Archive for mayo, 2010

¡Viva el alcalde Seguí!

martes, mayo 25th, 2010

Onda Cero Menorca, la emisora que dirige con mano hábil, mente abierta y voz entrañablemente familiar Diana Font, nos concede cada viernes desde hace unos años media hora de programa, para hablar de la Isla del Rey o Isla del Hospital. Allí contamos nuestros proyectos, explayamos nuestros problemas o plasmamos nuestras ilusiones. La radio local tiene la fuerza de la inmediatez, el frescor de lo espontáneo.

Yo suelo llevarme a amigos o a gente relacionada con la Fundación. Desde hace unas semanas me acompaña Antonio Pons Villalonga, autor de un libro sobre la Aviación en Menorca e indiscutiblemente el hombre que más sabe de aviones en nuestra isla.

Repetidamente surgen referencias al viejo aeródromo de San Luis, sus ampliaciones a 1.250, 1.500 y 1.850 metros y el definitivo traslado posterior al Aeropuerto de Menorca en la carretera de San Clemente.

Siempre surge la personalidad del alcalde D. Gabriel Seguí, al que prácticamente le debemos lo que constituye hoy una vital instalación para Menorca. Surgen enseguida dos comentarios a manera de reflexiones.

Primero: ¿Cuántos ministros, consellers, directores generales, demarcaciones de Costas, comisiones de Medio Ambiente, grupos ecologistas, aparecerían hoy si tuviésemos que diseñar y construir un aeropuerto?

Segundo: ¿Es necesario recordar que el alcalde Seguí no cobraba sueldo? Ante la ruina que viven los ayuntamientos y que nos recuerdan cada día, ¿han contemplado renunciar a sus sueldos alcaldes y concejales liberados?

Algún día tendremos que salir a la calle al grito de ¡Viva el alcalde Seguí!

Puente euroárabe en Granada

jueves, mayo 20th, 2010

«Su impresionante situación a los pies de Sierra Nevada, su riqueza monumental con el aroma de un portentoso legado árabe y el pulso sosegado de una población acogedora, vitalista y asequible, han hecho de Granada una de las ciudades más seductoras del mundo». No puede resumirse mejor lo que es ciudad invadida esos días por miles de turistas, oliendo ya al incienso de su Corpus inigualable, brotando por doquier el aroma de sus frescos atardeceres. Recalé en Granada, de la mano de la Fundación Instituto Euroárabe que dirige un entusiasta y honesto diplomático, Manuel Piñeiro, cuyo último servicio en el exterior lo cumplió en los Emiratos Árabes. También es Granada, tierra de diplomáticos. Allí  alcanzaron notorio esplendor los nazarís de Ibn Alhamar a mediados del siglo XIII; allí firmaron los Reyes Católicos las trascendentales Capitulaciones con Cristóbal Colón. Ya más cerca de nosotros, un romántico diplomático como Washington Irving describió lo irrepetible de aquel paisaje desde las estancias de  Carlos V en la Alhambra. Granadino era otro diplomático, Ángel Ganivet, aunque decidiese dejar sus dias –¿qué pasaría por su alma?– en una alejada Riga, allá por 1898.

Si la Fundación Euroárabe busca  «contribuir al desarrollo de los países árabes mediante la organización y diseño  de programas e iniciativas formativas en materia de gobernanza» y «fomentar el dialogo, e intercambio de ideas y experiencias», la conferencia que presenté debía  relacionarla con la actuación de las Fuerzas Armadas españolas en misiones exteriores, ejecutadas en países  del mundo árabe o con el común nexo espiritual que constituye el Islam. ¡Que mejor sitio, Granada, para hablar de ello!

Y comencé presentando la imagen del reconstruido Stari Most, el puente sobre el río Neretva que unía a dos distintas comunidades de la ciudad de Mostar desde tiempos de Solimán, allá por 1560,  y que tras más de cuatrocientos años de vida, fue destruido  en pocas horas por el odio fraticida y los proyectiles de un blindado croata el 9 de noviembre de 1993. Muchos soldados españoles pueden testificar la tragedia. Otros, de la Brigada Paracaidista, recompusieron en forma de pasarela provisional la comunicación entre las dos orillas. Su general –Carvajal– fue nombrado hijo adoptivo de la martirizada ciudad, por esta y por muchas otras acciones. Aquí, sólo Antonio Mingote (Abc. 9 de diciembre 1993) supo dar valor al importante gesto.

Y partiendo del Stari Most, fuimos desgranando nuestros sucesivos contactos en Irak, en Afganistán, en los propios Balcanes y últimamente en el Líbano, sin olvidarnos de la especial relevancia de Ceuta y Melilla en contacto próximo con el Magreb, de la presencia de nuestros barcos en el mar de Somalia y recordando que tenemos a dos compatriotas  secuestrados en esta peligrosa falla estratégica que constituye el Sahel subsahariano.Hablamos de los «shiís» que poblaban nuestra zona de despliegue en Iraq, de la influencia en la ciudad santa de Najaf del entonces clérigo disidente Muktada al Sadr.

Con otros «shiís»de Hizbulá, integrados en un complejo mosaico con «sunís» del primer ministro Hariri y «maronitas» del presidente Suliman, opera en Líbano el general Asarta y sus fuerzas de FINUL,la  recompuesta misión de Naciones Unidas. Y hablamos de los kurdos, aquella población masacrada en 1991 por Sadan Husein a la que asistimos con eficacia, en lo que fue la primera  proyección de fuerzas españolas  realizada a más de 4.000 kilómetros.El general Narro, testigo directo de aquella operación, ha descrito magníficamente en la revista «Atenea» (nº 8 jul.2009) la importancia de aquel esfuerzo y sus repercusiones posteriores. Luego hablamos de uzbecos, de  kirguizes y tayicos; de las diferencias entre estos que representan el 62% de la población de la provincia de Bagdhis, en la que despliega el grueso del contingente español en Afganistán, respecto a  los pastunes, que con un 28% de presencia están más próximos a la insurgencia talibán enfrentada a la coalición internacional que intenta sacarles de la Edad Media. Pero para esta guerra no son suficientes las medidas militares. Y hablamos de la necesaria integración con el esfuerzo  de la AECI, de los programas de formación de policías, soldados y funcionarios afganos, de los  trabajos de los PRT (Equipos Provinciales de Reconstrucción) y de la necesidad de crear grupos que «puedan meterse en la piel de los afganos», para comprenderles como mejor forma de ayudarles. Tratamos del «Human Terrain System» constituido con equipos mixtos de militares, sociólogos, geógrafos e incluso historiadores. Nada nuevo. ¿Qué hacían si no, aquellos «interventores» en tiempos del Protectorado de Marruecos? ¿Y aquellos magníficos oficiales de Tropas Nómadas o de la Policia territorial del Sahara que vivían integrados en sus tribus ?¿Que hacía  un legendario tenienteValero cuidando las aguas de aquella estratégica zona de  vida para personas y ganado, que era  Guelta Zemur? Muy próximo, nos escuchaba un entusiasta y experimentado general Paco Puentes que dirige ahora el Mando de Adiestramiento y Doctrina del Ejercito (MADOC), también ubicado en Granada. «Lejos de la vorágine del día a día de Madrid, mi gente reflexiona sobre todo esto, buscando el mejor rendimiento. Ahora formaremos en Uganda soldados somalíes; realizamos estudios comparados con otros países sobre la potenciación de los PRT; impulsamos los cursos de  árabe; preparamos equipos». Pensé en el reconstruido Stari Most tras aquellas reflexiones. Diplomáticos y militares –hombres de Estado– trabajando en una misma dirección. Me alegré. Luego  me perdí entre los aromas indescriptibles de la noche granadina.

Artículo publicado en el periódico La Razón

Banalización de la ética militar

miércoles, mayo 12th, 2010

El 18 de agosto de 2008 morían diez paracaidistas franceses y otros veintiuno, junto a cuatro afganos, resultaban heridos en una emboscada tendida por talibanes en un paso de montaña  a 1.750 metros de altitud  situado en el Valle  de Ouzbin,  al este de Kabul, la capital afgana. Francia  despliega como saben cerca de cuatro mil efectivos, en el país asiático. La fuerza atacada pertenecía al 8º RPIM, una unidad de paracaidistas con un extraordinario historial curtido en África, en Asia y en los Balcanes.

A partir de entonces, los familiares de los caídos no han cesado de denunciar ante la Justicia ordinaria a los oficiales que mandaban la unidad atacada, por el supuesto delito de “puesta en peligro deliberada  de la vida de otros”, figura jurídica incluida en el Código Penal francés.

En un magnífico trabajo publicado en la revista de pensamiento militar “Ejército” (núm. 828 abril 2010) el comandante Alberto de Blas, alumno de la histórica “École Militaire” de París rebautizada hoy como “College Interarmées de la Defence”, reflexiona sobre este tema que apoya en una conferencia impartida por el JEMAD francés, general Georgelin que abiertamente les dijo a los futuros mandos: “La amenaza más grave que pesa sobre nuestros ejércitos es la banalización de nuestra condición castrense, entendida ésta como el rechazo consciente o inconsciente de la ética militar, un concepto que pasa por la entrega potencial de la vida en cualquier circunstancia, momento y lugar”.

Los informes presentados por los mandos de la unidad atacada, no fueron suficientes para dar respuesta a unas familias cuyos abogados llegaron a exigir en sede judicial un “por qué no hubo reconocimiento previo del terreno con helicópteros o con aviones no tripulados, cuando se sospechaba que el terreno estaba ocupado por talibanes”. La denuncia no iba por tanto contra el grupo talibán responsable de la matanza, sino contra los comandantes de la fuerza. El Estado Mayor respondió con firmeza: “El argumento es inaceptable ya que pone en duda el principio mismo de la guerra y la legitimidad de la acción militar; no se hace la guerra sin aceptar que puede haber muertos”. Pero, como reconocía Isabelle Lasserre, corresponsal de “Le Figaro” (10 Nov. 2009)que informó sobre el atentado “si los paracaidistas no estaban suficientemente equipados, fue porque se les hizo creer que servían en una misión de paz y no de guerra”.

Aquí radica el problema. En la mentalidad de una sociedad a la que se ha manipulado con el espejismo de una deseable utópica paz, contrapuesto a la dura realidad del conflicto que llamamos guerra. ¡Quisiera ver yo a los elegantes abogados de  un bufete de la Avenue Foch metidos en un desfiladero afgano con la orden de llegar a un punto determinado a fin de socorrer a otros compañeros! Como siempre, los estrategas de café imparten cómodamente lecciones a posteriori.

También recientemente en Alemania se había desencadenado una grave crisis debida a operaciones en Afganistán, crisis que le costó el puesto al Ministro de Defensa del momento y al Jefe de Estado Mayor del Ejército, así como el procesamiento del coronel que mandaba el operativo que actuó en Kunduz  tras ser secuestrados dos camiones cisterna cargados  de combustible. La Fiscalía Federal alemana acaba de cerrar el sumario considerando que las decisiones del coronel Klein, del que hablamos, “no significan que recurriera a métodos prohibidos, ni violó el Derecho Internacional Penal, ni el propio código alemán”. Pero el daño ya estaba hecho. Las dimisiones, irreversibles. El desgaste enorme, para los contingentes alemanes que se sacrifican por sacar a Afganistán de la Edad Media.

Banalizar la ética militar –nos recuerda el comandante de Blas– no es sino poner en entredicho la especificidad militar. “El soldado debe aceptar  de forma total y razonada, la posibilidad de que un día puede tener que dar su vida por su país” dice el General Lecerf, Jefe de la Fuerza Terrestre gala.

Pero, mientras la sociedad se mueva en una veloz esquizofrenia de valores en la que predomina el individualismo, el localismo, la búsqueda del bienestar y el egoísmo, chocará con la moral militar mas estática y  apoyada precisamente en otros  valores como el sacrificio y la entrega. Para lograr un acercamiento entre militares y civiles dentro de esta misma sociedad, habrá que saber explicar, por ejemplo, que son irreales los conceptos de guerras limpias y bajas cero. Este escaso conocimiento de lo que hacemos y una escala diferente de valores, son los que producen el cortocircuito de la banalización de nuestra ética profesional.
Sin entrar en el debate político de cómo calificar nuestros despliegues en el exterior, sí hay que comprender que  un soldado sometido a fuego abierto  en el valle del Murhab, tenga serias dudas sobre si lo que hace es o no es  una misión de paz.

Lo que importa es que el resto de su sociedad le comprenda, le apoye, se “ponga en su piel”. Porque es toda la sociedad, la que se la juega en estos alejados escenarios. También habría que saber explicarlo. ¿No será que estamos banalizando, además de la ética militar,  toda nuestra esencia  como pueblo?

Artículo publicado en “La Razón”