Puente euroárabe en Granada

«Su impresionante situación a los pies de Sierra Nevada, su riqueza monumental con el aroma de un portentoso legado árabe y el pulso sosegado de una población acogedora, vitalista y asequible, han hecho de Granada una de las ciudades más seductoras del mundo». No puede resumirse mejor lo que es ciudad invadida esos días por miles de turistas, oliendo ya al incienso de su Corpus inigualable, brotando por doquier el aroma de sus frescos atardeceres. Recalé en Granada, de la mano de la Fundación Instituto Euroárabe que dirige un entusiasta y honesto diplomático, Manuel Piñeiro, cuyo último servicio en el exterior lo cumplió en los Emiratos Árabes. También es Granada, tierra de diplomáticos. Allí  alcanzaron notorio esplendor los nazarís de Ibn Alhamar a mediados del siglo XIII; allí firmaron los Reyes Católicos las trascendentales Capitulaciones con Cristóbal Colón. Ya más cerca de nosotros, un romántico diplomático como Washington Irving describió lo irrepetible de aquel paisaje desde las estancias de  Carlos V en la Alhambra. Granadino era otro diplomático, Ángel Ganivet, aunque decidiese dejar sus dias –¿qué pasaría por su alma?– en una alejada Riga, allá por 1898.

Si la Fundación Euroárabe busca  «contribuir al desarrollo de los países árabes mediante la organización y diseño  de programas e iniciativas formativas en materia de gobernanza» y «fomentar el dialogo, e intercambio de ideas y experiencias», la conferencia que presenté debía  relacionarla con la actuación de las Fuerzas Armadas españolas en misiones exteriores, ejecutadas en países  del mundo árabe o con el común nexo espiritual que constituye el Islam. ¡Que mejor sitio, Granada, para hablar de ello!

Y comencé presentando la imagen del reconstruido Stari Most, el puente sobre el río Neretva que unía a dos distintas comunidades de la ciudad de Mostar desde tiempos de Solimán, allá por 1560,  y que tras más de cuatrocientos años de vida, fue destruido  en pocas horas por el odio fraticida y los proyectiles de un blindado croata el 9 de noviembre de 1993. Muchos soldados españoles pueden testificar la tragedia. Otros, de la Brigada Paracaidista, recompusieron en forma de pasarela provisional la comunicación entre las dos orillas. Su general –Carvajal– fue nombrado hijo adoptivo de la martirizada ciudad, por esta y por muchas otras acciones. Aquí, sólo Antonio Mingote (Abc. 9 de diciembre 1993) supo dar valor al importante gesto.

Y partiendo del Stari Most, fuimos desgranando nuestros sucesivos contactos en Irak, en Afganistán, en los propios Balcanes y últimamente en el Líbano, sin olvidarnos de la especial relevancia de Ceuta y Melilla en contacto próximo con el Magreb, de la presencia de nuestros barcos en el mar de Somalia y recordando que tenemos a dos compatriotas  secuestrados en esta peligrosa falla estratégica que constituye el Sahel subsahariano.Hablamos de los «shiís» que poblaban nuestra zona de despliegue en Iraq, de la influencia en la ciudad santa de Najaf del entonces clérigo disidente Muktada al Sadr.

Con otros «shiís»de Hizbulá, integrados en un complejo mosaico con «sunís» del primer ministro Hariri y «maronitas» del presidente Suliman, opera en Líbano el general Asarta y sus fuerzas de FINUL,la  recompuesta misión de Naciones Unidas. Y hablamos de los kurdos, aquella población masacrada en 1991 por Sadan Husein a la que asistimos con eficacia, en lo que fue la primera  proyección de fuerzas españolas  realizada a más de 4.000 kilómetros.El general Narro, testigo directo de aquella operación, ha descrito magníficamente en la revista «Atenea» (nº 8 jul.2009) la importancia de aquel esfuerzo y sus repercusiones posteriores. Luego hablamos de uzbecos, de  kirguizes y tayicos; de las diferencias entre estos que representan el 62% de la población de la provincia de Bagdhis, en la que despliega el grueso del contingente español en Afganistán, respecto a  los pastunes, que con un 28% de presencia están más próximos a la insurgencia talibán enfrentada a la coalición internacional que intenta sacarles de la Edad Media. Pero para esta guerra no son suficientes las medidas militares. Y hablamos de la necesaria integración con el esfuerzo  de la AECI, de los programas de formación de policías, soldados y funcionarios afganos, de los  trabajos de los PRT (Equipos Provinciales de Reconstrucción) y de la necesidad de crear grupos que «puedan meterse en la piel de los afganos», para comprenderles como mejor forma de ayudarles. Tratamos del «Human Terrain System» constituido con equipos mixtos de militares, sociólogos, geógrafos e incluso historiadores. Nada nuevo. ¿Qué hacían si no, aquellos «interventores» en tiempos del Protectorado de Marruecos? ¿Y aquellos magníficos oficiales de Tropas Nómadas o de la Policia territorial del Sahara que vivían integrados en sus tribus ?¿Que hacía  un legendario tenienteValero cuidando las aguas de aquella estratégica zona de  vida para personas y ganado, que era  Guelta Zemur? Muy próximo, nos escuchaba un entusiasta y experimentado general Paco Puentes que dirige ahora el Mando de Adiestramiento y Doctrina del Ejercito (MADOC), también ubicado en Granada. «Lejos de la vorágine del día a día de Madrid, mi gente reflexiona sobre todo esto, buscando el mejor rendimiento. Ahora formaremos en Uganda soldados somalíes; realizamos estudios comparados con otros países sobre la potenciación de los PRT; impulsamos los cursos de  árabe; preparamos equipos». Pensé en el reconstruido Stari Most tras aquellas reflexiones. Diplomáticos y militares –hombres de Estado– trabajando en una misma dirección. Me alegré. Luego  me perdí entre los aromas indescriptibles de la noche granadina.

Artículo publicado en el periódico La Razón

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