Pintar en Libia

No debo ser el único que se lo pregunta. ¿Qué pintamos en Libia?

De vez en cuanto salpican las noticias sobre aquella extraña guerra. Nos visitó en Madrid el 21 de julio Mahmud Jibril , autoproclamado «primer ministro» del rebelde Consejo Nacional  de Transición  (CNT) pidiendo ayuda a nuestra ministra de Exteriores.Una semana más tarde, nos sorprendió el asesinato del general Abdel Fatah Yunis, el antiguo Ministro de Interior de Gadafi, que desertó una semana después de aquel ya lejano levantamiento del 15 de febrero. Las claves de su muerte se pierden en las arenas de aquellos desiertos: ajuste de cuentas, clara traición, pulso de poder con su compañero de armas Jalifa Hifter, el militar que desertó a los EE.UU. en los ochenta  y que ahora podría convertirse en «su hombre en Tripoli». Sus soldados despidieron a Yunis, cantando «los mártires son los amados de Dios». ¿Quién lo tiroteó, descuartizó y quemó?

Por descontado el Gobierno de Gadafi atribuye el atentado a Al Qaida en un claro mensaje de confusión dirigido a la Coalición Internacional: «Ya veis a quien estáis apoyando; a los mismos que os arrancaron las Torres Gemelas». Todo ello quiebra indiscutiblemente la unidad y la credibilidad del movimiento rebelde en estos difíciles momentos.

La guerra de la opinión pública también está abierta. Hay claras denuncias sobre la interpretación de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de NN.UU. No olvidemos que se aprobó a instancias de Francia y el Reino Unido gracias a la abstención de «dos consolidadas democracias» como son China y Rusia. Esta última,  gana día a día más peso en este asunto, decaída lo influencia de Turquía por conocidos «asuntos internos». En la reciente Cumbre Germano-Rusa celebrada a mediados de julio, el presidente Medvedev declaraba públicamente que la Resolución 1973 «había sido gravemente sobrepasada».Y en la última reunión del Grupo de Contacto Internacional que materializa la dirección política de la intervención  celebrada en Estambul, se discutieron  los términos jurídicos sobre los que debían diseñarse las relaciones  con el CNT oscilando entre el trato «de facto» con ellos y el  reconocimiento «de iure» que  abriría la puerta a su financiación. Hay una clara diferencia en el matiz, referida a la  liberación de bienes embargados al régimen de Gadafi.

Mientras  la Liga Arabe,  la Conferencia  islámica y la Unión Africana, «no saben, no contestan», seguimos preguntándonos ¿Qué pintamos en Libia? ¿A qué coste? Es más: ¿a quién le hacemos el juego? ¿preservamos nuestras inversiones y nuestro futuro energético? Quiero imaginar y desear que sea así, porque nuestra gente de Exteriores y del CNI  saben lo que nos jugamos.

No deja de ser triste que los únicos halagos operativos hayan surgido de los fabricantes del Eurofighter ensalzando sus características de combate. Pero ¿contra qué medios aéreos o antiaéreos han conseguido su superioridad? ¿contra que objetivos? ¿contra la televisión pública de Trípoli? Es muy posible que un tribunal internacional juzgue a Gadafi, pero la Alianza Atlántica no estaría libre de un doble pecado: uno por  haber producidos daños colaterales a víctimas civiles, otro por no haber conseguido en  cinco meses lo que pretendía, con el agravante de no haber sido neutral como reza la Resolución 1973, sino decantándose claramente por uno de los bandos en lo que es ya una declarada y prolongada guerra civil. Apostamos a un caballo supuestamente ganador, pensando que Libia sería igual que Túnez y Egipto. Pensamos que una rápida y contundente «operación Solana» como la arbitrada para Serbia, bastaría. La  bendición del Consejo de Seguridad acalló  conciencias del no a la guerra y los indiscutibles acuerdos internacionales pusieron el resto, porque ciertamente estamos obligados a cumplir con nuestros compromisos. De lo que  no estamos tan seguros es de los retornos, si nos viésemos metidos en otro tipo de conflicto en el Norte de Africa. Nada claro. Y ya nos lo decía el clásico: «No hay vientos favorables para quien no tenga definido el rumbo».

Llegados a este punto solo veo tres salidas o líneas de acción:

-La Coalición se refuerza con mayor intervención norteamericana, apoya claramente al CNT con material y finanzas y fuerza la dimisión de Gadafi que se refugia en Rusia o muere en las puertas de Trípoli defendiendo su revolución.

-La Coalición se debilita  con la tribal desunión de la CNT , con  la salida de algún país y con la crítica de la opinión pública internacional. La guerra civil se estanca aún más y se buscan soluciones políticas.

-Entre las soluciones que se proponen, se decide dividir Libia. Rusia se opone, pero los Estados Unidos apoyan la escisión como en Kosovo. Europa queda más debilitada política y militarmente.

En una de sus sabias viñetas «pintaba» Cain en este mismo diario: «No podemos parar esta guerra, cuando todavía no sabemos si acabará siendo justa».

Artículo publicado en “La Razón” el 04/08/2011


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