que «antes de liberar a los siervos hay que hacerlos dignos de la libertad». En resumen, escribiría que siempre han sido los buenos ciudadanos quienes dan fuerza y prosperidad al Estado, y que las reformas morales preceden siempre a las reformas políticas.

Mensajes claros para quienes están prontos al relevo de la guardia y cuando al régimen saliente –el suicidado– está mas que necesitado de un buen responso y agua bendita. No es sólo Rousseau quien marca las condiciones del buen gobierno. En nuestros clásicos encontraremos mil referencias. Será sólo cuestión de saber separar el grano de la paja, de elegir a verdaderos servidores, de formar a las nuevas generaciones en los valores de la ciudadanía, valores tan arraigados en nuestra alma de pueblo, valores comunes en muchas de las culturas que  se integran en nuestra vida. No queremos ni pensarlo, pero estamos muy cerca del «sangre, sudor y lágrimas» que sólo pudo ofrecer un férreo Winston Churchill a sus conciudadanos en plena Guerra Mundial. Pero sabremos superarlo como tantas otras veces si encontramos liderazgo, ejemplo, rumbo firme.

Los ejemplos de otros países de nuestro entorno son válidos para ello. La excusa de una crisis de amplio espectro es cierta, pero no suficiente. Somos cada uno de nosotros, éstos que formamos el «contrato social» los que unidos podemos encontrar soluciones. Son los que priorizan claramente el bien común por encima del bien particular los que deben decidir, pilotar, gobernar. De no ser así, tomaremos otra vez, claramente, el camino a la sala de autopsias, donde ya conocemos a priori el diagnóstico de los forenses: suicidio. Quiero entender que todos sabemos lo que nos jugamos.


Artículo publicado en “La Razón” el miércoles 30 de noviembre de 2011