Archive for julio, 2010

Telefónica y Punta Prima

martes, julio 20th, 2010

Me cuesta creer que el peleón Alcalde Sant Lluís trague con Telefónica. Hablo del Alcalde, porque del Consell no espero posibles gestiones. Viven “tan subidos”, tan altos de perspectivas, que no entran en estos detalles. Lo suyo es la estrategia política.

Pero Sant Lluís es un pueblo tradicionalmente limpio y dar un paseo por sus calles o por sus urbanizaciones es una gozada. Por supuesto algún punto discutible aparecerá. Pero, en general, es un territorio y un núcleo urbano arreglado y limpio.

Pero Telefónica, la multinacional que reparte dividendos, que hace grandes inversiones, que nos tiene enganchados con telefonía fija y móvil, mantiene unas antenas en Punta Prima con un aspecto externo que da grima. Llevan así años.

No sé si se trata de una promoción de Menorca o si los funcionarios de la Reserva de la Biosfera estimulan el óxido, la herrumbre y la mierda como elementos esenciales de nuestra naturaleza.

Emplazo al Alcalde del limpio pueblo de Sant Lluís a que les dé un buen tirón de orejas.¡Y si lo arreglan antes de las fiestas de agosto, mejor! ¡Ay si en Punta Prima viviese algún importante político en candelero!
¡Menos dividendos, menos facturación –somos los europeos que pagamos el teléfono más caro– y  más mantenimiento!

Error con el premio María Luisa Serra

martes, julio 13th, 2010

No discutiré los méritos de una personalidad de la lengua y la política catalanas como es Jordi Carbonell. Sus ochenta y seis años merecen quizás mucho más. Ni me preocupa que hubiese sido Presidente de Esquerra Republicana de Cataluña entre 1996 y 2004. Admito que la filología puede tener relación en ciertas circunstancias con la política activa. Prefiero, no obstante, a los filólogos no comprometidos políticamente.

Pero sí me duele que un premio menorquín que lleva el nombre de una persona inigualable como fue María Luisa Serra, se entregue en Barcelona, a escondidas, buscando el aplauso y la foto en la Generalitat, en clara muestra de sumisión política.

Bastante personalidad tiene Menorca para que, cuando conceda un premio convoque en Menorca con luz y taquígrafos a las fuerzas sociales, a los medios de comunicación y –lógicamente– al premiado.

No busquemos más pies al gato. No es necesario relacionar a nuestros partidos nacionalistas con Esquerra Republicana. La presidencia de Carod Rovira entraña una certificación de afectos y lealtades. Pero hubiera preferido la presidencia y presencia de mis paisanos menorquines.

¡Es sólo cuestión de dignidad!

Dignidad y legitimidad

martes, julio 13th, 2010

Escribí esta reflexión en el  Alcázar de Toledo el pasado martes 29 de junio, tras la brillante y emotiva ceremonia en la que el Ejército entregaba en su XLVIII edición, los Premios que llevan su nombre. Hablamos de cerca de cincuenta años de constante estímulo, de búsqueda de lazos entre la milicia y el resto de la sociedad. Tarde calurosa,  limpia, que coincidía con un trascendental España-Portugal  de fútbol. Las voces de júbilo de  miles de toledanos que se habían concentrado en su plaza de toros, anunciaron el gol de  Villa, obligando al  Jefe de Estado Mayor Fulgencio Coll, a adaptar    –sonrisa en ristre– las palabras que pronunciaba en aquel momento. El gol, el ambiente festivo que se vivía, compensaban otras preocupaciones del general.

Con sensibilidad y rigor, los organizadores entremezclaron premios y premiados con imágenes y actuaciones del pasado y del presente, tomando  como hilo conductor el tema de la Educación Física, cuya Escuela Militar radica desde hace décadas  en Toledo. Y en este marco, se produjeron las emocionantes intervenciones del Coronel  Martínez de Vallejo, una institución olímpica en el mundo del caballo, de los hermanos Alfonso y Felipe Reyes  conocidos jugadores de baloncesto y de la también olímpica Susana Mendizábal actual Decana de la Facultad de  Ciencias de la Educación de Toledo. Orgullosos hijos de militares estos últimos, supieron transmitir como los valores en los que se educaron, les sirvieron para superar obstáculos, levantar desánimos, afrontar retos, sacrificarse, sufrir, incluso en ser modestos en la victoria, siempre vestida de efímeros plazos de caducidad. Las miradas entrañables de sus padres, muy bien recogidas por las cámaras que cubrían el evento, eran toda una lección de pundonor, pero sobre todo de dignidad. Porque lo que se respiraba aquella tarde en el Alcázar toledano era sobre todo dignidad.

En  primera fila, sentados junto a  autoridades autonómicas y locales se encontraban responsables de nuestro Ministerio de Defensa, que previamente al acto, habían marcado  límites a la exposición de un tema tan de todos, como  la defensa de aquel Alcázar  que  nos acogía, y la del Coronel Moscardó director en su momento de la Escuela de Gimnasia que servía de marco a la celebración.

Yo no sé si los testimonios descritos les hicieron cambiar de opinión. No sé si entendieron el mensaje de  Susana Mendizábal, si fueron sensibles a la foto de unos premiados alumnos del   colegio unitario de un pueblito cacereño, el sincero desparpajo de un Alfonso Reyes hablando de las aptitudes matemáticas de su padre, Geodesta Militar, o las agradecidas palabras de un catedrático  autor de un extraordinario estudio sobre la fábrica de cañones de su Sevilla natal.

Yo me preguntaba: ¿qué nos pasa? ¿cómo no  es posible conjugar  política de partido  con  milicia?

Este Museo, llamado con razón del Ejército, nació por la dedicación de muchos compañeros que nos precedieron, celosos en la custodia de nuestra historia. Ya la decisión del  traslado de su sede de Madrid, fue tomada –tiempos de Aznar y de Miguel Ángel Cortés– unilateralmente, sin conocimiento de los responsables de entonces. El general Faura puede dar testimonio de la prepotencia con que  se hizo. Pero asumimos decisiones. Le tocó después a un hombre de Estado, el  ministro Eduardo Serra ejecutar el nuevo proyecto dotándolo  de una buena infraestructura arquitectónica y  museográfica. Doy fe de que se hizo bien, salvando el problema creado por un anterior pacto Semprun-Narcis Serra-Bono que preveía la absorción total del edificio por parte de la Junta de Castilla-La Mancha. La solución costosísima de «subir» la Biblioteca a las últimas plantas del edificio, que obligó a  recuperar volúmenes construyendo un anexo al edificio histórico, procede de este tiempo.

Pero no quiero pensar que siga siendo imposible entendernos. Se ha conseguido en otros tiempos el respetarnos mutuamente, no unilateralmente, no con imposiciones y sumisiones.

Hay que decirlo a las autoridades que nos marcan líneas rojas, especialmente cuando sus méritos y capacidades no proceden de consolidados valores científicos o históricos –no digamos militares– sino son fruto de valoraciones  partidistas  en «agradeciendo a  servicios prestados» por discutibles méritos policiales, esgrimidos desde una delegación del Gobierno.

Si el Ejército, consultada la Real Academia de la Historia, aprobado un proyecto museográfico bien cimentado en estudios de expertos, decide exponer unos temas en su Museo, deben respetarse. Y si en Defensa quieren un museo hecho a su imagen y semejanza, que lo comiencen a reunir. Es cuestión de tiempo.

No sé si los sentimientos de los que he hablado  llegaron a estos asistentes. Tampoco puedo predecir sus reacciones. Me cuesta creer que se sintiesen bien en aquel ambiente. Me cuesta creer, incluso, que sientan  preocupación por lo que pensamos.

Incluso pueden desear crear una fuerte crisis que les de mas méritos partidistas en sus habituales caladeros de votos  y les proporcione cobijo  en próximas legislaturas.

Dignidad y legitimidad bullían en mi mente, cuando David Villa nos hizo olvidar la emoción -y la soterrada  tensión- de aquella tarde en el Alcázar de Toledo.

Artículo publicado en “La Razón”

Lister y McChrystal

martes, julio 13th, 2010

El episodio es bien conocido hoy. La situación topográfica  de Brunete situado en el cruce de las carreteras  que unen El Escorial con Navalcarnero y San Martin de Valdeiglesias con Alcorcón,  condenaron al pueblo a ser testigo de una de las mÁs sangrientas batallas de nuestra Guerra Civil.

Tenía entonces  –hablamos de julio de 1937– unos 600 vecinos entre ellos un notario, dos médicos, un farmacéutico y tres maestros Desde noviembre de 1936 estaba protegido por una muy extendida  guarnición encuadrada en la  71 División  del general Serrador encuadrada en el VII Cuerpo de Ejército de Varela.

La República, ya sometida a graves luchas internas, buscaba un éxito estratégico, perdidas Vizcaya y Santander, y decidió  romper la «gran guardia» que envolvía parcialmente Madrid, rompiendo precisamente por Brunete. Se encargó  la operación  al V Cuerpo de Ejercito, llamado «de maniobra» que mandaba Juan Modesto Guilloto. Lo componían tres divisiones: la 11 –Lister-; la 46 –el Campesino- y la 35 – del soviético Walter-. Actuarán como refuerzo un recién estructurado Cuerpo de Ejercito, el XVIII y dos divisiones independientes,  la 45 –Kleber, otro ruso- y la 39 –Durán-.

El general Miaja mandaba los 80.000 efectivos, aunque el verdadero cerebro de la operación era el general Rojo, brazo derecho del ministro de Defensa, Prieto. Como en otras ocasiones se utilizó a la División Lister como punta de lanza. Liderazgo indiscutible de su general, mandos experimentados procedentes del 5º Regimiento.

A partir del 5 de julio de 1937 se iniciaron infiltraciones y se conquistó Brunete que quedó sometido a acciones y reacciones sucesivas, en las que los fuegos de aviación y de artillería serían protagonistas. En aquel infierno, la 13 División nacional del general Barrón sufriría en quince días 1.700 bajas. La de Lister rondaba el 50%. Éste  había pedido reiteradamente el relevo de sus agotados hombres y ante la falta de respuesta acudió al puesto de mando de la operación ubicado en la finca Canto del Pico, la señorial casa en la  que murió Antonio Maura, situada en un punto privilegiado que domina el valle del Guadarrama. Allí acudirían Negrín, Prieto, Miaja, Rojo, el ruso Stern y algunos asistentes al II Congreso Internacional de Escritores, como Malraux, Dos Passos o Hemingway.

Lister llegó al Canto del Pico a las tres de la tarde del día 20 de julio . Entró en el comedor y encontró a los comensales «delante de unas botellas de champaña».

Hubo que quitarle el revólver de las manos. Aquel hombre, tan cercano al sufrimiento de sus tropas, estaba dispuesto a todo.

Rojo  relevó a la 11 División por la 14 de Cipriano Mera y no se habló más del tema en aquel momento. Azaña lo referirá en sus memorias.

El general McChrystal no sacó el revólver como  Lister, pero también reventó en forma de declaraciones más que inoportunas, largadas a un periodista «incrustado», Michael Hastings, que hizo  para la revista musical  «Rolling Stone» el reportaje de su vida. En una obligada escala en París debida a la erupción del volcán islandés, se «soltaron unas amarras» de opinión, que se mantenían  más o menos larvadas sobre territorio afgano. McChrystal  y sus hombres dijeron lo que pensaban y no pensaron en lo que decían, ni a quién lo decían.

El general norteamericano llevaba cinco años entre Irak y Afganistán viendo sólo a su familia una media de 30 días al año; dormía cuatro horas, trabajaba  sometido a la fuerte presión política de evitar daños colaterales a la población civil afgana, lo que  produjo un aumento de bajas entre sus tropas, al faltarles  apoyo aéreo, y ha beneficiado a los talibanes que utilizan –precisamente– a la población civil como escudo.

Primeras reflexiones, en clave de lecciones aprendidas:

1) Obama ha reaccionado con moderada y bien medida prudencia.  En resumen ha venido a decir al forzar su dimisión: «Acepto el debate interno, pero no puedo aceptar el cisma».

2) Pero la división no la ha engendrado sólo una de las partes. Habrá más movimientos de responsables en Kabul y en Washington.

3) Afganistán ya ha creado serios problemas en la coalición internacional. No podían ser menos los Estados Unidos que arrastran el mayor sacrificio.¡ Cuidado con los contagios!

4) El ser humano, por fuerte, preparado, asceta y sacrificado que sea, tiene sus limites y carencias. McChrystal no es tan diferente al resto de los mortales.

5) Nadie ha querido amortiguar el exagerado papel de una revista y de un periodista en busca de fama a quien el general  advierte: «Podemos derrotarnos a nosotros mismos». Tampoco es el primer caso.

6) El aplauso de los que se alegran cada vez que se destituye a un general debería amortiguarse con el profundo  respeto que se debe a quienes sufren sobre el terreno las crueles circunstancias de la guerra.

Obama ha resuelto bien un problema, aunque necesitamos personas que eviten el que se produzcan los problemas.

De lo de Lister nos hemos enterado por la Historia.

Miaja y Rojo evitaron que se produjese un problema en 1937.

Alguien debía haberlo evitado en 2010.