Archive for julio, 2011

Amarga letra impresa

martes, julio 26th, 2011

Reconozco mi adicción a la letra impresa, como imagino le ocurre a buena parte de mi generación. Se lo debo a mis padres y a una serie de buenos profesores, entre ellos uno de literatura que jamás nos  prohibió la lectura de ningún libro a pesar de nuestras jóvenes edades. Si me perdiese en Madrid, me encontrarían en la Cuesta de Moyano o en una caseta de Recoletos. Y si pudiese,  compraría todos los «beatos» que se reeditan y mi casa ideal estaría forrada de estanterías con libros, incluso en los baños.

Pero la letra impresa también me da disgustos. Unos  inmediatos, furtivos e imagino que con parte de razón, procedentes de críticas a lo que pienso y expongo, que supero recordando aquella frase que me enseñó un viejo maestro de periodistas: «Las hojas del  periódico sirven para que mañana no resbalemos al llegar a la oficina, cuando la señora de la limpieza haya  fregado».

Pero el pozo de podredumbre descubierto en el imperio de Rupert Murdoch supera todo lo concebible. Por mucho que comprenda los problemas de la prensa de papel que lucha por sobrevivir ante la influencia de  las televisiones y de  una imparable tecnología en red, por mucho que piense que la masa de población necesita falsas emociones y espejos de discutible moral para justificar sus propias carencias, jamás concebí que se podía utilizar el dolor ajeno para vender papel. La otrora brillante y seductora Rebekah Brooks no reparaba en sobornar a quien fuese con tal de injerir en lo más intimo y profundo del alma humana y venderlo con sensacionalismo.

Mas, esta sensación de frustración y engaño se queda corta cuando veo que ha arrastrado a la propia Scotland Yard cuyos dos principales responsables, Paul Stephenson y John Yates, han presentado, forzados por el escándalo, su dimisión.

Siempre que he comparado la conducción de una crisis provocada por graves atentados terroristas como fueron los de los trenes de Atocha en Madrid o el del Metro de Londres, resaltaba la forma, en mi opinión acertada, con que la llevaron los ingleses. En tanto aquí los portavoces eran personajes políticos no sólo afectados por la gravedad del momento sino también por inmediatas circunstancias electorales, en Londres aparecía uniformado su jefe de Policía explicando las circunstancias, valorando el grave daño infringido, asegurando que los miembros de una prestigiosa Scotland Yard  harían todo lo posible por detener a los culpables. Hablaba a una opinión pública consternada, pero confiada. Aquí se mezcló todo, se hizo de una jornada de reflexión, jornada de denuncias, se utilizó la palabra mentira como arma electoral, mientras se competía en dar pistas suficientes para la destrucción de pruebas o para facilitar la huida de los responsables. Un incierto triángulo del partido en el poder formado por Moncloa, donde ejercía, aún indiscutible poder, el presidente saliente, Génova, sede del candidato, y Castellana 3, donde un honesto ministro del Interior, Ángel Acebes no sabía de quién se podía fiar, no supo o no pudo contra las concentradas decisiones o manipulaciones de Ferraz, que les llevaron a la victoria electoral. Siempre he mantenido que si hubiese comparecido ante la opinión pública, uniformado, el jefe  Superior de Policía de Madrid, dando  los datos precisos de la tragedia, obviando otros para facilitar sus investigaciones, apelando a la colaboración ciudadana y prometiendo perseguir a los autores materiales y morales de la masacre, el resultado electoral de aquel 14 de marzo hubiera sido diferente.

Pero hasta el modelo de Scotland Yard se me desmonta, porque albergaba toda una red de escuchas que vendían buzones de voz y conversaciones privadas. ¡Si hasta se alimentaban del dolor de las familias  que conocían la muerte de uno de sus seres queridos en Afganistán luchando como soldado por la libertad de todos, hurgando en los rincones mas íntimos, y que deberían ser los más protegidos, del alma humana!

Reconozco que me quedo sin argumentos. Vienen a mi cabeza en una madrugada transparente de mi refugio en Menorca las pilas de libros quemados en  plaza pública por la Inquisición, o los mas recientes, por los nazis. No ha habido revolución que se precie que no haya integrado entre sus ritos la quema de letra impresa, la no acorde con sus principios. Es como si destruyendo lo material, si quemando una cuarta edición, se destruyese el pensamiento de un Miguel Servet, un Bodino, un Marx o un Engel.

La pila crematoria de los Murdoch parece preparada. Los ayer prepotentes, piden un perdón a conveniencia y consejo de sus bien pagados abogados. Los uniformados de Scotland Yard ya sufren su propia crisis. La clase política no desaprovechará la ocasión para atacarse en el Parlamento, mas seguirá igual.

Con los pies en el suelo, el resto de los mortales intentaremos recomponer nuestro sistema de confianzas. Esta vez, no nos lo han puesto fácil.

Artículo publicado en “La Razón” el 20/07/2011


Estrategia de seguridad

sábado, julio 16th, 2011

Con este título aprobó el Consejo de Ministros del pasado 24 de Junio el documento que intenta recoger todos los complejos problemas que afectan a nuestra seguridad. El modelo, que aporta un enfoque integrado, ve la luz por primera vez en España, tras las experiencias de otros países como los EE.UU y  varios  europeos. Esta integración, o responsabilidad de todos, venía siendo reclamada desde hace años por las Fuerzas Armadas. Introduce conceptos modernos como la responsabilidad de proteger y la cooperación al desarrollo, especialmente referida a la seguridad, como es el caso de las ayudas a los países africanos de donde proceden las corrientes de  emigración ilegal.

No obstante, el documento es reiterativo, denso, utiliza frases tópicas y superficiales. Da la impresión que ante los informes del CNI y de la Presidencia –no podía faltar una cita a la Alianza de Civilizaciones– se optó por el «cortar y pegar». Se entiende que las Fuerzas Armadas no han intervenido en su redacción. Seguramente un joven comandante de Estado Mayor hubiera dicho lo mismo en veinte hojas y no en las noventa del documento. Hasta cuatro veces cita que el mismo se revisará cada cinco años. Con una bastaba. Demasiado correcto políticamente. A Marruecos le llama «nuestra vecindad de sur», a Europa nuestra identidad e influencia, a Rusia nuestro socio europeo estratégico y a Iberoamérica, nuestro destino común.

Toca el tema de la defensa de nuestros derechos individuales –protección  de la vida, libertad democrática, bienestar social– cuando hubiera sido suficiente apelar a nuestros derechos constitucionales. Igual sucede cuando reitera los colectivos como la soberanía nacional, la independencia, la integridad territorial, el ordenamiento institucional o la seguridad económica.
Con el horizonte puesto en una década,  analiza riesgos y amenazas y unos «potenciadores» de ambos en los que se detiene. Describe las disfunciones de la globalización, los desequilibrios demográficos (7.600 millones de habitantes en 2020 sobre los 6.900 actuales), la pobreza y desigualdad, el cambio climático, el peligro tecnológico y las ideologías radicales. En otro punto analiza nuestras vulnerabilidades energéticas cuando nos recuerda nuestra dependencia en un 74% de fuentes del exterior.

Propone respuestas dentro de un modelo institucional integrado, buscando  formas participativas no circunscritas solamente a la defensa militar.

Cuando entra en la posibilidad de conflictos armados –esto si afecta a la Fueras Armadas– los divide dentro de un marco de «interdependencia responsable» entre los que compartimos con nuestros socios y aliados (Afganistán, Líbano), los multilaterales que afectan a intereses directos de España (Índico) y a  los derivados de nuestros compromisos internacionales como pueden ser los relacionados con NN.UU. Deja en el aire el caso de que asumamos –aquí no comparte nadie nada con nosotros– amenazas y riesgos propios en los que el documento prefiere no profundizar.

Avanza un mensaje a las Fuerzas Armadas anticipando que «ante la previsible limitación de recursos públicos en los próximos años,  deberán ser polivalentes, desplegables, flexibles e interoperables, tecnológicamente avanzadas y logísticamente eficientes». Gracias por recordárnoslo.

Como órgano de gestión se crea una nueva Unidad de Respuesta Integrada Exterior (URIE) con componentes diplomáticos, militares, policiales y de cooperación al desarrollo. Los militares ya intuimos quien la mandará y quienes serán los obreros.  Esta Unidad dependerá del nuevo Consejo Español de Seguridad, integrador de Ministros y Altos Cargos de la Administración que a la vez serán impulsados por un Foro Social como órgano consultivo.

Dispondrá  de una unidad de apoyo, en el seno de la Presidencia del Gobierno –aquí se nota la mano del jefe del gabinete del Presidente– que integrará al actual DISSC –Departamento de Infraestructuras y Seguimiento se Situaciones de Crisis– más conocido como el «bunker de Moncloa».

El documento lleva un mensaje también al Consejo de Ministros al apelar a la mejora necesaria de la coordinación interministerial a fin de evitar , «compartimentaciones, duplicidades y solapamientos».

Aunque era necesario y tiene el valor de inventariar lo existente, crea nuevas estructuras  en  mal momento. En plena crisis política , económica y social el documento no aporta el menor aliento integrador, aunque tenga razón en los análisis y respuestas. No puede reverdecer una cultura de seguridad cuando desde hace años se vienen destruyendo valores ciudadanos y patrióticos; cuando se permite que se insulten a Instituciones o se ninguneen  los  símbolos de todos. Cuando públicamente se solicite la salida de un trozo entrañable de España del Ejército de la Guardia Civil y de la Policía. Cuando en cada fleco parlamentario que exija la compra de unos votos , se ceda al chantaje nacionalista que poco a poco va mermando y debilitando al Estado.

¿De qué enemigos debemos hablar entonces?

¿O hay que recurrir al Laureado que pedía «disparad  contra nosotros, que el enemigo esta dentro»?

El escaso eco que han dado los medios al documento es muestra clara de dónde estamos.

Es su más clara valoración.

Artículo publicado en “La Razón” el 13/07/2011

Sueños y héroes

sábado, julio 9th, 2011

Un reconocido medio de comunicación reproducía hace unos días una frase de Víctor Ruiz Iriarte que yo había subrayado siendo joven, en una de las páginas centrales de aquella impagable colección literaria de los cincuenta  llamada «Novelas y Cuentos». A precios más que populares, extendió esta entrañable publicación toda una muestra de la literatura universal de la que bebimos varias generaciones. Y la frase de Ruiz Iriarte era –es– más que elocuente: «El delito de los que nos engañan no está en el engaño, sino en que no nos dejan soñar que no nos engañarán nunca».

Tiempos de engaños. Tiempos de desilusiones. Nunca habíamos tenido tanta norma deontológica, nunca tantos decretos de buen gobierno, nunca tantas comisiones de control como ahora, cuando día a día saltan corrupciones por doquier.

Lo normal es lo viciado. Lo honesto y serio, la excepción. Es que nos han matado el poder soñar. Soñar en servir a la comunidad. Soñar en ser útil a los demás. Soñar en emprender. Soñar en arriesgar. Mala muerte la de los sueños y de las ilusiones, porque cercena el ser vivo que lleva dentro toda sociedad.

También a los miembros de las Fuerzas Armadas quieren quitarles el sueño de ser héroes. No se conformaron con desterrar la palabra guerra de sus Ordenanzas. Ahora se empeñan en borrar heroísmos ejemplares. ¿Con qué quieren que sueñen entonces los jóvenes oficiales y suboficiales? Eso sí, que se batan en Herat y en Qala e Naw, pase lo que pase, cueste lo que cueste, incluso la vida. Pero que no hablen de guerra, que no hablen de  heroicidades.

Por supuesto debo extender el término héroe a un montón de vocaciones y personas: bomberos, médicos, misioneros, cooperantes, trabajadores de sol a sol.

No puedo dejar de referirme hablando de héroes a  la denuncia que suscribía recientemente el Coronel (R)José Luis Isabel en una tribuna de opinión toledana sobre el tratamiento que les da el nuevo Museo del Ejército. Para empezar, la palabra «héroe» ha sido también proscrita, como  la  guerra.  A la Cruz Laureada de San Fernando, la más alta condecoración al valor concedida  en España, sólo se le dedican 77 palabras. Son las mismas  que se dedican a describir la pólvora negra o al águila napoleónica. Peor parada sale la Medalla Militar, a la que sólo le dedican 36. Sólo dos menciones a laureados: al General Varela por haber  conseguido dos, y al General Zabala como propietario de la guerrera  que depositó en aquellas vitrinas. No hay mas héroes en plantilla: ni el Cabo Noval, el ovetense que dio extremas muestras de valor,  ni el Marqués del Duero, ni Narváez, ni Prim, ni O’Donnell.

No deja de ser triste que se dé más homenaje a nuestros héroes en ultramar, que aquí en un museo tan nuestro. No hay referencias a un Vara de Rey muerto heroicamente en la defensa  del Caney ni a Saturnino Martín Cerezo y Enrique de las Morenas, gloriosos defensores de  Baler. Son aquellos «últimos de Filipinas» que llevaron al rebelde Aguinaldo a reconocer que: «Se habían hecho acreedores de la admiración del mundo las fuerzas que guarnecían el destacamento de Baler, por el valor, la constancia y el heroísmo con que aquel puñado de hombres aislados y sin esperanza de recibir refuerzos  han realizado durante un año, en una epopeya tan gloriosa y tan propia de los hijos del Cid y de Pelayo». Aquí, al parecer, ni lo mencionamos.

En algo no coincido, no obstante, con mi compañero y amigo el coronel José Luis Isabel. Autor de varios libros de historia, es el hombre que ha estudiado con mayor profundidad  la vida y milagros de los «laureados» y de los «medallas militares». La Real y Militar Orden de San Hermenegildo, que arropa  a la orden de San Fernando, conoce bien sus estudios, que ha publicado en varios tomos. Vamos, que no es un visitante del Museo que «pasaba por allí».

Pero debo decírtelo, mi coronel: sí se puede hacer. Y bien se que se está haciendo. No caen en saco roto las sugerencias. Y un museo se consolida en años de trabajo.

Conocemos a las personas que han dirigido esta reconversión respecto a  lo inicialmente planificado por el buen ministro Eduardo Serra, que recibió el encargo de trasladar el Museo de Madrid, al Alcázar toledano. Todo es recuperable. Porque por mucho que se quieran borrar, los héroes  seguirán existiendo, uniformados, con batas blancas o con sotanas.

Por mucho que se quieran diezmar las vocaciones, seguirán apareciendo misioneros, cooperantes, médicos y soldados. Por mucho que quieran ahogar nuestros sueños e ilusiones, seguirán apareciendo poetas. No son tiempos de rendiciones incondicionales, sino de guerra abierta a la incompetencia, al odio, a la revancha, a la envidia.

No citas para nada esta palabra, mi coronel. ¿No será todo cuestión de envidia?

Artículo publicado en “La Razón” el 07/07/2011