Perseverar

El Foro intentará analizar, este año en su segunda edición, la actual situación de Menorca, sus fortalezas y debilidades, bajo la óptica de cinco expertos de la empresa, la universidad y la comunicación.

Si el año pasado en una reflexión semejante a la que abordo hoy, decía sentirme entre el escepticismo y la esperanza, hoy recurro abiertamente a la perseverancia. Porque tenemos que apoyarnos en ella para reiterar cuestiones que no hemos sabido resolver nosotros mismos. Y los organizadores, con buen criterio, han recurrido a “consultas externas”, a conocer el diagnóstico de personas de reconocido prestigio en su haber, fruto indiscutible de sus esfuerzos y capacidades. Nadie aparece hoy en día con una hoja de servicios brillante, caída del cielo. ¡Bienvenidos pues a la Isla del Rey, Iñaki Gabilondo, Miguel Aguiló, Joaquín Molins, Carlos Sebastián y Jaime Mairata!

Comenzaré por una autocrítica. El Foro del pasado año creó expectativas y respondió bien, no sólo en la sesión celebrada en la Isla del Rey sino también en las aportaciones y reflexiones posteriores de muchos menorquines, unos de nacimiento, otros de adopción, pero todos imbuidos por un mismo sentimiento de cariño a Menorca.

El buen trabajo de recopilación de las periodistas del “Menorca” Fela Saborit y Lola Maiques y la buena cobertura televisiva y de otros medios contribuyeron a crear un clima de expectativas y de compromiso. Y prometimos editar todas las aportaciones en un volumen que presentaríamos el día de Sant Antoni, patrón de Menorca, en enero de este año. Y no supimos hacerlo. Hubiera sido un buen punto de partida para la sesión del próximo jueves día 12.

Porque entre todas las buenas aportaciones de ponentes, asistentes y lectores, se hubiera podido hacer una buena “hoja de ruta” con señales, plazos y metas a alcanzar. Y no fuimos capaces de hacerlo. Nos ha faltado perseverar. Y, particularmente, me duele ver como otras sociedades, sí han abordado con eficacia temas que apuntamos aquí. ¿Qué nos pasa? ¿Nos escudamos en las administraciones? ¿Es que la sociedad civil, adormecida por las subvenciones, ha perdido fuelle? ¿Es que no tiene remedio nuestro impulso a la educación? ¿Recibían nuestros abuelos apoyos para montar expediciones a Argel o para ir a Smirna a comprar trigo?

¿Y los que crearon el Ateneo, el Casino 17 de Enero o el Orfeón, esperaban subvenciones del Ministerio de Cultura o de cualquier Consellería?

Me da sana envidia ver como hasta en Formentera ya circulan coches eléctricos, tema que priorizamos el año pasado. No digamos de su desarrollo en el País Vasco. ¿Alguien ha movido un dedo por convencer a Renault para que su modelo mas ecológico se llame “Menorca”? ¿Somos Reserva de la Biosfera sólo para título y gastos?

Repaso temas concluidos en el pasado Foro y me desasosiego. Había propuestas verdaderamente brillantes. Mientras, expulsamos a los Cruceros de nuestros puertos –reducción del 34% en el último año-; expulsamos a posibles inversores como Branson, el arquitecto Manzanares y sus hectáreas de viñedos o los hoteleros Nalda de Burgos. No queremos ver que a partir de finales de septiembre la Isla pierde más de 20.000 residentes; que sistemáticamente las grandes obras públicas se asignan a potentes -y bien situadas políticamente- empresas del sector que siempre se encarecen en un 30% (sólo un 27%, por ahora, en el dique de Son Blanc); no queremos ver que para gestionar el motor del turismo, tenemos en Menorca dos Fundaciones- Destí y Turisme- más un centenario y descafeinado Fomento de Turismo, que conviven con un montón de asociaciones hoteleras, empresariales y de gestión. ¿Es que nadie es capaz de integrar esfuerzos? ¿Admitiríamos que una empresa exterior –a lo Merkel- cuantificase sus costes inútiles?

Alguien en la redacción del “Menorca”, uno de los soportes de este Foro, resumió muy bien las claves para esta Menorca del siglo XXI que quisiéramos para nuestros hijos: superar la “estética de la queja”; reducir el peso de las administraciones; apostar por recuperar la tradicional diversificación de nuestra economía; colocar la educación y la formación entre las prioridades de administraciones y sociedad civil, con tendencia de ésta a recuperar iniciativa y protagonismo.

Uno de los ponentes del año pasado –Antonio Petrus- lo condensaba, diferenciando el concepto de ciudadanos -imbuidos de derechos y obligaciones- del de súbditos en que nos estamos convirtiendo, sometidos a la lanar conducción -y subvención- de los poderes públicos.

Por esto recurro a la perseverancia, porque siempre se está a tiempo de recuperar lo perdido. Perseveremos, pues, en demandar mejor formación para nuestra juventud; perseveremos en pedir el coche eléctrico para nuestras carreteras “inteligentes”, las que generan energía con el paso de vehículos (¡qué ocasión perdida en la nueva autovía Mahón-San Luis!); perseveremos en mejorar y abaratar nuestros transportes, en ofrecer viviendas construidas con materiales reciclados o que ellas mismas generen la energía que consumen, como ya experimenta Panasonic en medio mundo.

No tengo más remedio, entre el escepticismo y la esperanza, que recurrir a la tenacidad y a la perseverancia.

En cualquier caso, ¡bienvenidos sean a “su” Isla del Rey!

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