Archive for enero, 2011

Túnez en transición

viernes, enero 28th, 2011

Todo parecía estabilizado. Túnez procedía de un envidiable proceso de descolonización conseguido con habilidad por Burguiba en 1956. Francia había instaurado su Protectorado en 1881 y concedió la independencia de la mano de Pierre Méndes-France, evitando los conflictos que luego se producirían en Argelia. Túnez, situado a dos pasos de Sicilia, constituía un magnifico tapón estratégico que cerraba la expansión del comunismo por el norte de Africa. Por esto fue mimado por todo occidente, incluidos, por supuesto, los Estados Unidos.

Pero el «combatiente supremo» Burguiba convirtió sus últimos años de mandato en tiempos de abuso de poder y de caprichos caligulares. Su ministro del interior, el hoy depuesto presidente Ben Ali, le declaró demente senil en un «golpe de estado médico» y mandó en 1987 al veterano dirigente, a descansar a su villa  mediterránea de Monastir.

Ben Ali, militar de carrera, artillero, se había formado en Saint Cyr y en Fort Holabird, USA, donde siguió cursos de inteligencia y contrainsurgencia. Tras su paso como agregado militar por Rabat y Madrid, ocupó el cargo de embajador en Polonia. Allí cambió su rumbo, que le llevaría al Ministerio del Interior y luego a la presidencia de la República. Ahora el Ejército no ha querido arroparle mas. Bien conocían los militares cómo se había separado de sus costumbres, cómo el poder le había llevado al despotismo, al abuso y al atesoramiento. Había hecho  suya la sentencia «el poder corrompe; el poder absoluto corrompe absolutamente». El Ejército, además, nunca le había perdonado el «accidente» de helicóptero sufrido en 2002 por el entonces Jefe de Estado Mayor Skik Abdelaziz. Demasiados nubarrones enturbiaron la investigación. No era hombre Ben Ali que admitiese críticas, ni siquiera de sus compañeros de armas y nunca escapó de la sospecha.

Pero todo parecía estabilizado. Dos presidentes en 53 años; un alto índice de alfabetización –indiscutible huella francesa–; un crecimiento económico del 5% a pesar de no tener petróleo ni gas como sus vecinos; buena entrada de divisas de sus emigrados a Italia y Francia y de un turismo en ascenso bien apoyado en la historia, la cultura y el buen clima del país; buena imagen y buenas relaciones con su entorno.

No obstante, de sus 10,5 millones de habitantes, cerca de siete son menores de 30 años. El paro alcanza el 30% en zonas del interior y precisamente en este sector de la población, las expectativas de trabajo son limitadísimas.

No debe extrañar que la revuelta empezase el 17 de diciembre en Sidi Buzia, un pueblecito del interior, a raíz del suicidio a lo bonzo de un estudiante –Bouazizi– a quien la Policía destruyó el puesto de frutas con el que difícilmente subsistía.

El malestar se extendió por todo el país. El motivo primario, el alza de precios del pan, el azúcar y la leche. Desbordada la Policía, el presidente  llamó al Ejército. El general Rachid  Ammar se negó a dar la orden de abrir fuego contra las masas y dimitió. Ahora, tras la huida de Ben Ali, es un referente, el hombre fuerte, al mando de un reducido pero disciplinado y respetado Ejército de 35.000 efectivos –frente a los 120.000 de Policía y gendarmería– que se ha mantenido neutral políticamente.

Durante algo más de cinco décadas se había sacrificado  libertad por  estabilidad. Lo reconoce Sarkozy: «No fuimos capaces de ver la desesperanza de los tunecinos» detrás de su aparente bienestar económico.

El papel del Ejército es ahora crucial. Su Jefe ha dejado claro cómo piensa: «Vuestra revolución es nuestra revolución». Pero debe asegurarse de que no se producirá un vacío de poder de consecuencias suicidas, una vez  disuelto el  Reagrupamiento Constitucional Democrático (RCD) de Ben Ali, que tenía dos millones de afiliados, cuando son impredecibles las decisiones de su sindicato único, la CGTT, cuando han huido del país muchos dirigentes. Porque, además, la espontánea revuelta, sin líderes aunque con mártires, se ha convertido en una primera muestra de lo que puede suceder en entornos inmediatos. Véanse los acontecimientos de estos días en El Cairo. De ahí que el papel estabilizador del Ejército sea esencial.

Jose María Marco, en estas mismas páginas (24 de enero), resumía magistralmente la situación: «La revuelta se ha movido en términos políticos propios de la tradición democrática y liberal, sin caudillos, y manejando conceptos como la responsabilidad, la opinión pública, la participación o la crítica».

Con estos mimbres, y solo con ellos, Túnez debe construir su Transición. Aquí tenemos experiencia. Los responsables de aquel momento, el Rey a la cabeza, supieron encontrar la estabilidad institucional, aun a costa de sus propios intereses e ideologías. Aunque parezca que hoy se esté resquebrajando su obra, nunca agradeceremos suficientemente lo que aportó aquella generación.

A esto se enfrenta hoy Túnez. A una transición que deberá desechar a oportunistas y pescadores en río revuelto. Que deberá encontrar a quienes quieren servir y no servirse. ¡Cultura, historia y experiencia suficientes tiene el pueblo tunecino, para  realizar su propia Transición, de la misma manera con que hizo con su descolonización!

Libertad y estabilidad son completamente compatibles. Dependen de quien las administre.

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Artículo publicado el 27/01/2011 en “La Razón”

Decisión legionaria

viernes, enero 21st, 2011

La historia la contaría mejor que nadie  Rafael García Serrano en su «Diccionario para un macuto» o el coronel ceutí López Anglada, que le dedicaría su poema «En los brazos del mar» . Le habrá pasado desapercibida la noticia al coronel Mingote, porque hubiera reflejado en tres olas, un tricornio y un gorro legionario, lo que acaba de acontecer en la Comandancia General de Ceuta.

El relato es muy sencillo, pero fascinante: el pasado domingo día 9 de enero, la Guardia Civil ceutí detenía de noche en la mar a un hombre que intentaba cruzar a nado la frontera con Marruecos.

El sorprendido resultó ser un legionario del Tercio Duque de Alba, que superaba un problema sobrevenido –pérdida o robo de su pasaporte en Marruecos– con los bemoles propios del respetado y admirado Cuerpo al que pertenece. Deportista, amante de los ejercicios de riesgo, regresaba con unos compañeros de practicarlos en el  país vecino.

Sin pasaporte, en el paso fronterizo de El Tarajal, los gendarmes marroquíes fueron inflexibles: «No me cuentes historias, paisa, que ya tenemos bastantes problemas».
Llamó a su acuartelamiento y el oficial de guardia, seguramente con horas de vuelo en el oficio, le aconsejó: «Daniel, búscate la vida; mañana a diana, aquí».

Pasó por la cabeza del legionario llamar al consulado español de Tetuán. Desistió conociendo las costumbres y horarios de nuestros «exteriores» en fin de semana.

Decidido a cumplir, se dirigió a una tienda de deportes cercana a la costa de Fnideq –la  Castillejos del antiguo Protectorado– y compró un traje de neopreno, un par de aletas, tubo y gafas de buceo.

Lo demás ya pueden imaginarlo. Era cuestión de recorrer algo más de un kilómetro de costa, que truncó el chivatazo de una cámara térmica de la Guardia Civil. Ésta, comprobada su identidad, le abrió expediente, pero permitió que el legionario acudiese puntual a su lista de diana.

Se había buscado la vida.

El relato no es exclusivo de la vida castrense, pero sí es significativo, en tiempos en que hemos dado demasiados peces a nuestra juventud, sin exigirles el rigor y el sacrifico necesarios para  aprender a pescar. Intuyo que muchos no saben buscarse la vida, ni en su primera juventud, ni en su segunda ni en su tercera. Las generaciones cuajan y triunfan apoyadas en el esfuerzo y el sacrificio, no sobre consentimientos y condescendencias. Por supuesto, no abogo por implantar un régimen espartano ni en revivir las juventudes hitlerianas. Pero tampoco aplaudo el descrédito continuo y corrosivo a que son sometidos ciertos valores muy propios de la milicia, como la disciplina, la puntualidad, el orden, la convivencia en grupo formando un «cuerpo». El fin del Servicio Militar Obligatorio vino acompañado del insulto y mofa permanentes en  cine, televisión y prensa. Calaron en la opinion pública en forma de «historias de la puta mili» con consentimiento –o  estímulo– de las autoridades del momento, sin contrapesos ni ponderaciones. Vean en cambio cómo trata el cine americano a sus gentes de armas. Si hay que realzar el honor, encuentran a un Al Pacino de teniente coronel en «Esencia de mujer»; si hablan de valor y responsabilidad a un Jack Nicholson coronel en «Algunos hombres buenos»; si hace falta hablar de disciplina de hierro, a un buen sargento.¡Igual que aquí!

¡Bien se frotaban las manos los que hicieron su agosto –compañías de seguridad y de servicios– con el fin del Servicio.

Algún día sabremos a qué políticos, periodistas y cineastas «mojaron» para precipitar la decisión.

Y ahora resulta que muchos padres quisieran implantar estos valores en sus acomodados hijos. ¿Para qué? ¿Para enmendar en nueve meses el destrozo de la personalidad que le han causado los permanentes mimos del agua caliente,  la ropa planchada, el encontrar siempre comida en la nevera y tener asegurada una provisión de euros suficiente para ir tirando, sin hacer nada?

Otras culturas se anticipan a esta situación. En Corea del Sur proliferan los campos de entrenamiento militar para niños. Sus defensores dicen que fortalece su carácter, aunque de mayores no tienen por qué ser soldados. En Budapest, un avispado empresario húngaro organiza campamentos en fines de semana y periodos de vacaciones. Tiene lista de espera para dos años. En China, las Academias  Militares se reabren en  periodos vacacionales para dar cursos de endurecimiento y supervivencia a jóvenes universitarios.

Por supuesto todo exige ponderación. Y cada sociedad tiene su forma de ser. Pero no es malo que muchos de nuestros jóvenes sepan que las duchas frías son sanas, que hay vida alegre  entre las siete de la mañana y las diez de la noche, cuando ellos piensan que sólo se vive entre las doce de la noche y las nueve de la mañana. Que se pueden encontrar buenos amigos entre los que superan esfuerzos, sin necesidad de recurrir al alcohol o a las pastillas excitantes.

Vamos, que pueden aprender a superar problemas, como Daniel.

Porque la vida es una gran maestra y cuanto antes aprendamos sus lecciones, menos desgarros sufriremos a lo largo de nuestro devenir por ella.

Artículo publicado en “La Razón” el 20 de enero de 2011

¡Mi teniente coronel!

viernes, enero 14th, 2011

La Audiencia Provincial de Guipúzcoa condenó recientemente por «malos tratos» a cuatro miembros de la Guardia Civil que, en brillante y arriesgada operación, habían detenido en la noche de Reyes de 2008 a los asesinos de ETA Portu y Sarasola, que volaron uno de los edificios de aparcamientos de la terminal  T-4 de Barajas, llevándose en el atentado terrorista, que ponía fin a una más de sus treguas trampa, dos vidas que hubieran podido ser muchas más de no ser por la intervención eficaz de la Policía Nacional.

Con el título «Injusticias en el País Vasco», el Teniente Coronel(RA) de la Guardia Civil Serafín Rafael Gómez publicó el pasado 8 de enero en esta misma tribuna un estremecedor testimonio que transcribo: «He vivido personalmente la vergüenza de comprobar cómo un juez ‘‘integrado” presionaba a un detenido etarra  para que denunciase torturas, y la suerte de que, en este caso, el etarra fuera más digno que el juez y no aceptara mentir».

La denuncia es sumamente grave, en mi opinión. Señala un clima jurídico irrespirable.

Por supuesto el valiente alegato ha pasado desapercibido. ¡Bastantes problemas tenemos como para preocuparnos de la suerte de cuatro Guardias Civiles, dirán unos! Incluso alguien apostillará: «Seguro que se pasaron», sin pensar ni querer comprender que sacar a dos asesinos etarras armados de sus guaridas, no es tarea tan sencilla. ¿Cuántas horas dedicaron los miembros de la Guardia Civil hasta que los localizaron? ¿Quieren preguntar a sus familias cuántos minutos las vieron durante aquellas Navidades? ¿Se han preguntado cuánto nos costó a todos los españoles, aparte de las dos vidas de dos ciudadanos hermanos,  recomponer aquel aparcamiento? ¿O se han preguntado cuántas personas hubieran podido morir si no se hubiese evacuado a tiempo aquel edificio de cinco plantas?

Siento no tener la contundencia en la palabra de un Arturo Pérez Reverte, ni la elegante mordacidad de un Alfonso Ussía,  para reflejar lo que siento. Incluso me dan ganas de apelar al soez y prepotente verbo de una ministra. Pero, ¿qué nos pasa? ¿Es que sólo nos hace vibrar un gol en portería ajena, el insulto público o el incesto o cornamenta de cualquier petimetre  presentado en una televisión alimentada de  basura emocional?

Apela el teniente coronel a dos estamentos básicos para nuestra vida democrática. El primero, a nuestro Estado de Derecho. Tiene plena confianza en que la sentencia elevada al Tribunal Supremo clarificará los hechos. En segundo lugar apela a nuestros representantes en Cortes, a los que sutilmente acusa de no querer solucionar una dicotomía legal grave. La Audiencia Nacional se creó  –entre otras razones– para juzgar a los miembros de ETA en Madrid, evitando la «contaminación ambiental» que se vive en el País Vasco. No obstante, para juzgar a  Guardias Civiles y Policías Nacionales  denunciados sistemáticamente por miembros de ETA por «malos tratos o torturas» se apela  a una Audiencia Territorial –guipuzcoana o vizcaína–, fuertemente presionada por el ambiente social que rodea todo este mundo del terrorismo y sus afines. Bien puede imaginar el lector lo que provoca esta diferencia.

Por supuesto no todos los jueces están contaminados. Algunos han pagado con sus vidas su sentido del deber y la necesaria  independencia  del poder judicial. Pero hay otros, «temerosos permanentes, interinos sistemáticos y buscadores de antigüedad para recolocarse en el resto de España», que se integran perfectamente en lo que busca ETA. Por esto les llama «integrados» el teniente coronel. Su «modus operandi», ser permisivos con el entorno abertzale y sus manifestaciones, conceder terceros grados, facilitar matrículas universitarias, cuidar a sus necesitadas madres, por un lado; no dejar pasar una a los servidores del Estado, por otro.

Aunque sé que este alegato tampoco quitará el sueño a  gran parte de mi sociedad drogada por la imbecilidad, tratada como infantil; aunque sé que la condena a cuatro Guardias Civiles no merecerá el menor comentario en tertulias, dominicales o telediarios, por lo menos espero que algún miembro de la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados se tome en serio esta confrontación entre Audiencia Nacional y Audiencias Provinciales y proponga enmendar la ley correspondiente. Quisiera pensar que las autoridades de Interior lo han intentado alguna vez. Pero hoy andan en otros menesteres.

No hace falta que cuando se detiene a un comando ahoguen algunos su boca de halagos, ni que llenen sus pechos de condecoraciones, especialmente cuando mueren en acto de servicio. Policías y Guardias asumen sencillamente los riesgos de la cruel lucha antiterrorista, pero no son de «usar y tirar».

Cuando un teniente coronel de la Guardia Civil se lanza a decir lo que dice y lo firma con nombre y apellidos, no agazapado en un seudónimo como unos, ni tapado de nazareno con boina y  puño en alto como otros, es que algo grave aqueja a esta sociedad.

Es –creo yo– para pensarlo.

¡Gracias por tu valiente testimonio, mi teniente coronel!
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Articulo publicado en “La Razón”

Carlos III

viernes, enero 7th, 2011

Como expresión de júbilo por la recuperación de Menorca del poder de los ingleses…  S.M el Rey Carlos III queriendo dar al Ejército de España y de sus Indias una muestra de su real aprecio, ordenó a los Virreyes, Capitanes Generales, Gobernadores y Comandantes Militares reuniesen a las guarniciones y presidios y notificasen su regia felicitación…»

Carlos III (1759-1788) había heredado una España mutilada –Gibraltar y Menorca–  por la Guerra de Sucesión. En la paz que siguió a la Guerra de los Siete Años (1756-1763), priorizó la recuperación de La Habana y Manila sobre aquellas  plazas. La deuda seguía pendiente, cuanto bloqueó por dos veces  Gibraltar. Fracasados los intentos, prosperó la idea de conquistar Menorca. El alejado esfuerzo naval inglés ante el levantamiento independentista de sus colonias norteamericanas fue aprovechado como «baza estratégica». Menorca se conquistó a base de bloqueo naval, tren de sitio, artillería, zapadores e infantería, es decir, mediante sacrificio y esfuerzo de guerra. Se inició un 6 de enero de 1782. Tres descargas de fusilería  anunciaban el comienzo del asalto al Castillo de San Felipe en el puerto de Mahón, donde se defendía el grueso de las tropas inglesas, que un mes después  firmaban su rendición. Si hoy levantase la cabeza el buen Rey Ilustrado, se alegraría de ver a tanto uniformado en su  Palacio de Oriente, en un acto presidido por un descendiente suyo, sexto de una compleja línea sucesoria, sostenida a veces por regencias, quebrada por dos repúblicas y una dictadura. Sentiría  que el Rey Juan Carlos ha sabido hacerse «querer y respetar»  –precisamente por este orden, como marcan las  Ordenanzas– por sus tropas. Que también es afable, cercano, puntual, quizás menos frugal en las comidas, pero que conserva intacto un sentido profundo de su responsabilidad como Monarca. Se consolaría comparando sus dificultades económicas  con las actuales. No en balde Esquilache fue Ministro de Hacienda y de la Guerra. Dos tercios del presupuesto se dedicaban a Ejército y Armada, lo que le obligó a realizar la primera emisión de  títulos de deuda pública, llamados vales reales. Hoy, comprobaría que se dedica a Defensa un 1% de lo que  llamaría Renta Nacional, pero arrastrando un endeudamiento en programas militares (40.000 millones de euros) que representa cuatro veces el presupuesto anual total del Ministerio. Estaría contento  viendo las gradas de sus arsenales de Ferrol y Cartagena trabajando a buen rendimiento. Deberíamos explicarle los programas europeos del Eurofighter y del A-400 para que comprendiese la sangría que representan, teóricamente compensada por los beneficios de la cooperación industrial y de la integración europea. ¿Desde cuándo no estamos en guerra con Inglaterra?, preguntaría, ¿y Gibraltar? No acabaría de comprender que para 325 plazas de tropa y marinería para 2011, se presenten 15.000 aspirantes, con lo que le costó movilizar quintas y levas e incluso vaciar cárceles para completar sus unidades y guarniciones. Preguntaría por sus Ordenanzas de 1768. Le explicaríamos que se mantuvieron prácticamente intactas, hasta hace pocos años. Luego, con un «buenismo» a la moda se desposeyeron de términos guerreros y se deslegalizaron, pasando de Ley de Cortes a Real Decreto de Gobierno. Esta filosofía se ha aplicado a  otras leyes. Hoy no hay «motines de Esquilache», pero mas de veinte mil recursos han sido cursados contra una Ley de la Carrera Militar, por Jefes y Oficiales  de los Ejércitos y de la Armada a instancias judiciales. Se alegraría de saber que mas de tres mil soldados sirven fuera de nuestras fronteras con buena moral y mejor eficacia, porque mantienen firme el sentido  vocacional de la profesión de las armas. Localizaría bien al Líbano, pero habría que explicarle dónde está la tierra afgana. Estas tropas están hoy muy bien consideradas por la sociedad a la que sirven, aunque sufren frecuentes desengaños, normalmente en  períodos de promesas y pactos electorales. Aquella costosa y magnífica obra que terminó Juan Martín Zermeño en 1779 en Montjuïc para proteger Barcelona, se «fundió» en un mitin del Palacio de Sant Jordi hace siete años. Poco faltó para que pasase lo mismo con el Alcázar de Toledo, hoy recuperado Señor, como Museo del Ejército, no sin concesiones y esfuerzos. Comprobaría que conservamos el Himno Nacional que implantó en 1770, aunque hayamos sido incapaces de ponerle letra y que nuestra Bandera sigue siendo la de la Armada, instituida como nacional en 1785. También ha sufrido y sufre frecuentes ataques, y no de Inglaterra precisamente.

Poco más, Señor. No pelean «golillas» contra «arandistas», pero no andamos mal de confrontaciones sociales y políticas. Ya no somos potencia y el sol se pone cada día en nuestros dominios. Seguimos con la práctica del «chichibeo», bien alimentada en amplios medios de comunicación por  «petrimetres», aquel arquetipo de su tiempo feminizado y sofisticado que S.M. odiaba. Hemos vuelto a los matrimonios de conveniencia. Los emigrantes son diferentes de los que colonizaron Sierra Morena con Pablo de Olavide. A las conmemoraciones patrióticas y religiosas las llamamos «puentes» o  «acueductos». No obstante, a pesar de todo, las gentes de armas, siguen fieles a unos valores que S.M. bien conoce. Gracias, Señor, por hacernos recordar estas cosas.

¡Feliz Pascua Militar, querido y respetado rey Carlos III!

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Artículo publicado en “La Razón” el 6 de enero de 2011

Humor en tiempos de cólera

lunes, enero 3rd, 2011

Navegar en la prensa diaria un 30 de diciembre es hacerlo entre los complejos mares de los balances, las encuestas y las predicciones para el año inmediato, que nos pueden llevar según se mire a un puerto de bajos peligrosos, o al refugio seguro, al encuentro con los amigos, a la luz. Todo depende.

Y en este momento de dificultades para tantos compatriotas, el buen puerto lo constituye tanto la  aceptación de nuestras desgracias con resignación cristiana, como hacerlo imbuidos del  mejor humor. En este sentido nunca pagaremos el servicio que prestan nuestros humoristas gráficos a los que últimamente se han unido unos agudos «blogueros», comentaristas espontáneos, que juegan con la palabra, en el extenso mar de la red.

¡Gracias Peridis, gracias Borja, gracias Guillermo, gracias Mingote, gracias Zaca, gracias a todos los que nos hacéis sonreír ante las promesas incumplidas de nuestros dirigentes, o simplemente ante el incremento de la factura eléctrica!

Antonio Mingote, mi  Coronel, no sólo representa décadas de presencia diaria, es portada frecuente y  para mí es una especie de  Disposición Transitoria décima de nuestra Constitución, escrita en clave de inteligente humor, que  abarca un  amplio periodo de nuestra historia y lo hace con la ponderada visión del sabio.

Jose Luis Pérez, Peridis, aparte de buen arquitecto, ha sido el gran impulsor de las escuelas taller y es uno de nuestros grandes especialistas en arte Románico. Sus viñetas son elocuencia, momento, mensaje, sátira, aire fresco, en suma sabiduría, también.

Podría seguir citando nombres que saben recoger el derecho que tiene toda sociedad de reírse de sí misma. La alternativa de tomarse las cosas a la tremenda  es deprimente y peligrosa. Miren a lo que llegó un albañil en Olot o un padre en el parlamento  de Bucarest. Por esto el refugio en el humor es tan necesario, y marca claramente el nivel humano de una sociedad y su capacidad de reacción ante la adversidad.

Ya hablé un día de lo que representaba en estos momentos nuestra Selección de fútbol. Por supuesto es importante el trofeo mundial conseguido. Pero para mí es mas importante el mensaje transmitido por un grupo de jóvenes, bien dirigidos por preparados y sensatos líderes, que saben lo que es el sacrificio, la disciplina, el compañerismo, la fe, la voluntad de vencer.

Con oportunidad, una cadena de televisión nos ofreció el día de Navidad un «Informe Robinson» sobre el Mundial de Suráfrica. Michael Robinson, jugador de fútbol en su país -Preston, Manchester, Liverpool- recaló en el Osasuna en los ochenta y por otras circunstancias sigue comprometido con el Cádiz. Conservando su característico acento, nos quiere como si fuese de Teruel, y conduce unos programas en los que el análisis minucioso forma el eje de sus intervenciones, nunca exentas de un fino sentido del humor. Por supuesto habló de goles, pero sobre todo nos dio la visión humana de un grupo que supo superar crisis colectivas –primer partido perdido con Suiza– sacrificios –los holandeses repartieron árnica por babor y por estribor–, penalidades –la cara cosida de Piqué–, pero también fe, ilusión, confianza, aceptación disciplinada de decisiones y ¿por qué no? miedo en el cuerpo, en ciertos momentos. Todo un tratado de sociología en clave de fútbol.

La noche anterior en su mensaje navideño, S.M. el Rey marcaba un rumbo parecido. Parecían dos caras de una misma moneda. Nuestro Rey hablaba desde la Zarzuela de unidad, de responsabilidad, de solidaridad, apelando a recuperar la voluntad de superación, el sacrificio y la honradez. No por casualidad tenía a la vista una foto de Del Bosque y algunos seleccionados. No puedo decir que Robinson copiase el mensaje, porque el programa llevaba cocinado varias semanas. Sí; digo que transmitía unos mismos valores.

Ya sé que me dirán que es fácil sonreír cuando se triunfa. Giro el sentido de la frase: se triunfa muchas veces cuando somos capaces de hacer las cosas sonriendo. En un equipo de fútbol se detecta enseguida: malas caras, protestas al árbitro, patadas, equivalen a un presagio de derrota.

Siempre he admirado a los seres humanos que han sabido vencer con humor en momentos difíciles. Chesterton supo reflejar el humor sajón; Guareschi y su Don Camilo el latino. Irrepetible aquella frase que atribuyen a D.Pedro Muñoz Seca momentos antes de ser asesinado en Paracuellos: «Me quitáis la vida, pero hay algo que no me podéis quitar: el miedo que tengo». O el de aquel agudo sevillano alucinado cuando oía a sus paisanos gritar alborozados «Franco-Artajo» un día que el Jefe del Estado acompañado de su ministro de Exteriores visitaba la capital andaluza. Y se preguntaba: «¿por qué tirarlo «ar» Tajo, si aquí tenemos el Guadalquivir?». No  pueden imaginarse quién me lo contó.

Hagamos de nuestro cambio de año un momento para sonreír. Ya que  fuimos  cigarras en lugar de  hormigas, paremos un segundo el aleteo y  veamos lo que nos dicen éstas con su trabajo. Seguro que nos hablarían como S.M. o como Robinson de  unidad, de sacrificio, de responsabilidad, de esfuerzo, de liderazgo y de solidaridad. Y de saber sonreír. ¡Es para hacerles caso!

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* General de Ejército y ex Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra

Artículo publicado en “La Razón”