Archive for junio, 2011

Servir hasta morir

jueves, junio 30th, 2011

Es como si todo estuviese trágicamente orquestado.

No podía elegir peor momento el futuro candidato del Partido en el poder, para anunciar un programa de drástica reducción de efectivos de las Fuerzas Armadas. Lo que indiscutiblemente es un guiño a los electores de izquierdas –aquellos del «no a la guerra»–  no se podía hacer en peor  momento. Nada nuevo. Se suma a una consciente campaña de desarbolar otra Institución, socavando los cimientos de su esencia, permitiendo que se cierren Cuarteles Generales como el de la OTAN en Retamares. ¿Más reducciones aún?

Coincidía con otras manifestaciones del portavoz de Bildu en las que pedía la salida del País Vasco, del Ejército y de las Fuerzas y Cuerpos  de Seguridad del Estado.

Pero al mismo tiempo, su contrincante en unas frustradas primarias, la Ministra de Defensa, más conocedora y finalmente comprometida con los ejércitos porque en estos años ha captado cómo son sus miembros, acudía a Herat en Afganistán para repatriar a los cuerpos sin vida de dos soldados y a los heridos en reciente atentado.

Para acabar de sazonar la tragedia que vive nuestra Patria, los mismos nacionalistas que consiguieron del ministro de turno quitar el lema «A España servir hasta morir» de la Academia de Suboficiales de Tremp, arañaban con una simple abstención en el Congreso de los Diputados la propiedad de los ocho hospitales de la Seguridad Social de Cataluña, red  sanitaria que es de todos los españoles. Aparecen los mismos protagonistas que cesaron fulminantemente al Jefe de la Fuerza de Maniobra del Ejército, Teniente General Mena, por decir en una Pascua Militar los peligros al que nos conducían ciertas derivas, que ahora constatamos. Persona culta, abierta, respetuosa con la legalidad vigente, no dijo más que lo que reza nuestra Constitución a la que ahora se sabotea permanentemente desde distintos ángulos políticos y judiciales. No podemos olvidar que el cese del General Mena arrastró al del Jefe de Estado Mayor, García González, que le defendió.

Siguen en pie los mismos protagonistas. Sigue la misma campaña de acoso y derribo.

Precisamente de la Academia de Tremp procedía uno de los fallecidos en Afganistán, el Sargento Argudín. Le habían arrancado el «a España servir» de las piedras de su Academia, pero no  habían conseguido desterrarlo   de su corazón. Y mientras él y muchos otros cubren con su «manto de seguridad»  nuestra libertad   y  la de otros ciudadanos del mundo, aquí les ninguneamos cuando no les traicionamos por retaguardia. Porque unos políticos abandonados por la opinión publica , contestados desde la calle por miles de «indignados»,  se agarran al poder pase lo que pase, o sacan el máximo partido del río revuelto, abusando de la debilidad creciente del Estado.

Sólo puedo confiar en un día en que todo pueda reconducirse. Las sociedades tienen recursos humanos para resarcirse y para  saber separar el trigo de la cizaña.

Y deberá poner en su sitio a los que insultan a las Instituciones, aunque vivan de ellas, a los que odian a la Bandera de todos y aprovechan la primera ocasión para esconderla o insultarla, aunque cobren de todos. A los que utilizan a las Fuerzas Armadas y a los Cuerpos de Seguridad del Estado como peones  de su política partidista, los que utilizan una antes prestigiosa Seguridad Social como moneda de cambio, como si lo de todos fuese de ellos.

Mientras, en «tierra extraña»  unos soldados  seguirán cumpliendo  con su deber. Se repondrán las bajas, el recuerdo de los fallecidos seguirá   en el corazón de sus compañeros de armas, y  comprimiendo el dolor y la rabia  seguirán  trabajando abriendo rutas, pero sobre todo abriendo mentes a un pueblo que tiene la gran oportunidad de salir de su Edad Media y de desligarse de feudos tribales y de señores de la guerra.

Aquí se seguirán haciendo apuestas y previsiones que hablan de repliegues, relacionados con elecciones internas, con políticas de otros países de la coalición, con presupuestos, dando aliento a los insurgentes que se crecen ante nuestras  debilidades. Se volverán a rasgar vestiduras ante atentados previsibles, mientras se sabotea, se desguaza, cuando no se insulta, aquello por lo que han dado su vida dos soldados españoles.

Artículo publicado en “La Razón” el 30 de junio de 2011

«Labios que han besado tu bandera»

jueves, junio 30th, 2011

«Canción que brota de almas que son tuyas, de labios que han besado tu bandera», reza una de las primeras estrofas del Himno de Infantería. Podrían ser de otra arma, pero pertenecían al Regimiento de Infanteria Soria 9, uno de los más antiguos de Europa. No nos habíamos repuesto del dolor del atentado de la semana pasada cuando hoy nos sacude un nuevo mazazo. No dejábamos de admirar el comportamiento del teniente Gras Baeza,  que en cuanto despertó  de la gravedad de su mutilación sólo se interesó por sus soldados, ¿cómo están ellos? o de las cinco medallas de campeona de Europa en artes marciales que había conseguido desde su Tenerife de adopción,   la soldado Jennifer García López también herida de gravedad, cuando nos llega la amarga noticia de la muerte de otros dos compañeros: el sargento primero nacido en Gijón,  Manuel Argudin y la soldado nacida en Colombia, Niyireth Pineda. Todos habían besado nuestra bandera. La que otros compatriotas mal nacidos ocultan, cuando no insultan o desprecian. ¿Cómo pueden comprender el sacrificio de unos jóvenes que lejos de su patria luchan por la libertad de otros pueblos, libertad que repercute en nuestra propia  seguridad? Por encima de las razones que esgriman los talibanes justificando sus acciones me vienen  a la cabeza dos pensamientos: el primero es que conocen los planes de la Coalición de limpiar tácticamente  en fechas próximas el Valle de Bum que ahora dominan, situado  al norte de la provincia de Bagdis. Pero hay otra razón que me preocupa más. Dicen los talibanes que nosotros tenemos los relojes, pero ellos dominan los tiempos. Los anuncios de repliegues no siempre son positivos, especialmente cuando entrañan presiones de opinión pública, promesas electorales  o simplemente síntomas de cansancio. No valen las debilidades ni en casa, ni fuera de casa.

Artículo publicado en “La Razón” el 27 de junio de 2011

Sociedad condenada

sábado, junio 25th, 2011

Nos sorprende desagradablemente que un grupo de energúmenos intente secuestrar al Parlament de Cataluña o que otro invada con insultos en plena calle la imprescindible vida privada del Alcalde de Madrid. No es la rebeldía utópica de aquellos que comenzaron un 15 de Mayo un movimiento de «basta ya». Pero, por supuesto, hay una relación. Una reacción de este tipo nunca llega a ser monolítica por muy extendidas que estén las redes sociales y muy parecidas sean las demandas. El problema no está en los actuales lodos, sino en los polvos que durante años se han ido acumulando en el camino. Ayn Rand, la conocida novelista norteamericana, nacida en San Petersburgo como Alissa Rosenbaum, nos legó en su obra «La rebelión del Atlas» esta sentencia: «Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo,  y que las leyes no le protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar que su sociedad esta condenada».

Por supuesto sigo convencido de que la democracia debe apoyarse en unas reglas de juego, que el sistema lo sostiene un conjunto de instituciones a las que debemos apoyar, o relevar si es necesario, pero que no se puede sustituir por un movimiento de calle, más apoyado en emociones y sentimientos que en lógica política, fácilmente manipulable incluso por quienes lo han iniciado, en beneficio de sus propias ambiciones. Demasiados movimientos revolucionarios hemos conocido que comenzando utópicos han terminado siendo eternas dictaduras. Véase la «Cuba libre» de los Castro, que hasta nos contagió un tipo de bebida.  También nos emocionaban las canciones de los sandinistas nicaragüenses: dense un paseo por Managua. Aquí en casa, aquellos progres barbudos, vestidos de pana, están hoy asociados a las fortunas insultantemente más grandes del mundo. ¡Sería un buen servicio proporcionar a los «indignados» servicios de hemeroteca y textos de historia clásica y contemporánea! Porque nada es nuevo bajo la capa del Señor. Pero si leemos que hay 70.000 millones de  euros nuestros en paraísos fiscales que serían más que suficientes para dar liquidez al sistema financiero; si comprobamos que dos instituciones que deberían ser para nosotros dogma de fe como los tribunales Supremo y Constitucional andan a la greña y en una semana son capaces de dictar sentencias contrapuestas y nos dejan a un País Vasco en manos de una panda de forajidos que rápidamente han implantado su huella, para desazón de las gentes normales, para ahondar más en la herida de las víctimas de tantos años de terrorismo. Y si se ha querido cercenar la autoridad de padres, maestros, de la propia Policía; si se han diluido los necesarios canales de conexión entre autoridades estatales y autonómicas; si hasta los servicios contraincendios tienen carácter exclusivo autonómico, como si el fuego reconociese fronteras y lindes.

Todo debe recomponerlo esta  sociedad condenada. No es malo que se empuje desde abajo. Pero debe ser canalizado desde arriba. Repito: son las reglas del juego. Pero los indignados tienen otros méritos que no esperaban. En las manifestaciones últimas vieron cómo se les incorporaban miembros de otras generaciones, los jubilados especialmente. Son los que después de haber trabajado décadas de sol a sol han visto menguados sus derechos, los que sospechan que acabarán pagando los platos rotos de una Seguridad Social antes boyante y hoy en dudosa viabilidad; son los que incluso sostienen física y económicamente a sus hijos y a sus nietos. Tampoco duden que han influido en el discurso político y en las intenciones y gestos  de las nuevas autoridades autonómicas y locales. Si son inteligentes –y algunos demuestran serlo– recogerán sus razones, sabrán dar importancia a lo que de verdad tienen sus quejas. Una sociedad madura debe saber cohesionar estos movimientos de la calle con las posibilidades reales y legislativas del juego democrático. Quien sepa hacerlo tendrá nuestro reconocimiento y respeto porque redimirá a la sociedad de la condena que está sufriendo.

Artículo publicado en “La Razón” el 23 de junio de 2011

Deseos y realidades

jueves, junio 16th, 2011

A pesar de de los recientes tristes sucesos de los Altos del Golán, se puede decir que en Medio Oriente se viven momentos de calma. De tensa calma según dicen los que viven en la zona: más de dos mil corresponsales de prensa y televisión  en Jerusalén, embajadas,  consulados generales, órdenes religiosas, organizaciones internacionales, observatorios de paz… La tensión existe, incluso alguien puede desear aumentarla, pero la oficina de turismo va viento en popa con tanto residente y con la permanente afluencia de fieles a los Santos Lugares. Esperanzadora calma para quienes trabajan y quieren que el conflicto que enfrenta desde hace décadas a israelíes y palestinos se solucione. La mera cita de Obama, de los limites de  antes y después de la guerra de 1967 ya ha levantado ampollas. El Presidente norteamericano por aquellas fechas de la Guerra de los Seis Dias, no podía ser consciente de lo que se encontraría un día. Remontarse a la Historia es necesario, es crucial en muchos casos, pero aquella Historia es tan enrevesada que puede complicarlo todo. Son tan fuertes los sentimientos, que nublan cualquier razón lógica. Porque la realidad es otra. Israel mantiene inflexible la mano de hierro de su Ejército en el control del territorio. Si hacen falta controles en las carreteras, controles; si hacen falta muros de hormigón de nueve metros, muros; si hacen falta alambradas, alambradas. Entrar o salir de  Gaza por el puesto fronterizo de Erez puede llevar una hora de interrogatorios, trámites y explicaciones. La resignación y el desprecio al tiempo perdido son las únicas armas que puede llevar uno para sobrellevarlo. Las otras –las «uzi» del Ejército– están presentes en todo el decorado. Un pasaporte con sellos de entrada en Kuwait,  en Iraq, en Siria o en Afganistán que pueda llevar un militar español que en los últimos años haya seguido las vicisitudes de su Ejército, levanta enormes sospechas por mucho que certifique su personalidad. Todo lo que signifique trato con el «enemigo» entraña sospecha. Los experimentados aconsejan «perder» el pasaporte y entrar en la zona con otro «virgen», sin referencias. ¡También es triste en 2011 recurrir a estas prácticas! Pero lo de menos son las horas perdidas y los trucos de pasaporte. Lo importante es el clima en que se vive, el  propio concepto de convivencia. Mientras Israel crea que todos tuvimos algo que ver con el Holocausto, cuando todos nos seguimos sintiendo  horrorizados; cuando vea en cada ciudadano que intenta ayudar en el proceso de paz, a un enemigo, difícilmente podrá acudir sinceramente  a una negociación del proceso. Quiero imaginar que los cientos de turistas norteamericanos que visitan los Santos Lugares y que comprueban «in situ» las demostraciones diarias de los judíos ortodoxos frente al Muro de las Lamentaciones, influyen y apaciguan al importante «lobby» judío del otro lado del Atlántico. En la otra parte, con menos medios, con altísimas cotas de contenida resignación, con ambientes marginales que invitan a los niños a enrolarse en lo que sea, aunque sea al martirio terrorista, con las ancestrales fisuras incluso entre hermanos en una misma Fe, ocurre otro tanto. Todo se entremezcla: religiones, historia,  culturas, convivencias. A quien ha dado un paso firme para alcanzar la paz, lo han eliminado las balas, dice la historia reciente. Me cuesta decir  lo que siento:  hoy no veo salida al proceso de paz, salvo que se planifique sobre dos bases: sacrificios mutuos de las dos comunidades y plazos relativamente largos de ejecución. Se ha intentado varias veces. Pues, hay que reiterar el esfuerzo. También espero y deseo que la amplia representación diplomática, internacional y de medios que convive con ellos, contribuya al esfuerzo. Que no haga rehenes a los pueblos con que conviven  de «la imperiosa necesitad de sus informes, o de sus  crónicas de guerra». Temo protagonismos muy bien remunerados que no conducen al fondo del problema. Pocos de ellos conocen la existencia de una parroquia católica en Gaza –la Sagrada Familia– donde practican la mejor política posible en estos momentos: una escuela con mil niños y niñas, ya en convivencia desde pequeños; no se habla de religiones; no se habla de política; se estudia inglés como forma de abrir fronteras, en tanto se mantienen cerradas las  alambradas. ¡Por ahí deberían andar los tiros!

Artículo publicado en “La Razón” el 15 de junio de 2011

Interpretaciones de la historia

lunes, junio 13th, 2011

Creo que no tenemos  asumido que la democracia se sustenta sobre  hombres libres, y que  –por el contrario– los fascismos se apoyan en la cobardía de las masas, en un pensamiento único inyectado por quienes ostentan el poder. No entraré en las particularidades de las distintas interpretaciones de la Historia que van desde Polibio, Maquiavelo y Rousseau hasta Hegel, Spengler o nuestro Ortega y Gasset.

La Historia, desde mi punto de vista, aparece con  innegables cotas de subjetividad, contada por los historiadores. Hay quien dice que la han escrito los vencedores. Hay quien opina lo contrario. No obstante, el gran valor  del ser humano ,radica en que puede beber de diferentes fuentes, contrastar pareceres, y asentar en su mente una visión ponderada de los acontecimientos. Por supuesto aparecen otros factores en esta interpretación. El más subjetivo , muchas veces sustentado por el desconocimiento, es el emocional, el más manipulable por el poder político, en lo que Noam Chomsky  denomina «estrategia de la distracción». Se trata, dice el pensador  de izquierdas norteamericano, de «técnicas de diluvio o inundación de distracciones e informaciones sin importancia, para mantener al público distraído, lejos de los verdaderos problemas de la sociedad».

Recurrir al pasado de nuestra Guerra Civil y de los años que la siguieron, sigue dando buenos resultados hasta ahora. Una comisión sobre el futuro del Valle de los Caídos o una película bien regada de subvenciones sobre el «maquis» en Asturias, permite desviar temas de suma gravedad, como el endeudamiento del Estado, la pérdida de confianza en ciertas instituciones, el abuso de poder, la corrupción de la vida pública o las trágicas estadísticas de familias que no tienen a ninguno de sus miembros trabajando. Estamos más cerca de lo oclocracia –ingobernabilidad como resultado de la aplicación de políticas demagógicas– que de la democracia, considerada como servicio al bien común.

La Real Academia de la Historia acaba de publicar un ingente trabajo de recopilación en su Diccionario Biográfico Español. Veintitantos siglos de nuestra Historia en cincuenta volúmenes que recogen más de cuarenta mil biografías. Y alguien ha conectado el ventilador emocional, para intentar masacrar a los autores de las biografías de Franco y de Azaña. El Presidente de la Academia, Gonzalo Anes, ha explicado por activa y por pasiva que la Academia no ha querido modificar los contenidos de ninguna de las biografías por respeto a  la libertad intelectual de los autores. Por supuesto, todo es discutible y lo admite. No obstante, resulta estrambótica la campaña lanzada contra dos historiadores de enorme calado como son Luis Suárez y Carlos Seco por quienes no les llegan a la suela del zapato en conocimientos. A su obra ingente añade el profesor vallisoletano un carácter liberal que no ostenta la masa abigarrada de lanares, que actúan al dictado del poder vigente y le atacan. A su sombra y amistad, creció como historiador Julio Valdeón reconocido pensador marxista con fuerte influencia en el mundo editoral dedicado a la enseñanza, que ganó una cátedra e ingresó en la propia Academia. El discípulo fue leal amigo desde la distancia de dos diferentes interpretaciones de la Historia. Se respetaron en libertad. Pocas personas pueden discutir el valor intelectual de Carlos Seco y de su enorme obra como también pocos, compruebo, conocen sus circunstancias familiares vividas al comienzo de la Guerra Civil. ¡Cuántos podríamos disentir de la biografía de Felipe González escrita por un periodista amigo al que su grupo le debe enormes favores! ¿O creen  que todos estamos de acuerdo con las biografías de Pilar Bardem o de Teddy Bautista?

Cuando se ha llenado un vacío histórico, cuando se reivindica el nombre de miles de españoles injustamente olvidados, no deja de  ser esperpéntico poner en duda el enorme valor como Institución de la Real Academia de la Historia, por media docena de palabras que rechinan al «pensamiento único» de parte de nuestra izquierda que, a falta de capacidad para gobernar, destrozado el espíritu de la Transición, pretende reabrir heridas pasadas solo porque «es bueno, nos conviene mantener un estado de tensión». ¡Cuidado con jugar con sentimientos! Hay quien ya pide quemar la edición. ¿No les parece que ya quemamos bastantes libros a lo largo de nuestra Historia? La alternativa no es recordar u olvidar, sino simplemente saber o no saber.

Artículo publicado en “La Razón” el 8 de junio de 2011

¡Reaccionemos!

jueves, junio 2nd, 2011

No habíamos digerido aún las consecuencias del vuelco electoral del 22 de mayo, cuando la victoria del Barça en Wembley  nos presentaba otro mundo, positivo por el esfuerzo de una generación de jugadores y por la organización de su club, negativo por los rasgos de fanatismos desbordados que acabaron en desórdenes. No deja de ser curioso que otra de las aficiones más correosas de Europa sea la del Panatinaikos griego. En dos países con graves crisis sociales y económicas, las masas buscan referentes, necesitan ídolos que cubran sus carencias, referentes que no encuentran  ni en el mundo de la política, ni en el cultural ni en el social. ¿Se imaginan a 100.000 ciudadanos concentrados en un estadio, aplaudiendo  con  emoción al equipo de 30 médicos de la Seguridad Social de Valencia que le trasplantaron la cara a un enfermo, en un trabajo continuado de casi dos días? ¿Tienen audiencia televisiva los corazones y manos que dan de comer cada día en Cruz Roja, Cáritas o en tantas parroquias, a miles de compatriotas y emigrantes nuestros? ¿Creemos ciertamente que con el vuelco electoral hemos solucionado nuestros conflictos y liberada nuestra conciencia ciudadana? La clase política, tanto la que ha pasado de los  antidepresivos, como la que debe dosificarse «antieufóricos», no es más que un extracto de la sociedad que los vota. Ésta es la que necesita remedios: la que ha priorizado derechos sobre obligaciones, la que permite quiebras en la familia y en la educación. La que no puede mirarse en el ejemplo de sus dirigentes,  algunos más inclinados al ascenso rápido, a la corrupción y al «no sabe usted quien soy» , que al servicio  a su comunidad.

Luego nos sorprendemos de que un movimiento inicialmente razonable como el del 15-M siga aún en la calle. Y ya tiene su bandera con la carga policial de los Mossos en la Plaza Cataluña. Sólo hubiera faltado una víctima mortal para que hubiesen creado otro mito. Nosotros mismos cercenamos el principio de autoridad, más propensos a ponernos en la piel de los aún concentrados que en la de los comerciantes y vecinos que pagan religiosamente  impuestos para que sus calles  estén limpias y  para que sus comercios sean competitivos. Pero nadie se atreve. Y la culpa no la tiene sólo el Ministro del Interior, que, metido en otros incendios partidistas, contemplaba  desde un helicóptero  junto a  la ministra de Defensa las llamas que asolaban el suelo de Ibiza. La culpa la tenemos todos que incluso compramos los periódicos que dan la noticia o escuchamos los informativos que  difunden la visita. Quien debería volar sobre Ibiza es la ministra de Medio Ambiente  y no en mayo  sino mucho antes. Los incendios se apagan en  invierno con campañas de limpieza de bosques y cortafuegos. Así acabó Fraga con la plaga de incendios gallegos: trabajando en noviembre. Todo lo tenemos confundido y entremezclado, porque hemos perdido el sentido de Estado, que no es más que el sentido del bien común. Los principios de solidaridad, de patriotismo, de respeto que emanan de nuestra Constitución han sido abandonados por todos, no sólo por nuestra clase política. Prevalece lo «políticamente correcto», que no es más que una fórmula de cobardía. Se recuerda la masacre del Cuartel de la Guardia Civil de Vic –asesinos de ETA  junto a  asesinos de Terra Lliure– y el alcalde de la ciudad se ausenta. Pero nadie de Vic  tendrá el valor de recriminárselo, ni la prensa catalana de denunciarlo. ¡Políticamente correctos todos! ¡Pero si eran Guardias Civiles y ya estábamos pactando que saliesen de Cataluña! ¡En el fondo, el atentado aceleró el traspaso de competencias! ¡Pero si los de Terra Lliure se han integrado en la vida política! Sólo derechos. El alcalde a irse de vacaciones. Los «okupantes» de nuestras plazas a continuar. Incluso en la valorada  Institución Militar, la actual ministra, empeñada en que seamos como soñó  Azaña, ha querido priorizar derechos sobre deberes. Aquí habré perdido otra de mis batallas, porque sigo creyendo que las gentes de armas, por el mero hecho de ser depositarias de la fuerza, se exigen voluntariamente, más que exigen a la sociedad que las sustenta. No nos damos cuenta, pero estamos  socavando los cimientos de nuestra convivencia y podemos pagarlo caro. ¡Reaccionemos!

Artículo publicado en “La Razón” el 2 de junio de 2011