Universidad y Defensa

Debe reconocerse como positivo un progresivo interés del mundo universitario en temas que afectan a nuestra seguridad y defensa. Creo, además, que el movimiento tiene carácter recíproco, es decir, que muchas «gentes de armas» acceden a sus estudios y especializaciones, y por otra desde cátedras universitarias se convocan seminarios y conferencias que invitan al análisis, a la reflexión y a crear una necesaria conciencia de defensa, especialmente entre las  generaciones jóvenes. Los efectos no pueden ser mas que positivos, tanto si los primeros amplían estudios para mejorar su  formación continuada, como si los segundos se preparan para ocupar puestos de responsabilidad no sólo en estructuras nacionales sino en organismos, internacionales hoy muy escasos de españoles. Por parte de Defensa, el trabajo viene de lejos. La Academia General de Zaragoza lleva años convocando unas interesantísimas jornadas en Jaca al comienzo del curso académico; apoya a  universidades de León, Málaga, Barcelona, Salamanca y Castellón, que vienen haciéndolo también periódicamente. A resaltar las actividades y publicaciones del Instituto Universitario Gutiérrez Mellado, adscrito a la UNED, del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional(CESEDEN), más dirigido a postgraduados y a «vocaciones tardías» arribadas al Ministerio y del Instituto Español de Estudios Estratégicos(IEEE) que, a pesar de sus continuos cambios de dependencia, sigue desarrollando una magnifica labor de coordinación con las universidades y cuya pagina web (ieee.es) es hoy un referente obligado para estar al día en temas de seguridad. La revista especializada e independiente «Atenea» sigue esta línea de integración  de estos dos mundos en sus ponderados y completos análisis. Con un formato dirigido a especialistas en Derecho Internacional, la Universidad Jaime I de Castellón, con el impulso de su catedrático Mariano Aznar, ha organizado un coloquio internacional sobre integración de Derechos Humanos y de  normas del Derecho Internacional Humanitario en la normativa europea que regula la intervención de contingentes militares en operaciones de paz. Junto con otras facultades europeas, han creado el CEDRI, Centro de Estudios de Derecho  y Relaciones Internacionales, que, integrado en un proyecto mas amplio de la UE, el «ATLAS»,  tiene por objeto diseñar las regulaciones jurídicas aplicables en caso de conflicto armado, especialmente dirigido a la protección de la población civil y a la promoción de los DDHH. Castellón consiguió reunir durante dos días a reconocidos especialistas en Derecho Internacional como Jorge Cardona, Michael Bothe, el general jurídico Rodríguez Villasante o Manuel Pérez y Pérez, con jóvenes y bien preparados profesores de universidades de Bruselas, Florencia, Coruña, Sevilla, Ginebra, Frankfurt, Milán,  Bucarest, Málaga, Deusto, Salamanca, Barcelona o Palermo, con jueces con experiencia en tribunales internacionales como el de La Haya o el especial para la ex Yugoslavia junto a  especialistas de ministerios de Defensa, del Comité Militar e la UE y de la OTAN. La UE, que inició operaciones militares en 2003, está construyendo su propio régimen jurídico en la materia, apoyada en las experiencias de la OTAN, la ONU o la UEO, pero adaptándolo al Tratado de Lisboa, su carta magna. Hace «camino al andar» cuando las operaciones que pilota, Atalanta, en Somalia, Kosovo y Congo ya  exigen soluciones jurídicas, muchas veces imprevisibles. ¿Cómo se puede proteger a un menor y juzgarlo como tal, si a la vez es sujeto activo en el asalto a un atunero?

Respetuoso y atento, escuchaba las ponencias mientras por mi cabeza pasaban mil imágenes. Nuestra generación es hija del Capitulo VI 1/2 de la Carta de  Naciones Unidas, es decir de unas tropas que han tenido que lidiar situaciones a caballo de medidas políticas y diplomáticas del CapítuloVI, que devenían en coercitivas y de imposición de la paz en desarrollo del Capitulo VII. Pasábamos de la utopía de vestir de blanco en Yugoslavia a unos desarmados observadores europeos  – «los lecheros» –, utilizados como rehenes o como escudos humanos atados a un puente, a bombardear con sangrienta eficacia Belgrado para conseguir arreglar la situación de Kosovo. Y he visto cómo norteamericanos y hondureños violaban conscientemente el Derecho Internacional, jurando sobre la Biblia que en Honduras no había ni un solo «contra» nicaragüense, mientras  verificábamos  extensas y armadas  bases de operaciones en la Moskitia o en «bolsones» fronterizos del país centroamericano. Mi experiencia me dice que bienvenidas sean todas las reflexiones que mejoren el marco jurídico en el que intervienen contingentes militares. Bienvenido el máximo respeto a la persona, a los niños, a los minusválidos, a los desplazados. Bienvenido, por supuesto, el Estado de Derecho, el legitimado por autorregulaciones. Sólo pido que la normativa de la UE se construya «con los pies en el suelo» que sea consciente de que sobre el terreno también hay unos soldados que se sacrifican y que sufren, que viven las incertidumbres de sus clases dirigentes y de sus opiniones publicas, que luchan contra otras gentes  armadas desprovistas de códigos éticos y disciplinarios y que también saben utilizar a civiles como escudos humanos. Yo espero que los sesudos discípulos de Truyol i Serra y de Verdross, los especialistas en La Haya, Ginebra, Estrasburgo o Bruselas, no olviden que tras cada norma hay niños, desplazados, prisioneros y víctimas, pero también hay soldados.

Artículo publicado en “La Razón” el jueves 2 de diciembre de 2010

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