Sana envidia

Los ecos de la  brillante intervención de los SEAL –los seleccionados equipos de operaciones especiales procedentes de marina (sea), aire (air) y tierra (land)– en Pakistán, han amortiguado y diluido la noticia de los anunciados  relevos en la Secretaria de Defensa norteamericana y en la CIA, su Agencia Central de Inteligencia. Seguro que cuando  la Casa Blanca anunció los relevos ya se habían tomado decisiones de enorme responsabilidad e incluso, se conocía el resultado de la operación contra Bin Laden.

Tras dos años de solape con la administración republicana, el demócrata Obama relevará a su Secretario de Defensa  Robert Gates,  por un veterano político de 72 años, Leon Panetta, con amplísima experiencia en el Congreso representando a California, en la Oficina de Presupuestos de Bill Clinton, experto en Ciencias Políticas y actualmente Director de la CIA. El anunciado relevo se aplaza hasta julio, para dar tiempo a que el Consejo de Seguridad Nacional revise los diez últimos  años de presencia en Afganistán.

En suma, solape, previsión,  transparencia, prudencia,  experiencia, servicio, respeto a las instituciones. El Estado por encima  de la alternancia de partidos en el poder.

Para sustituir a Leon Panetta, Obama ha designado al general David Petraeus(58). Demostradas sus capacidades en Irak y en Afganistán, cambiará los teatros de operaciones asiáticos por el también comprometido campo de batalla de Langley, la sede de la Agencia.

En suma, confianza en los uniformados, rejuvenecimiento de cuadros, estabilidad, coordinación. Otra vez sentido de  Estado.

El presidente norteamericano asegura así  mantener el rumbo marcado en Irak y en Afganistán en un momento crucial para Oriente Medio, Norte de África y el Mundo Árabe. «No hay tiempo  para buscar a alguien nuevo que deba aprender el trabajo y pueda cometer errores. La defensa y la inteligencia ya son suficientemente complicadas como para traer a un desconocido que sea más caro desde el punto de vista estratégico y político» dirá un portavoz de la Casa Blanca.

¡Cómo no voy a sentir sana envidia al  leer estas palabras!

Aquí  el Ministerio de Defensa ha sido considerado durante los últimos diez años como refugio de los  «no sé qué hacer con él», «que no incordie y que no me haga sombra» , «que juegue con los soldados y lo mantengo ocupado» o como mucho «que vaya rodando  y haga carrera en un ministerio fácil». Para nada aparece el interés en aportar experiencia y servicio. Prevalece sobre todo, el interés del partido de turno.

También con los servicios de inteligencia jugamos peligrosamente a la ruleta rusa. Cuando se eligió  para dirigirlos a una persona sin la menor experiencia, que priorizó la sumisión a un jefe obsesionado por conocer los mas recónditos rincones del alma, y de algún pecador cuerpo  de sus adversarios e incluso amigos, sobre el trascendental servicio al Estado que se espera  desarrolle un director del CESID. Más de uno de sus agentes debió pensar  cómo se podía producir un  fortuito y desgraciado accidente de caza o de pesca en selvas o mares africanos que con tanta pasión frecuentaba.

Aquí con los cambios de partido, cambiamos no sólo las cúpulas militares sino hasta los escoltas y conserjes. ¡Como podemos comparar los dos modelos de Estado! Ante una nación como la nuestra en la que los movimientos disolventes se incrustan cada día más en nuestra vida política, la columna vertebral del Estado formada por los Ministerios de Exteriores, Defensa, e Interior –yo añadiría Educación– debería estar especialmente consolidada y no sujeta a los vaivenes partidistas. No son buenos los relevos paralelos a los cambios de gobierno, como no son buenas las etiquetas  con las que luego se bautizan a las cúpulas militares, policiales o diplomáticas. Aprendamos de los americanos y no sólo por saber confiar la Defensa a un hombre de 72 años de ascendencia italiana al que acompañará otro más joven, que ha superado un cáncer de próstata, de ascendencia griega.

Ya sé que los partidos andan metidos en harina hasta el 22 de mayo. Pero pido  a nuestros representantes que después de las elecciones autonómicas, cuando  planifiquen  temas de defensa  pensando en las generales de 2012, prevean que el relevo de la actual cúpula no se haga hasta bien entrado 2013. Que se solapen los cargos. Que se transmitan experiencias.

Si consiguiésemos que Defensa, Exteriores e Interior se desprendiesen del actual tinte partidista, habríamos prestado un enorme servicio a la patria, este entrañable espíritu y espacio común en el que entramos y cabemos todos, disolventes e integradores. Y mientras pienso en nosotros, déjenme que les repita que siento una enorme y sana envidia por la administración –aún admitiendo sus errores– que ha sabido darse el pueblo norteamericano.

Artículo publicado en “La Razón”, el 4 de mayo de 2011

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