Humor en tiempos de cólera

Navegar en la prensa diaria un 30 de diciembre es hacerlo entre los complejos mares de los balances, las encuestas y las predicciones para el año inmediato, que nos pueden llevar según se mire a un puerto de bajos peligrosos, o al refugio seguro, al encuentro con los amigos, a la luz. Todo depende.

Y en este momento de dificultades para tantos compatriotas, el buen puerto lo constituye tanto la  aceptación de nuestras desgracias con resignación cristiana, como hacerlo imbuidos del  mejor humor. En este sentido nunca pagaremos el servicio que prestan nuestros humoristas gráficos a los que últimamente se han unido unos agudos «blogueros», comentaristas espontáneos, que juegan con la palabra, en el extenso mar de la red.

¡Gracias Peridis, gracias Borja, gracias Guillermo, gracias Mingote, gracias Zaca, gracias a todos los que nos hacéis sonreír ante las promesas incumplidas de nuestros dirigentes, o simplemente ante el incremento de la factura eléctrica!

Antonio Mingote, mi  Coronel, no sólo representa décadas de presencia diaria, es portada frecuente y  para mí es una especie de  Disposición Transitoria décima de nuestra Constitución, escrita en clave de inteligente humor, que  abarca un  amplio periodo de nuestra historia y lo hace con la ponderada visión del sabio.

Jose Luis Pérez, Peridis, aparte de buen arquitecto, ha sido el gran impulsor de las escuelas taller y es uno de nuestros grandes especialistas en arte Románico. Sus viñetas son elocuencia, momento, mensaje, sátira, aire fresco, en suma sabiduría, también.

Podría seguir citando nombres que saben recoger el derecho que tiene toda sociedad de reírse de sí misma. La alternativa de tomarse las cosas a la tremenda  es deprimente y peligrosa. Miren a lo que llegó un albañil en Olot o un padre en el parlamento  de Bucarest. Por esto el refugio en el humor es tan necesario, y marca claramente el nivel humano de una sociedad y su capacidad de reacción ante la adversidad.

Ya hablé un día de lo que representaba en estos momentos nuestra Selección de fútbol. Por supuesto es importante el trofeo mundial conseguido. Pero para mí es mas importante el mensaje transmitido por un grupo de jóvenes, bien dirigidos por preparados y sensatos líderes, que saben lo que es el sacrificio, la disciplina, el compañerismo, la fe, la voluntad de vencer.

Con oportunidad, una cadena de televisión nos ofreció el día de Navidad un «Informe Robinson» sobre el Mundial de Suráfrica. Michael Robinson, jugador de fútbol en su país -Preston, Manchester, Liverpool- recaló en el Osasuna en los ochenta y por otras circunstancias sigue comprometido con el Cádiz. Conservando su característico acento, nos quiere como si fuese de Teruel, y conduce unos programas en los que el análisis minucioso forma el eje de sus intervenciones, nunca exentas de un fino sentido del humor. Por supuesto habló de goles, pero sobre todo nos dio la visión humana de un grupo que supo superar crisis colectivas –primer partido perdido con Suiza– sacrificios –los holandeses repartieron árnica por babor y por estribor–, penalidades –la cara cosida de Piqué–, pero también fe, ilusión, confianza, aceptación disciplinada de decisiones y ¿por qué no? miedo en el cuerpo, en ciertos momentos. Todo un tratado de sociología en clave de fútbol.

La noche anterior en su mensaje navideño, S.M. el Rey marcaba un rumbo parecido. Parecían dos caras de una misma moneda. Nuestro Rey hablaba desde la Zarzuela de unidad, de responsabilidad, de solidaridad, apelando a recuperar la voluntad de superación, el sacrificio y la honradez. No por casualidad tenía a la vista una foto de Del Bosque y algunos seleccionados. No puedo decir que Robinson copiase el mensaje, porque el programa llevaba cocinado varias semanas. Sí; digo que transmitía unos mismos valores.

Ya sé que me dirán que es fácil sonreír cuando se triunfa. Giro el sentido de la frase: se triunfa muchas veces cuando somos capaces de hacer las cosas sonriendo. En un equipo de fútbol se detecta enseguida: malas caras, protestas al árbitro, patadas, equivalen a un presagio de derrota.

Siempre he admirado a los seres humanos que han sabido vencer con humor en momentos difíciles. Chesterton supo reflejar el humor sajón; Guareschi y su Don Camilo el latino. Irrepetible aquella frase que atribuyen a D.Pedro Muñoz Seca momentos antes de ser asesinado en Paracuellos: «Me quitáis la vida, pero hay algo que no me podéis quitar: el miedo que tengo». O el de aquel agudo sevillano alucinado cuando oía a sus paisanos gritar alborozados «Franco-Artajo» un día que el Jefe del Estado acompañado de su ministro de Exteriores visitaba la capital andaluza. Y se preguntaba: «¿por qué tirarlo «ar» Tajo, si aquí tenemos el Guadalquivir?». No  pueden imaginarse quién me lo contó.

Hagamos de nuestro cambio de año un momento para sonreír. Ya que  fuimos  cigarras en lugar de  hormigas, paremos un segundo el aleteo y  veamos lo que nos dicen éstas con su trabajo. Seguro que nos hablarían como S.M. o como Robinson de  unidad, de sacrificio, de responsabilidad, de esfuerzo, de liderazgo y de solidaridad. Y de saber sonreír. ¡Es para hacerles caso!

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* General de Ejército y ex Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra

Artículo publicado en “La Razón”

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