El corazón de Lothar

No nos lo creíamos, porque siempre bromeaba sobre su estado de salud. Se ponía la mano en el pecho como si escuchase su himno nacional y  nos decía: “el corazón me falla”. Y lo decía en serio.

Hace unos minutos arropando a su familia,  un montón de amigos, primero en una sala del Tanatorio Municipal, luego en el patio bajo las sombras de un claro atardecer de junio, le hemos dicho adiós. El estaba entre nosotros, gorra calada, gafas por visera o caídas sobre su nariz.

Lothar llegó a la última etapa de la Isla del Rey lleno de proyectos e ilusiones. Nos dió, generoso, unos cuadros pintados por su padre, excelentes obras a lápiz y carboncillo que están expuestas en nuestra biblioteca. Traductor y presentador de tres obras esenciales para conocer la Menorca del siglo XVIII –“Diario de un capellán acerca del viaje por mar de las tropas hannoverianas a Menorca” editado en Hannover en 1776,  la “Descripción” que hace el mismo capellán Lindeman de la Isla de Menorca, fechada en Leipzig en 1786 y el “Diario del Asedio de San Felipe” (1781-1782) publicado en Montag en 1784.

Lothar se incorporó después con entusiasmo a los trabajos de traducción y presentación de la obra del médico ingles George Cleghorn “Observations on the epidemical diseases in Minorca from de year 1744 to 1749”, en cuanto supo que del libro se habían hecho dos ediciones en alemán. El estudio de las circunstancias que propiciaron estas traducciones  es suyo, como suya fue la intervención en la Embajada de España en Londres cuando en enero de 2009 presentamos oficialmente la versión española del libro sobre facsímil de la versión original  inglesa. Nos reímos con Lothar,  que con su buen inglés pero su trabucado castellano,  era imposible que condensase en minutos todo lo que sabía y todo lo que quería exponer ante un público de habla mayoritariamente inglesa.

Lothar nos quería, seguía nuestros proyectos con la ilusión –y el consejo- del buen amigo. El reto común: dedicar una sala a los regimientos del estado de Hannover de guarnición en Menorca durante el siglo XVIII que   servían al Rey de Inglaterra. Iba a ser el “banderín” de enganche de residentes y turistas alemanes, como lo es la sala dedicada al acorazado “Roma” para los italianos.

Nos deja un buen ejemplo. Nos deja una forma de respetar, de comprender y de querer, sin perder nunca el buen humor. El, que fue tipógrafo, marinero, turista y guía turístico, empresario, dibujante, traductor, escritor, poeta en suma, sabía ponerse en la piel de todos y, sin renunciar a sus ideas, ni a su “piñón fijo” como le decía yo irreverente, respetaba y asumía lo que se le decía desde su sana humanidad de amigo leal.

Por supuesto había tristeza en el adiós a Lothar. Pero algo en el alma nos decía, que nos contemplaba sonriente,  gorra calada,  gafas por visera, contando uno a uno a su multitud de amigos.¡Irrepetible Lothar Pabst!

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