Archive for noviembre, 2010

Defensa: ¿Ministerio de partido?

viernes, noviembre 26th, 2010

Cuando el general Gutiérrez Mellado diseñó lo que muchos considerábamos un necesario Ministerio de Defensa, lo concibió como un organismo técnico, administrativo, integrador, coordinador, por supuesto también con determinados y necesarios tintes políticos. Pero era un Ministerio de Estado al más puro estilo del concepto napoleónico, muy semejante al de -entonces– Asuntos Exteriores.

Fernando Püell de la Villa, recoge en una magnífica biografía del general todo su pensamiento, todas sus experiencias, todas sus dificultades, vistas siempre con la protectora óptica de despolitizar a la gente de armas. En tiempos en que se compatibilizaban ambas actividades, política y milicia, marcó claramente una línea de no retorno: «por supuesto se admiten las vocaciones políticas entre los militares; pero el que decida irse no puede volver». Siempre valoré positivamente esta decisión. Poco a poco este carácter se ha ido diluyendo en el ámbito del llamado Órgano Central. El carácter técnico de los altos cargos que ocupaban los puestos directivos del Ministerio ha sido sustituido por personas comprometidas con una formación política, en quienes prima por encima de sus capacidades en materia de Defensa y de su innegable capacidad de trabajo, el amiguismo, la compensación por servicios y sacrificios prestados, los equilibrios entre corrientes e influencias. Nada importa no haber pasado nunca por una Comisión de Defensa del Congreso o del Senado. Nada importa no haber tenido nunca la inquietud por realizar un curso monográfico en el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) que imparte constantemente seminarios para políticos y medios de comunicación. Lo importante no es estar preparado para servir al Estado; lo importante y remunerado es el servicio al partido.

Entre aquel primer subsecretario, almirante Liberal, entre aquellos directores extraordinarios como el general Veguillas en Política de Defensa, entre aquel irrepetible y experto intendente, Paco Muinelo, en Asuntos Económicos, entre tantos otros y los actuales hay una distancia: la que separa al servidor del Estado, del servidor de partido. Liberal se convirtió en la verdadera mano derecha de Mellado. Con Veguillas nunca hemos estado más coordinados con Exteriores sin necesidad de una costosa y abultada secretaria general, y con él empezamos las primeras misiones exteriores bajo bandera de la ONU. ¡Bien sabían los asesinos de ETA a quién mataban! Muinelo conocía no sólo los entresijos de Defensa, sino los de Hacienda, los de la Intervención del Estado, incluso las cuentas corrientes con Washington. Podría señalar muchos más ejemplos.

Uno de los últimos bastiones técnicos que quedaba en Defensa, la Dirección de Relaciones Institucionales, acaba de ser arrastrado por el aluvión partidista. En el Real Decreto 1287/2010 de 15 de octubre que firmó una cesante vicepresidenta del Gobierno, su artículo 16 deslizaba un suave: «en atención a las características específicas de esta dirección general, su titular no será preciso que ostente la condición de funcionario». El último que la «ostentó», Santos Castro, tenía amplísima experiencia en Defensa y en Cultura, era Licenciado en Filosofía y Letras, en Geografía e Historia y en Políticas y Sociología por la Complutense, en Derecho por la de Alcalá y Filosofía por Comillas. Pero «sólo» pertenecía al Cuerpo Superior de la Administración Civil del Estado. Era funcionario, este oficio de leales y sacrificados servidores públicos, blanco controlado en recortes presupuestarios, que constantemente recibe reproches, incluso sutiles recomendaciones de políticos que, como mucho pueden colgar en su despacho el titulo de Derecho o de PNN eventual, obtenido vete a saber en qué circunstancias. Santos perdió un pulso por el nuevo Museo del Ejército y se fue, recién inaugurado éste. También ha perdido Defensa otro funcionario de categoría, Pere Vilanova. Nos tranquilizó a todos su nombramiento en julio de 2008, para un puesto cercano a la Ministra. Un catedrático de Ciencia Política, doctorado con una tesis sobre «Ejército y Poder en la España Contemporánea» pero sobre todo conocido por nosotros por su experiencia en la administración de Mostar en tiempos de guerra, era garantía de que venía a aportar, no a servirse. Él, honesto, alude a problemas familiares para regresar a su Barcelona. Muchos tememos que su salida forme parte del aluvión de constantes cambios que vive Defensa y que han afectado principalmente a la Subsecretaría, al Gabinete ministerial y a los responsables de comunicación y -por supuesto -de imagen. Con estos mimbres, no exclusivos del hoy partido en el poder, se hará siempre difícil el consenso parlamentario. Y así anda contestada por más de 3.000 recursos, dos de ellos admitidos como inconstitucionales, la Ley de la Carrera Militar; así andan no reconocidas las nuevas Reales Ordenanzas; así está estancada con ocho prórrogas, la Ley de Derechos y Deberes. Los tiempos de crisis deben ser aprovechados para reconducir la nave, buscando vientos más eficaces, incluso más económicos. Es tiempo de reconsiderar, de proyectar, incluso de reducir estructuras centrales. Los sesudos gabinetes que diseñan futuro pensando en 2012 deberían leer la biografía de Gutiérrez Mellado, sus leyes y ordenes. Deberían pensar más en «ministerios de Estado» –no es Defensa el único– que en ministerios de partido, si lo que quieren es consensuar, construir y, en resumen, servir.

Artículo publicado en “La Razón”


La solución afgana pasa por Moscú

miércoles, noviembre 24th, 2010

No ha salido en las fotos, pero, Marie Jana Korbelova, hija de un diplomático checoslovaco, nacida en Praga en 1937, emigrada a Estados Unidos con sus padres en 1948, cuando el Partido Comunista alcanzó el poder en Checoslovaquia, y que adoptó posteriormente el nombre de Madeleine Albright al casarse en 1957 con el periodista Joseph Albright, estaba en Lisboa.

Tenia 12 años cuando el 4 de Abril de 1949 los firmantes del tratado de Washington aprobaron aquel documento cuyo articulo quinto sigue diciendo: «Las partes convienen que un ataque contra una o más de ellas que tenga lugar en Europa o en América del Norte será considerado como un ataque dirigido contra todas las partes, y en consecuencia, en ejercicio del derecho de legitima defensa reconocido en el articulo 51 de la Carta de Naciones Unidas, ayudará a la parte atacada incluso con el empleo de fuerza armada». Por edad, quizá era la única testigo de aquel tiempo. Ninguno de los líderes de los 28 países que forman la Alianza ni ninguno de los invitados presentes había nacido en 1949.

Tras su paso por la Secretaría de Estado, a principios de este año, recibió el encargo de renovar el Concepto Estratégico, aprobado en su ultima versión en 1999 dos años antes del

11-S, cuando la OTAN estaba formada por 18 países.

El documento, aprobado estos días con algunas de las habituales reservas Nato secret, había sido trabajado concienzudamente por un equipo de expertos entre los que se encuentra nuestro embajador Jaime Perpiñá, y era bien conocido en cancillerías y círculos de seguridad. Por supuesto, ratifica el enunciado del articulo quinto citado, pero me alegra que recuerde al anterior que expresa el deseo de «un uso más creativo y regular de las consultas políticas y diplomáticas».

El Tratado de Washington se firmó cuando solo habían pasado cuatro años desde el final de la segunda guerra mundial y ya entre los vencedores se abría la profunda falla ideológica que se intentó proteger con un rígido telón de acero.

Por supuesto el mundo ha cambiado y los problemas son otros. La Checoslovaquia de Albright esta dividida en dos estados. La Yugoslavia de Tito, en seis o siete. Pero muchos de estos países ya forman parte de la Alianza como leales asociados. Y en el proyecto debatido estos días del sistema de defensa antimisiles ofrecen su territorio y sus medios.

Quedaban por recomponer las relaciones con Rusia abiertas en 1997 por Javier Solana al crear el Consejo OTAN-Rusia y desvanecidas en el verano del 2008 tras la invasión rusa de Georgia. Mérito indiscutible del secretario general, Anders Fog Rasmussen, ha sido el de escuchar a Albright -e imagino que también a Angela Merkel- e invitar personalmente en Moscú, a primeros de mes, al presidente Dmitri Medvédev para que se sentase con peso especifico indiscutible en la mesa de la cumbre de Lisboa. Rusia forma parte importante del sistema de seguridad global, y es esencial en el diseño de las políticas de seguridad para Afganistán. Siempre he mantenido que la solución afgana pasa necesariamente por Moscú. Y esta Rusia no quiere ser comparada ni con Letonia ni con Luxemburgo. Es la heredera de un imperio. Sus actuales zares no son de sangre azul, pero llevan en las venas el orgullo de gran potencia.

Por supuesto, con Hamid Karzai delante, se ha hablado de Afganistán. Conscientes de que los talibanes piensan que «los relojes son vuestros, los tiempos nuestros», se ha evitado hablar de plazos precisos. Si se ha firmado un acuerdo de asociación OTAN-Afganistán, y el compromiso de formar hasta 360.000 agentes de policía y militares antes del 2014 a partir de los deficientes 230.000 de hoy. Si se han oficializado ciertos repliegues escalonados. Hay que tranquilizar a determinadas opiniones públicas

«Nueva era de cooperación». «Nuevo comienzo». «Fuentes de tensión convertidas en fuentes de cooperación». «Tercera generación de operaciones de la Alianza, tras las de la guerra fría y la de los Balcanes». Me duele que se pelee poco por salvar el Cuartel General de Retamares cuando manifestamos nuestra preocupación por el flanco mediterráneo.

Mientras, 150.000 soldados de un montón de países, entre ellos España, siguen día a día luchando por transformar un Afganistán medieval en un Estado gobernable. Más de 2.000 han muerto desde el 2001. Solo esperamos que su sacrificio no haya sido inútil. He echado de menos un reconocimiento público a su labor. También deseamos, sin poder cuantificar con garantía el número de muertos «del otro lado de la colina», que la victoria se cimiente sobre una paz real, que respete vidas y costumbres de los otros. Espero que detrás el sello Nato secret se perfilen suficientes movimientos de inteligencia, de respeto a los derechos humanos, de generosidad y de sentido común que permitan diseñarla, sin prisa, pero sin pausa.

En Lisboa, junto a líderes mundiales estaba Madeleine Albright. Pero también estábamos todos nosotros y parte importante del futuro de nuestros hijos.

Artículo publicado en “El Periódico de Catalunya”

OTAN: cita en Lisboa

sábado, noviembre 20th, 2010

Cita, para repasar situación y para diseñar la estrategia de la Alianza para la próxima década. El vertiginoso ritmo de nuestro mundo no permite alargar más el horizonte.

Los mandatarios de los 28 países que la conforman, muchos de los cuales se dieron cita hace unos días en Seúl con el G-20, se reúnen este fin de semana en Lisboa para aprobar un nuevo Concepto Estratégico sustitutivo del vigente de 1999, cuando la Alianza estaba formada por sólo 18 miembros.

En la Cumbre Estrasburgo-Khel (abril 2009)  se solicitó al secretario general, Rasmussen, que redactase  la propuesta del nuevo enfoque estratégico. Un equipo dirigido por Madelaine Albright  con once expertos, entre los que se encuentra nuestro embajador Fernando Perpiñá, se ha encargado de redactarlo. Las rondas de conversaciones, las consultas y los borradores utilizados  permiten conocer bien el documento que se presentará a aprobación el día 20.

«El horizonte 2020 se presenta incierto e imprevisible, aunque se mantengan amplios motivos de confianza en la Alianza», que «debe marcarse una guía clara que permita decidir misiones fuera de área, evitando largas discusiones», «sin ambicionar aquello para lo que  no esté preparada». Recuerda el documento que la Alianza no es la única respuesta. Su carácter regional debe respetar el global que corresponde a Naciones Unidas. Y a pesar de que sigue apoyándose  en el coercitivo Artículo 5º (el ataque a un miembro será considerado ataque a todos), no renuncia al «uso creativo y regular de las consultas» que prevé el artículo anterior.

La tendencia de la OTAN a ampliar espacios estratégicos se materializa mediante asociaciones como los PfP, el Diálogo Mediterráneo o la Iniciativa de Cooperación de Estambul, o simplemente con socios de carácter operacional como Australia, Nueva Zelanda, Corea o Japón o bien buscando la aproximación de instituciones como la UA, la OEA o el Consejo de Cooperación del Golfo y  abierta siempre a la incorporación de países emergentes.

Pero además, la Cumbre abarcará multitud de temas actuales. Como prioridad indiscutible, la guerra de Afganistán en la que la Alianza está fuertemente comprometida. Aspectos colaterales inmediatos serán Pakistán, los errores cometidos  en sus fronteras, las rutas que alimentan el conflicto desde el Océano Indico, sus relaciones con la India y el efecto provocado por las insinuaciones de un Obama ofertando un puesto permanente en el Consejo de Seguridad. Por supuesto latente en Lisboa el estancamiento en Oriente Medio que  ha obligado a suspender la también la Cumbre de la Unión por el Mediterráneo que iba a celebrarse en Barcelona; el apoyo norteamericano a Turquía para que se integre en la UE; la ampliación de la Alianza a nuevos miembros; la situación en el Cáucaso, etc. Para asegurar el ritmo de incertidumbre, entre Seúl y Lisboa se han atisbado crisis financieras en Irlanda y en el propio país anfitrión, Portugal. Francia ha desencadenado una remodelación de Gobierno que se ha llevado puestos a sus Ministros de Defensa y de Exteriores. España aparecerá también con nueva ministra de Asuntos Exteriores. Inglaterra anuncia drásticos recortes en Defensa a la vez que diseña políticas operativas combinadas con Francia. Holanda sigue sin comprometerse más con Afganistán, cuando Alemania sostiene con pulso firme a su opinión publica adversa, mientras se prolongan los plazos de la deseable «afganización» del país asiático.

Reconocido claramente el desplazamiento del centro de gravedad estratégico hacia la zona Asia-Pacífico, los líderes de la Alianza deberán no sólo reconocerlo, sino hacerlo compatible con la necesidad de mantener fuertemente unido el lazo euroatlántico. El periplo recorrido por Obama señala claramente  en forma de vector la dirección del desplazamiento: India, Indonesia, Corea, Japón. No hace falta citar a China para comprender que esta ahí.

Aquel espíritu de defensa de nuestras fronteras de Occidente con que se creo la Alianza en 1949 ante la permanente amenaza del enemigo comunista, se globaliza sin querer ser global, se extiende en sus raíces y consecuencias, se abre necesariamente a otras alianzas y responsabilidades. El enemigo es otro. La presencia del presidente ruso Medelev en Lisboa avala claramente la preocupación de todos, sin los telones de acero de antaño. Siempre he repetido que el fin del conflicto afgano pasa necesariamente por Moscú.

Mientras muchos líderes tendrán en sus mentes preocupantes «asuntos internos», en Lisboa se volverá a hablar de disuasión, de prevención, de cooperación, de despliegues operativos rápidos y eficaces, de minimizar las restricciones operativas nacionales (caveats), de la mejora de capacidades. Se volverá a tratar de la forma de consensuar decisiones a 28 bandas. Bajo el lema «OTAN 2020: Seguridad garantizada; implicación dinámica» se pretende reconformar una «Alianza mas proactiva que reactiva» en las tranquilas orillas del Tajo lisboeta. Para los miles de sacrificados soldados que la sirven en Afganistán, la Cumbre  debería ser de respeto y respaldo sin fisuras. El objetivo debe ser la eficacia, la cooperación y la integración, sin olvidar que al otro lado de las trincheras  hay también –equivocados o no– otros seres humanos con los que hay que cimentar la paz si lo que se desea es una clara victoria.

Artículo publicado en “La Razón” el 17 de noviembre de 2010

Ni deberes ni derechos

domingo, noviembre 14th, 2010

Aquel proyecto de Ley de «Derechos y Deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas» aprobado a bombo y platillo por el Consejo de Ministros del pasado 2 de julio, ha causado baja transitoria, con peligrosos indicios de baja total.

Arrastra en su trámite parlamentario siete prórrogas para presentación de enmiendas y se abre ahora  al turno de comparecencias de  afectados y de expertos. Convive esta situación con los más de 3.000 recursos contra la otra ley, la de la Carrera Militar de 2007, y con los 22 contenciosos presentados en la Audiencia Nacional, que reconoció en dos casos cuestiones de inconstitucionalidad que afectaban a su Disposición Transitoria 4ª (Curso de adaptación)  y a la Adicional decimoquinta de la de Presupuestos Generales  para 2009  (reconocimientos académicos equivalentes para esfuerzos distintos). Y no se pueden obviar los contenidos de la manifestación convocada por AUME en Madrid el 16 de octubre frente a la sede del Ministerio, que se pretendieron acallar con una mal pensada rueda de prensa convocada a la misma hora en dicha sede.

La marejada legislativa se ha llevado por delante a la subsecretaria Victoria San José en medio de una tormenta política que también nombró al cuarto jefe de Prensa del Ministerio y al tercer jefe de Gabinete de la Ministra en el plazo de dos años. Eran los mismos días en que una cesante  v icepresidenta  del Gobierno,  firmaba el Real Decreto128/2010 de 15 de octubre  que desarrolla una nueva «Estructura  Orgánica Básica del Ministerio de Defensa».

Mal presagio.

Fernández de la Vega  ya estaba embalando sus efectos personales para la sede del Consejo de Estado,  donde presidirá la Sección Séptima, tras la renuncia por edad de Miguel Vizcaíno, un jurídico militar que fue durante décadas un baluarte en defensa de nuestras tradiciones y de los intereses de los miembros de las Fuerzas Armadas. Su salida de Moncloa  ha permitido repescar a la que fue secretaria de Estado de Defensa, Soledad López, ministrable en ciertas quinielas, que se incorpora a Presidencia como subsecretaria, tras dos años de relajado y oscuro papel al frente de la Sociedad Estatal de Grandes Conmemoraciones. Moviendo los hilos, siempre Enrique Serrano «el segundo hombre de Uclés –o el primero–» un hombre que conoce muy bien todos los entresijos de Defensa.

A favor de la ministra diré que se comprometió a no firmar la nueva Ley si no tenía amplio consenso. Y hace bien, porque el consenso no existe, contaminado además por la ejecución de la Ley anterior. Los títulos de ingeniero, que iban a coexistir con los de oficiales,  han sido cuestionados por los Colegios profesionales. Lo que denunció públicamente Rosa Díez respecto al sistema de selección para ingreso en las Academias Generales –«procedencia de 17 Bachilleratos diferentes con 17 pruebas de selectividad diferentes y con centros educativos con incentivos a inflar notas»(Boletín Oficial de las Cortes 275/2009), ya se está sufriendo.

Sus problemas proceden en mi opinión de dos frentes. El primero, dimanante de la mentalidad de un ministro sin más experiencia que unas prácticas de oficial de complemento, que en poco tiempo, mal digeridas sus lecturas sobre las reformas de Azaña –hasta  lo del titulo de ingeniero  copió– quiso diseñar el nuevo modelo de Fuerzas Armadas acorde con sus principios políticos  y a los postulados pacifistas y buenistas del momento. Tras su inesperado cese, su sucesor  pasó por Castellana 109 con la cabeza más metida en periodos electorales inmediatos y en reforzar como portavoz parlamentario a su jefe de filas, que en preocuparse por nuestras leyes.

Segundo punto, los redactores.

La Ley de Derechos y Deberes aparte de su fondo, en su forma es larga, pesada y de difícil digestión. Es un cortar y pegar de restos de normas dispersas que se refunden en un cuerpo legislativo, con la mala percepción de que se mezclan conceptos básicos, con otros que debieran recogerse en un simple  reglamento y no en una Ley Orgánica. Desaparece aquel viejo y práctico ejercicio de «el Gobierno, antes de tal fecha, remitirá el reglamento que desarrolla el presente artículo».

Deben redactar las actuales leyes las generaciones que se han formado en los últimos veinte años en el exterior, que piensan, escriben y «ensayan» en revistas profesionales, no personas que llevan treinta años en el Ministerio acostumbrados a confundir la lealtad con la sumisión. Bien sé que ésta se retribuye mejor que la primera. Hay ejemplos claros en las cabeceras de empresas de titularidad estatal. Aún hay quien confunde –escribía recientemente un teniente general– política, administración y  mando. Si se quiere consenso, relevo generacional.

En resumen. Yo clamaba  por una ley de «deberes y de derechos» antes que a la inversa. La sociedad confía el poder coercitivo de las armas a una Institución, y ésta asume voluntariamente el deber de servirla y no precisamente contra ella. Luego vendrán los derechos, por supuesto. Pero no discutamos. Nos quedamos sin reconocimiento legislativo a ambos. La sociedad no le dará la menor importancia. Nuestra clase dirigente –salvo excepciones que bien conocemos y valoramos– igual. Seguiremos con  nuestros deberes, todo tiempo, todo lugar.

¡Servidumbre y grandeza de los leales servidores del Estado!

Artículo publicado en el diario “La Razón” el 11 de noviembre de 2010

Benedicto XVI, hoy

jueves, noviembre 4th, 2010

Mitad perplejos, mitad celosos, me preguntaban mis amigos más vaticanistas a los que pedí  opinión cuando me comprometí a escribir estas líneas, ¿qué hace un soldado opinando sobre la  visita del Papa a España? Y yo les respondía, aceptando sus dudas: soldado, más pecador que santo, intentando ser consecuente con sus ideas y principios.

Me cobijé inicialmente en el reciente nombramiento de Monseñor José Manuel Estepa como Cardenal, lo que me parecía una acertadísima decisión de Benedicto XVI. Monseñor Estepa, un hombre nacido en Andújar, en tierras que recientemente conmemoraron la derrota de Napoleón en Bailén, fue durante años nuestro más que querido Vicario General Castrense, un «pater» siempre cercano en nuestras alegrías y conmemoraciones pero mucho más, en nuestros momentos difíciles, cuando ETA se cebaba provocadora contra militares, policías y guardias civiles, cuando la herida, la enfermedad o la muerte llegaba a alguien cercano con «zarpa de fiera», como cantan nuestros queridos legionarios. Una representación de las Fuerzas Armadas –matizo bien, de las Fuerzas Armadas– debería estar presente el próximo día 20 en Roma cuando se le eleve al cardenalato.

Pero había, por supuesto, un trasfondo más profundo. Era el de pertenecer a una institución –Ejército– formada en general por personas vocacionales como las que sirven  a la Iglesia, que defienden unos valores prácticamente comunes, aunque la ejecución de sus funciones sea bien diferente. Y son dos instituciones tan compactas  que, cuando alguno de sus miembros falla, arrastra al conjunto, a la opinión pública generalizada; determinados medios se ensañan y el descrédito se convierte en lacra «urbi et orbe».

Todos cometemos errores individuales y colectivos. Los miembros de la Iglesia no son ajenos. ¿Injustificables algunos casos? ¿Condenables? Por supuesto, pero en su verdadera dimensión, no generalizando. Porque junto al descrédito que provocan casos aislados, está la ingente labor callada y sacrificada de tantas y tantas personas. Han salido a la luz estos días los datos de Caritas en España –800.000 personas apoyadas, que tienen nombre y apellidos– y en Oviedo se premió justamente hace unas semanas el testimonio de Manos Unidas. Ambas, Iglesia viva. ¡Cuántos ejemplos se podrían añadir! Benedicto XVI, ante los problemas y ante las críticas, hubiera podido cerrar los ojos, encomendarse al Altísimo y encerrarse en los pasillos vaticanos. Pero no. Decidió dar la cara abiertamente en tiempos de imagen y de comunicación, apoyado en su indiscutible bagaje intelectual y en la profundidad de su pensamiento. Los soldados tenemos como máxima: «en el combate o te preparas para el ataque o mejoras tus defensas, nunca te quedes de brazos cruzados». La reciente visita a Inglaterra, asumida con riesgos y amenazas, ya fue el brillante testimonio de que no se cruzaba de brazos. «También Cristo asumía riesgos en sus visitas» dirá, quitando importancia a los negros augurios. Y el abrazo al Primado anglicano Rowan Williams se convirtió en uno de los símbolos más positivos de nuestros días, junto a la beatificación del Cardenal Newman(1801-1890) el mejor puente entre las dos iglesias cristianas, unidas hoy ante la grave crisis de identidad que sufrimos. Porque provocar la armonía entre las religiones es uno de los retos que asume Benedicto XVI.

El Papa Benedicto se suma a los miles de peregrinos que han acudido y acuden a Santiago siguiendo el «camino» en lo que es una reafirmación de las raíces cristianas de Europa y de España. Pero también visita Barcelona, con un significado para mí enorme y no sólo por inaugurar en el siglo XXI una catedral como la de la Sagrada Familia en la que convergen fe, arquitectura, técnica, cultura y arte, esencias profundas de un pueblo rico en virtudes y tradiciones cristianas como es el catalán. «Gaudí hace catequesis en lenguaje de piedra» dirá Joan Rigol, el hombre que dirige actualmente los destinos del inigualable templo.

Llega el Papa en un momento de desgaste muy fuerte del orden cristiano, cuando no de ataques sangrientos como el del pasado domingo en la iglesia de Nuestra Señora del Socorro en Bagdad; deteriorado por muchos factores sociales, migratorios, políticos y económicos, cuando ha faltado en determinados casos una clara estrategia de la jerarquía eclesiástica,   que ha jugado con ambigüedades y con variadas opciones más políticas que sociales y religiosas.

«Cataluña será católica o no será» dejó escrito el obispo  Torras i Bages (1846-1916), frase que esculpió el pueblo catalán en la misma fachada de su Monasterio de Montserrat. Éste es el testimonio de reafirmación que se renovará estos días. Finalmente el Sumo Pontífice avala con su presencia un mensaje de primer orden al mundo de la cultura, mundo al que la Iglesia ha contribuido durante siglos. Nadie puede negar la relación entre arte y cristianismo. Como no la puede negar ante esta última ramificación del modernismo catalán que recoge Gaudí en su inigualable obra de la Sagrada Familia, continuada gracias al tesón, la fe, las capacidades de innovación arquitectónica y de organización de un pueblo como es el catalán.

Espero que todos sepamos valorar el testimonio de Benedicto XVI, presente estos días en nuestra tierra de todos.


Artículo publicado en “La Razón” el 4 de noviembre de 2010