Archive for septiembre, 2010

Pakistán, ¿el cuarto frente?

lunes, septiembre 27th, 2010

A la tragedia por las inundaciones que afectan a varios millones de paquistanís puede seguir otra más trascendental y cruenta: una guerra civil en la que parte del país se declare independiente. La inestabilidad es contagiosa. No es la primera vez que un Estado importa los terremotos sociales y políticos de su vecindad.

Es conocida la influencia de Pakistán en el actual conflicto afgano. Hace más de una década ya apoyó abiertamente al régimen talibán frente a la ocupación rusa. Hoy, jugando con cartas marcadas o, si se prefiere, encendiendo una vela a Dios y otra al diablo, continúa el juego. Su situación de Estado tapón entre Afganistán y la India, zona de tránsito para la alimentación del conflicto desde el mar de Arabia al sur y frontera indeterminada y aleatoriamente permeable en el norte, puede perder la partida por asuntos internos si no sabe dar respuesta adecuada a las consecuencias del desastre natural. Siempre aparecerá la India detrás del telón. Demasiados cruces de etnias y religiones, demasiadas cuencas hidrológicas comunes, demasiadas guerras desde la independencia entre las dos potencias con capacidad nuclear, para mantenerse neutral. Y no se puede predecir a ciencia cierta si las potencias que forman la ISAF verían con buenos ojos una crisis interna que diese suficiente trabajo a sus servicios de inteligencia y a sus políticos para no interferir en las operaciones afganas. Por de pronto, cualquier esfuerzo humanitario de la ISAF será más que rentable, y no solo por el hecho de ayudar a unas poblaciones castigadas por el agua. ¿Se imaginan cómo reaccionaría el mundo musulmán si la coalición internacional suspendiera algunas operaciones en Afganistán para volcarse totalmente en ayuda del pueblo paquistaní?

Repasemos la historia, antes de extraer conclusiones. Siguiendo una constante, la antigua colonia británica de la India que con tanto esfuerzo contribuyó a la victoria aliada en la segunda guerra mundial, alcanzó su independencia en 1947 (India y Pakistán) y 1948 (Ceilán). En el intento de encajar etnias y religiones, y a costa del sacrificio de cuatro millones de desplazados, el imperio de desgajó en tres partes. La central, ocupada por la India; dos franjas separadas 1.600 kilómetros, a oriente y poniente, constituyeron Pakistán, y la isla de Ceilán, desde 1972 llamada Sri Lanka, en el sureste de la gran península del Indostán.

La franja oriental de Pakistán, el rico país del Ganges, no resistió el diseño, ni la distancia física de los órganos de poder paquistanís situados en la parte occidental. El detonante fue un fuerte ciclón que devastó su costa en 1970. Islamabad, la capital paquistaní, no pudo o no supo dar respuesta a aquella tragedia, que dejó medio millón de muertos y desplazó a 10 millones de habitantes. Comenzó entonces una sangrienta guerra civil que costó miles de vidas. No se puede decir que la India estuviese ausente de aquel conflicto y no inclinase la balanza a favor de los independentistas. Estamos hablando de la emancipada Bangladés, séptimo país más poblado del mundo, con una inconcebible densidad de población, bien situada hoy económicamente entre los once próximos países emergentes.

El fenómeno de la escisión podría reproducirse ahora después de los desastrosos aluviones en Baluchistán. La región, situada al sur de Pakistán, de 347.000 kilómetros cuadrados, habitada por algo más de siete millones de habitantes, no solo limita con el Punjab, la región de los cinco ríos y el Sind afganos, sino que alberga una importante puerta de entrada de la corriente que alimenta el conflicto afgano desde el puerto de Gwadar, construido con ayuda china en la amplia ensenada cercana a la frontera con Irán.

El fenómeno de la escisión podría reproducirse ahora en esta región de cultura y etnias muy diferenciadas. Los estímulos podrían venir de las mismas fuentes que lo alimentaron en Bangladés en la década de los 70. Todo dependerá de la capacidad de respuesta del Gobierno de Islamabad y de su poder para solicitar y canalizar la ayuda internacional.

Por supuesto, creo importante no abrir un nuevo frente de guerra -el cuarto- cuando sigue abierto el de Cachemira entre Pakistán y la India, cuando el de Irak es difícil de cauterizar y cuando el de Afganistán está en pleno proceso febril.

Pero alguien debe prever la infección total de la región. Aunque solo sea por preservar la vida de unas gentes que han sufrido demasiado. Aunque solo sea

-egoístamente- para evitar que no vean más porvenir que el de enrolarse en las filas de Al Qaeda o el de buscar la gloria del martirio haciendo estallar cinco kilos de cinturón explosivo en cualquier mercado de Bombay o de Londres.

También nos afectan unas inundaciones. Y no solo lavamos nuestra conciencia mandando dos aviones con mantas y depuradoras. Hace falta una contundente política europea que sepa ver la situación y sus consecuencias. Nos jugamos bastante más que cerrar los ojos para no ver sufrir a unos semejantes intentando agarrarse desesperados al patín de un helicóptero.

Artículo publicado en “El Periódico de Catalunya”

México hermano

lunes, septiembre 20th, 2010

México celebra estos días el Bicentenario de su independencia conmemorando aquel adelantado movimiento del 16 de septiembre de 1810 en que se levantó en armas en el pueblo de Dolores, Guanajuato, un reducido grupo de ciudadanos comandado inicialmente por Ignacio Allende y que encontró en el cura Miguel Hidalgo el líder natural, valorado no sólo por su educación liberal sino también por la simpatía y ascendiente que tenía entre los habitantes de la región. No puede decirse lo mismo respecto a sus autoridades eclesiásticas. Aquel reducido número  de hombres armados se dirigió hacia San Miguel el Grande, en dirección a la Capital del Virreinato. Las crónicas hablan de la anexión de miles de mexicanos conforme avanzaban. Llevaban como estandarte la imagen de la Virgen de Guadalupe que, desde esos días, se convertiría en icono de los insurgentes.

La Embajada de México en Madrid ha organizado al efecto una serie de actos y exposiciones que yo considero especialmente importantes por el mensaje que aportan en estos comienzos del siglo XXI. Los levantados en Dolores lo hicieron gritando vivas a Fernando VII y mueras al «mal gobierno» del Virreinato. Y hoy, objetivamente, las nuevas y brillantes reinterpretaciones históricas profundizan en las causas del descontento de aquellos ciudadanos. Porque al final del siglo XVIII Nueva España gozaba de una clara prosperidad económica fruto del esfuerzo de sus pobladores en la agricultura, la minería y el comercio. Pero las constantes guerras en las que se vio involucrada España por el nuevo orden surgido tras la reestructuración del imperio inglés y del expansionismo imperialista francés,  exigieron esfuerzos económicos mas que importantes. El mismo año en que Carlos III mandaba una expedición para reconquistar Menorca a los ingleses –1781– se establecían en México y demás virreinatos los «préstamos forzosos» y los «donativos graciosos». En 1804 la Corona  aplicaba en América la Real Cédula de Consolidación de Vales Reales que afectaba directamente a bienes de la Iglesia católica. Una fuerte expansión demográfica a comienzos del XIX vino acompañada desgraciadamente de sequías y cosechas perdidas que ocasionaron escasez en los abastos, con el consecuente desabastecimiento de los menos privilegiadas debido al aumento del precio de los granos, lo que entrañaba hambre en amplios sectores de la población. No fue difícil para Hidalgo incorporar a estos descontentos a su movimiento.

Por supuesto, hay otros factores que confluyeron en aquel y en otros movimientos emancipadores. En el fondo subsiste  el convencimiento de que la España metropolitana no podía dar respuesta a las necesidades de seguridad y de vida de aquellas poblaciones. Lo resume perfectamente Brian Hamnett: «La independencia es consecuencia de la disolución de la monarquía hispana que estaba en proceso de desintegración y disolución antes de 1808». Cuando algunos historiadores creen que en el debilitamiento de nuestro imperio influyó la tardía formación del ejército virreinal en tiempos de Carlos III, inicialmente diseñado para ser mandado por oficiales y tropas europeas, yo anoto otra constante que se ha repetido posteriormente en  imperios como el francés o el inglés. Cuando unos jóvenes oficiales luchan por la libertad e independencia de su metrópoli –en nuestro caso en la Guerra de la Independencia contra las tropas de Napoleón– reclaman después para sus regiones los mismos derechos. De ahí surgirían los líderes militares que conseguirían la definitiva independencia americana. Véase por comparación, quienes dirigieron los movimientos emancipadores surgidos tras la II Guerra Mundial en la India inglesa o en el África francesa.

Si hay una palabra que defina este periodo, ésta es la de complejidad. Pensemos antes y después del grito de Dolores, cómo se vivieron en Nueva España las noticias de las Capitulaciones de Bayona, del levantamiento del 2 de mayo, la victoria de Bailén, la nueva alianza con nuestra enemiga ancestral Inglaterra. Cómo se recuperó ilusión en las Cortes de Cádiz, cuando se hablaba de «la gran nación española de tres hemisferios» que recogería la Constitución de 1812. Cuando se analizaban formas diversas para recomponer aquel imperio que oscilaban entre  la autonomía, el federalismo o la creación de estados soberanos dentro de una amplia monarquía. Todo se vino abajo en 1814 cuando Fernando VII  suspendió todo el ilusionado  edificio liberal  construido en Cádiz. Aquel sexenio absolutista que siguió, fue definitivo para las élites emancipadoras de los virreinatos. Cuando en 1820 se recupera durante tres años el espíritu de Cádiz, ya es tarde. Se podrán contener por victorias militares ciertos movimientos. Pagarán con su vida muchos levantados. Pero la semilla está bien arraigada, y surgen otros.

Las reflexiones de hoy deben servir para reflexionar, no para juzgar y condenar. La objetividad y el profundo análisis histórico deben llevarnos a superar reticencias y a tratarnos como hermanos. Siempre debemos preferir a los que construyen puentes, sobre los que cavan trincheras.

Que el Bicentenario de la Independencia de México sirva de puente, sirva para conocernos y respetarnos mejor y que nuestras relaciones no se ciñan tan sólo a las playas de Cancún o de Cozumel, porque demasiados lazos de sangre, religión y lengua nos unen como para dejarlos en el olvido, cuando no en la inquina. ¡Gracias México, gracias a su embajada, por ayudarnos a recordarlo estos días!

Artículo publicado en “La Razón”

Dar la cara

sábado, septiembre 11th, 2010

Patética, una vez más, la imagen de los tres etarras posando y pasando un mensaje anunciando una nueva tregua. Ha llovido mucho y se ha sufrido mucho desde aquella que propuso el entonces comandante Ángel Ugarte por encargo de Adolfo Suárez en 1976. Estáticos, agarrotados, aparecieron con este puño izquierdo cerrado por la crispación y el odio, pero sobre todo con sus rostros tapados ante nosotros. Imagino que cubiertos inútilmente para los servicios de inteligencia de Guzmán el Bueno y de la carretera de La Coruña, incluso para los GAR de Logroño. Ni Guardia Civil ni el CNI deben tener dudas a estas alturas sobre quién es ella ni sobre quiénes son ellos. Modificada ligeramente la iconografía, tras haberles desmantelado la Guardia Civil el zulo de Carnac (Francia) a finales de 2009: capuchas en tono marfil en lugar de las blancas de raso anteriores. Quizás sólo duden nuestros servicios del lugar de la grabación, pero lo conocerán en días.

La vía utilizada esta vez fue la de la BBC, quizás a impulso del mediador sudafricano Brian Currin, lo que ha provocado un “cariñoso” ataque de celos del “Gara”, el medio habitualmente utilizado en sus comunicados por la banda terrorista.
Hemos conocido muchas reinserciones y muchas treguas finalizadas con éxito: la “Contra” nicaragüense entregaba armas en la Moskitia o en San Pedro Lovago allá por los noventa; el FMLN, en múltiples puntos de nuestra querida república hermana de El Salvador; la URNG guatemalteca en zonas abiertas decretadas por Naciones Unidas; en Angola, en Mozambique, en Bosnia, en Kosovo, hasta el ELN en las “montañas de Colombia”. Todos cesaban el fuego o entregaban las armas a cara descubierta, como primer indicio de sinceridad o de lealtad, incluso de valor y respeto a sus propios ideales.

No. Pero los etarras no saben dar la cara. Los atenaza el miedo y a la vez les sigue fascinando esta mentira que alimentó su criminal trayectoria de vivir clandestinamente, de ser héroes tapados, que luchan por no sabemos qué libertad de su pueblo. Pero siguen necesitando dinero para pagar todo su entramado en el que conviven células dormidas, con veteranos quemados, compañeros presos hasta Dios sabe cuándo, con inquietos sumandos nacidos en las luchas callejeras, donde la mayor heroicidad está en quemar autobuses, depósitos de basuras, cajeros automáticos o concesionarios de coches franceses. Pero los del rostro tapado y el puño crispado no dicen que dejan de recaudar el “impuesto revolucionario” en sus habituales chantajeados caladeros de fondos, los que les proporcionan cuatro millones de euros anuales para mantener su actividad delictiva. Ni declaran dónde han escondido en zulos y buzones sus “reservas de guerra”.

Creo que no debo extenderme más, porque toda España ya conoce el percal, e incluso una clase política habitualmente a la greña que con tenaz persistencia se acusa mutuamente de nuestros males y desgracias, ha respondido al unísono: “Ya; mensaje recibido; claro: indefinido e irreversible como en el 2006; gracias por recordarnos que hay elecciones en mayo de 2011; por supuesto, ‘compromiso con una solución democrática a través del diálogo y la negociación’; hacéis bien en no recordar el número de comandos detenidos este año; no hace falta que lo traduzcáis esta vez al francés, porque también os entienden al norte de los Pirineos; ¡tenéis mala cara, se os ve con ojeras tras el pasamontañas, cuidaos!”.

Si ya receláis, hasta del cámara que os graba, si sabéis que ni los presos os creen, si habéis perdido el apoyo de un tipo de población que os era afín, si ya no sois útiles a ninguna opción política de cuello, corbata y misa dominical que ha podido utilizarlos como fuerza de choque o de extorsión al Estado, si ya no os queda seminario que pueda alimentar cruzadas inútiles, ¡quitaos de una vez la máscara, que no estamos en carnavales, entregad las armas y pedid perdón por el horroroso daño que habéis causado a cientos de víctimas inocentes!

Seguramente, después, encontraríais generosidad.

Pero no pretendáis nada, hasta que actuéis a cara descubierta.

Y no os llaméis militares porque éstos también luchan a cara descubierta. Como muchos de vuestros “gudaris”, los que sabían dar la cara, incluso frente a la muerte.

¡Venga: dad la cara!

Artículo publicado en “La Razón”

Rusia en el juego estratégico

viernes, septiembre 3rd, 2010

Por supuesto, se han recuperado los contactos de la OTAN con Rusia, tras el enfriamiento ocasionado por la invasión de las tropas de Moscú a  Georgia en el verano de 2008. En el fondo de esta situación subyacía la petición de Ucrania y de la propia Georgia de ser admitidas en la organización de seguridad euroatlántica. Rusia sigue considerando inaceptable «que se cace en su coto». El reconocimiento de Kosovo por parte de muchos países occidentales tampoco gusta a Moscú que vive su propio problema en Chechenia, donde armonizan excesivamente nacionalismo y terrorismo, modelo que sirvió a unos  kosovares para ostentar  hoy  el poder en la escindida región serbia.
Negar los esfuerzos del actual secretario general de la OTAN, Rasmussen, por mejorar las relaciones con Rusia sería negar la evidencia. Desde el mismo día de su toma de posesión, diciembre de 2009, ha insistido en la necesidad de cerrar filas con ella, debido especialmente a tres razones: la necesidad de combatir el terrorismo internacional, la cooperación en la lucha contra la proliferación de armas nucleares y el presente de Afganistán.
Pero Rusia no quiere ser uno más. Lo definía muy bien recientemente su embajador ante la Alianza, Dimitri Rogozin: «Las grandes potencias no se unen a las coaliciones, crean las coaliciones». Rusia no se sintió cómoda  ni en el Acta Fundacional firmada con la OTAN en 1997, ni se siente cómoda en el actual Consejo OTAN-Rusia de 2002. El formato 28+1 característico del mismo demuestra que es sólo un mecanismo de diálogo y de consultas, no el de toma conjunta de decisiones.
La Alianza tendrá ante sí la oportunidad de revisar estas relaciones en la Cumbre de Lisboa a celebrar a finales de este año. En la anterior reunión, celebrada en Estrasburgo- Khel en abril del pasado año, se decidió redactar un nuevo Concepto Estratégico que pudiera sustituir al vigente de 1999. Una comisión formada por doce miembros, entre ellos el embajador de España Fernando Perpiñá, y presidida por Madelaine Albrigh  presentó este pasado mayo un avance del concepto o «borrador mártir» que servirá de base para discutir y aprobar en su caso en la capital portuguesa el texto definitivo.
La revista «Atenea», un referente obligado hoy para temas de seguridad, incluye este mes un magnífico artículo del general Jorge Ortega referido a los trabajos de la Comisión. En ellos se asume que «inevitablemente Rusia juega un papel preeminente en el área  de seguridad euroatlántica», aunque matiza que «en ambos lados existen dudas sobre las intenciones políticas del otro».
Salvo que haya cláusulas y recomendaciones anexas de carácter confidencial que no hayan salido a la luz, el documento –en lo que se refiere a Rusia– se queda  corto, excesivamente corto, en momentos en que la Alianza se juega su ser o no ser en Afganistán. Demasiado reciente la crisis de Holanda que retiró  su contingente militar de ISAF, demasiadas bajas ante opiniones públicas quebradizas, demasiadas promesas de plazos.
Creo que más que proponer un diseño de Concepto Estratégico para diez años, hay que redactar uno práctico y concreto para gestionar el esfuerzo de guerra afgano con vistas a «equilibrar» la  región central de Asia, que Rusia conoce muy bien. Lo ha reiterado hace quince días reuniendo en el Balneario de Sachi en el Mar Negro a los presidentes de Afganistán, Pakistán y Tayikistán. Porque a este principio de equilibrio estratégico es adicta Rusia desde el siglo XIX, principio que no descartaba buenas relaciones entre potencias «no amigas»  y que priorizaba intereses sobre  ideologías.
Por encima de comisiones y cumbres, alguien debe disculparse públicamente ante  Rusia por haber apoyado al régimen de los talibán (1979-1989) a fin de debilitar las periferias de aquel imperio que se llamó la URSS. Alguien tiene que admitir que de aquellos polvos nacen los actuales lodos. Alguien tiene que reconocer que la Alianza Atlántica no puede ser el único ente con legitimidad suficiente para convertirse en una organización global de seguridad.
Lo de menos es el tránsito del esfuerzo de guerra afgano a través de países de influencia rusa. Técnicamente se encuentran otras soluciones. Lo más importante es integrar esfuerzos de inteligencia, agradecer la lecciones aprendidas por los regimientos rusos que dejaron a 15.000 de sus hombres bajo tierra afgana. Tener la modestia suficiente para escuchar al derrotado y aprender de él. Si en Lisboa a fin de año se trata a  Rusia como potencia, si se fijan las reglas de un práctico equilibrio estratégico y se reconocen errores del pasado, puede que en Afganistán veamos pronto la luz al final del túnel.
Llámenle «realpolitik» o llámenle como quieran. Pero piensen que unos soldados nuestros y unos soldados de los otros sufren en sus carnes las soberbias y las malas decisiones políticas. Aunque en el farragoso lenguaje de la Alianza, excesivamente cocinado en la olla del consenso entre 28 países, se le llame «Assured Security;Dynamic Engagement. Analysis and Recomendations on a new Strategic Concept for NATO» y lo firme una respetable señora mayor llamada Madelaine Albrigh.

Artículo publicado en “La Razón”