Archive for agosto, 2010

Y ahora, Pakistán

viernes, agosto 27th, 2010

A la tragedia por las inundaciones que afectan a tres millones de pakistaníes, puede seguir otra más trascendental y cruenta: una guerra civil tras la que se segregue parte del país.

La inestabilidad es contagiosa. No es la primera vez que un estado «importa» los terremotos sociales y políticos de su vecindad. Bien sabemos en España cómo nos llegó y en qué forma de guerras, la conmoción de la Revolución Francesa en 1789.

Es conocida la influencia de Pakistán en el actual conflicto afgano. Hace unas décadas ya apoyó abiertamente al régimen de los talibán frente a la ocupación rusa. Hoy, jugando con cartas marcadas o si se prefiere, encendiendo una vela a Dios y otra al diablo, continúa el juego. Su situación de estado tapón entre Afganistán y la India, zona de tránsito para la alimentación del conflicto desde el Mar de Arabia al sur y frontera indeterminada y aleatoriamente permeable en el norte puede perder la partida por «asuntos internos» si no sabe dar respuesta adecuada a los  millones de paquistaníes que han sufrido las inundaciones.

La India detrás del telón. Demasiados cruces de etnias y religiones, demasiadas cuencas hidrológicas comunes, demasiadas guerras desde la independencia entre las dos  potencias con capacidad nuclear, para mantenerse neutral. Y no se puede predecir a ciencia cierta, como las potencias que forman ISAF verían con buenos ojos una crisis interna en Pakistán, que «diese suficiente trabajo» a sus servicios de inteligencia y a sus políticos,  para no interferir en las operaciones afganas. Por de pronto, cualquier esfuerzo humanitario de ISAF será más que rentable, y no sólo por el hecho de ayudar a unas poblaciones castigadas por el agua. ¿Se imaginan cómo reaccionaría el mundo musulmán, si la coalición internacional suspendiera muchas de sus operaciones en Afganistán para volcarse totalmente en ayuda del pueblo paquistaní?

Repasemos la historia, antes de extraer conclusiones. Siguiendo otra constante histórica, la antigua colonia británica de la India que con tanto esfuerzo contribuyó a la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, alcanzó su independencia entre 1947 (India y Pakistán) y 1948 (Ceilán). En el intento de encajar etnias y religiones y a costa del sacrificio de cuatro millones de desplazados, el Imperio de desgajó en tres partes. La central ocupada por la India; dos franjas  separadas 1.600 kilometros a su oriente y poniente constituyeron Pakistán. Aparte, la isla de Ceilán, desde 1972  Sri Lanka, constituyó el tercer país. La franja oriental de Pakistán, la rica cuenca del Ganges, no resistió el diseño, ni la distancia física de los órganos de poder paquistaníes situados en la parte occidental.

El detonante lo activó un fuerte ciclón que devastó su costa en 1970. Islamabad, la capital paquistaní, no pudo o no supo dar respuesta a aquella tragedia, que dejó medio millón de muertos y desplazó a diez millones de habitantes. Comenzaba entonces una sangrienta guerra civil que costó miles de vidas. No se puede decir que la India estuviese también ausente de aquel conflicto. El resultado fue una emancipada República Popular de Bangladesh, hoy séptimo país más poblado del mundo, con una inconcebible densidad de población, bien situada económicamente entre «los próximos once» países emergentes.

El fenómeno de la escisión podría reproducirse ahora tras los desastrosos aluviones, en Baluchistán. La región, al sur de Pakistán, de 347.000 kilómetros cuadrados y habitada por algo más de siete millones de habitantes, no sólo limita con el Punjab y el Sind afganos, sino que alberga una importante puerta de entrada de la corriente que alimenta el conflicto afgano desde el puerto de Gwadar, construido con ayuda china en la amplia ensenada cercana a la frontera con Irán.

El fenómeno de la escisión podría reproducirse ahora en esta región de cultura y etnias muy diferenciadas. Los «estímulos» podrían venir de las mismas fuentes que lo alimentaron en Bangladesh. Todo dependerá de la capacidad de respuesta del Gobierno de Islamabad y de su poder por solicitar y canalizar la ayuda internacional.

Por supuesto creo importante no abrir un nuevo frente, cuando aún sigue abierto el de Cachemira entre los dos países, cuando el de Irak está en difíciles vías de cauterizar y cuando el de Afganistán está en pleno proceso febril.

Pero alguien debe prever la infección total de la región. Aunque sólo sea para preservar la vida de unos habitantes que han sufrido demasiado. Aunque sólo sea –egoistamente–para evitar que estos habitantes no vean más porvenir que el de enrolarse en las filas de Al Qaida o el de buscar la gloria del martirio estallando cinco kilos de cinturón explosivo en cualquier mercado de Bombay,  de Londres… o de Madrid.

¡También nos afectan unas inundaciones! ¡ Y no sólo lavamos nuestra conciencia mandando dos aviones con mantas y depuradoras! ¡Hace falta una contundente política europea que sepa ver la situación y sus posibles consecuencias! ¡Nos jugamos bastante más que nuestro estremecimiento por ver sufrir a unos semejantes, intentando agarrarse desesperados al patín de un helicóptero!

Artículo publicado en “La Razón”

Una simple llamada

sábado, agosto 14th, 2010

“Laly: pásame con el gerente de Porto Novo.

¿Sr. Pau Jaén? Soy el alcalde de Mahón, responsable como sabes de su presentación y limpieza. He estado a punto de firmar una ordenanza que multaba a los vecinos si no mantenían limpias sus aceras. Lo del Hospital Militar de la calle Vasallo es de juzgado de guardia. Lo siento. Tenéis una semana para pintar provisionalmente la fachada o para cubrirla con un trampantojo de la marca comercial que queráis. Si en este plazo no está hecho, una empresa de pinturas lo hará. El pago de su factura será condición indispensable para iniciar cualquier gestión administrativa con este Ayuntamiento. Prefiero que tomes esta llamada más como petición que como orden. Pero ¡hacedlo!

Recuerdos a tu padre. Un abrazo”.

Perseverar

domingo, agosto 8th, 2010

El Foro intentará analizar, este año en su segunda edición, la actual situación de Menorca, sus fortalezas y debilidades, bajo la óptica de cinco expertos de la empresa, la universidad y la comunicación.

Si el año pasado en una reflexión semejante a la que abordo hoy, decía sentirme entre el escepticismo y la esperanza, hoy recurro abiertamente a la perseverancia. Porque tenemos que apoyarnos en ella para reiterar cuestiones que no hemos sabido resolver nosotros mismos. Y los organizadores, con buen criterio, han recurrido a “consultas externas”, a conocer el diagnóstico de personas de reconocido prestigio en su haber, fruto indiscutible de sus esfuerzos y capacidades. Nadie aparece hoy en día con una hoja de servicios brillante, caída del cielo. ¡Bienvenidos pues a la Isla del Rey, Iñaki Gabilondo, Miguel Aguiló, Joaquín Molins, Carlos Sebastián y Jaime Mairata!

Comenzaré por una autocrítica. El Foro del pasado año creó expectativas y respondió bien, no sólo en la sesión celebrada en la Isla del Rey sino también en las aportaciones y reflexiones posteriores de muchos menorquines, unos de nacimiento, otros de adopción, pero todos imbuidos por un mismo sentimiento de cariño a Menorca.

El buen trabajo de recopilación de las periodistas del “Menorca” Fela Saborit y Lola Maiques y la buena cobertura televisiva y de otros medios contribuyeron a crear un clima de expectativas y de compromiso. Y prometimos editar todas las aportaciones en un volumen que presentaríamos el día de Sant Antoni, patrón de Menorca, en enero de este año. Y no supimos hacerlo. Hubiera sido un buen punto de partida para la sesión del próximo jueves día 12.

Porque entre todas las buenas aportaciones de ponentes, asistentes y lectores, se hubiera podido hacer una buena “hoja de ruta” con señales, plazos y metas a alcanzar. Y no fuimos capaces de hacerlo. Nos ha faltado perseverar. Y, particularmente, me duele ver como otras sociedades, sí han abordado con eficacia temas que apuntamos aquí. ¿Qué nos pasa? ¿Nos escudamos en las administraciones? ¿Es que la sociedad civil, adormecida por las subvenciones, ha perdido fuelle? ¿Es que no tiene remedio nuestro impulso a la educación? ¿Recibían nuestros abuelos apoyos para montar expediciones a Argel o para ir a Smirna a comprar trigo?

¿Y los que crearon el Ateneo, el Casino 17 de Enero o el Orfeón, esperaban subvenciones del Ministerio de Cultura o de cualquier Consellería?

Me da sana envidia ver como hasta en Formentera ya circulan coches eléctricos, tema que priorizamos el año pasado. No digamos de su desarrollo en el País Vasco. ¿Alguien ha movido un dedo por convencer a Renault para que su modelo mas ecológico se llame “Menorca”? ¿Somos Reserva de la Biosfera sólo para título y gastos?

Repaso temas concluidos en el pasado Foro y me desasosiego. Había propuestas verdaderamente brillantes. Mientras, expulsamos a los Cruceros de nuestros puertos –reducción del 34% en el último año-; expulsamos a posibles inversores como Branson, el arquitecto Manzanares y sus hectáreas de viñedos o los hoteleros Nalda de Burgos. No queremos ver que a partir de finales de septiembre la Isla pierde más de 20.000 residentes; que sistemáticamente las grandes obras públicas se asignan a potentes -y bien situadas políticamente- empresas del sector que siempre se encarecen en un 30% (sólo un 27%, por ahora, en el dique de Son Blanc); no queremos ver que para gestionar el motor del turismo, tenemos en Menorca dos Fundaciones- Destí y Turisme- más un centenario y descafeinado Fomento de Turismo, que conviven con un montón de asociaciones hoteleras, empresariales y de gestión. ¿Es que nadie es capaz de integrar esfuerzos? ¿Admitiríamos que una empresa exterior –a lo Merkel- cuantificase sus costes inútiles?

Alguien en la redacción del “Menorca”, uno de los soportes de este Foro, resumió muy bien las claves para esta Menorca del siglo XXI que quisiéramos para nuestros hijos: superar la “estética de la queja”; reducir el peso de las administraciones; apostar por recuperar la tradicional diversificación de nuestra economía; colocar la educación y la formación entre las prioridades de administraciones y sociedad civil, con tendencia de ésta a recuperar iniciativa y protagonismo.

Uno de los ponentes del año pasado –Antonio Petrus- lo condensaba, diferenciando el concepto de ciudadanos -imbuidos de derechos y obligaciones- del de súbditos en que nos estamos convirtiendo, sometidos a la lanar conducción -y subvención- de los poderes públicos.

Por esto recurro a la perseverancia, porque siempre se está a tiempo de recuperar lo perdido. Perseveremos, pues, en demandar mejor formación para nuestra juventud; perseveremos en pedir el coche eléctrico para nuestras carreteras “inteligentes”, las que generan energía con el paso de vehículos (¡qué ocasión perdida en la nueva autovía Mahón-San Luis!); perseveremos en mejorar y abaratar nuestros transportes, en ofrecer viviendas construidas con materiales reciclados o que ellas mismas generen la energía que consumen, como ya experimenta Panasonic en medio mundo.

No tengo más remedio, entre el escepticismo y la esperanza, que recurrir a la tenacidad y a la perseverancia.

En cualquier caso, ¡bienvenidos sean a “su” Isla del Rey!