Error con el premio María Luisa Serra

No discutiré los méritos de una personalidad de la lengua y la política catalanas como es Jordi Carbonell. Sus ochenta y seis años merecen quizás mucho más. Ni me preocupa que hubiese sido Presidente de Esquerra Republicana de Cataluña entre 1996 y 2004. Admito que la filología puede tener relación en ciertas circunstancias con la política activa. Prefiero, no obstante, a los filólogos no comprometidos políticamente.

Pero sí me duele que un premio menorquín que lleva el nombre de una persona inigualable como fue María Luisa Serra, se entregue en Barcelona, a escondidas, buscando el aplauso y la foto en la Generalitat, en clara muestra de sumisión política.

Bastante personalidad tiene Menorca para que, cuando conceda un premio convoque en Menorca con luz y taquígrafos a las fuerzas sociales, a los medios de comunicación y –lógicamente– al premiado.

No busquemos más pies al gato. No es necesario relacionar a nuestros partidos nacionalistas con Esquerra Republicana. La presidencia de Carod Rovira entraña una certificación de afectos y lealtades. Pero hubiera preferido la presidencia y presencia de mis paisanos menorquines.

¡Es sólo cuestión de dignidad!

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