Archive for mayo, 2011

Días de mayo

lunes, mayo 30th, 2011

El domingo triunfaron las reglas del juego democrático. Las que nos hemos dado. No las que se pueda arrogar un colectivo. Difíciles de prever aunque ya casi nada nos sorprenda. Difícil pronosticar su alcance. En una semana de mayo hemos transitado entre una esporádica conmoción social y una más  previsible sacudida electoral. Hemos pasado de la indignación de  parte de la calle a la esperanza de un cambio, no sólo en aptitudes políticas, sino en actitudes públicas, teñidas de esperanza. Cuando podíamos suponer que los «indignados» lo estaban contra una gestión de gobierno que los había arrastrado a esta situación, comprobábamos que se extendía a todo el sistema institucional. Se confundía la mala gestión con las bases de convivencia que nos hemos dado los españoles y se atribuían representaciones que decidimos construir de otra manera, no asamblearia precisamente. Pero había miedo. Miedo a que se desbordase, miedo a que influyese en los comicios del domingo. Demasiado próxima la memoria de la tragedia de un 11 de marzo aún no aclarado.

La reunión de los jurados de los Premios Ejército de este año me había llevado a la capital de España precisamente estos días. No pude resistirme a deambular por la Puerta del Sol. Allí se mezclaban máximas y razonamientos de protesta  escritos en cartelas, toldos, andamios y fachadas, con rostros cansados en actitudes relativamente pacíficas, todo impregnado de cierto olor a Rastro y a pura naturaleza humana. Saliendo de la plaza por la calle de Alcalá dos hombres –brazos en cruz– pedían limosna. Me duele el alma al contemplar estas formas y recursos para estimular nuestra caridad. Más adelante alguien, ajeno a todo, dormía debajo  de un banco enfundado en su saco de dormir. «Se compra oro», gritaba otro, y yo me preguntaba: ¿a quién? Alrededor pululaban servicios de limpieza y una discreta presencia policial. Creo que se hizo bien aquel fin de semana en permitir la concentración, como también creo que hoy jueves 26, aquello debería estar más que disuelto. El mensaje está pasado.

En la tarde del lunes regresaba  en  metro a Barajas entre una «troupe» de hermanados franceses e italianos que regresaban de sus maniobras de la Puerta del Sol. ¡Para anotar sus comentarios! Es la nueva generación revolucionaria, hija de aquella otra conmoción del Mayo francés de nuestra juventud. En cierto sentido se quejaban de regresar sin «heridas de guerra». Daba la impresión de que les hubiera dado cierta «charme» el ser fichados en los calabozos próximos de la extinta Dirección General de Seguridad, hoy convertida en pacífica sede de la Comunidad. ¡Estos españoles ya no son lo que eran! Todo se ha entremezclado: redes sociales, concentraciones de las plazas de Túnez y El Cairo, robo piramidal de Madof, el descubrimiento de que al frente del Fondo Monetario Internacional teníamos a un verdadero depredador, la falta de  ilusión y oportunidades  de nuestra juventud, las estadísticas del paro, los beneficios de la banca y las primas repartidas a sus dirigentes. Cansados de promesas, cansados de escándalos, cansados de prepotencias y de derechos de pernada, alzaba aquella gente sus protestas. En muchos aspectos no me sentía tan lejos de ellos. Pero el domingo triunfarían las reglas del juego democrático. Las que nos hemos dado. No las que se pueda arrogar un colectivo. En una magnífica reflexión publicada en esta tribuna el lunes  23, el magistrado Enrique López se preguntaba: ¿y ahora qué? Ahora se abren expectativas y movimientos de cambio a consecuencia de los resultados electorales. Pero también se asumen graves responsabilidades, con un primer chequeo antes de un año –incluso antes– y  el compromiso de atender y asumir parte de lo que gritaba la calle. La gran responsabilidad de nuestras dos grandes formaciones políticas es afrontar el momento: una por habernos llevado al estado de indignación, la otra por asumir el relevo con responsabilidades en la administración local y territorial de prácticamente todo el país, con poco tiempo para presentar líneas de cohesión, de moderación, de ser honestos y parecerlo.

Salimos de la Legislatura mas disgregadora de nuestra Transición, donde incluso el Presidente de la Alta Cámara ha jugado más a peón, alfil, caballo y rey de su partido, que a representar, integrar, conducir y cohesionar, la soberanía de todos los españoles. Si  entre este 22 de Mayo y la fecha de las próximas elecciones generales no se produce este cambio, las próximas concentraciones de las «puertas del sol» no acabarán pacíficamente. No es malo leer nuestra Historia, concretamente la «vicalvarada» de 1854. Mas cáustico no podía sentenciarlo el ginebrino Rousseau: «La segunda edición de las obras escritas por revolucionarios está encuadernada con la piel de los que no hicieron caso a la primera». Seamos conscientes de que, realmente, nos jugamos la piel.

Pies de barro

viernes, mayo 20th, 2011

No es que estemos huérfanos de liderazgo. Es que somos incapaces de producir líderes. Como mucho creamos unos entes precocinados, bien sazonados y adornados  que pasan por tales, pero que  se extinguen a la menor racha de viento que apaga el horno. Y ya lo dijo el filósofo, no hay viento favorable –liderazgo– cuando no hay rumbo, cuando no se sabe adónde  va. El verdadero líder es el que en tiempos difíciles mantiene firme el pulso y lleva la nave a buen puerto. Por supuesto, se obliga a sí mismo y obliga a sus marineros a esforzarse, incluso al sacrificio si es preciso.

Porque, ¿en manos de quién estamos?; ¿quién ha esparcido la semilla de que mandar o gobernar entraña propiedad feudal?

Podría referirme a la Prensa nacional o internacional. No hay día sin un  escándalo referido a personas que deberían dar ejemplo y nos decepcionan. No seré yo quien tire la primera piedra denunciando flaquezas o pecados del ser humano en ámbitos privados. Pero sí seré cáustico e inflexible con el que haga de su responsabilidad coto de caza o derecho de pernada. No creo en más «erótica del poder» que la que proporciona el trabajo, el sacrificio y la entrega. Todo lo demás me da asco. Y más cuando el cargo público tiene como nunca inmensas posibilidades  de ejercer en libertad sus tendencias y desvíos más íntimos.

Pero que en tiempos de falta de trabajo, en tiempos de subidas de hipotecas, en tiempos de reales carencias, se abuse de la situación de poder me parece deleznable.

Lo de Dominique Strauss-Kahn, además de rabia, me da pena. Me da rabia que gaste 3.000 dólares por una noche de hotel; me da pena que no se conforme con tres matrimonios; me da pena que se haya ganado la fama de perseguidor impenitente. Ahora aparecerán más testimonios de sus andanzas. Pero también se perderán en el olvido silencios que han sido dramas personales o matrimoniales. No conozco más detalles del caso del Sofitel neoyorquino. Incluso respeto las posibles dudas. Pero sí he  conocido casos en España tapados con demasiadas cautelas, porque nuestra Justicia no es la de la jueza de Manhattan Melissa Jackson.

En uno de los casos, la crisis consecuente, unida a otras circunstancias que no pude conocer, llevaron a una persona sensible al suicidio. ¡Cuántos dramas semejantes se nos ocultan!

Dominique Strauss-Kahn representa a esta «gauche divine» que vive del cuento en hoteles de lujo y viaja en el asiento más caro de los vuelos transoceánicos. Y no contento con poder pagar con sus dietas a la prostituta más cara del Bronx, se dedica a perseguir e intentar dominar a las camareras. ¡Y no debe de ser la primera! Pertenece a esta izquierda que, en frase de Sarkozy, nos impuso el relativismo total: todo es igual, lo verdadero y lo falso; lo bello y lo feo; el alumno vale tanto como el maestro; las víctimas cuentan menos que los delincuentes y terroristas; la autoridad está muerta; las buenas maneras han terminado; se acabó la escuela de la excelencia y el civismo. ¿Patria? ¿Patriotismo?: ¿de qué me habla?

Ha sido la izquierda la que ha permitido indemnizaciones millonarias a los grandes directivos, la que ha hecho triunfar al depredador sobre el emprendedor, la que ha renunciado al mérito y al esfuerzo, la que ha borrado los deberes para ensalzar unos  falsos derechos.

La confianza en la independencia del Poder Judicial norteamericano me reconforta en parte. También me da envidia.

Y pienso, cuando miro a mi alrededor, que sólo volviendo a los valores del esfuerzo, del sacrificio, del respeto a los mayores, del trabajo bien hecho, de la responsabilidad, de la fidelidad a la palabra dada, en resumen, sólo cuando hagamos de  la educación y de  la cultura  sustentos básicos de nuestra vida, seremos capaces de  sentar las bases, los cimientos, de los que saldrán con naturalidad nuestros líderes. Sólo cuando la bandera de los deberes sea más amplia y esté más alta que la de los derechos, estaremos en el buen camino. Pero no van por ahí los tiros. Ni siquiera en el seno de las Fuerzas Armadas.

La alternativa ya la conocemos. Quienes pueden hacer caer gobiernos, quienes pueden contribuir a la subida del Euribor y en consecuencia aumentar la cuota de nuestras hipotecas y quienes pueden decidir sobre paridades del dólar o en las ayudas al Tercer Mundo tienen los pies de barro. Y cuando una camarera africana  para estos pies, descubrimos un enorme vacío y una falta de liderazgo moral que nos aterra. ¿En manos de quien estamos?

No es mal momento para pensarlo.

El peso de la decisión

lunes, mayo 16th, 2011

Cuando se tienen todos los triunfos en la mano, no se decide; sólo se afirma o ratifica. «Decidir es seleccionar; seleccionar es renunciar» dice una vieja y sabia máxima militar, también válida para tantas aristas de nuestra vida familiar, empresarial o política. En otras palabras,  el filósofo ruso-británico Isaiah Berlin dejará escrito: «Estamos condenados a escoger y toda elección puede llevar aparejada una pérdida irreparable».

Cuando se tienen todos los triunfos en la mano, no se decide; sólo se  afirma o ratifica. Lo normal es la duda, el balance, la ponderación, la asunción de riesgos y responsabilidades. En la toma de decisiones  de un jefe juegan por supuesto los informes y opiniones de los hombres de confianza inmediatos, las valoraciones técnicas, el juicio de los veteranos unido normalmente a experiencias históricas. Suelen pesar más los fracasos que los éxitos, pero la virtud del verdadero líder está en aprender de aquellos, pero apostar por la victoria.

Todos los «elementos de juicio» los tenía el presidente Obama sobre la mesa y sobre todo en su mente. Porque todo dependía de su decisión personal. Así aguantó durante semanas desde que se le presentaron todas las posibilidades  para acabar con Ben Laden en su refugio paquistaní. Y nadie atisbó la menor preocupación ni ojeras en su mirada, cuando 48 horas antes de desencadenarse la operación, recorría el estado de Alabama destruido por los tornados, daba un discurso a graduados universitarios en Miami o asistía a la cena anual de la influyente Asociación de Corresponsales.

Luego llegaría el difícil momento de la ejecución. Porque los soldados –aun extraordinariamente  entrenados– son seres humanos y pueden errar;  porque los helicópteros Black Hawk, aun siendo los mejores del mundo, también se averían o accidentan; porque el tránsito aéreo entre Bagran/Kabul e Islamabad es complicadísimo, con una metereología de montaña imprevisible; porque a pesar de la hora elegida –una de la madrugada local, sin luna– no se sabía cómo podía reaccionar la seguridad paquistaní, ni si existía en las proximidades de la casa de Abbottabad un retén o fuerza de reacción que protegiese la mansión del líder de Al Qaida. La próxima Academia Militar no significaba demasiado. Los centros docentes no suelen disponer de fuerzas de reacción rápida. No es su función.

Ya conocemos los resultados de la operación. A pesar de las cinco víctimas mortales, los SEAL dejaron 17 supervivientes, muchos de ellos niños. Es decir, no se entró a saco como lo hicieron en El Salvador los soldados  que asaltaron la residencia de los Jesuitas en la UCA. El accidente de uno de los dos helicópteros impidió llevar más peso que el de los propios soldados, más el  cadáver de Ben Laden. Había que regresar a Bagran. Las reacciones y mensajes producidos en los siguientes días recogen varias ideas: para el pueblo norteamericano, el que la hace la paga; da la impresión de que sus más de 300 millones de habitantes tienen a punto su «colt de sheriff justiciero» para  perseguir al malo hasta los confines de la tierra. A la vez, enseguida se pensó en las víctimas del 11-S, a las que se ofreció el triunfo y a las que se homenajeó en la propia zona cero de Nueva York. ¡Ya me gustaría ver aquí una reacción similar! Mientras, se producía  una especie de justificación de Guantánamo, la cárcel, fuera de territorio federal, que difícilmente supera mínimos de respeto a los derechos humanos. Pero sin las declaraciones forzadas de Khalid Shaikh –el organizador sobre territorio norteamericano del 11-S–, dirá Panetta el director de la CIA, no se hubiera seguido la pista de Ben Laden hasta dar con él. ¡El fin y los medios!

Había que ver las caras de Obama y sus inmediatos siguiendo la operación desde el «bunker» de la Casa Blanca. No me extraña que uno de ellos rezase. Presentes en el ambiente estaban los errores de Bahía Cochinos, de la Embajada de Teherán, del «black hawk derribado» de Somalia.

Serio, responsable, el hombre que había tomado la decisión, se mantenía firme.

En estos casos, el sentirse fielmente rodeado es fundamental. Y el que alguien a tu lado rece en silencio, no es malo.

Por supuesto, Obama recibirá críticas. Pero el hombre que decidió no reventar el edificio con bombas inteligentes de una tonelada  y llevarse puestos no sólo a Ben Laden sino a toda su extensa familia y a sus inmediatos, asumió con responsabilidad  el que alguien matase al líder, que alguien ordenase la evacuación de su cadáver y que alguien decidiese, de  la mejor forma posible, deshacerse de él  en la profundidad del mar de Arabia. Incluso hubiera respaldado soluciones más cruentas. ¡Ejemplo para nuestros políticos, propensos a culpar de los errores  a los uniformados!

Quizás en su fuero interno hubiera preferido otra solución. Pero asumió su responsabilidad. Porque cuando decides, seleccionas, y cuando seleccionas, renuncias. Ley de vida. Es el peso de la decisión.

Sana envidia

viernes, mayo 6th, 2011

Los ecos de la  brillante intervención de los SEAL –los seleccionados equipos de operaciones especiales procedentes de marina (sea), aire (air) y tierra (land)– en Pakistán, han amortiguado y diluido la noticia de los anunciados  relevos en la Secretaria de Defensa norteamericana y en la CIA, su Agencia Central de Inteligencia. Seguro que cuando  la Casa Blanca anunció los relevos ya se habían tomado decisiones de enorme responsabilidad e incluso, se conocía el resultado de la operación contra Bin Laden.

Tras dos años de solape con la administración republicana, el demócrata Obama relevará a su Secretario de Defensa  Robert Gates,  por un veterano político de 72 años, Leon Panetta, con amplísima experiencia en el Congreso representando a California, en la Oficina de Presupuestos de Bill Clinton, experto en Ciencias Políticas y actualmente Director de la CIA. El anunciado relevo se aplaza hasta julio, para dar tiempo a que el Consejo de Seguridad Nacional revise los diez últimos  años de presencia en Afganistán.

En suma, solape, previsión,  transparencia, prudencia,  experiencia, servicio, respeto a las instituciones. El Estado por encima  de la alternancia de partidos en el poder.

Para sustituir a Leon Panetta, Obama ha designado al general David Petraeus(58). Demostradas sus capacidades en Irak y en Afganistán, cambiará los teatros de operaciones asiáticos por el también comprometido campo de batalla de Langley, la sede de la Agencia.

En suma, confianza en los uniformados, rejuvenecimiento de cuadros, estabilidad, coordinación. Otra vez sentido de  Estado.

El presidente norteamericano asegura así  mantener el rumbo marcado en Irak y en Afganistán en un momento crucial para Oriente Medio, Norte de África y el Mundo Árabe. «No hay tiempo  para buscar a alguien nuevo que deba aprender el trabajo y pueda cometer errores. La defensa y la inteligencia ya son suficientemente complicadas como para traer a un desconocido que sea más caro desde el punto de vista estratégico y político» dirá un portavoz de la Casa Blanca.

¡Cómo no voy a sentir sana envidia al  leer estas palabras!

Aquí  el Ministerio de Defensa ha sido considerado durante los últimos diez años como refugio de los  «no sé qué hacer con él», «que no incordie y que no me haga sombra» , «que juegue con los soldados y lo mantengo ocupado» o como mucho «que vaya rodando  y haga carrera en un ministerio fácil». Para nada aparece el interés en aportar experiencia y servicio. Prevalece sobre todo, el interés del partido de turno.

También con los servicios de inteligencia jugamos peligrosamente a la ruleta rusa. Cuando se eligió  para dirigirlos a una persona sin la menor experiencia, que priorizó la sumisión a un jefe obsesionado por conocer los mas recónditos rincones del alma, y de algún pecador cuerpo  de sus adversarios e incluso amigos, sobre el trascendental servicio al Estado que se espera  desarrolle un director del CESID. Más de uno de sus agentes debió pensar  cómo se podía producir un  fortuito y desgraciado accidente de caza o de pesca en selvas o mares africanos que con tanta pasión frecuentaba.

Aquí con los cambios de partido, cambiamos no sólo las cúpulas militares sino hasta los escoltas y conserjes. ¡Como podemos comparar los dos modelos de Estado! Ante una nación como la nuestra en la que los movimientos disolventes se incrustan cada día más en nuestra vida política, la columna vertebral del Estado formada por los Ministerios de Exteriores, Defensa, e Interior –yo añadiría Educación– debería estar especialmente consolidada y no sujeta a los vaivenes partidistas. No son buenos los relevos paralelos a los cambios de gobierno, como no son buenas las etiquetas  con las que luego se bautizan a las cúpulas militares, policiales o diplomáticas. Aprendamos de los americanos y no sólo por saber confiar la Defensa a un hombre de 72 años de ascendencia italiana al que acompañará otro más joven, que ha superado un cáncer de próstata, de ascendencia griega.

Ya sé que los partidos andan metidos en harina hasta el 22 de mayo. Pero pido  a nuestros representantes que después de las elecciones autonómicas, cuando  planifiquen  temas de defensa  pensando en las generales de 2012, prevean que el relevo de la actual cúpula no se haga hasta bien entrado 2013. Que se solapen los cargos. Que se transmitan experiencias.

Si consiguiésemos que Defensa, Exteriores e Interior se desprendiesen del actual tinte partidista, habríamos prestado un enorme servicio a la patria, este entrañable espíritu y espacio común en el que entramos y cabemos todos, disolventes e integradores. Y mientras pienso en nosotros, déjenme que les repita que siento una enorme y sana envidia por la administración –aún admitiendo sus errores– que ha sabido darse el pueblo norteamericano.

Artículo publicado en “La Razón”, el 4 de mayo de 2011

Cuba: historias de medio siglo

martes, mayo 3rd, 2011

Cuba ha celebrado estos días con toda la parafernalia que sabe imprimir el régimen castrista a sus conmemoraciones, los cincuenta años de su victoria sobre unas mal coordinadas fuerzas opositoras desembarcadas en  las playas Larga y Girón de Bahía Cochinos, al sur de la isla, una fracasada operación de la CIA norteamericana, resuelta en tres jornadas de combates. Aunque el desembarco  de aquel  16 de abril de 1961 de 1.400 combatientes de la llamada Brigada 2506 se ejecutó en tiempos de un recién nombrado Kennedy,  la decisión había sido tomada por  la administración Eisenhower, a partir de entonces  bestia negra del régimen castrista. El desembarco había sido precedido de un tímido bombardeo de los aeródromos militares de La Habana y Santiago. Los biógrafos de Kennedy relatan cómo el presidente se negó a reiterar estos ataques y aceleró  el fracaso del desembarco en tierra. Los cubanos del exilio tampoco  se lo perdonan. Los expedicionarios, cubanos del exilio, mercenarios y expertos de la CIA, faltos de apoyos por aire, y por mar, sin municiones ni refuerzos, dejaron mas de doscientos muertos sobre las playas y 1.189 prisioneros en las cárceles cubanas. Aviones y barcos de transporte habían salido de Puerto Cabezas en la Moskitia nicaragüense.  Quienes andábamos  por allí en los noventa   bajo bandera de Naciones Unidas desmantelando a otras fuerzas también auspiciadas por los EE.UU. –la «contra» nicaragüense– , nos sorprendimos al comprobar los tres kilómetros  largos con balizaje nocturno de su aeródromo. Demasiado conocíamos las cortas y   peligrosas  pistas de tierra de Waspan o de Rosita para comprender aquello. La simple consulta de un mapa de la región nos dio la respuesta: Puerto Cabezas es el punto del continente mas cercano al sur de Cuba. Había otro matiz: en 1961 gobernaba Nicaragua la familia Somoza; en 1990 Violeta Chamorro acababa de ganar las elecciones a los sandinistas.La Moskitia es una región entrañable, avanzada al Atlántico como una península triangular que culmina  en el  cabo Gracias a Dios y que  divide  el rio Wanks entre tierras de Honduras y de Nicaragua. Su historia es una constante lucha entre los imperios inglés y  español a lo largo de muchos siglos , el mantenimiento de unas identidades culturales poco comunes y la integración con otras razas y pueblos arribados a sus costas. Tienen su propia lengua a la que han incorporado palabras castellanas y numeración inglesa. Zona de costas bajas, esta surcada por numerosos ríos que  dan a su paisaje aspectos lacustres y obliga a vivir a sus habitantes en palafitos y casas elevadas. Gente hospitalaria y alegre saben compartirlo todo. Siempre he mantenido que si me pierdo algún día, me encontrarán en la Moskitia.
En resumen, el régimen de Castro que se había hecho con el poder en 1959 derrocando a Batista, era una constante preocupación para los EE.UU. convertido en una franquicia de la URSS en el «patio trasero» americano. De ahí vino la decisión del desembarco. Y falló lo que siempre suele fallar: la adhesión de las quintas columnas que supuestamente debían recibir y apoyar a los desembarcados. Se repitió el  estrepitoso fracaso de Bayo en  el desembarco en Mallorca, auspiciado por Barcelona en nuestra Guerra Civil. Tampoco se le incorporarían quintas columnas.

Reforzada La Habana tras esta victoria contra el capitalismo que tan bien han sabido airear durante medio siglo, de allí nacerían todos los movimientos revolucionarios que aparecieron  en Iberoamérica durante las siguientes décadas: Bolivia, Perú, Brasil, Argentina, El Salvador, Colombia, Guatemala, Uruguay, Honduras.  Vestidos con atractiva mística,–claveles en los fusiles, grafitis del Che, magnifica música revolucionaria– escondían verdaderas dictaduras del proletariado de corte marxista que, salvo algún rebrote, han desaparecido del cono sur, pero que en Cuba sigue viva. Mientras aquí nos preocupamos de los regímenes de Túnez, de Egipto,  de Siria o de Libia, quizás nos estamos olvidando de nuestra hermana Cuba y no me refiero a su bella geografía, sino a los súbditos –que no ciudadanos– que la habitan, que llevan nuestros apellidos y nuestra lengua en lo más profundo de su ser. Ya no sirven de excusa los desembarcos de la CIA de 1961. Ya no hay bipolaridades URSS-EE.UU. El mundo va por otros derroteros. Las generaciones jóvenes exigen trabajo y responsabilidades. No esperen a que un día se desborden los canales de las redes sociales y miles de ciudadanos les exijan en plena Plaza de la Revolución, ser considerados ciudadanos. Los costes son luego demasiado elevados en vidas y frustraciones. ¡Cuanta gente ha muerto en El Cairo! ¡Cuantos en Libia! ¡Cómo se ha resentido una actividad vital para ellos, como es el turismo!.

¡No arriesguen mas! ¡ Busquen el relevo generacional! ¡ Miren alrededor!  Y piensen que nosotros, siempre les querremos como hermanos. Lealtad obliga.

Artículo publicado en “La Razón” el 28 de abril de 2011