Archive for diciembre, 2010

Legado Sturla

jueves, diciembre 30th, 2010

Llegó como todo lo importante, de forma sencilla. Los hermanos Sturla –Pilar, Xiscu y Eugenia-  me enseñaron un maltrecho cilindro de cinc, igual a los utilizados por nuestros antepasados navegantes, conteniendo cartas náuticas en su interior. “Hemos pensado, dijo Xiscu, que tu sabrías que hacer con él”. El óxido y la humedad habían dañado el legado; los planos apelmazados se resistían a salir; el papel humedecido se rompía. Enseguida me acordé de los mapas que heredé de mis abuelos Sintes, que comerciaban con trigo que compraban en Smirna y vendían en Barcelona. Aunque también me llegó una completa carta del Atlántico, sus derrotas eran 100% mediterráneas.
Lo del bisabuelo de los Sturla es mucho más serio. Este hombre navegó por los mares de todo el mundo. Lo reflejado en 13 cartas náuticas es sencillamente impresionante.

Las “mediterráneas”-españolas y francesas- abarcan toda la costa española, el norte de África, Italia, el Adriático, Nápoles, el Mar Negro, el de Azof, Asia Menor etc. Detalladísima una carta francesa sobre el “Mer Noire D´Azof”, “composée” en San Petersburgo en 1804, editada en Trieste en 1806.

Las “americanas” aparte de una completísima carta esférica de la ensenada de Cádiz, (1786) comprenden todas las Antillas, las costas de Tierra Firme desde Trinidad hasta el Golfo de Honduras, el peligrosísimo Gran Banco de las Bahamas y finalmente una meridional del Río de la Plata (1789) desde su desembocadura hasta Buenos Aires.


Dos cartas “sajonas” se integran en el legado: una inglesa (James Horsburgh) de 1821 que abarca el “Southwest  Extremity of the China Sea” y otra norteamericana de 1853 correspondiente a una campaña realizada por su Marina y que abarca en tres grandes hojas, todo el cono sur de América (Argentina, Chile, Malvinas), hasta Nueva Zelanda con los miles de islas comprendidas entre ambas zonas.

Como curiosidad final diré que la Carta Atlántica (1857) igual a la de los Sintes, editada en castellano y  a la que me referí al principio, fue adquirida en “Chow Chow, from Crosse and Backwell, purveyors to Her Majesty, 21 Soho Square London”. Es la joya de la corona. Tiene dibujados  varios haces de derrotas entre España y América. Las que podríamos llamar del norte pasaban por las Azores o Terceras, las Lucayas, el canal de Bahamas hasta las bocas del Missisipi y Nueva Orleáns. Las  del sur, salían de La Habana costeaban la isla de Cuba por el sur y a la de Santo Domingo por el norte, cruzaban el Trópico de Cáncer (bajo Alejandro) hasta La Palma en las Canarias, dejaban al oeste  Madeira hasta arribar al saco de Cádiz.

Todo el legado, cartas someramente restauradas y enmarcadas y soporte digital en “power point” que recoge detalles de cada una de ellas, será presentado el próximo jueves día 20 de enero a las 20 horas en el Ateneo de Mahón. Siguiendo nuestra costumbre de “abrir” al máximo nuestros encuentros culturales,  podrán acceder a ella en formato DVD, todos los estudiosos e interesados, a precio razonable.

La Fundación Hospital de la isla del Rey, sin descartar exponer el legado en otras ciudades, depositará finalmente las cartas en una sala del antiguo hospital, dedicada a Migraciones y Navegaciones que impulsa el profesor Oscar Sbert.
Un valioso legado más que se incorpora a sus fondos, gracias a otra aportación altruista de unos buenos amigos a los que estamos profundamente agradecidos. En este caso a Pilar,  Xiscu y Eugenia Sturla. Un trozo importante del alma de su familia permanecerá junto a todos nosotros, en una Isla del Rey que es y debe ser, también, de todos nosotros.

17.112

domingo, diciembre 26th, 2010

Podría ser un número agraciado en el sorteo de la Lotería Nacional de ayer, pero es desgraciadamente un número más doloroso. Son los recursos que a día de hoy han tenido entrada en el Mando de Apoyo al Personal del Ejército, contra artículos de  la Ley 39/2007 de la Carrera Militar.

Mientras en las encuestas se valora positivamente a la Institución castrense; mientras las palabras pronunciadas estos días en Afganistán y Líbano por responsables ministeriales hablan de sacrificios, de libertades y de seguridades; mientras se nos usa –bandeja de rancho en mano– como incentivo en luchas políticas sucesorias o en corregir desaciertos reiterados en la gestión de nuestro espacio aéreo, sufren las Fuerzas Armadas recortes sangrantes, incluidos sueldos e incentivos y  podemos llegar a vender a precio de saldo desde los pocos terrenos que restan de un patrimonio trabajosamente  conseguido por  las generaciones que nos precedieron, hasta un batallón de carros «Leopard» a Arabia Saudí o un submarino a quien de más, en el mercado de invierno. Súmenle menos horas de vuelo, menos carburantes para ejercicios, menos mantenimiento y cuidado de instalaciones. ¡Realmente estamos para que nos feliciten! Mientras todo esto pasa, 17.112 cuadros de mando del Ejército han recurrido una mal concebida y no consensuada Ley de la Carrera Militar. Sobre  un  colectivo de 25.800 mandos –jefes, oficiales y suboficiales– y teniendo en cuenta que algún recurrente puede haber presentado más de un recurso, hablamos de un 65% de contestación, elevada a  órganos judiciales. No hablo de firmas recogidas, ni de cartas de adhesión. Hablo de recursos que exigen abogado, procurador, provisión de fondos, sacrificio familiar.

Serían suficientes estas cifras para que dimitiesen de sus cargos actuales y de sus escaños quienes hicieron posible que esta ley se publicase en el Boletín Oficial del Estado y pedir públicamente perdón por el innecesario desgarro producido en una institución más que respetuosa con el ordenamiento constitucional y con las alternancias políticas,  que –luego– innecesaria y cínicamente, éstas ensalzan. Se ha jugado con el peligroso juego del «no a la guerra» en el que incluso se suprime esta palabra de nuestras ordenanzas y ahora se pretende suprimir el término «disciplina» en las calificaciones personales de los cuadros, cuando ésta es una de las columnas vertebrales que sostienen aptitudes y actitudes de las gentes de armas.

Todo viene de personas desconectadas de la realidad en la que viven nuestras tropas, teñidas de frustraciones personales e influenciadas por lecturas mal digeridas de los decretos de Manuel Azaña. Se transfieren al amiguismo político puestos de altos cargos reservados a funcionarios, bien colando con nocturnidad un artículo en un real decreto o bien por un simple  «paso por el arco del triunfo». Ahora que se había conseguido mejorar la coordinación con Exteriores situando a un uniformado en el gabinete de su ministro, modelo que funcionó hace años, ha sido inmediatamente relevado por una persona cuyo nivel intelectual no le llega al Capitán de Navío Santiago Barber, ni a la suela de su zapato.

Todo se produce cuando se quiere arrancar con otra Ley –la que insisto debería llamarse de Deberes y Derechos y no al contrario– que lleva ocho prórrogas en su trámite parlamentario y que estos días, tras derrotar una propuesta parlamentaria de UPyD que pedía fuese devuelta al Gobierno, parece programarse para el mes de abril de 2011, cuando un mes después nos enfrentemos a un transcendente periodo electoral. Por supuesto el proyecto de esta ley es un compromiso del Gobierno, pero con los antecedentes de la anterior, se mira con recelo y sin respaldo y cuando se sabe que quienes a última hora manosearán el texto proceden, como en la anterior, de un «envidiable» comunismo cubano o de la extrema izquierda nacionalista gallega.

Hoy sabemos que 43 alumnos de la última promoción han pedido la baja en la Academia General Militar de Zaragoza. Se suprimió el acceso por oposición y se dio importancia definitiva a las notas de Selectividad de 17 diferentes comunidades autónomas. No será que no avisamos del cisma que se produciría. Cierto que en el sistema anterior las solicitudes habían disminuido. Pero el engaño de un título de Ingeniería contestado por sectores importantes de la propia Universidad de Zaragoza y por el Colegio Profesional correspondiente y la posibilidad de obtener un «sueldo del Estado» no han sido suficientes para completar una promoción. Para ello hace falta vocación, concepto éste que rechina a nuestros gestores políticos.

Mientras se suprimen 3.000 efectivos de Tropa para 2011, mientras se reducen los complementos específicos y de dedicación especial en clara discriminación con los  de otros ministerios, mientras el vacío de «ley habilitante» producido por la repetida Ley de la Carrera Militar que derogó totalmente la  50/1969 de Movilización Nacional es tema de discusión jurídica generalizada al tratar el tema del Estado de Alarma al que fue sometido el colectivo de los controladores, sigue sin producirse un debate serio y consensuado sobre las Fuerzas Armadas.

Éstas seguirán viviendo a golpe de la oportunidad del momento, de la orientación partidista gobernante y de  ambiciones personales. ¡Estamos de enhorabuena!

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Artículo publicado el 23 de diciembre de 2010 en “La Razón”

Vivir en otro mundo

sábado, diciembre 18th, 2010

Los 150 miembros del Ejército del Aire que acudieron a las torres de mando y control de nuestro sistema de navegación aérea para hacer cumplir un Real Decreto del Gobierno, lo han hecho con cumplida discreción, sin protagonismos, sin entrar en la fecunda gama de discusiones políticas y jurídicas que se han vertido a consecuencia de la militarización de los servicios de los controladores. Alguno de estos ha dicho incluso: “el trato es exquisito; casi prefiero que se queden los militares”.

Quizás no opinen ellos lo mismo, que ya han visto trastocadas sus vacaciones de Navidad. Pero, no tengan duda, lo harán con el mismo respeto, con la misma puntualidad, con la misma eficacia.

Pero a pesar de esta discreción,  la prensa balear recogió unas iniciales declaraciones del  coronel jefe de la Comandancia Aérea de Baleares, saliendo al paso de unas informaciones que aseguraban, con maligno error, que habían entrado a punta de pistola en  Son San Juan: “No hemos tenido problemas –aseguró– pero esta gente vive en otro mundo”.

Creo que no hay frase que defina mejor la situación, provocada por la mayoría de un colectivo que realiza un trabajo importante, pero que se ha ido creyendo año tras año, que  era el exponente de la más depurada técnica, el nivel máximo de agotamiento psíquico y físico, el lugar en España de mayor riesgo y fatiga. Y se lo fueron creyendo porque recibían unas altas remuneraciones, tres veces lo que gana el presidente del Gobierno y cuatro lo que cobra el President de nuestra Comunidad Autónoma de Baleares.

Y en un mundo en el que prevalece desgraciadamente el “tanto tienes, tanto vales” ellos eran más que considerados por la exclusividad de las viviendas que ocupaban, por la cilindrada de sus vehículos o por los viajes de descanso a los más exóticos rincones de la tierra. Recibían la consideración que sus ricos emolumentos representaban. Claro, defendían con uñas y dientes un estatus. Acabaron creyéndoselo. Habían construido su “otro mundo”.

Para nada tuvieron en cuenta que un médico de Valencia y treinta colaboradores realizaron la hazaña de cambiar el rostro de un hombre en cuarenta horas de trabajo continuado fruto de un constante esfuerzo de años en los que las horas de quirófano pueden  ser seis o siete diarias. Para nada pensaron en  los miles de funcionarios y trabajadores que se levantan a las seis de la mañana para dejar la casa lista y desplazarse al trabajo, día a día, mes a mes, por algo más de mil euros. O a las miles de familias que no saben cómo saldrán adelante, ante la noticia de que perderán los únicos 426 euros que recibían. ¿Por qué proliferan en nuestras ciudades los comercios que compran oro? Porque sencillamente muchas familias se van desprendiendo por necesidad de recuerdos de familia. Y Dios quiera que no esté saliendo nuestro oro de los sótanos del Banco de España. No sería desgraciadamente la primera vez.

Nuestra sociedad, yerma de valores, ha creado estos otros mundos. Yo reflexiono sobre ello cuando en nuestro irrepetible Puerto de Mahón atraca un lujoso yate, servido por amplia tripulación uniformada, brillantes sus bronces o sus aceros inoxidables al primer sol de la mañana. Mientras todos adoramos  aquella riqueza, me pregunto: ¿Sobre cuántas espaldas sudorosas ha conseguido este venerado ciudadano tanta riqueza?, ¿cómo ha podido obtener tanto rendimiento en el mercado de Ámsterdam por unos diamantes pagados a peso en una mina africana?, ¿a cuántos pequeños ahorradores ha arruinado en una jugada de bolsa?, ¿sabe este hombre a cuánto pagamos  el litro de carburante, y cuántos litros consumen los potentes motores de su barco en un minuto? Por supuesto no quiero ni debo generalizar. No todo el que surca este Mediterráneo utiliza los mismos mimbres. Gente hay que merece lo que tiene, sudado gota a gota.

Quiero pensar que lo controladores durante estas, sus “semanas de pasión”, han conectado a tierra. Las horas de convivencia con las gentes del Ejército del Aire deben permitirles saber que hay otros mundos en los que la disciplina y el espíritu de servicio no están reñidos con la eficacia, y que las altas retribuciones, son importantes, pero no representan el todo de nuestra vida.

Pero intuyo otra consecuencia. Napoleón decía: “No pongas a tus tropas en contacto con los revolucionarios, porque acaban pasándose a ellos”. Quiero imaginar lo que comenta un Oficial  al llegar a casa, tras una jornada de “control de controladores” en la torre del Prat: “Conocen bien su oficio; tienen mejor inglés que yo, pero en dos meses yo puedo hacer lo mismo”. Imagínense lo que contestan la mujer y los hijos conocedores de las diferencias de retribuciones que rondan el 13 a 1.

Roto el secreto que encerraban las torres de control –siempre las torres han custodiado celosamente algo, prisioneros reales en la de Londres o en la Bastilla, tesoros de Ultramar en la del Oro sevillana–, es posible que se acaben prerrogativas acumuladas durante años. Todo sea en bien del equilibrio en que debe vivir una sociedad. Pero ésta debe saber valorar lo que realmente lo merece.

¡Aquí radica realmente el fondo del problema!

Artículo publicado en “La Razón”

Oigo, Patria, tu aflicción

viernes, diciembre 10th, 2010

Reiteradamente ha venido estos días a mi mente esta primera y emotiva estrofa del conocido poema que nos legó para siempre Bernardo López García en 1861, referido a los sucesos del 2 de Mayo de 1808.

No estamos en una  Guerra de Independencia, pero oigo la aflicción de más de cuatro millones  de mis compatriotas que viven sin trabajo fijo y entre ellos más de un millón de familias sin ningún ingreso, a la vez que veo cómo se reparten y blindan en instancias nacionales y autonómicas, sustanciosos sueldos y retiros a determinados políticos.

Y he sentido estos días la aflicción de miles de ciudadanos deambulando sin rumbo por los aeropuertos, rehenes de gestiones políticas desacertadas y de actitudes crispadas y no bien ponderadas de una más que selecta minoría, que debería mirar las colas del INEM con más respeto. Y no sé exactamente, si somos víctimas de alguna de las estrategias de  manipulación social definidas por este ácrata  filósofo norteamericano, Noam Chomsky, como la de «saber crear problemas, para después ofrecer soluciones» en las que se juega manipulando a la opinión pública ante un problema, para que exija leyes y medidas de seguridad coercitivas que, en consecuencia, refuerzan los propios instrumentos de poder del manipulador.

Y sufrimos todos, y no sólo los rehenes, cuando vemos que ni siquiera ante un drama social como el vivido en nuestros aeropuertos, nuestra clase política es capaz  de aparcar diferencias y actuar como un todo, firme y cohesionada. Porque entre las víctimas de Gando, del Prat o de Barajas no se distinguían los militantes, simpatizantes o votantes de un partido o de otro. Sufrían todos. Este «todos» ha fallado en otros niveles. Y me aflige en estos días, que  el propio presidente del Congreso, el que debería velar por la cohesión, el consenso y el abrazo, busque el chiste fácil en un medio amigo y dé carnaza a sus correligionarios, insultando al jefe de la oposición. Nos duele a todos ver la foto fría y distante de ambos, en plena conmemoración del día en que cumplía años nuestra Carta Magna. Mi paisano, el respetado y querido Félix Pons, volvería a la tumba si viese en qué se ha convertido una presidencia que él construyó con mimbres de educación, de respeto, de tolerancia y, como decía, , en «saberse poner en la piel del otro».

Y me aflige, Patria, que en la Universidad se vete «para evitar incidentes» a un cardenal de una pieza como Rouco, o a una política con valor acreditado como Rosa Díez, cuando sus campus deberían ser modelo de libertad de expresión, de respeto intelectual, de apertura de ideas. También somos  rehenes de la irracionalidad, la amenaza y el chantaje, cuando precisamente el informe PISA, el programa para la evaluación  internacional de alumnos, insiste en ponernos, un año más, orejas de burro.

Incluso me duele, Patria, cuando se tiene que recurrir  a la «última ratio» castrense,  ya sea para poner orden en un desarbolado CNI víctima de manipulaciones, ansiedades y despropósitos, o en todas las torres de control de nuestros aeropuertos. Y menos mal que se mantienen códigos éticos entre los miembros de las Fuerzas Armadas, a pesar de  los vaivenes partidistas, las podas presupuestarias y las dirigidas y conscientes manipulaciones de sus códigos de conducta y sus arraigadas tradiciones, impuestas muchas veces por personas procedentes de  recónditos rincones de la extrema izquierda o del más radical independentismo periférico.

Me aflige, Patria, que no cuaje un verdadero movimiento intelectual que vuelva a decir:  ¡no es esto! ¡no es esto! Me duele, porque esta riqueza intelectual existe en muchas personas. Pero no se funde en una «acción de conjunto» influyente, diluidos sus esfuerzos en partidas guerrilleras.

También interviene aquí la estrategia de la distracción social. Se resaltan en los medios de comunicación aspectos emocionales, estimulando la complacencia con la mediocridad, cuando no en la zafiedad. Lo de moda es  ser vulgar, mal hablado, aparecer con aspecto sucio, endiosar a gentes sin talento alguno, despreciar lo intelectual, exagerar el valor del culto al cuerpo y el desprecio por el espiritual, religión católica incluida, por supuesto.

Muchas voces claman por vertebrarte, Patria, tras décadas de querer desarbolarte. Y no hablo ni de «golpes de timón» ni de «operaciones De Gaulle», que merodearon el 23-F. Ni siquiera pienso en aquella columna vertebral que debían constituir las Fuerzas Armadas, en otros tiempos.

La vertebración debe apoyarse en una base educativa y social firme, inteligentemente comprendida y aceptada, generosa con los que nos siguen y con los mayores que nos precedieron. Y para esto hace falta un previo pacto ético, que debe convertirse en otro político. Todos debemos saber extraer –votando– a los servidores más eficaces, los más solidarios, los que hayan demostrado que saben servir en la base de la pirámide que conforma la sociedad.

Pero me aflige ver cómo hasta el concepto de servicio también está subvertido. Y aún me aflige más ver que estamos perdiendo la fe en nosotros mismos.

Mientras, rebrotan en mi mente las trágicas décimas de Bernardo López, porque ¡sigo oyendo, Patria, tu aflicción!

Artículo publicado en “La Razón” el 9 de diciembre de 2010

Controlar a los controladores

jueves, diciembre 9th, 2010

Muchos ciudadanos no se acordaban de que el Estado de Alarma, con los de Excepción y Sitio, formase parte de nuestra  Constitución. Pero sí vivían la alarma causada por un colapso del espacio aéreo español, que ellos no podían ni imaginar. El puente de la Constitución ya es clásico, y entre ofertas y ahorros mucha gente había planificado escapar de las preocupaciones y trabajos diarios. Este escape, beneficiaba por otra parte a un sector vital en nuestra vida como es el turismo. El tiempo por carretera se presentaba inseguro y el avión y los destinos mas cálidos constituían la oferta mas tentadora.

Todo se les vino abajo el viernes por la tarde. Desconocían que el Gobierno había aprobado a mediodía unas medidas que se referían a los Controladores y que –al parecer– fueron la causa directa del abandono de sus puestos en lo que muchos consideramos una clara huelga salvaje. No entraré a valorar las razones jurídicas o sindicales que pueden alegar los controladores. Pero si valoro el daño grave infringido a mis compatriotas de a pie. Tras una tarde de tensiones y una madrugada no exenta de ellas, el Consejo de Ministros extraordinario de la mañana de ayer sábado, decretó el constitucional Estado de Alarma por un plazo de quince dias, consiguiendo la preceptiva firma del Rey por correo electrónico gestionada desde nuestra Embajada en Buenos Aires  y remitió preceptivamente el texto al Congreso de los Diputados y al BOE para su publicidad. Contó este Consejo con la presencia del jefe de la Abogacía del Estado y del Fiscal General. Alguien tuvo que echar mano de archivos, viendo como se solucionaban problemas en otras épocas, en que el concepto de «servicio público esencial» estaba mas definido en nuestra legislación, y como resolvió Reagan en 1981 el pulso que le tendieron 13.000 de sus 17500 controladores aéreos. En 48 horas expulsó a 11.000 con un veto de por vida que les imposibilitaba trabajar en cualquier administración publica norteamericana.

No ha sido fácil el encaje jurídico, aunque operativamente ha funcionado. La Constitución cuando define estos estados –Art 116– los engloba en el Capitulo V que trata de las relaciones entre Gobierno y Cortes. Es curioso que este artículo siga al que trata de la disolución del Congreso. Es como si los padres de la Constitución pensasen mas en alarmas políticas que en alarmas causadas por colapsos de servicios públicos. No creo que en sus cabezas pensasen en los controladores. Es mas, en el propio articulo 116.5º cauteriza  el sistema, al promulgar que «en tanto duren estos periodos, no podrán disolverse –precisamente– las Cortes». Ante la urgencia de buscar soluciones, está bien decidido el Estado de Alarma que no precisa autorización previa del Congreso como el de excepción, ni mayoría absoluta  en dicha Cámara, si se trata de el de sitio.

Dos Leyes Orgánicas han entrado en juego. La que desarrolla el articulo 116 de la Constitución (4/81 de 1 de Junio) y el Código Penal Militar (L.O.13/85 de 9 Diciembre) que sustituyó  al de Justicia Militar.

De la primera se ha definido la situación  creada «el Gobierno podrá declarar el estado de alarma por paralización de servicios públicos esenciales para la comunidad» (Artº 4c) y ha resuelto el tema de la «autoridad competente» nombrando al Jefe de Estado Mayor del Aire  como responsable. Todo el texto de la Ley reafirma las decisiones tomadas que prevén «intervención de servicios» y «movilización de personal». Mas delicada es la interpretación del Código Penal castrense. Se habló en principio de «sedición» y se ha ido derivando a «desobediencia».

El primer concepto es mas grave, pero tiene connotaciones mas militares –se habla de fuerza, dotación o tripulación que rehúsan obedecer–. Quizás esté mas adecuada la de «desobediencia» aunque esta pueda revestir gravedad en las penas, que oscilan entre los dos y seis años. En resumen, cuatro Ministerios involucrados –Interior,  Defensa, Fomento y Presidencia–, varios gabinetes de crisis activados, el prestigio de España en entredicho, coste económico imprevisible hoy. Pero sobre todo gran coste humano en forma de incertidumbres, cansancios, nervios, desencantos, baja moral y autovaloración como sociedad. Deberíamos reflexionar seriamente todos. Los países no solo necesitan a personas que arreglen los problemas; necesitan a personas que eviten que los problemas se produzcan.

Mientras escribo estas líneas espero que la situación se normalice. En las Islas Canarias y nosotros las Baleares el drama se ha vivido con mas intensidad, porque las alternativas son mas complejas. Mientras nuestros hermanos del Ejercito del Aire –Mando y Control, Jurídicos,  Médicos etc– cumplen su difícil misión, espero que seamos capaces de reaccionar para evitar una crisis mas. Con esta ya se ha tocado fondo. Y no hay mas alternativa que la de priorizar con respeto los servicios públicos,  es decir a estas 300.000 o mas personas que deambulaban sin rumbo por nuestros aeropuertos y por aeropuertos de medio mundo. Otros derechos deben subordinarse sin la menor discusión. Las alternativas están señaladas por Reagan y por nuestros Códigos Penales.

Artículo publicado en “La Razón”

Universidad y Defensa

sábado, diciembre 4th, 2010

Debe reconocerse como positivo un progresivo interés del mundo universitario en temas que afectan a nuestra seguridad y defensa. Creo, además, que el movimiento tiene carácter recíproco, es decir, que muchas «gentes de armas» acceden a sus estudios y especializaciones, y por otra desde cátedras universitarias se convocan seminarios y conferencias que invitan al análisis, a la reflexión y a crear una necesaria conciencia de defensa, especialmente entre las  generaciones jóvenes. Los efectos no pueden ser mas que positivos, tanto si los primeros amplían estudios para mejorar su  formación continuada, como si los segundos se preparan para ocupar puestos de responsabilidad no sólo en estructuras nacionales sino en organismos, internacionales hoy muy escasos de españoles. Por parte de Defensa, el trabajo viene de lejos. La Academia General de Zaragoza lleva años convocando unas interesantísimas jornadas en Jaca al comienzo del curso académico; apoya a  universidades de León, Málaga, Barcelona, Salamanca y Castellón, que vienen haciéndolo también periódicamente. A resaltar las actividades y publicaciones del Instituto Universitario Gutiérrez Mellado, adscrito a la UNED, del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional(CESEDEN), más dirigido a postgraduados y a «vocaciones tardías» arribadas al Ministerio y del Instituto Español de Estudios Estratégicos(IEEE) que, a pesar de sus continuos cambios de dependencia, sigue desarrollando una magnifica labor de coordinación con las universidades y cuya pagina web (ieee.es) es hoy un referente obligado para estar al día en temas de seguridad. La revista especializada e independiente «Atenea» sigue esta línea de integración  de estos dos mundos en sus ponderados y completos análisis. Con un formato dirigido a especialistas en Derecho Internacional, la Universidad Jaime I de Castellón, con el impulso de su catedrático Mariano Aznar, ha organizado un coloquio internacional sobre integración de Derechos Humanos y de  normas del Derecho Internacional Humanitario en la normativa europea que regula la intervención de contingentes militares en operaciones de paz. Junto con otras facultades europeas, han creado el CEDRI, Centro de Estudios de Derecho  y Relaciones Internacionales, que, integrado en un proyecto mas amplio de la UE, el «ATLAS»,  tiene por objeto diseñar las regulaciones jurídicas aplicables en caso de conflicto armado, especialmente dirigido a la protección de la población civil y a la promoción de los DDHH. Castellón consiguió reunir durante dos días a reconocidos especialistas en Derecho Internacional como Jorge Cardona, Michael Bothe, el general jurídico Rodríguez Villasante o Manuel Pérez y Pérez, con jóvenes y bien preparados profesores de universidades de Bruselas, Florencia, Coruña, Sevilla, Ginebra, Frankfurt, Milán,  Bucarest, Málaga, Deusto, Salamanca, Barcelona o Palermo, con jueces con experiencia en tribunales internacionales como el de La Haya o el especial para la ex Yugoslavia junto a  especialistas de ministerios de Defensa, del Comité Militar e la UE y de la OTAN. La UE, que inició operaciones militares en 2003, está construyendo su propio régimen jurídico en la materia, apoyada en las experiencias de la OTAN, la ONU o la UEO, pero adaptándolo al Tratado de Lisboa, su carta magna. Hace «camino al andar» cuando las operaciones que pilota, Atalanta, en Somalia, Kosovo y Congo ya  exigen soluciones jurídicas, muchas veces imprevisibles. ¿Cómo se puede proteger a un menor y juzgarlo como tal, si a la vez es sujeto activo en el asalto a un atunero?

Respetuoso y atento, escuchaba las ponencias mientras por mi cabeza pasaban mil imágenes. Nuestra generación es hija del Capitulo VI 1/2 de la Carta de  Naciones Unidas, es decir de unas tropas que han tenido que lidiar situaciones a caballo de medidas políticas y diplomáticas del CapítuloVI, que devenían en coercitivas y de imposición de la paz en desarrollo del Capitulo VII. Pasábamos de la utopía de vestir de blanco en Yugoslavia a unos desarmados observadores europeos  – «los lecheros» –, utilizados como rehenes o como escudos humanos atados a un puente, a bombardear con sangrienta eficacia Belgrado para conseguir arreglar la situación de Kosovo. Y he visto cómo norteamericanos y hondureños violaban conscientemente el Derecho Internacional, jurando sobre la Biblia que en Honduras no había ni un solo «contra» nicaragüense, mientras  verificábamos  extensas y armadas  bases de operaciones en la Moskitia o en «bolsones» fronterizos del país centroamericano. Mi experiencia me dice que bienvenidas sean todas las reflexiones que mejoren el marco jurídico en el que intervienen contingentes militares. Bienvenido el máximo respeto a la persona, a los niños, a los minusválidos, a los desplazados. Bienvenido, por supuesto, el Estado de Derecho, el legitimado por autorregulaciones. Sólo pido que la normativa de la UE se construya «con los pies en el suelo» que sea consciente de que sobre el terreno también hay unos soldados que se sacrifican y que sufren, que viven las incertidumbres de sus clases dirigentes y de sus opiniones publicas, que luchan contra otras gentes  armadas desprovistas de códigos éticos y disciplinarios y que también saben utilizar a civiles como escudos humanos. Yo espero que los sesudos discípulos de Truyol i Serra y de Verdross, los especialistas en La Haya, Ginebra, Estrasburgo o Bruselas, no olviden que tras cada norma hay niños, desplazados, prisioneros y víctimas, pero también hay soldados.

Artículo publicado en “La Razón” el jueves 2 de diciembre de 2010