Archive for octubre, 2010

Palabras y gestos

viernes, octubre 29th, 2010

O lo que es lo mismo, dos formas de expresar unos valores. En la entrega de los Premios Príncipe de Asturias el pasado viernes 22, se pronunciaron palabras muy pensadas, conscientes y medidas y se vieron unos gestos que, aun vestidos de espontaneidad, entrañaban  profundos y positivos mensajes. Enorme calado en las palabras de D. Felipe, bien correspondidas por los galardonados. Entrañable  gesto el de Vicente del Bosque al levantar de su silla a su predecesor. Emocionantes «manos unidas» de los ganadores del Premio a la Concordia. Me duele que los ecos de un acontecimiento de esta trascendencia se extinguiesen en veinticuatro horas, difuminados por una nueva crisis ministerial y por una bien alimentada camorra montada por las palabras que dirigió un alcalde castellano a una nueva ministra. «Tiempos de retroceso ético», llamó a los que vivimos, en su magnífico discurso, Amin Maalouf desde el escenario del Campoamor. Me duele que lo negativo, el insulto, la descalificación y la gresca política acaparen más titulares que lo vivido en una jornada memorable en la que se resaltaron los valores del esfuerzo, el sacrificio, el talento, la disciplina, la solidaridad o la modestia.  Algunas de estas virtudes se encuentran en nuestra clase dirigente, pero, ¡qué pena la dirección a la que canalizan sus esfuerzos, perdido el sentido de Estado a cambio del bien  del partido, olvidado interesadamente el objetivo de trabajar por el bien general!

Del Bosque, al hablar de la modestia, fruto de su hidalguía y del verdadero valor del esfuerzo, no hacía más que ratificar las palabras del Príncipe, que lanzó claras y diáfanas  reflexiones sobre la capacidad de superación, sobre el esfuerzo continuado,  la ilusión, el coraje, la integridad, la grandeza de ánimo y la cultura del trabajo bien hecho. Pero añadió más D. Felipe: habló de esperanza, consciente de las dificultades en las que viven mas de cuatro millones de nuestros compatriotas. Y dirigiéndose a los jugadores les confesó: «Nos hicisteis sentir la emoción y el orgullo de ser españoles», cuando comediantes e ignorantes lo han negado, recordándoles que son «ejemplo y estimulo para las generaciones jóvenes a las que inyectáis compañerismo, nobleza y confianza». Acabó enlazando sus palabras con el reconocimiento al testigo recibido hace treinta años de su propio Padre, valorando «la gran lección de responsabilidad nacional que nos dieron las generaciones pasadas». Presente, pasado y futuro en un mismo y valioso mensaje.

Pero, ¿se imaginan el gesto de un madridista, Vicente del Bosque, con un atlético  como Luis Aragonés entre nuestra clase dirigente? ¿Han visto alguna vez a un ministro o director general actualmente en la oposición, en la inauguración de una carretera que  diseñó, contrató o dotó económicamente? ¿Por qué lo del Campoamor no puede ser lo normal en nuestra diaria vida política? En mi opinión, por tres razones. La primera es la preparación, el esfuerzo, los méritos y su valoración.Todos los premiados iban sobrados de méritos. Incluso los jóvenes jugadores aportaban años y años de sacrificios, estímulos, superación de lesiones, acuartelamientos en «masías» y hoteles, desde sus tiempos en las categorías infantiles. ¿Por qué se producen los milagros de sus rápidas recuperaciones? Por el esfuerzo, por la tenacidad, por el sacrificio de horas y horas con fisios, máquinas y piscinas. Entre nuestra clase política, por supuesto con raras excepciones, cualquiera puede ser cualquier cosa, siempre que acredite  sumisión y apego a su cabeza de lista, o encaje en una combinación de contrapesos regionales o simplemente de deudas y afectos personales. La segunda es la modestia, virtud asociada a la real valía y a la sabiduría. Repitió la palabra varias veces Vicente del Bosque. Sí, porque era consciente de lo frágil de su gloria, que hubiera podido trastocar un gol de fortuna de los holandeses o un penalti injusto de un arbitro armenio. En nuestra clase política se valora en cambio el soberbio «no sabe usted quién soy», como el esgrimido por una nueva ministra en salas de protocolo y pabellones de estado de nuestros aeropuertos. Y se vive para la  foto oportuna y retocada, para la propaganda, para la valoración en la última encuesta. Por no aceptar, no se aceptan ni las disculpas ni el perdón. Por supuesto, éste no se pedirá  jamás. Porque falla, tercera y última, la ética, la que está en franco retroceso, como nos recordó el pensador libanés  Amin Malouf. El propio Príncipe nos pidió «moderación donde haya habido excesos, ética donde haya habido abusos».

Hoy se valora todo lo contrario a lo resaltado en Oviedo. Se estimula la traición política, se facilita la corrupción, se premia la deserción, el desdén, el ninguneo, el tanto tienes tanto vales, el sálvese quien pueda. No sirven ni la lealtad, ni el rigor, ni la verdad, ni la profundidad del estudio, especialmente si éstos crean comportamientos  no correctos politicamente. Pasada una semana del acontecimiento de Oviedo, vale la pena  volver a leer lo dicho en la entrega de los premios. Aunque sólo sea para protegernos de la desilusión que nos invade; aunque sólo sea cuestión de pura supervivencia.

Artículo publicado en La Razón

Pedro Luis Mercadal

lunes, octubre 25th, 2010

Sonreía. Con esta mirada bonachona, sonreía cada vez que tratábamos temas de la Isla del Rey. Algo mayor que yo, de la edad de mi hermano mayor Miguel, su ritmo era diferente al mío. Me calmaba, me ralentizaba, pero nos ayudaba.

Durante mucho tiempo llevamos vidas bien diferentes.

El reencuentro se produjo hace seis años, cuando empezamos a trabajar en la recuperación del Hospital de la Isla del Rey. Él nos dio los primeros planos topográficos, fotografías, todo lo que tenía, sin la menor reserva. No todo el mundo ha hecho lo mismo.

De allí pasamos a pedirle consejo sobre colores, sobre barnices, sobre formas de puertas y ventanas ya que no quedaba el menor testigo que pudiese servir de  modelo. Era arquitecto, pero sobre todo era artista, hombre de gusto, sobrio, muy conocedor del alma de Menorca. Y todo lo plasmaba en su pintura. De allí salió una magnífica acuarela sobre el Hospital Naval Inglés en la que ya jugaba –arriesgaba- con los colores. Nos hizo unas magníficas reproducciones Lina Truyol y sus chicos de Model Gràfic que, además, nos regalaron unos índices de libro, que son nuestra mejor tarjeta de presentación. Dentro de unos días, láminas e índices, viajarán con nosotros a Rabat para presentar nuestra imagen, coincidiendo con la entrega de un premio de la Asamblea Parlamentaria Mediterránea. Allá estará con su acuarela Pedro Luis.

Luego empezamos a hablar de la basina o piscina de agua de mar que soñamos construir junto al muelle de la isla, resguardada de tramontana, abierta a la bocana -aguas limpias- algo al estilo de las piscinas naturales de San Felipe. Él tenía experiencia de una piscina de agua de mar que construyó en S’Algar: “no es tan sencillo”, “el material se estropea”, “creo que ya es de agua dulce”. Y sonreía. Tranquilo, Luis.

Nos ha dejado planos y dibujos que servirán de base a nuestros proyectos.

Nos ayudó repetidamente cuando pedimos su colaboración en forma de donación de alguno de sus cuadros para ventas o subastas.

Nos quedamos con el recuerdo de su  bonhomía. Siempre habrá un trozo de su alma en  nuestra alma colectiva, voluntaria, desinteresada, amante de Menorca.

Aunque no sé si él era consciente, sonriendo, de que nos estaba marcando un camino, nosotros sí lo estamos. ¡Gracias, Pedro Luis!

Deudas balcánicas

lunes, octubre 25th, 2010

El diseño de Yugoslavia  procedía del Congreso de Berlín de 1878. Parecía que el rey serbio Alejandro I, tras liberar a croatas y eslovenos del yugo de los Habsburgo había conseguido la unidad de aquellos pueblos, producto del cruce de culturas y religiones, pero en el periodo entreguerras el modelo comenzó a resquebrajarse. En 1941 fue invadida por Alemania que contaba con la adhesión de los croatas. Monárquicos serbios y comunistas de Josip Broz «Tito» formaron un movimiento partisano que consiguió liberar Belgrado con ayuda soviética. Tito, precisamente croata de nacimiento, organizó el país –«unidad y fraternidad»– como federación de seis repúblicas, Eslovenia, Croacia, Bosnia, Macedonia, Montenegro y Serbia, que a su vez  incluía  dos provincias autónomas, Kosovo y Vojvodina. El país gozaba de una de las sociedades más libres de la Europa oriental y de unos altos índices en educación, en sanidad y en deporte.

Todo se vino abajo diez años después de la muerte de Tito en 1980.En tres años, dos guerras civiles, 100.000 victimas, dos millones de desplazados.

Aparecimos los españoles en escena en julio de 1991 en forma de Observadores de la Unión Europea, desarmados, vestidos de blanco. La utopía de la paz llevada a extremos que rayaban en el esperpento. A la vez se diseñaban planes de contingencia en un cuartel general francés ubicado en Metz. Los oficiales de los diferentes países europeos vestíamos de paisano, nos alojábamos  en hoteles diferentes y debíamos mantener el secreto de lo acordado.¡La Europa vergonzante!  La Resolución 743 del Consejo de Seguridad de noviembre 1991 ya decidió el despliegue de contingentes internacionales, que España asumió en Consejo de Ministros el siguiente 28 de Agosto de 1992. A finales de año llegaría al puerto croata de Split la primera Agrupación formada con tropas de la Legión que mandaba  Javier Zorzo. Lo que en principio se trataba de escolta de convoyes humanitarios, se transformó pronto en necesaria fuerza de interposición entre los bandos y acabó siendo instrumento de «imposición de la paz», puro Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas, tras la firma de los acuerdos de Dayton en 1995.

Esto lo han vivido durante dieciocho años más de cuarenta mil españoles, la gran mayoría del Ejército, con la leal participación de Infantería de Marina, con un coste de 23 muertos –uno de ellos intérprete– y el doble número de heridos. Difíciles de cuantificar las horas de esfuerzos, de sacrificios, de preocupaciones familiares, de incertidumbres políticas, de tomas de decisiones bajo presión. Pero toda una generación ha crecido en madurez y experiencia; toda una generación ha sido vacunada contra los efectos de los nacionalismos excluyentes.

La ministra Chacón, bien arropada por amplio aparato de prensa, cerró esta semana nuestra presencia formal en el país, aunque operativamente la misión se hubiese cerrado el 18 de junio. Las elecciones del pasado 3 de octubre justificaban una presencia residual de un corto contingente de Infantes de Marina, que fue el despedido este día. Me pareció bien el mensaje de la Ministra, relacionando las dudas que en su momento planeaban sobre Bosnia –«esto no tiene remedio», «siempre será una paz entre alfileres», «el laberinto no tiene salida»– con la actual misión de Afganistán. Mensaje positivo: si se esfuerza, si se sacrifica, si se trabaja, se alcanza el éxito.

Eché de menos, no obstante, en la amplísima comitiva, al Jefe de Estado Mayor del Ejército como representante del mayor esfuerzo desplegado, el de mayor sacrificio en bajas. Eché de menos en la Plaza de España al general Carvajal nombrado Hijo Adoptivo de Mostar en 1996 por el alcalde Ivan Prskalo. Eché de menos a los entonces coroneles Zorzo y Ángel Morales que mandaron las primeras agrupaciones. Pero la deuda no es sólo con ellos. Es  con los actos heroicos de muchos de nuestros soldados, silenciados vergonzosamente por una sociedad remisa a admitir que aquello también era una guerra. Y me apunto mi parte de culpa por no haber podido o sabido ponerlos en valor en determinados momentos. Creo llegada la hora de abrir archivos, de analizar propuestas de los jefes de contingente y de hacer justicia, máxime cuando se han cometido insultantes agravios comparativos.

No los puedo citar a todos, pero no puedo olvidar al teniente Arturo Muñoz Castellanos, que a sus 28 años, murió en mayo de 1993 descargando personalmente bolsas de sangre y suero frente a un hospital musulmán; o al Teniente Coronel Monterde que evitó un Srebrenica en abril del mismo año al salvar a 230 croatas en siete horas de presión y amenazas personales; o al capitán Fernando Álvarez destrozado por una mina  croata en la presa de Salakovac; o al capitan Millán –«excepcionalmente valiente en condiciones extremas», en informe firmado por el Jefe de las Fuerzas–; de los tenientes Vargas, Francisco Cabo, Pujol de Lara, Jorge Balanyá Vidal ; de los sargentos Jorge Fernández y Mariano Vicente; de Maximino Serrano, del cabo 1º José Muñoz Santiago, del cabo Óscar Jiménez. Siento dejarme a muchos mas. Ahora es tiempo, insisto, de honrarlos a todos. Es tiempo de reconocer lo que les debemos por su ejemplo y su sacrificio. Sólo entonces podremos decir «misión cumplida».

Artículo publicado en “La Razón” el 21 de octubre de 2010

Un Nobel para Pantaleón

lunes, octubre 25th, 2010

Nos alegramos  todos por muchas razones, querido y respetado Mario Vargas Llosa. El premio Nobel concedido en justicia, tiene variadas lecturas de las que yo intentaré sacar una, verdaderamente entrañable. Es la que refiere el escritor peruano en su obra «Pantaleón y las visitadoras», editada en España a comienzos de los setenta.

La novela, llevada al cine posteriormente, es farsa y apólogo  a la vez que una espléndida sátira y una profunda reflexión moral. Describe cómo el capitán de Intendencia Pantaleón Pantoja recibe la misión de organizar un servicio oficial de «visitadoras» para las guarniciones peruanas del Alto Amazonas, este lugar que siempre hemos soñado  recorrer, el que nos lleva  río abajo, tras veintitantos días de navegación fluvial, a la costa atlántica de Manaus, donde se confunden con el pasado glorioso de la época del caucho, las rojizas aguas del Amazonas, con las mas oscuras del río Negro.

Pantaleón, disciplinado, con visos de preocupante obediencia ciega, –«así se hace carrera y patria»– compone un eficaz servicio, pero acaba ahogándose en la propia maquinaria que construye.

La orden que recibe es sencilla: «La tropa de la selva amazónica anda tirándose a las cholas»; «soldado que llega a la selva, se vuelve un pinga loca»; «trajimos incluso a un dietista suizo que costó una punta de plata,  para ver si se trataba de la alimentación»; «se han dado casos de mariconería y hasta de bestialismo; figúrese que un cabo de Horcones fue sorprendido haciendo vida marital con una mona».

Vargas Llosa describe cómo Pantaleón,  un inexperto en el oficio, recluta «gilas en los sitios mas putañeros de Iquitos» llamados «Mao Mao», «007», o el «Gato tuerto».Cómo organiza minuciosamente, con plantilla aprobada por la superioridad, lo que será el SVGPFA, el Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puestos de Fronteras y Afines, que deberá cubrir un «número de prestaciones de tipo marital que cada sujeto requiera mensualmente, para satisfacer las necesidades de su virilidad» en 8 Guarniciones, 26 puestos y 45 campamentos.

Pantaleón llega a regular horarios, turnos, reconocimientos médicos, tarifas, descuentos discretos en la nómina, incluso dota de un himno a su cuerpo, el orgánico, no al cuerpo de las visitadoras, que dice: «servir, servir, servir al Ejército de la nación; servir, servir, servir, con mucha dedicación». Deberá acomodar esta letra posteriormente, porque se agregan al proyecto los marineros de la base de Santa Clotilde –que aportan un barco al que llamarán Eva– y los aviadores de Moronacocha, que lo hacen con un viejo hidro Catalina, de la Segunda Guerra Mundial. ¡Vamos, que sirve por tierra mar y aire! Priva, como se ve en él, un moderno sentido de lo conjunto.

La relectura del Pantaleón de Vargas Llosa me ha recordado –sonrisa en ristre– a la Madelón francesa, la «novia del batallón»  de la Primera Guerra, a las aguadoras y cantineras de las guerras de África, incluso a acontecimientos más recientes. Las aventuras del dietista suizo, que a punto estuvo de matar  de hambre a los soldados del Amazonas peruano, me recuerda a la española «leyenda del bromuro» la supuesta disolución que ponían en el agua para calmar nuestras inquietudes viriles de juventud. Y no hablo de la guerra del catorce. En el Sahara, años setenta, se vivían situaciones que Vargas Llosa podría transpolar a su novela. El Aaiun tenía «cabaret», aparte de garitos más o menos reconocidos. También estaban organizados  turnos y horarios, como en el Amazonas de Pantaleón. Pero en una guarnición del interior como Smara, un respetado e irrepetible Teniente Coronel de la Legión –luego nos lo asesinaría ETA– montó un servicio externalizado de seis visitadoras, destinadas a medida de las características, necesidades y tendencias de sus legionarios.

Y no puedo olvidar cómo en 1990, bajo bandera de Naciones Unidas en El Almendro, departamento de Río San Juan en el sur de Nicaragua, el lento proceso de desmovilización de más de seis mil combatientes de la «contra» debía suspenderse las tardes de los miércoles, tras la llegada de dos o tres autobuses procedentes de Managua cargados de «visitadoras». Salvo algún problema que resolvía  eficazmente el hospitalillo de la Organización Mundial de la Salud, que nos apoyaba, eran tardes tranquilas.

Con la brillantez y riqueza de lenguaje con que lo describe nuestro flamante Nobel peruano, en la narración brota en su más pura esencia el ser humano al que dignifica, a pesar de  sus pecados. Y habla de la generosidad de las «gilas», de su espíritu maternal que cubre carencias y sentimientos importantes.

Un trozo más de nuestra alma –en este caso de soldado– descrito con maestría y buen humor por Vargas Llosa al que sinceramente felicitamos. Y no tan alejado como parece de los sentimientos que vivimos y que bien conocen  nuestros soldados de hoy –hombres y mujeres– a los que recomiendo la lectura fresca y real de los partes de novedades, cartas e informes oficiales del peruano capitán de Intendencia Pantaleón  Pantoja, al que de rebote –«carrera y patria»– también acaban de concederle en Estocolmo el Premio Nobel.

Artículo publicado en “La Razón” el 14 de octubre de 2010

Guardia Civil hoy

miércoles, octubre 13th, 2010

La Guardia Civil celebra el próximo martes día 12 la festividad de su Patrona y  creo obligado hacer un reconocimiento público a su labor, muy especialmente fructífera estos últimos meses en la lucha contra el terrorismo de ETA, pero también a su trabajo callado y eficaz, «todo tiempo todo lugar», referente indiscutible en nuestra sociedad cuando de  seguridad interior hablamos.

Tiempo también de reflexión, cuando confluyen preocupantes motivos para hacerlo, dado que  en las últimas semanas se han precipitado en escalada, tres acontecimientos muy relacionados:
-La manifestación, rayana en la algarada, convocada con apoyos sindicales, por dos asociaciones de la Guardia Civil  el 18  septiembre frente a su Dirección General.
-La batalla campal y saqueos que se produjeron en Barcelona el día 29.
-El levantamiento,cercano al golpe de estado, desencadenado por fuerzas policiales en Ecuador un día después.

Tiempo para analizar con ponderación los 22 folios de la  sentencia 847 de la Sala de lo Contencioso del Tribunal Superior de Justicia de Madrid del 16 de septiembre, que autorizaba la manifestación. Tengo dudas de que  los ponentes firmasen hoy la misma sentencia, a la vista de lo acaecido.

Los peldaños de la escalada están casualmente bien definidos con estos tres casos: se socava en Madrid la autoridad y el principio básico de una Institución que es la disciplina; luego se desbordan trágicamente acontecimientos en Barcelona, perdido el control  por falta de cohesión entre autoridades políticas y efectivos policiales; por último  se acaba reteniendo en Quito al Presidente del Ejecutivo. ¿Se acuerdan  de lo que gritaban los que «ejercían su derecho constitucional de reunión» el 18 de septiembre en Guzmán el Bueno? Nos guste o no nos guste, Zapatero es el Presidente de nuestro Gobierno y recuerdo lo que dice el artículo 22.2 de nuestra Constitución: «las asociaciones que utilicen medios tipificados como delito, son ilegales». No crean que hay tanta distancia por tanto, entre Madrid y Quito.

Centrémonos en el fondo del problema.  Primero: por supuesto todos queremos las mejores condiciones de vida para los Guardias Civiles y sus familias. Segundo: las sociedades modernas necesitan seguridad y delegan en las «gentes de armas» la capacidad de garantizarla, con una condición elemental: «no puedes usar las armas que te doy, para resolver tus reivindicaciones y problemas». De ahí que nuestra legislación, comenzando por la Constitución, constriña, cercene, las ambiciones sindicales de algunos de sus miembros, cuando la misma  concede «a los sindicatos de trabajadores» tres características específicas: el derecho a la huelga, la negociación colectiva y la mediación en los conflictos.

Estas «acciones sindicales» no caben en la legislación de las «gentes de armas» por mucho que se quiera interpretar el artículo 28.1 de nuestra Carta Magna cuando  define que «la ley podrá limitar o exceptuar el ejercicio de este derecho de sindicación, a las Fuerzas o Instituciones Armadas». Las posibles dudas del «podrá», las aclaran perfectamente tanto la Ley Orgánica 11/85 de Libertad Sindical, como la del mismo rango 11/2007 de Derechos y Deberes de la Guardia Civil que proscriben específicamente el ejercicio del derecho de sindicación. No obstante la semejanza de determinados fines que presentan sindicatos y asociaciones lleva a la confusión, porque también se identifican los medios de presión que se  emplean y que la ley diferencia.

Lo malo es que la manifestación de Madrid se produjo, cuando las organizaciones sindicales no pasan por su mejor momento, con serias dudas en la opinión pública sobre su rendimiento y coste y cuando la crisis económica ha obligado al Gobierno a diseñar un plan de ajuste económico que afecta a todas las instituciones, incluida la Guardia Civil. Sus miembros lo notarán en dos frentes: la reducción de plantillas aumentará sus servicios, y los recortes afectarán a sus obras de infraestructura y a sus equipos. Así de claro. Pero si se les explica lo aceptarán. Jamás con mentiras y con agravios comparativos. Eligieron libremente un Cuerpo de prestigio, cuando tenían muchas otras opciones. Este espíritu de cuerpo se mantiene, no tengo la menor duda.

Que la línea roja sobrepasada el  18 de Septiembre sirva de experiencia. Otra ley de derechos y deberes para las Fuerzas Armadas se debate actualmente en el Congreso. Si nuestra clase política es capaz de consensuarla – no lo fue al aprobar  la de la Guardia Civil en 2007 que  permitió registrar a antiguas asociaciones parasindicales– se pueden reconducir las actuales situaciones en beneficio de todos.

A título personal yo introduciría una modificación en sus propios enunciados: las llamaría leyes de «deberes y derechos», no de «derechos y deberes», priorizando ya en su enunciado el sentido del bien común por encima del bien particular. Ya se que no corren buenos tiempos para pensar en el bien común. Pero no duden que en la Guardia Civil tienen como divisa, junto al honor y la disciplina, el servicio a la sociedad, esta que la respeta y quiere, y no sólo el día de su Patrona.

(Artículo publicado en “La Razón” el 7 de octubre de 2010)

La «Sokoa» del «Mono Jojoy»

jueves, octubre 7th, 2010

Lo que no se consigue luchando en una guerra asimétrica, lo ha conseguido Colombia con la guerra tecnológica en conjunción con medios de la guerra clásica, como es un bombardeo. La guerra es una, con diferentes interpretaciones. El pasado jueves día 23, se confirmaba la identidad del líder guerrillero de las FARC Jorge Briceño, mas conocido como «Mono Jojoy», abatido durante la madrugada del martes al miércoles en su santuario de la sierra de La Macarena, una impresionante formación, rica en flora y fauna, separada de la cordillera o masa andina oriental, en la que confluyen  las cuencas del Amazonas y del Orinoco. Hablamos de una extensión de algo más de un millón de hectáreas con una altura media de mil seiscientos metros. Lo que es hoy un impresionante Parque Nacional, una especie de «Arca de Noé» en fauna y flora, lleva el sevillano nombre de su patrona desde el siglo XVII, cuando los jesuitas fundaron la misión de San Juan de los Llanos, hoy San Juan de Arama.

Siempre con la prudente duda con la que hay que tratar estos casos, el medio utilizado para localizarle fue el de implantar un «chip» en unas botas, especiales por su ligereza, adaptadas a los años y a la diabetes del veterano comandante. Una vez activado el mecanismo, este mandó información satélite, que a su vez activó mecanismos GPS precisos para dirigir a la aviación –se habla de un solo avión– con capacidad de destrucción suficiente para neutralizar su objetivo. Nada nuevo. En Libia, en Gaza, en Chechenia conocen bien estos sistemas. Por supuesto también en Israel y en Estados Unidos, sin descartar en este caso, a personas muy relacionadas con España. Y las propias FARC deberían suponerlos. Por una combinación de telefonía móvil y ordenador, «cazaron» a Raul Reyes en un campamento situado en Ecuador lindante con Colombia, en el 2008.

La trampa mortal de La Macarena, nos ha recordado  aquella a la que fue sometida ETA en 1986 en la cooperativa Sokoa situada en la fronteriza localidad francesa de Hendaya. Aquella noche del 5 de noviembre, mientras el comisario francés de la Policía del Aire y de Fronteras, Jöel Catalá entendía que la cooperativa sólo se dedicaba a sus actividades comerciales, el entonces teniente coronel de la Guardia Civil, Enrique Rodríguez Galindo, presente en el reconocimiento y con mejor información, insistía en localizar un arsenal, que finalmente apareció. Y no sólo se encontró material de guerra; se descubrió todo el sistema de contabilidad de ETA especialmente el referido a extorsiones y a  «inversiones forzadas» de empresarios vascos en cooperativas tapadera del sur de Francia, dedicadas a blanquear los fondos obtenidos con la amenaza y el chantaje.

Galindo, verdadero azote de ETA en dos décadas, conocía la existencia de dos misiles SAM-7 vendidos a ETA. Estos, tras un cauteloso periodo de tiempo, habían sido activados y emitían señales goniométricas capaces de ser detectadas por helicóptero o rastreadas con medios terrestres. Las conocidas armas tierra-aire de fabricación soviética habían sido incautadas a un grupo palestino por Israel. Una vez desactivadas sus cabezas de guerra por si el plan fallaba, habían llegado a ETA por 40 millones de pesetas. Se simuló un tránsito por Portugal y fueron entregadas en el mismo San Sebastian. El prestigio y apuesta personal del general Alonso Manglano al frente entonces del CESID había propiciado la operación. Cayeron Antxon (Eugenio Echebeste), Makario (Ignacio Aracana), Josu Ternera(José Antonio Urrutigoetxea) y el luego arrepentido Soares Gamboa.

Sokoa, que funcionaba desde 1973, permitió descubrir la contabilidad  de la banda, que ofrecía  el criminal balance de 1.160 millones de pesetas obtenidas entre 1980 y 1986.

Demasiados lazos entre ETA y las FARC para no relacionar las dos acciones, cuando precisamente esta semana, hemos conocido la noticia del fallecimiento por infarto, del histórico miembro de ETA José María Zaldúa ( «Aitona») en Aix en Provence. Antiguo miembro de los comandos Nafarroa y Urola, estaba reclamado en España por una decena de asesinatos. El antiguo director del «Diario de Navarra», José Javier Uranga, resultó herido gravemente por él. Peores consecuencias tuvieron el alcalde de Olaberria y otros siete guardias civiles y policías destinados en Navarra y el País Vasco.

«Aitona», liberado en Francia por un grave error judicial, huido a Uruguay y México, había sido uno de los constantes enlaces entre las dos bandas terroristas e instructor de «fuerzas especiales» en campamentos ubicados en Colombia y en Venezuela. Seguramente les habló de la amarga experiencia de Sokoa, pero no fue suficiente. Por muchos anillos de seguridad, por muchas alertas montadas sobre la desconfianza, por muchos sistemas de barrido electrónico, siempre aparecerá un delator, siempre alguien descubrirá un método técnicamente nuevo y sofisticado. Siempre una debilidad –llámese telefonía móvil, satélite, obsesión por cierto tipo de armas o simplemente una diabetes– aparecerá sobre el campo de batalla y propiciará victorias de unos y derrotas de otros. En sus variadas versiones, asimétrica, psicológica, tecnológica o clásica, siempre, la misma esencia de la guerra.

Artículo publicado el 30 de septiembre de 2010 en “La Razón”

Herida pero con valor acreditado

miércoles, octubre 6th, 2010

Con el título «Guardia Civil, herida» escribí recientemente una reflexión en la prensa  de Menorca. Se  está construyendo una cárcel en el mismo patio de su  Casa Cuartel de Mahón. Asumiendo que hay que repartirlas  por el territorio patrio, no me cabe en la cabeza que para evitar quejas en la opinión publica, se decidiese con aires de nocturnidad y alevosía, ubicarla en un solar destinado a la Agrupación de Tráfico, inmediato al acuartelamiento. Yo pedía que en el Plan General de Ordenación Urbana de la capital menorquina, que está en fase de aprobación, se reservase inmediatamente otro espacio para Casa Cuartel y se asignasen las dependencias actuales a la Dirección General de Prisiones para sus futuros funcionarios. No se ha hecho. Sólo se ha pintado de amarillo el Cuartel y plantado una masa forestal para disimular la llaga de cemento de la prisión, inmediata además, a una concurridísima carretera. Las masas forestales no suelen casar con las medidas de seguridad. Ya veremos como acaban. Pero de amarillo o de verde, las ventanas de los Guardias, dan directamente a las celdas. Como en otros muchos casos, se ha abusado de la disciplina del Benemérito Cuerpo y confundido su silencio con la sumisión.

La Guardia Civil lleva el concepto de disciplina en sus genes desde su creación.
Nacida del Ejército en 1844, ya su fundador el general Duque de Ahumada, sus primeros Oficiales , Suboficiales y Guardias eran seleccionados por su veteranía y sus cualidades profesionales. Eran aquellos «soldados viejos» que aportaban experiencia, buen oficio de las armas, espíritu de servicio constatado y valor  acreditado. Los ciudadanos que eligen voluntariamente entrar en el Cuerpo saben esto y por supuesto, nadie les ha prohibido elegir otros modelos policiales.

El sábado día 18, unos miles de ellos y de sus familias se manifestaron en Madrid en una mezcla de reivindicaciones justas,  impulsos sindicales de variado río revuelto, protagonismos personales, sin descartar ciertos impulsos políticos decididamente volcados en debilitar el poder del Estado, muy especialmente en la lucha contra el terrorismo, en la que la Guardia Civil es  esfuerzo, sacrificio, látigo y eficacia. Digámoslo claro: eficacia muy superior a la de otros Cuerpos nacionales y autonómicos, que gozan de ventajas sindicales y remunerativas. Y ahí esta el corazón del problema. Una falta de visión de nuestra clase política, que confunde silencio con sumisión, disciplina y eficacia con ausencia de necesidades materiales y familiares. Una clase que sólo reacciona con la presión, el favor político o sencillamente con la  calle y su repercusión mediática. Por esto recurrieron a la calle algunos de nuestros Guardias. ¡Y bien que nos duele, ver a miembros de  un Cuerpo que admiramos, manifestándose así! ¡Cómo les duele a muchos de sus compañeros y a sus familias! Y que no se apunten méritos otras formaciones políticas alejadas hoy de las responsabilidades de gobierno. Viví hace unos años un atentado de ETA en Leiza un pueblo del norte de Navarra lindante con el País Vasco. Visité su Casa Cuartel días después como Capitán General de la Región Pirenaica que incluía la zona y sufrí una fuerte decepción. Aquellos hombres y sus familias, en primera línea de fuego de la lucha antiterrorista, no tenían ni cámaras de seguridad, ni cristales blindados, ni una zona despejada alrededor del cuartel. Sacaban fotocopias en un comercio próximo. Ninguna de las instalaciones del Ejército de entonces vivía con estas carencias. Escribí al Director General de turno, ofreciéndole incluso el apoyo de nuestra Comandancia de Obras y de nuestros especialistas para mejorar aquellas instalaciones. Ni me contestó. Repito: ni me contestó. Era otro que había confundido la disciplina con la sumisión. Sus problemas eran diferentes a los de sus Guardias: comprar vehículos y decidir con amiguismo político las subastas de material y equipo sin llegar –creo– a las hazañas de otro antecesor suyo que confundió las cuentas para construcciones de Casas Cuartel y los Patronatos de Huérfanos, con su propia cuenta corriente.

Todo esto confluye. Se les ha venido hiriendo reiteradamente, cuando ellos y sus familias –no olvidemos nunca el núcleo familiar que arropa las difíciles horas de disponibilidad todo tiempo, todo lugar–  han dado lo mejor de sí mismos.

Pero que no les hablen de miedo a los Guardias Civiles en proclamas y pancartas. Si hay algo en lo que no han caído, ha sido en el miedo. ¿De qué miedo hablaban los organizadores? ¿Tenías miedo Pedro Muñoz Gil en Inchaurrondo? ¿Miedo, Paco Peña?¿Miedo los que os dejáis la piel en el sur de Francia, meses y meses, noche tras noche, observando, siguiendo, infiltrando, deduciendo, investigando, arriesgando. ¡Cuántas horas, cuántos esfuerzos os ha costado la detención de un comando! ¡Claro que habéis superado el miedo!

Desde luego, la Guardia Civil recibe y ha recibido heridas. Pero en su hoja de servicios, tras reseñarlas, consta claramente «valor acreditado». La mayoría de los españoles lo tenemos bien grabado en nuestras mentes y lo valoramos enormemente. Pero sigue habiendo gente que confunde disciplina con sumisión, en claro abuso de poder.

¡Aunque sea por egoísmo, aunque sea por retener este poder, no sigan hiriendo a la Guardia Civil, confundiendo disciplina con sumisión!

Artículo publicado en “La Razón”