Archive for abril, 2010

Crisis y empleo público

viernes, abril 30th, 2010

Con este título, María Luisa Cano y Mario Garcés, presidentes de dos asociaciones de funcionarios públicos –Administración Civil del Estado y Cuerpo Superior de Interventores y Auditores del Estado–, publicaron recientemente (“El Mundo”, 29 de julio 2009) un magnífico estudio que defendía, con datos y razonados argumentos, a los servidores públicos a los que en épocas de vacas flacas la sociedad mira con recelo, acusándoles de los incrementos de plantillas, especialmente en administraciones territoriales. Frente a un bajo incremento de las administraciones estatales, constatan un 15% de incremento en las comunidades autónomas y un 12,6 en las locales entre 2004 y 2009, haciéndolas responsables de la “proliferación de entidades públicas que han propiciado la creación de nichos laborales, cuando no políticos, para determinadas personas, o la creación de contingentes de asesores híbridos, casta de elegidos entre la autoridad política y los propios funcionarios”.

El artículo obliga a una reflexión. No soy especialista, pero sí puedo referirme a una regla de oro que  ha implantado la canciller Angela Merkel en Alemania: el tanto por ciento asignado al personal que gestiona un ente público no debe sobrepasar el 50% del presupuesto ordinario del organismo en cuestión. La otra mitad se asigna a inversiones y servicios.

Repito que debería perfilarse en más o menos este 50%. No todas las situaciones son iguales. En el caso menorquín, la insularidad debe tener sus propios parámetros. Pero el concepto está claro.
Es tal el importe de las nóminas de ciertas administraciones, que los organismos se descapitalizan y no pueden pagar a sus proveedores por obras y servicios. Éstos, a su vez, cargan sus facturas porque saben que tardarán dos o tres años en cobrar. La administración sabe que las facturas vienen cargadas, pero aceptan el sistema, porque no pueden hacer otra cosa. Así, el circuito se convierte en bola de nieve. Más costes, más descapitalización, más endeudamiento, etc.
¿Quién paga este exceso? Usted, querido lector. Se recurre a las multas, al aumento de impuestos a expedientes sancionadores, pero no se cubren los gastos. El “ajuntamiento”, conjunto de personas que eligen a unos cargos y a unos funcionarios para que los administren, acaba siendo un “corregimiento” o sistema de represión de aquéllos, respecto a sus conciudadanos. Se pervierte el concepto. Algún día se le suministra circo en la plaza o en la arena de turno, y ¡a callar!

Pero es que, además, “estos contingentes, casta de elegidos entre la autoridad política y los propios funcionarios” de los que nos hablan los responsables funcionariales, crean un vicioso sistema de burocracia en forma de madeja liada en la maraña de leyes, normas, instrucciones, jurisprudencias y colecciones legislativas varias. ¿Quién se atreve hoy a montar una empresa? Por supuesto, medalla al valor al que lo intente. ¿Cuántas inversiones se han perdido en Menorca por miedo a los tiempos de gestión, a la dificultad legislativa o a la proliferación de organismos que complican las tramitaciones? Porque no siempre la “casta de elegidos” se deja cortocicuitar; exige su marchamo y su propio sello lacrado.

“Mucha ley, muerte de la república”, nos dice un viejo adagio del Derecho Romano. ¡Cuidado, que podemos morir de análisis, de informe sobre informe, de lacre sobre lacre! Mucha ley, y proliferan los escándalos financieros como nunca. Véase, si no, la evolución de la vida política en nuestra hermana Mallorca.

¿No estaremos matando entre todos la “res publica”, el bien público?
¿Estamos aún a tiempo de realizar una consultoria sobre la idoneidad de las plantillas de nuestras administraciones? ¿No sería saludable democráticamente conocer los tantos por ciento a que nos hemos referido? Va nuestra vida, pero sobre todo va el porvenir de los que nos siguen.

Correos Mahón

miércoles, abril 21st, 2010

Tenía mis dudas, pero esta tarde he salido de ellas. Siete de la tarde. Intento enviar un paquete postal. Saco el papel de mi turno. Tengo a dieciocho ciudadanos delante. Dos funcionarios. Calculo mi tiempo a la velocidad de despacho. No puedo esperar 40 minutos y me voy. ¿Solución? ¿Un servicio  de compañía privada en el Polígono?

No hace demasiado tiempo, la oficina de Correos de Mahón tenía a sus funcionarios especializados: en un sector  se entregaban cartas y paquetes, en el otro se recogían. Por un elemental principio de la división del trabajo, el ritmo era eficaz y las esperas del contribuyente relativamente breves. Ahora no. Ahora es el todos a todo. Todos se levantan. Todos buscan. Todos se cruzan. Todos desaparecen.

Podría pensar que es un problema de selección de personal. Pero no. Pienso mal. A alguien no le interesa un servicio postal eficaz, un servicio que pagamos todos. Alguien prefiere el caos y convencernos que para mandar un envío es mejor ir al Polígono, a una empresa privada. Con lo cual consiguen que el imbécil ciudadano que todos llevamos dentro pague con sus impuestos un servicio público, a la vez que debe pagar otra vez a una empresa privada que le sirve con más diligencia. Elemental.

No es la primera ofensiva que sufre el servicio. Durante la Transición, unas huelgas salvajes de los trabajadores de Correos de entonces estaban animadas –y sufragadas– por las que posteriormente fueron compañías líderes del sector del “mailing”.

¿Puede alguien rebatirme lo que digo?

¿Hasta cuándo el ciudadano imbécil que llevamos dentro, que traga con todo lo que le echen, va a estar de brazos cruzados?

Capacidad de gestión. ¿Lazareto?

martes, abril 13th, 2010

Domingo 11 de abril con sabor a merecida primavera.
Por la mañana jornada habitual de trabajos y visitas en la isla del Rey, enriquecida hoy por la visita de nuestro Obispo acompañada del Párroco de Santa María. Entrañable Santa Misa, imborrables palabras dedicadas al recuerdo de quienes nos precedieron incluso en los últimos años de trabajos en la propia Isla. Claro exponente el del centenar de voluntarios y visitantes de hoy de lo que puede hacer en equipo, cuando hay entusiasmo y ganas de servir.
A mediodía en casa, leo en la prensa local una tardía reflexión sobre las instalaciones del Lazareto. Determinado patrioterismo local reivindica para los menorquines unas instalaciones que gestiona desde hace siglos el ministerio de Sanidad. Pienso y no digo nada.

Aprovechando la hermosa tarde, tomo la ruta del sol de poniente que me conduce por “sa costa de ses Piques” a los “vergers de Sant Joan” y al camino de “Dalt Sant Joan”.Y estallo. Estallo al ver hierbas salvajes por todos lados, restos de obras, la ermita de San Juan sucia oscura y semiabandonada. Los depósitos de la Base Naval vacíos, dejados. Ni un canal de riego en buen estado. Alguna casa de aperos –imagino que ilegal- da cierta sensación por lo menos de encalado y ordenado. Ciudadanos marroquíes trabajando la tierra, por cierto también con buen orden.

Y cuando me refiero al Camí de Sant Joan pienso en el Camí Verd, el principal vertedero de escombros, restos de obras, sofás y neumáticos del entorno de Mahón y de Es Castell que lo comparten. ¿De cuántos paseos y caminos podría hablar?
¿Gestionar el Lazareto? ¿Absorber una plantilla de 40-50 personas? Prefiero no seguir, querido lector. Porque volveríamos a hablar de otra isla como la del Rey.

Gestiónense visitas. Hay varias puertas y muelles. Se pueden hacer compatibles estancias con recorridos históricos y turísticos. ¿No se hace en los Paradores Nacionales? Pero dejen que una administración que ha custodiado durante más de doscientos años una instalación la siga conservando.
¡Demasiados certificados de capacidad de gestión nos faltan a nosotros!